En este número nos posicionamos en la condición vincular del fenómeno artístico, disparando desde ese lugar interrogantes que guíen el trabajo de la escritura. Con esto nos referimos a lo que hemos titulado como la relación entre el ámbito de la producción o creación singular –tanto la conformada por una individualidad como por cualquier tipo de formación intersubjetiva– y la presencia en dichos procesos
de la dimensión de lo público –bajo cualquiera de sus formas.

Algunas veces, la creación se desarrolla en un ámbito de lo individual, otras es más colectivo; pero antes o después, en vivo o mediado, las obras hacen que artistas y públicos se encuentren. Es allí donde se abre un abanico de múltiples abordajes posibles: ¿Qué implica esa apertura de la obra a la recepción? ¿Qué propuestas realiza el artista para hacerle crear al espectador? ¿Ese otro es tomado individualmente
o de forma asamblearia, como comunidad con la cual se construye? ¿De qué formas posibles pueden los artistas integrar al público en el propio de proceso de creación –y no solo en la instancia de exhibición de la obra-? ¿Qué conexiones pueden producirse entre el deseo singular y el colectivo, como motor de creaciones artísticas y sociales?
He aquí algunas posibles respuestas.

Publicado: 2014-08-01