La trayectoria de Rafael Clavero: una aproximación a la intervención sindical y política de los dirigentes del SiTraC a principios de los 70

 

Rafael Clavero's trajectory: an approach to the union and political intervention of the SiTraC leaders in the early 70s

 

José Barraza*

 

 

 

Resumen

 

El presente artículo se propone analizar la trayectoria sindical y política de Rafael Clavero, dirigente del Sindicato de Trabajadores de Fiat Concord (SiTraC) entre 1970-1971. Pretendemos indagar sobre qué aspectos singulares, históricos y políticos pueden aportar la vida de un gremialista al estudio del proceso de radicalización y combatividad de un sector de la clase obrera durante la década del setenta. Nuestros principales insumos fueron dos entrevistas realizadas por Susana Fiorito en 1984 y Diego Salerno en 1993, donde establecimos una serie de indagaciones que nos permitan rastrear y profundizar el estudio sobre la historia de Clavero. Esto nos permitió hipotetizar que su trayectoria fue la expresión singular de la combinación de una serie de factores tales como las acciones colectivas, la politización a partir de los vínculos que entabló con operarios, gremialistas y dirigentes de los partidos políticos. A través del itinerario de Clavero pudimos dar con una mirada sobre un hecho tan relevante en la historia de la clase trabajadora argentina: la recuperación de sus organizaciones por voluntad de los propios obreros.

 

Palabras claves: Clase obrera, Clasismo, Sindicatos, Partidos políticos, Empresa.

 

Abstract

 

This article intends to analyze the union and political career of Rafael Clavero, leader of the Fiat Concord Workers Union (in Spanish, SiTraC) between 1970-1971. We intend to investigate what unique, historical and political aspects of the life of a trade unionist can contribute to the study of the process of radicalization and combativeness of a sector of the working class during the seventies. Our main input was two interviews, by Susana Fiorito in 2018 and to Diego Salerno in 1993 where we established a series of inquiries, that allow us to trace and deepen the study on the history of Clavero. This allowed us to hypothesize that his career was the singular expression of the combination of a series of factors such as collective actions, politicization based on the links he established with workers, trade unionists and leaders of political parties. Through Clavero's itinerary we were able to take a look at such an important event in the history of the Argentine working class: the recovery of their organizations by the will of the workers themselves.

Keywords: Working class, Classism, Unions, Political parties, Company.

 

 

Introducción

 

El historiador Alessandro Portelli (2016: 247) se pregunta si un relato personal y biográfico puede ser útil para generalizar lo “social, histórico y colectivo” y cómo podemos destacar aquellas singularidades de individuos que comparten un mismo entorno. La presente pesquisa se propone reconstruir el itinerario sindical y político de Rafael Esteban Clavero, operario de Fiat y miembro de la Comisión Directiva del Sindicato de Trabajadores de Concord (SiTraC) entre 1970-1971.

Es importante subrayar que la intervención de los operarios de Fiat y la recuperación de los gremios como el SiTraC y el Sindicato de Trabajadores Materfer (SiTraM) a mediados de 1970 ocuparon un lugar destacado en la historiografía sobre el movimiento obrero argentino. El hecho de que Fiat era parte del polo industrial de la provincia de Córdoba e impulsó la constitución de los sindicatos por empresa para disminuir la conflictividad laboral e incrementar la explotación del trabajo constituyen dos aspectos relevantes a la hora de estudiar la intervención de los trabajadores en las décadas del sesenta y setenta. La politización y radicalización de los operarios de Concord ha sido estudiada desde diversas perspectivas (Gordillo, 1996; Mignon, 2014; Brennan, 2015; Ortiz, 2019; Laufer, 2020, 2022). Sin embargo, la cuestión referida a la reconstrucción en clave biográfica de los itinerarios de sus dirigentes es un tema que permanece en una etapa incipiente.

En este marco, surgen una serie de preguntas en torno a los motivos que suscitaron a nuestro biografiado a participar en la vida sindical y los aspectos más relevantes sobre su rol como miembro de la Comisión Directiva y la Secretaría de Prensa del SiTraC. También nos interpela la necesidad de indagar sobre su proceso de politización a partir de sus acciones, los vínculos con otros dirigentes y los debates de los que formó parte en la fábrica y el sindicato. Nos interesa contrastar los recuerdos de Clavero con algunos de los testimonios de sus excompañeros para ver la posibilidad de distinguir aspectos simétricos o asimétricos entre sus trayectorias. En este sentido, y sumado a un análisis profundamente introspectivo de las que él concedió, destacamos la tensión entre su relato orgánico y las contradicciones que pueden emanar a partir del cruzamiento con otras fuentes documentales. Pero lo que nos preocupa, principalmente, es establecer aquellos matices que nos permiten ver cómo un obrero, simpatizante del peronismo, se incorpora a la dirección de un sindicato que se declara públicamente clasista. En el mismo sentido, como luego de su experiencia gremial pasó de rechazar las ideas socialistas a pensar al comunismo como un sistema plausible para los trabajadores.  

Además de la obra de Portelli, destacamos los aportes de François Dosse que define a la trayectoria como el resultado de las “tensiones, contingencias, contradicciones, y acciones” de un sujeto frente a un conjunto de oportunidades históricamente posibles donde debe “tomar decisiones” (Dosse, 2011: 27). Así, el itinerario de una vida no necesariamente transcurre de manera recta y coherente sino más bien contradictoria y la asimilación de las ideas políticas es el producto del enlazamiento entre las tradiciones, aspiraciones y necesidades y la decisión de intervenir en su entorno por parte del sujeto (Pozzi, 2021: 47).

Nuestra pesquisa tiene tres momentos, en primer lugar, reconstruimos la trayectoria de Clavero en base a dos entrevistas concedidas en 1984 y 1993 respectivamente. Cabe aclarar que se tratan de dos entrevistas diferentes. Por un lado, la primera fue concedida a Susana Fiorito, amiga personal y compañera de Clavero en la Secretaría de Prensa del SiTraC, a un año de la institucionalización democrática de Argentina. En este caso, su relato estuvo principalmente centrado a contar sobre su incorporación y experiencia en el sindicato de Fiat Por otro lado, la segunda entrevista fue realizada por Diego Salerno, estudiante de historia de la Universidad de Buenos Aires y sin vínculo personal con el entrevistado, y durante la primera presidencia de Carlos Saúl Menem (1989-1995). A diferencia de la primera entrevista, el relato de nuestro biografiado partió desde sus orígenes hasta la disolución de los sindicatos de Fiat a finales del año 1971.

Al ser dos testimonios demasiados extensos, solo nos detuvimos en aquellos aspectos relevantes a los  que dicho personaje dedicó la mayor cantidad del tiempo: el acercamiento a los asuntos sindicales, su politización y participación en el SiTraC, las disputas al interior de la comisión directiva y sus recuerdos personales. En segundo lugar, nos propusimos integrar su trayectoria con otras fuentes orales y documentales a modo de establecer aquellos aspectos simétricos de los itinerarios de algunos dirigentes del SiTraC a modo de comprenderlos como una construcción colectiva, más allá de sus respectivas singularidades. Por último, nos enfocamos en el propio discurso de Clavero para destacar los desafíos que presenta el trabajo con testimonios orales y explorar aquellos aspectos en torno a la identidad, las vicisitudes y trasfondos que subyacen en su narración, y los contrastes con otros actores sociales. Cabe destacar que, a diferencias de narrativas como las de Gregorio Flores, Carlos Masera, Domingo Bizzi o Francisco Páez que tuvieron una mayor masividad, en este caso se trata de un testimonio que no tuvo la relevancia necesaria.

