Vol. 8 Núm. 11 (2021): La dimensión social de la salud en el campo extensionista: proyectos colectivos en juego

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La crisis sociosanitaria que atravesamos y que nos atraviesa en lo cotidiano, ha extendido y (re)colocado con fuerza numerosas preguntas en torno a qué entendemos por salud, sus alcances y vinculaciones con las desigualdades sociales y territoriales, el ambiente, las responsabilidades que sobre ella tienen y tenemos distintxs actores sociales, las complejidades implicadas en el cuidado, las limitaciones de las respuestas políticas recortadas en clave biológica e individual, tal como propone el mercado. En el actual contexto, es necesario reconocer que la pandemia sólo expande, agiganta y/o actualiza estas preguntas y reflexiones.
Reconocemos en la historia reciente, que la dimensión social de la salud fue puesta en foco en nuestro
continente a finales del siglo XX por la corriente denominada medicina social o salud colectiva. Desde el campo académico junto a movimientos sociales, en particular el movimiento obrero, se construyeron
evidencias sobre la desigual distribución de enfermedad, padecimientos y muertes en los conjuntos
sociales según la posición que estos ocupaban en la estructura de la sociedad. Los estudios de Foucault (1999, p. 357) señalan en este sentido que la medicina entronca con la economía "ya no simplemente porque es capaz de reproducir la fuerza de trabajo, sino porque puede producir directamente una riqueza, en la medida en que la salud representa un deseo para unos y un lujo para otros". Como señala Laurell (1986), el proceso de “salud-enfermedad” en términos colectivos, expresa el carácter histórico y social del proceso biológico humano; entendiendo “lo social” no como “articulación externa”, tampoco como una dimensión más, sino enfatizando el “carácter social en sí mismo”. Desde una perspectiva subjetiva, Menéndez sostiene que “las enfermedades, los padecimientos, los daños a la salud constituyen algunos de los hechos más frecuentes, recurrentes, continuos [...] que afectan la vida cotidiana de los conjuntos sociales estratificados” (Menéndez, 1994, p.71). Son hechos que irrumpen, fragmentan y desorganizan gran parte de las relaciones sociales de sujetos y grupos. Conjuntamente a la irrupción de las situaciones de enfermedad o padecimiento, se organizan las respuestas sociales, constituyendo también una serie de construcciones cotidianas, recurrentes y permanentes, mediante las cuales se establecen relaciones, prácticas (técnicas e ideologías), sentidos, algunas expresadas como proyectos de intervención profesionales. El campo de la salud es un campo de disputas, la tensión entre los proyectos societales en torno a la ampliación de derechos y reducción de desigualdades frente a la ampliación del mercado y la medicalización de la vida, se expresa en el juego político, económico, social y también académico.
El espacio universitario y particularmente las experiencias de extensión se configuran como caja de
resonancia y a la vez potenciales artífices en propiciar abordajes críticos a los modos dominantes, binarios y medicalizantes de producción social. Se considera que los proyectos que anudan múltiples experiencias y voces son expresión de un contexto que propicia demandas silenciadas, reprimidas, contenidas, que emergen hoy, con más fuerza. Las experiencias extensionistas se insertan en matrices institucionales históricas y en muchas oportunidades apuntan a generar procesos instituyentes y prácticas novedosas al interior de un habitus instituido, deconstruyendo sentidos y dispositivos cristalizados en los abordajes más tradicionales. Los diferentes feminismos que transversalizan la vida universitaria han contribuido a generar rupturas en el campo de la salud con modelos normalizantes, moralizadores y estigmatizantes en las poblaciones, contribuyendo en el diseño de “nuevos puentes” en abordajes propositivos.
Miramos a la extensión universitaria en un sentido amplio, involucrada en los más diversos aspectos de vinculación con la sociedad, pero desde una perspectiva precisa; no como un movimiento en un solo sentido, unidireccional, desde un lugar universitario poseedor de saberes que “lleva” sus conocimientos a unxs otrxs, carentes de tales saberes. Tampoco concebimos la extensión, transfiriendo, previniendo, capacitando o comunicando en salud. Más bien consideramos que toda vinculación extensionista implica un encuentro entre “saberes” y “quehaceres” que pueden reconocerse distintos y equivalentes, en tanto se da entre actores sociales diversos, entre realidades que coexisten generando conocimientos situados y contextualizados.
Desde esta perspectiva invitamos a la comunidad en general y a la académica en particular, a compartir escrituras que recuperen prácticas, experiencias, sistematizaciones, reflexionando sobre tópicos que aborden la salud en el campo extensionista. A tales efectos les proponemos algunos ejes posibles, aunque no excluyentes, desde este prisma social que se entrelaza con el buen vivir de nuestros pueblos:
-La perspectiva de género y DDHH en los abordajes de salud: crítica a la normalización de los cuerpos;
visibilización de las desigualdades sexo-genéricas de trabajadorxs y usuarixs de servicios públicos; etc.
-Interculturalidad en salud: diálogo/articulación entre la medicina tradicional y la biomedicina,
experiencias de prácticas interculturales.
-Modelos de atención en la comunidad: trabajo de prevención y acompañamiento en situación de
violencia de género, consultorios integrales de salud, etc.
-Discapacidad como construcción social: procesos participativos en la construcción de demandas por
colectivos invisibilizados, campañas de derechos, etc.
-Dispositivos de promoción de salud entre pares: capacitación de jóvenes en la prevención del consumo problemático de sustancias, ronda de mujeres en el acompañamiento de embarazos, etc.
-Experiencias territoriales de atención primaria: abordajes interdisciplinarios e intersectoriales,
participación activa en la gestión de proyectos, intervención comunitaria desde propuestas participativas,
etc.
-La intervención en el marco de la crisis sanitaria-Covid 19: los cuidados de lxs trabajadorxs de la salud,
demandas de cuidados en comunidades vulnerabilizadas, construcciones comunicacionales en torno a las poblaciones de riesgo y las prácticas de prevención, los mapas y cartografías de la pandemia desde el quehacer extensionista, etc.
-La salud sexual y (no) reproductiva: experiencias de consejería, el abordaje de la promoción de la salud con jóvenes, los espacios de encuentro de mujeres, etc.
-Abordajes de prevención de problemas y promoción de la salud desde el curso de vida: infancias,
juventudes, adultxs.
- Salud mental: procesos desmanicomializadores-experiencias subjetivantes; representaciones y prácticas con usuarios de servicios, redes de trabajo intersectoriales, etc.
- Las tramas comunitarias y espacialidades de la salud: experiencias en comunidades en torno a otras
formas de concebir y comprender la salud, trabajos colaborativos y diversidad de saberes ancestrales y
territoriales en salud, entre otros.

Publicado: 2021-04-29

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