Con el gesto simbólico de revelar su pecho para dar pruebas de su sexo, en uno de los primeros congresos sobre los derechos de la mujer a mediados del siglo XIX, la afroamericana Sejouner Truth va a proclamar: “Ain´t I a woman?” (“¿No soy una mujer?”) y de ese modo reclamar a las feministas blancas la omisión de las luchas de las mujeres negras.
Tuvo que transcurrir más de un siglo para que la idea de raza, como centro estructurante de la modernidad/colonialidad (Quijano 1991), implicara un viraje en la reflexión sobre las condiciones de nuestra emancipación. Para los feminismos descoloniales, la Conquista de América representa un parte-aguas fundamental, inaugura un tiempo histórico en el cual se imponen identidades sexuales binarias con el consecuente destierro de subjetividades no normativas. En este marco, se ubican, tanto las críticas de los feminismos hegemónicos de Occidente, como la formulación de estrategias feministas basadas en la autonomía de las mujeres teniendo en cuenta sus geografías, sus historias y sus culturas (Chandra Talpade Mohanty, 1984).
Entre los principales desafíos de los feminismos sureños se halla la necesidad de construir otras propuestas epistemológicas que descolonizen el conocimiento y develen la manera en que las representaciones textuales de aquellos sujetos sociales -construidos como los/as "otros/as" en distintos contextos geográficos e históricos- se convierten en una forma de “colonialismo discursivo” (Hernández Castillo y Suarez Navaz, 2008) que no sólo da cuenta de una realidad sino que la construye permanentemente. Se trata de propuestas epistemológicas múltiples y extremadamente variadas: desde el feminismo chicano y su potente mirada, a la vez política y ontológica, sobre la frontera (Gloria Anzaldúa) al feminismo negro, afro y afroamericano que insiste sobre la misoginación, la violencia sexual de la esclavitud y sus efectos en el presente global; desde el feminismo comunitario que recupera y actualiza el largo trayecto histórico de lo indígena (Julieta Paredes entre otras) a las relecturas sobre el mestizaje (Silvia Rivera Cusicanqui y Rita Segato entre otras) o los debates más recientes sobre la (in)existencia del género (Oyèrónkẹ́ Oyěwùmí y María Lugones entre otras).
Múltiples epistemologías en dialogo abierto o, a menudo, en disputa entre ellas en cuyos intersticios se ubican preguntas fundamentales para entender y transformar el presente. Cuando asistimos al fin de los binarismos que ordenaban nuestro mundo, cuando categorías como primer/tercer mundo, norte/sur son insuficientes para contrarrestar las retóricas fundamentalistas, ¿cuáles son las contribuciones de la producción teórica del feminismo cuya historicidad inherente permita reaccionar y desbordar el “entendimiento común” sobre América Latina –traducida por los imperialismos anglo, español, lusitano, y francés, belga, holandés…? En fin, ¿cómo recortar el Sur de nuestro feminismo?

Publicado: 2016-09-20