En una situación de importantes transformaciones para el movimiento obrero, el testimonio de Clavero, tanto testigo como actor del proceso, nos permite aproximarnos a las tradiciones, lazos sociales, la conflictividad social en la fábrica y las disputas gremiales y políticas transitadas por la generación de trabajadores de la que fue parte. El modo en que articuló sus relatos personales y sindicales, los aspectos que destacó de sus vivencias y anécdotas en torno a los problemas para organizar las demandas colectivas de los obreros y una perspectiva política que trascendiese los ámbitos de su propia fábrica constituye todo un camino para acercarnos y continuar indagando sobre un período significativo en la historia del movimiento argentino.

 

Una trayectoria representativa

 

En el año 1993, Rafael Clavero le comentó a Salerno que nació en la ciudad de Córdoba en 1943 en el seno de una familia de clase trabajadora en el barrio Residencial San Carlos ubicado en la zona sur de la capital cordobesa. De acuerdo a su testimonio, su familia se caracterizó por la diversidad de simpatías políticas: su abuelo y tío adherían al Partido Socialista y la Unión Cívica Radical respectivamente. Mientras que su padre, empleado del Departamento de Arquitectura de la Nación, simpatizaba con el peronismo. Justamente, por este último caso y por ser partícipe de las discusiones familiares, Clavero se sintió atraído por las ideas del movimiento peronista.[1] En su relato no explicó por qué decidió optar por las ideas peronistas en detrimento del radicalismo y el socialismo. Sin embargo, se puede hipotetizar que su adhesión se construyó a partir de la combinación entre su vínculo paterno y su valorización del peronismo relacionada a las tradiciones y valores como el trabajo, la dignidad, la humildad, la honestidad y la justicia social.       

A los veintitrés años, se incorporó a Fiat Concord, en septiembre de 1965, luego de trabajar en una serie de talleres metalúrgicos y la empresa Aerometal. En su relato expresó que su “rebeldía” lo condujo a participar de los reclamos de los operarios y a enfrentarse a los representantes de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) alineados al peronismo ortodoxo de cuño verticalista y conservador. A mediados del año 1965, fue despedido por su “posición combativa” y recaló en Fiat donde se incorporó a la sección de rectificado, dedicada a la fabricación de tractores. Para Clavero, la rebeldía y la combatividad se justificaban porque entendía que estaba defendiendo aquellos ideales relacionados al trabajo. Pero reivindicar las acciones colectivas de los obreros, podemos notar que nuestro biografiado establece una división social al interior de la fábrica: por un lado, los trabajadores, y, por el otro, los patrones y los dirigentes sindicales que adscriben a sus políticas.   

Al momento de ingresar a la fábrica, Clavero manifestó que el clima general era adverso para la organización de los trabajadores. Esto se debía al desánimo causado por la derrota sufrida en la última huelga que incluso marcó el destino de la novel comisión directiva del SiTraC, el sindicato de Fiat Concord.[2] En el marco de la lucha por la renovación del convenio colectivo de trabajo, Fiat ejecutó tres mil despidos y los obreros respondieron con la declaración de la huelga que incluyó importantes manifestaciones y la ocupación del establecimiento el 24 de julio de 1965, que fue reprimida por la policía. Ante la presión empresarial y la represión gubernamental, la directiva del SiTraC firmó un acta donde se estableció una suma salarial que no correspondía a la exigida por los trabajadores y el despido de 125 obreros, entre ellos los miembros de la dirección del sindicato.

En sus primeros meses de trabajo, comentó que era “complicado” afiliarse al sindicato porque los trabajadores tenían miedo de ser despedidos.[3] El 20 de diciembre fueron las primeras elecciones sindicales luego de la fallida huelga y el despido de la comisión directiva del SiTraC. La lista azul encabezada por Jorge Lozano se impuso sobre la lista blanca, integrada por militantes socialcristianos. Además, la nueva dirección del SiTraC suscribió a las 62 Organizaciones, el brazo gremialista peronista, referenciada en la figura de Augusto T. Vandor, secretario general de la UOM a nivel nacional.[4] Meses después de la huelga de Fiat, el 28 de junio de 1966, un golpe de estado destituyó al presidente Arturo Illia y fue reemplazado por el general Juan Carlos Onganía.

Clavero mencionó que existían agrupamientos opositores que actuaban en el interior de la fábrica y desde 1967 comenzó a avizorarse una minoría opositora en el cuerpo de delegados, integrada por Bizzi, Carlos Monjes y Alfio Taverna, entre otros.[5] También destacó que miembros de las agrupaciones peronistas combativas trataron de establecer contacto con él, pero pese a coincidir ideológicamente con ellos se negó a participar manifestando su “independencia” de las organizaciones políticas.[6] Este pasaje de su entrevista nos parece interesante porque nos conduce a pensar que el intento de acercamiento por parte de los miembros de la tendencia peronista de izquierda podría deberse a un conocimiento previo de la trayectoria de nuestro biografiado antes de ingresar a Concord. Otra opción sería que Clavero haya manifestado a algunos compañeros de trabajo su adscripción hacia el sector combativo del peronismo en alguna reunión informal dentro o fuera del establecimiento. Más allá de estas conjeturas, podemos afirmar que los vínculos sociales constituyen un importante factor en la politización y la resignificación de las ideas de parte de Clavero.   

Seguido a ello, expuso que hubo reuniones para desplazar la conducción de Lozano. En este sentido, conviene citar la entrevista de Fiorito:

 

Fiorito: Pero lo que yo te pregunto allí es si, entre otras cosas, se pidió nuevas elecciones porque había habido listas que se habían presentado y que habían sido rebotadas, como listas. ¿O no hubo listas?

Clavero: Yo creería que si … no sé… yo no me acuerdo, pero yo creería que no.

Fiorito: ¿Sabes de donde yo pienso que puede haber sido así? Vos me decís que en el verano [1968] se habían hecho reuniones en la bancaria, pensando en presentarse para elecciones, Entonces, yo, lo que pregunto es ¿presentarse para elecciones, para la Comisión Directiva en enero, o esas reuniones de la bancaria eran para presentarse para elecciones de delegados?

Clavero: Mira, no, no. Yo lo que pienso es esas reuniones no tenían como finalidad un cargo alguno, ni delegados ni Directiva. Sino, la finalidad era mayor aún ¿cierto? Que era sacarlo a Lozano. O sea, organizarse para sacarlo a Lozano.[7]  

 

Clavero decidió no participar de este agrupamiento opositor porque “no quería relaciones con los bolches”.[8] Se refiere a la constitución de la lista celeste que tuvo al Partido Comunista entre sus promotores. Este agrupamiento fue proscripto por la conducción sindical y una parte de sus miembros fueron despedidos por Fiat. En un comunicado, los referentes de la lista plantearon el levantamiento de la proscripción y la elección de una comisión provisoria a través de una asamblea general para convocar nuevamente a elecciones.[9] Entonces, ¿en qué momento se interesó por los asuntos gremiales? En su testimonio, expresó que su decisión se debió al apoyo a un delegado opositor de su sección de trabajo en las elecciones de cuerpo de delegados de 1970. Para esa ocasión, se postuló Esteban Santos Torres, y la empresa, en común acuerdo con la directiva del SiTraC, decidió trasladarlo a otro departamento y así imposibilitar los comicios. Nuestro biografiado le comentó a Salerno que no pudo participar de la elección porque “no estaba afiliado”.[10]

Clavero recordó el clima de efervescencia que se vivió en Concord por la asamblea del 23 de marzo de 1970 en torno a la discusión del convenio colectivo. Para aquella instancia, vio la posibilidad de llevar el reclamo de sus compañeros de sección y exigir la validación de la elección de Santos Torres (Brennan, 2015: 198). Este fue el motivo que lo condujo a proponerse como miembro de la mesa directiva de la asamblea. La situación se recrudeció y los operarios de Concord votaron la destitución de la conducción oficialista del gremio y la elección de una Comisión Provisoria que fue ratificada por la toma de la fábrica el 14 de mayo de 1970. Además de Clavero, dicha comisión fue integrada por: Masera, Bizzi, Francisco Amuchástegui, Martin Fox, Pedro Saravia y Luis Argañaraz.

El testimonio de Clavero nos ofrece una aproximación al período entre la expulsión de la dirección lozanista y las elecciones en el sindicato en julio de 1970. Manifestó la falta de experiencia legal de los miembros de la Comisión Provisoria, las dilaciones por parte de los organismos gubernamentales y la decisión de aceptar la asesoría legal de Alfredo Curutchet.[11] Pero se detuvo principalmente a exponer las divergencias entre Masera y Amuchástegui que pusieron en peligro la constitución de una lista única. Llamativamente en la entrevista a Fiorito puntualizó un hecho que lo involucró dado que deseaba formar parte de la lista:

 

No estuve no porque no haya estado…andaba en la calle haciendo no sé qué, pero…entonces cuando yo vine, me di que a mi casi me habían dejado afuera, y me habían puesto porque alguno dijo: “che, el negro Clavero”. Pero te digo, si esa comisión se hacía y se había puesto a los que habían jetoneado [hablado] en la Asamblea. Porque si no, yo pienso que el viejo Argañaraz habló en la Asamblea; lo mismo pasó conmigo y yo hablé en la Asamblea y entonces siempre se seguía eso.[12] 

 

Finalmente, el conflicto se resolvió y surgió la lista celeste y blanca. En las elecciones del 7 de julio de 1970, dicha lista obtuvo la dirección gremial con el 67% de los votos del total de operarios empadronados.[13] De acuerdo al relevamiento de la documentación, además de formar parte de la comisión directiva electa, Clavero participó de la organización de los comicios para renovar el cuerpo de delegados del 24 al 31 de julio.[14] 

Para Clavero, el principal logro del SiTraC se encontró en la confrontación con el modelo gremial encabezado por Lozano, expresado en una profunda connivencia con los intereses de Fiat, la ausencia de la democracia sindical y, por ende, un antagonismo con las demandas de los operarios. Por eso, expresaba:

 

Se luchaba por los controles de tiempo, del tiempo de producción, que siempre venía reduciendo el tiempo de producción, porque se luchaba en contra de que un obrero trabajara en dos o tres máquinas combinadas […] Después en lo que hace a la planta de Forja se entró a pelear por las 6 horas […] Debamos una participación en todos sus problemas. Porque una metodología que adoptamos desde el primer momento de que fuimos reconocidos como Provisoria, era que si en la línea A había un problema, quien tenía que plantearlo era el compañero de la Línea A. Nosotros lo acompañábamos, lo respaldábamos y le podíamos dar un pseudo-asesoramiento, porque sabíamos menos que él, pero quien era el encargado de solucionar el problema a ese nivel era el compañero que trabajaba y convivía con el problema, sí, sí.[15] 

 

Para él, la experiencia del SiTraC y SiTraM fue un producto colectivo donde los trabajadores fueron el sujeto y el vector para la formación de sus propios dirigentes. En relación a su participación en la Secretaría de Prensa del gremio, Clavero mencionó los múltiples problemas que tuvieron que atravesar como comisión directiva. El principal de ellos era evitar el aislamiento del sindicato con los operarios de Concord y el resto del movimiento obrero. En este sentido, entendía que su secretaría debía cumplir un rol a la hora de difundir las ideas del gremio hacia los trabajadores. Al no contar nadie con experiencia en esta área, la dirección del sindicato decidió contratar a Fiorito. Proveniente de la Ciudad de Buenos Aires, Fiorito llegó al SiTraC por recomendación de los miembros de Vanguardia Comunista (VC), que habían logrado reclutar a algunos dirigentes como Páez y Monjes.[16]

A partir de su llegada a la Secretaría, Clavero entabló una relación profesional y de amistad con Fiorito, que colaboró en la formación de la comisión de prensa encargada de la elaboración de comunicados, gacetillas, y, sobre todo, los boletines sindicales. En cambio, en su testimonio a Salerno, Clavero describe brevemente cómo era el procedimiento de esta comisión:

 

Cuando salía un volante del sindicato, yo tenía el temario y todo lo que había que poner. Yo lo elaboraba con mi modesto conocimiento y después la Susana [Fiorito] lo corregía. Una vez que estaba corregido, íbamos y lo convocábamos a la comisión de prensa, que estaba Masera y Bizzi […] Según el tipo de documentos, cuando era un volante así para brindar apoyo o sectores, más comunes así, salía de dos o tres personas. Como te decía yo, lo redactaba yo. Cuando era una cuestión más profunda se hacía reuniones del cuerpo de delegados y se debatían los temas, se hacía un esbozo de material y luego se mejoraba o se pulían, a nivel de comisión directiva.[17] 

 

En términos cuantitativos, los comunicados firmados por Clavero ascienden a 52 en el periodo del 11 de noviembre de 1970 al 28 de mayo de 1972, lo cual refleja una copiosa actividad de parte de la comisión de prensa.[18] Además expresó que la actividad de su secretaría no escapaba a los debates o divergencias entre los dirigentes del SiTraC y las organizaciones políticas. En varias ocasiones, manifestó su desatino a la estrategia sindical del “sindicalismo paralelo”,[19] impulsado principalmente por Páez y los miembros de VC en Concord que, según su versión, propició el aislamiento de los sindicatos de Fiat de otras organizaciones gremiales como Luz y Fuerza y entre la directiva gremial y los operarios.[20]

A modo de anécdota, Clavero comentó cómo los comunicados emitidos desde la Secretaría de Prensa generaron rispideces con las tendencias políticas que actuaban en la fábrica: “teníamos que dar explicaciones a todos por separado. El VC criticaba porque el escrito era del PCR [Partido Comunista Revolucionario], aquel otro porque era del PC. Todos le encontraban objeciones”. Así, consideró que las discusiones bizantinas entre los dirigentes pertenecientes a las organizaciones partidarias planteaban un desgaste al funcionamiento del SiTraC al obstaculizar la labor del gremio y los alejaba de las bases obreras. No obstante, también entendía que estos debates fueron un factor de politización para ellos porque cuando parecía que “fracasaba todo y naufragaba todo” lograba imperar el interés colectivo y unitario del sindicato sobre aquellos meramente partidarios.[21] En este sentido, le dio importancia al congreso de sindicatos y agrupaciones que organizaron las comisiones directivas del SiTraC y SiTraM el 19 y 20 de agosto de 1971 (Laufer, 2022).[22] En su entrevista a Salerno, comentó que el objetivo del evento fue impulsar un agrupamiento clasista a nivel nacional y que fue enviado al norte del país para invitar a distintas representaciones sindicales:

 

El congreso clasista fue uno de los parámetros que me llevó a pensar que nos adelantamos mucho de las bases […] Yo pienso que la idea fue buena, este, y hubiera sido no buena, sino súper buena de haberse podido realizar en parte algo de la idea. Porque parte de una idea, en Buenos Aires la CGT de los Argentinos, y sectores del Gran Buenos que están conflictuados. En Córdoba, estábamos nosotros y otros gremios.  En el norte y en el sur, y cualquier punto del país hay gente que ya superó las luchas reivindicativas, o sea que están en un nivel un poquito superior. Entonces acá había que convocar para no para forma una nueva CGT [..] sino hacer alianzas con sectores clasistas, no que se reivindicaran clasistas, sino sectores populares que estén en la lucha de la clase obrera hacia un camino hacia el socialismo […] Más o menos se elaboró un programa de trabajo, propuestas y se pretendía establecer una serie de alianzas para defendernos mutuamente […] Todo vino bien hasta ahí, los compañeros lo asumieron bien, estaban entusiasmados con las conclusiones, la idea prendió, prendió […] Pero cuando se discutió el programa, entre los diversos grupos políticos y se generó un debate que no entendía […] ¿Por qué todos nos sacamos los ojos? Los grupos armados de acusar a otra gente de agente de los servicios [de inteligencia], no entiendo.[23]

 

Finalmente, la formación de un agrupamiento clasista fue truncado porque meses después la resolución N°304/71, firmada por el presidente de facto Agustín Lanusse, decretaba la disolución de los sindicatos de Fiat y el despido de la comisión directiva y delegados, el 26 de octubre de 1971.[24] La represión fue parte del operativo político del Gran Acuerdo Nacional entre Lanusse y Perón, exiliado en España, y que abrió una nueva etapa en el movimiento obrero argentino. El conjunto de los sindicatos debía subordinarse al proceso de institucionalización cuyo punto culminante eran las elecciones de 1973 (De Riz, 1986: 42-43). Aquellos gremios u organizaciones que no conviniesen con este acuerdo serían intervenidos o reprimidos por el gobierno de facto, siendo la intervención del SiTraC y SiTraM un ejemplo distintivo.

En el marco de la lucha por la reincorporación de los despedidos, Clavero ocupa una parte de su narración para referirse a la participación de las organizaciones guerrilleras que actuaron sobre Concord e influyeron y reclutaron a varios dirigentes y representantes del SiTraC como Masera, Flores y Curutchet. En su testimonio, mencionó el secuestro de Oberdan Sallustro, gerente de Fiat, por el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) el 21 de marzo de 1972.[25] Para él, este episodio culminó con el aislamiento del sindicato con las bases obreras y con la pérdida de toda oportunidad para reincorporar a los dirigentes y operarios cesanteados.

 

Esta acción comprometió a todos los compañeros, y había muchos compañeros que no estaban de acuerdo con la lucha armada. Y yo no estaba de acuerdo. ¿Y Por qué no estaba de acuerdo? No precisamente porque eran unos locos, como decían algunos compañeros. Los métodos, yo decía no, no, no son. Teníamos compañeros de fierro, con una claridad política, honestos, con una presencia que se paran y los compañeros te ganan una simpatía y esta gente los captaba y los mandaban a repartir leche. ¿Sabes a cuántos compañeros de nosotros nos metieron presos así? ¿O cuántos mataron?[26]

 

Por último, en las dos entrevistas concedidas, Clavero detuvo su relato en la disolución de los gremios de Fiat. Pero a Salerno le expresó que, pasadas dos décadas de su experiencia sindical, aún se definía como clasista y un comunista “en proceso”:

 

En la fábrica se hacía una etapa prácticamente, casi, reivindicativa. Porque nosotros entendíamos, entendemos, yo al menos lo veo, de que hoy por hoy los sindicatos o cada sindicato es un partido político ¿no? Y si bien es cierto que todo es político en la vida, tal como lo entiendo, debe ser una política clasista. Todos tienen derechos porque son obreros y demás. No como los demás sindicatos que tienen una bandera y tenés que responder a eso sino no tenés cabida […] Fue una tarea muy linda porque se logró un documento que si tengo en claro las consignas. Yo creo que hoy hay que cambiar las consignas, pero no el proyecto: la burocracia existe, la patronal chupasangre existe más que antes, lo único que no existe es la dictadura […] Por eso cuando yo te digo, todos me dicen “vos sos comunista”. No, no, yo quisiera ser comunista pero falta mucho. Porque el comunismo es todo esto y yo voy transitando de a poquito.[27]

 

De este fragmento podemos extraer una serie de elementos sobre el proceso de politización de Clavero. En primer lugar, podemos encontrar una definición del clasismo como un proyecto político donde se defiende los intereses de los obreros en oposición a “la burocracia” y “la patronal chupasangre” [Fiat] y el Estado [gobierno dictatorial]. En segundo lugar, notamos que su militancia sindical es el resultado de una resignificación de sus ideas peronistas para encontrar eco en el clasismo como la corriente que defendía la honestidad, la dignidad y el trabajo de la clase trabajadora. Es por ello que el tránsito del peronismo al clasismo no se presenta como una ruptura ideológica o un trauma personal. Sino como el resultado de una nueva percepción de la realidad a partir de una estructura de sentimiento donde se reconoce una continuidad entre la “justicia social” y “la rebeldía” del peronismo con la defensa del “trabajo” y la “honestidad” del clasismo. Es por esto que su acercamiento hacia el comunismo puede interpretarse como un proceso paulatino y en movimiento el cual parte por el principio que la sociedad se encuentra dividida en clases sociales pero que aún debe transitar lo suficiente para alcanzar la emancipación de los trabajadores.       

 

Simetría y procesos colectivos

 

Luego de la extensa reconstrucción de la trayectoria de Clavero con base en sus entrevistas, volvamos al aspecto central de nuestro trabajo: ¿puede sernos de utilidad para indagar y comprender un hecho colectivo como la recuperación del SiTraC en el marco de la radicalización y combatividad obrera de la década del 70? Si bien su narración presenta aspectos singulares, podemos encontrar una serie de parámetros que actúan de manera simétrica con otros testimonios o narraciones de dirigentes de SiTraC. Dichos parámetros permitieron reconstruir una suerte de periodización de su itinerario a partir de una serie de categorías conceptuales.

En la entrevista realizada por Salerno, pudimos apreciar que el primer período en la vida de Clavero comienza desde su vida familiar, sus primeras experiencias laborales y sindicales hasta el ingreso a Fiat Concord luego de la fallida huelga de 1965. Aquí se tensionan sus primeras “ideas políticas” y la “rebeldía” con el “temor” de no poder participar de la vida sindical porque el contexto dentro de la fábrica es “adverso”. En su entrevista a Salerno, manifiesta que el primer momento de su politización fue con las ideas peronistas transmitidas por su padre, funcionario durante la primera presidencia de Perón (1946-1952). En otros testimonios orales de dirigentes del SiTraC, justificaron sus primeras simpatías políticas a una tradición familiar cuyos padres o abuelos fueron militantes activos de corrientes políticas como el peronismo o el radicalismo en defensa de valores como el trabajo, la honestidad y la dignidad.[28] Con este ejemplo, no estamos afirmando que las ideas políticas se transmiten de manera lineal o coactiva. Sino que los dirigentes del SiTraC, incluido Clavero, resignificaron su propia realidad porque comparten una serie de elementos en común como las tradiciones, el lenguaje y sentido común para aplicarlos a su propio entorno social (Pozzi, 2021: 59). Entonces, en este caso para ellos la incorporación al SiTraC y su posterior adhesión al clasismo se asocia a una continuidad en la defensa de las condiciones de trabajo en oposición a la empresa y la directiva sindical encabezada por Lozano. 

En este bloque temporal, de parte de Clavero podemos notar cómo relaciona la “rebeldía”, su lucha contra las “injusticias hacia los trabajadores” y adhesión hacia el peronismo con su participación gremial en sus trabajos previos al ingreso a Fiat. En ese breve período por los talleres metalúrgicos logró relacionarse con otros activistas y oponerse a aquellos sectores gremiales que, si bien compartían la adhesión a las ideas peronistas, de acuerdo con su propio testimonio: “no dejaban de ser oportunistas”, “vendidos” y “cagadores”.[29] Por lo tanto, para él, existen dos peronismos: el que defendía los intereses de los obreros, y el que actuaba en connivencia con la política patronal. Pero detrás de esta aseveración subyace la relación entre las nociones desarrolladas y el proceso político que está viviendo nuestro biografiado para resignificar su entorno.  

También su relato deseaba reflejar el origen de su combatividad y darle sentido a su posterior participación en la recuperación del SiTraC. Este aspecto relacionado a los antecedentes gremiales también fue compartido por un grupo de narraciones autobiográficos. Por un lado, en algunos recuerdos desearon plasmar su participación en la organización de comandos clandestinos compuestos por obreros de Fiat en el marco de la resistencia peronista luego del derrocamiento del presidente Perón (1955) a manos de un golpe militar conocido como la Revolución Libertadora (Barraza, 2022: 532). Por el otro, hicieron hincapié en su participación durante la fallida huelga de 1965 o su actividad sindical en el cuerpo de delegados desde 1967 en una clara intención de establecer un hilo entre estas experiencias con la de 1970 (Flores, 2006: 21).[30]

El segundo período abarca desde la conformación de agrupamientos opositores en el establecimiento hasta la recuperación del gremio en la emblemática asamblea del 23 de marzo de 1970. En esta etapa pudimos evidenciar, por una parte, el contraste entre la “cautela” o el “temor” a participar de las elecciones de delegados (“no estaba afiliado”), la negativa de participar en la preparación de la lista celeste por prejuicios políticos (“con los bolches jamás”) y la defensa de su independencia de criterios cuando rechazó incorporarse a una agrupación peronista. La actividad de las organizaciones políticas previas a la recuperación del SiTraC fue un proceso embrionario que, de manera subterránea, articuló el conjunto de los intereses de los trabajadores y adquirió una fisonomía más sólida con el paso de los años (Schneider, 2005: 285).

En ese momento, destacó el comienzo de su intervención en los asuntos gremiales, como la lucha por el reconocimiento de la elección del delegado de su sección y su “participación”, “autopostulación” en la mesa directiva del pleno y la “integración” de la comisión provisoria. Este deseo por intervenir en el proceso de recuperación, incluyendo momentos de zozobras y desgastes por su reconocimiento, fue respaldado por la base obrera y el surgimiento de nuevos activistas, como Páez, Santos Torres, Flores y el propio Clavero. Las malas condiciones de trabajo y la intransigencia empresarial sumadas al repudio a la conducción sindical en la fábrica y la radicalización obrera en la provincia sentaron las bases de la rebelión de los operarios de Concord. El surgimiento del clasismo “no fue una suerte de accidente de la historia, sino que, dentro de una determinada realidad en la fábrica, jugó un rol preciso al estimular la movilización con inéditas características de lucha” (Mignon, 2014:148).

El tercer bloque temporal va desde los debates sobre la constitución de la lista celeste y blanca a mediados de 1970 y su participación en el gremio hasta la disolución de los sindicatos Fiat por orden presidencial y represión militar en octubre de 1971. Podemos destacar la “participación” tanto individual como colectiva de los obreros en los asuntos sindicales para preservar la unidad y el proyecto clasista del SiTraC. La disolución de los sindicatos fue posible debido a la división causada por disputas entre las organizaciones políticas, así como al debilitamiento de la presencia del gremio como resultado de las acciones armadas. En referencia a la experiencia del SiTraC como una construcción colectiva de los trabajadores de Fiat, nuestro biografiado intenta contrastar dos modelos gremiales en el SiTraC: el “viejo” y el “nuevo” expresados en su representación de intereses sociales antagónicos. Más precisamente, expone una división entre “nosotros y ellos” (Hoggart, 2013: 95-96). Por un lado, se encuentra el gremio de “los burócratas” que actuaban en connivencia con Fiat y, a su vez, contaban con el apoyo del sector ortodoxo de la CGT en detrimento y a espaldas de los intereses de los trabajadores.[31] Esta concepción del clasismo que trae Clavero como la defensa de los intereses de la clase obrera en contraposición y antagonismo a Fiat, forma parte de un hecho colectivo que podemos referenciar en la bibliografía académica y testimonial sobre el tema (Flores, 1994: 61; Mignon, 2014: 153; Brennan, 2015: 205; Masera, 2015: 4; Ortiz, 2019: 204; Laufer, 2020: 747). El motivo expresaba la esencia del programa del SiTraC que colocaba a la empresa, el gobierno dictatorial y la burocracia sindical como sus “principales enemigos”.[32] Incluso, de manera inversa, cualquier atisbo que generó la división en el sindicato y el aislamiento de los trabajadores fue condenado por Clavero y excompañeros de sindicato como Flores, Páez, Masera y Fiorito respectivamente (Flores, 1994: 94; González, 1997: 440; Masera, 2015: 7; Fulchieri, 2018: 139). Con diversos matices, en algunos casos críticos de su propia actividad (los casos de Flores y Páez, por ejemplo), todos los testimonios coincidieron en reflejar que las disputas entre las organizaciones políticas debilitaron los sindicatos de Fiat ante la intervención y disolución militar, así como obstaculizaron su proyección nacional a partir del truncamiento del Congreso sindical de 1971.

Por último, encontramos su balance a partir de la vigencia tanto de la experiencia del SiTraC como su trayectoria personal en un relato sin sobresaltos basado en sus convicciones políticas. La construcción narrativa de Clavero expresa una coherencia a la hora de mantener su reivindicación como clasista basada en una división entre “nosotros y ellos”:

 

Nosotros somos los obreros y ellos son la empresa, o sea, son dos clases diferentes. Nosotros somos clasistas. Yo tengo que trabajar para poder subsistir. Dónde trabajes y cómo pensé es lo de menos. Somos la misma clase, somos la clase obrera. Yo hoy en día la tengo tan clara a la cosa […] Porque cuando la dictadura nos golpeó, nos golpeó por igual a todos.[33]  

 

También podemos destacar que para nuestro biografiado el clasismo no distingue una ideología en particular. Para él, la política clasista del sindicato radicaba en la defensa de los derechos de los trabajadores en su conjunto y más allá de las tendencias políticas. En este sentido, es habitual con muchos testimonios cuyo denominador común es la vigencia del proyecto revolucionario del SiTraC. Por ejemplo, Masera destacó la importancia actual del SiTraC-SiTraM al afirmar la necesidad de seguir luchando “para terminar con las diferencias de clases” (Masera, 2015: 11). Por su parte, Flores manifestó que, a pesar de la disolución de los sindicatos de Fiat, el clasismo es fundamental para la comprensión de las nuevas generaciones como medio para alcanzar el socialismo (Flores, 1994: 93-99).

 

Asimetría: iteración, omisión y contrastes

 

Otro aspecto que no se nos debe escapar, es la organicidad y la elaboración de una gran parte de las narraciones de los dirigentes del SiTraC basado en narraciones orgánicamente estructuradas donde prevalece la idea de un itinerario coherente y prácticamente sin fisuras. Entonces, ¿qué elementos singulares pueden extraerse de la trayectoria de Clavero mediante un análisis introspectivo de sus entrevistas que ayuden a comprender mejor el proceso de radicalización de la clase obrera cordobesa en los setenta?

En el momento que Clavero se refiere a su interiorización en los asuntos gremiales en Concord, deja explícito que éste se debió a su apoyo a la elección de un delegado opositor en la sección de Rectificado dado que él no se encontraba afiliado al gremio. Pero su afirmación posee un inconveniente técnico. Si no estaba agremiado cómo fue posible su elección como secretario de prensa del SiTraC a mediados de 1970 cuando la Ley de Asociaciones Profesionales (Ley n°14.455/58) establece mínimamente dos años de afiliación para ser candidato? Entonces, ¿Clavero mintió acerca de su afiliación al sindicato? No podemos precisarlo, pero en su entrevista con Fiorito, aunque el motivo de su decisión no es claro, dejó entrever una posible razón cuando se refirió a la ausencia de listas opositoras a la conducción del SiTraC: “el temor que nos barran”.[34] En el mismo sentido, cuando se refiere a las reuniones en la Asociación Bancaria a comienzos de 1968, tanto su negativa a participar de aquella instancia como su alejamiento de los agrupamientos opositores puede traducirse en un temor al despido y una divergencia política, posiblemente basada en un preconcepto, hacia las organizaciones de izquierda. De hecho, esta afirmación se refuerza en su testimonio de 1993:

 

Yo siempre por mi locura de leer en cuanta cosa me daban, pero siempre esperándome de quien viene. Si venía con las siglas VC o PC o una cosa así era simplemente para leer las giladas que decían estos cosos porque a mí el comunismo me aterrorizaba […] Yo tenía conocimiento de una alianza entre tres o cuatro grupos que se movían ahí estaba el PC, Peronismo de Base, Peronismo Revolucionario y este habían hecho como un plenario en la Asociación Bancaria para ver cómo organizar la cosa para sacarlo a Lozano […] a mí me habían invitado un par de veces a esas reuniones. pero como yo te había dicho que le tenía miedo al comunismo, para mi seguía siendo un cuco, yo nada que ver.[35]

 

Según este relato, en aquellas reuniones en el sindicato bancario existía el interés de un sector del activismo en Concord por organizarse en oposición a la dirección oficialista de su sindicato. Es importante mencionar que el año 1968 estuvo cruzado por una serie de acontecimientos internacionales (el mayo francés, la primavera de Praga, etc.) y nacionales (por ejemplo, la huelga de petroleros de Ensenada, Buenos Aires, y de los operarios de IKA-Renault en Córdoba) que comenzaban a avizorar un cambio en el humor de los trabajadores y el debilitamiento del gobierno de facto de Onganía. Este contexto de efervescencia política eclosionó con la insurrección obrera y estudiantil del 29 de mayo de 1969 y popularmente conocida como el Cordobazo.[36]

Entonces, la cautela y la temeridad de Clavero podría implicar su deseo de no estar asociado con la actividad de las organizaciones de izquierda que eran objeto de sanciones por parte de la directiva del SiTraC y Fiat. Su postura pudo verse reforzada por la idea de no mezclar los asuntos sindicales con los políticos. También, sus omisiones pueden deberse al deseo de otorgar una mayor épica al proceso posterior de recuperación del gremio y que lo tuvo como uno de sus protagonistas. Pero, en términos generales, reflejaban las inquietudes y el cambio de pensamiento que comenzó a darse en un sector de los trabajadores, pero que aún se desenvolvían con cautela por temor a sufrir represalias de parte la empresa.

Como mencionamos anteriormente, la intervención gremial y la participación en la asamblea del 23 de marzo de nuestro biografiado expresan un cambio en su actitud. Una suerte de retorno a la rebeldía en su etapa previa a Concord. Pero en este caso puntual, su concurrencia a defender lo que él consideraba un derecho democrático para sus compañeros de sección, visualiza que sus aspiraciones coincidían con las del resto de los operarios presentes, enardecidos por el ofrecimiento patronal y por la defensa de Lozano del convenio colectivo.

Masera y Flores dedicaron una mayor cantidad de palabras al proceso que va desde la destitución de la conducción lozanista vía asamblearia a la ratificación de esta decisión en la toma de fábrica del de mayo de 1970 (Flores, 1994: 47-56; Masera, 2015: 3-4). Mientras que Clavero le otorgó un aspecto central a relatar lo ocurrido en aquella asamblea porque lo consideró un acto de injusticia de parte de la dirección sindical y que fue motivo suficiente para justificar su autopostulación para presidir la mesa directiva del pleno.

A través de su discurso, también pudimos entender que los problemas de la Comisión Provisoria no culminaron con la ocupación de la fábrica. A diferencia de otras narraciones, Clavero nos ofrece su versión de cómo estuvo a punto de dividirse por divergencias internas. Sin embargo, donde mayor hizo hincapié fue en que “casi me habían dejado afuera” de la lista única. Este momento de su relato contiene múltiples elementos que deben ser tenidos en cuenta. En primer lugar, notamos el uso de la primera persona del singular para dejar en claro que el criterio que debía imperar para organizar la lista era la participación en la histórica asamblea del 23 de marzo de 1970. Al emplear la primera persona del singular, pretendía constituirse en el centro de la escena y dejar en claro que en la lista debía imperar como criterio la intervención activa de los operarios y no la de aquellos individuos que tuvieron una actitud pasiva en el pasado. En este caso, intentó distanciarse de Amuchástegui a pesar de considerarlo una persona con “reconocimiento entre la gente” pero cuya intervención en la asamblea fue vilipendiada por Lozano al manifestar que fue uno de los firmantes del convenio de 1965, que culminó con el despido de delegados y miembros de la comisión directiva del gremio.[37]

A diferencia de la entrevista a Fiorito, durante la conversación entre Salerno y Clavero, surge un momento de complejidad al discutir la defensa del proyecto clasista, específicamente en torno a la asamblea del cuerpo de delegados del SiTraC a mediados de octubre de 1970. Allí, un sector de los delegados pertenecientes al peronismo ortodoxo criticó a Flores porque, en nombre del gremio, había suscrito al socialismo en un acto en la Facultad de Ingeniería (Flores, 1994: 74). Cuando fue el momento de la pregunta, Clavero respondió:

 

C: [5 segundos de silencio] No, no.

S: Es importante que ese cuco que era el socialismo, al final termina definiéndose por el socialismo.

C: Claro, Claro. Yo no recuerdo, creería que no estuve. Hubo muchas cosas que le demostrábamos a la gente. Te marcaban como el zurdo y de comunista. Y había gente, como en el caso mío, que en un principio yo tomaba distancia de esa gente, sin saber ni tomarme la molestia de saber qué lo que plantean. Cuando al negro Flores lo tenían cuestionado era por eso. Porque él estaba muy muy metido en la estrategia política. De lo político bajaba a lo sindical. Cuando él decía “hay que nombrar un delegado” no te iba a decir hay que nombrar un delegado porque hay que buscar un compañero que lo defienda porque la patronal te atacaba. En cambio, te decía “nosotros necesitamos un delegado para oponernos a los planes expansivos de la empresa” te decía lo mismo, pero te lo cambiaba. Entonces los compañeros no entendían los planes expansivos de la empresa y de la política internacional, ni del sistema capitalista. Los compañeros lo que entendía era que necesitaban que alguien los defendiera porque las veces que iba dos veces al baño el patrón lo emplazaba. Los compañeros no lo entendían, no lo sentían. Vos podes decirle a los compañeros que sos socialista sin que ellos no se dieran cuenta.[38]

 

De esta cita se desprende un aspecto interesante: los silencios, iteraciones y el desplazamiento del eje de la pregunta (su participación en la asamblea) para tomar el control de la entrevista y poder desarrollar su concepción sobre el socialismo y el clasismo. A la inversa de Flores, Clavero concibe al clasismo como la conclusión por parte del obrero que parte desde la práctica sindical y “reivindicativa” hacia las conclusiones políticas:

 

Toda lucha es política, como defender el salario o eliminar el premio a la productividad, la elección de delegados paritarios y la defensa de nuestros compañeros presos, conseguir un médico y medicamentos. Nosotros en el plano de nuestras posibilidades tratamos de suplir todas esas carencias para el obrero, pero decíamos que había que organizarse para tratar de conseguirlo por sí mismo. La gente te entraba a entender y para nosotros era una forma importante de explicar y avanzar[39] 

 

También podría interpretarse, que detrás de su opinión subyace la idea de que la politización de los operarios sólo podría concretarse a partir de sus vínculos sociales y sus propias experiencias en el ámbito fabril, es decir, el lugar donde se expresa cotidianamente la lucha de clases con el patrón.

Más allá de esta discrepancia, entre fines de 1970 y comienzos de 1971, esta definición por parte de los sindicatos de Fiat se consolidó. De hecho, en una entrevista a Masera (SiTraC) y Florencio Díaz (SiTraM), ambos dirigentes coincidieron en la idea de construir una “alternativa socialista” y declararse “independientes políticamente de la burguesía, en especial de sus alas nacionalista-populista y liberal progresista”.[40]

El fragmento anterior tiene otro aspecto importante, la intención de Clavero de desmarcarse de otros dirigentes sindicales que participaron de organizaciones políticas. Es importante mencionar que en el interior de la comisión directiva y cuerpo de delegados del SiTraC actuaba una diversidad de tendencias políticas: peronistas combativos, peronistas ortodoxos, radicales, guevaristas, trotskistas, maoístas y marxistas-leninistas (Laufer, 2020). Además de describir “las disputas políticas” al interior del sindicato, en las entrevistas otorgadas, Clavero incorpora un nuevo elemento: la apropiación de la membresía de directivo del SiTraC.

 

C: ¿Sabes qué pasa? Que después, un poco por el mismo carácter del sindicato, que todos tenían participación y después porque muchos se atribuyeron títulos que no les correspondían, nos damos hoy, se nos mezclan un poco los tantos, porque como ser yo he leído en algún lugar donde el negro Flores era el miembro de la CD [Comisión directiva] y el negro Flores jamás fue un miembro de ninguna comisión, ni de provisoria, ni de la del 23 de marzo de ni de la otra.

S: Fue paritario.

C: Claro, eso sí.

S: Fue delegado, pero no miembro.

C: No. El Chochi Páez, lo mismo. ¿Te das cuenta? Entonces, muchos se han atribuido y por ahí se te entran a confundir.[41]

 

En este pasaje podemos apreciar cómo el entrevistado hizo caso omiso a la corrección de Fiorito para reafirmar su postura sobre el tema de los miembros pertenecientes a la Comisión Directiva. Pretende mantener la integridad y precisión de su relato y el control de la entrevista. Pero, ¿a qué se debe esta necesidad de poner los puntos en claro? La entrevista de Fiorito es de mediados de 1984, comienzos de la institucionalización democrática en Argentina. En ese momento, Flores fue candidato presidencial por el Partido Obrero y entre los calificativos que utilizó la organización para presentarlo fue el de “miembro de la comisión directiva y vanguardia del SiTraC”.[42] En el mismo sentido, Páez se desvinculó de VC y se incorporó al Partido Socialista de los Trabajadores donde fue candidato a gobernador y vicepresidente en las elecciones provinciales y nacionales de marzo y septiembre de 1973, y, al igual que Flores, fue presentado como integrante de la directiva del SiTraC.[43] A pesar de la distancia temporal, en su segunda entrevista repite el argumento sobre a quién le corresponde técnicamente la membresía en la directiva gremial. En este caso, cambió el destinatario y Clavero deslizó una dura crítica hacia Páez:

Al compañero Páez no lo quería nadie a nivel de comisión directiva y el cuerpo de delegados a Páez no lo quería nadie. Pero nadie le podía negar lo valioso que era el compañero Páez. Entonces nadie se animaba a echarlo, pero que no lo querían, no lo querían. Porque cuando él no lograba imponer su punto de vista o rompía o lo hacía por sí mismo. Pero todo por una cuestión política, no por una cuestión personal.[44]

 

Encontramos una contradicción entre la intervención de las corrientes políticas en Concord y la adjudicación como independiente en simultáneo con sus simpatías políticas hacia el peronismo de parte de Clavero y desarrolladas en el primer apartado. A partir de esta tensión surgen dos interrogantes: ¿siempre se presentó como un operario independiente y se negó a participar orgánicamente en una corriente política? ¿mantuvo sus simpatías hacia el peronismo? ¿por qué al final de la entrevista manifestó su deseo por el comunismo cuando lo rechazaba al principio? En el caso de la primera pregunta, no mencionó la participación o adhesión hacia una organización partidaria, aunque este dato no significa que sea totalmente fiable. Según Fiorito, su compañero en la Secretaría de Prensa simpatizó con la organización El Obrero, un desprendimiento de la regional cordobesa del Movimiento de Liberación Nacional en 1969 y que contó con una inserción sindical en fábricas como IKA-Renault y Perkins.[45] Si bien esta versión pone en tensión el relato de Clavero, su testimonio no debería por eso ser desechado. En realidad, habría que preguntarse si existió algún episodio en concreto que motivó su omisión en sus entrevistas, y la defensa del criterio que el operario debe elevarse políticamente, a partir de su propia experiencia laboral y sindical. Incluso esta idea puede ser complementaria a una posible actividad partidaria o conclusión luego de un paso frustrado por la militancia.

En el caso de la segunda pregunta, sus simpatías hacia el peronismo, la entrevista de Salerno nos ofrece un indicio:

 

En su gran mayoría me animo a decirte que [los operarios] eran peronistas. Pero ya entraban a renegar de su pasado. Claro porque ya entraban a cuestionar actitudes. Es decir, eh, eh, Primero por lo que les había tocado vivir con Lozano que con la foto de Perón y Evita y de nada les había servido ¿no cierto? Nos había perjudicado mucho. Segundo que entendían de que la cosa no terminaba con Lozano y compañía, porque Lozano era un títere de alguien más arriba, y ahí estaba Rucci ¿no cierto? Que siempre fue muy mal visto y con malos ojos. Entonces, ya se iban, tercero, que tanto Rucci como Lorenzo Miguel y todo eso respondían a algo más que era al Jefe, el líder, el indiscutido [Perón] ¿no cierto? Que por un lado decía una cosa y por otro lado hacía que hicieran otra ¿no cierto? Y después que ya se habían abierto un poco más a que escucharan los otros sectores [las organizaciones de izquierda] y ahí es donde jugó una tarea importante el bombardeo de volantes diarios tanto del campo estudiantil como el campo político […] antes lo corrían, y después no, cuantas veces Masera, el gringo Bizzi o el negro Flores fueron a exponer a las universidades.[46]

 

A través de repeticiones, como la pregunta retórica “¿no cierto?”, Clavero busca mantener la atención del entrevistador para exponer un hilo conductor que va desde la esfera gremial (Lozano, Rucci y Lorenzo Miguel) hasta alcanzar la esfera política (Perón) en una clara crítica al verticalismo de la conducción peronista y ubicarlo en las “viejas” prácticas sindicales que los dirigentes del SiTraC se propusieron superar. Además, se puede apreciar este ejemplo práctico de politización de los operarios al yuxtaponer su propio proceso de aprendizaje y la asimilación de las ideas socialistas. En este caso, deja de lado las críticas hacia los partidos políticos y los reconoce como un factor colaborativo de este proceso.

En relación a los preconceptos sobre el comunismo, quisiéramos retomar la frase que se encuentra al final del último fragmento del primer apartado: “quisiera ser comunista pero falta mucho”. Esta idea expresa que para el autor aún falta una gran porción de la población que asimile, comprenda y defienda los principios socialistas tal como él y los dirigentes del SiTraC tuvieron la posibilidad de aproximarse durante su experiencia gremial a principios de los setenta. Subyacentemente, podemos evidenciar un cambio en la trayectoria de Clavero que va desde el uso de términos despectivos hacia el comunismo (“cuco” o “giladas”) hasta defenderlo como un modelo de vida.

 

Conclusiones

 

Consideramos que los testimonios orales, más allá del alcance en torno a su fiabilidad, son una herramienta a la hora de reconstruir el contexto histórico y, principalmente, nos permite profundizar sobre aquellos “intereses y propósitos” que motivaron a los protagonistas a llevar a cabo sus acciones (Portelli, 2016: 30-31). Como pudimos notar en este trabajo, la trayectoria de Clavero nos permite una aproximación al estudio de un sector de la clase obrera argentina que intentó tender un puente entre su actividad gremial y la esfera política. Su itinerario formó parte de un proceso histórico más general de radicalización sindical y política de la clase obrera durante los años 60 y 70. Queda pendiente indagar sobre ciertos sucesos o aspectos de su relato que no se encuentran mencionados o simplemente fueron matizados. Nos referimos al Cordobazo, la relación con la nueva dirección del SMATA[47] cordobés y la situación de nuestro biografiado luego de la disolución del SiTraC. Sin embargo, estas omisiones y matices refuerzan el contradictorio y singular itinerario de Clavero.

Justamente, su singularidad reviste en que su proceso de radicalización y politización no fue idéntico al de otros dirigentes sindicales de Concord. Estas trayectorias coincidieron en un fenómeno más general: el intercambio de experiencias y vínculos personales que impulsaron a Clavero a transformar la realidad.  Sus decisiones y acciones expresaban la efervescencia política de la coyuntura histórica y del movimiento obrero que se registró en la famosa asamblea que dio lugar a la Comisión Provisoria del SiTraC. La combinación de la cautela por evitar el despido, la rebeldía frente a las arbitrariedades patronales o gremiales, el deseo por ser protagonista dentro del sindicato, y las discusiones en torno a la mejor defensa de un proyecto político para brindar una mayor perspectiva a la clase trabajadora son aspectos que se presentan en el testimonio de Clavero, pero también en el de otros dirigentes de Fiat.

El presente artículo pretende abrir una nueva puerta en la reconstrucción de los itinerarios de los dirigentes del SiTraC y en la senda del estudio del movimiento obrero argentino. En el discurso de Clavero podemos notar su intención por definir su identidad y delimitarse de aquella memoria construida por las organizaciones de izquierda que modelizaron la experiencia del SiTraC-SiTraM a partir de las trayectorias de Páez o Flores, dos dirigentes gremiales que se incorporaron a la militancia partidaria. La interacción y tensión entre ambas memorias es un tema que será motivo de futuras investigaciones.

 

Bibliografía

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2022. “El Congreso de SITRAC-SITRAM y la frustración del frente nacional del sindicalismo clasista”, Sociohistórica, núm. 50, La Plata, pp. 1-22. doi: https://doi.org/10.24215/18521606e178

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Schneider, Alejandro. 2005. Los compañeros. Trabajadores, izquierda y peronismo. 1955-1973. Imago Mundi, Buenos Aires.

 

Entrevistas Utilizadas

 

“Recuerdos de Clavero”, Ciudad de Córdoba, 15-7-1984. Entrevista realizada y transcripta por Susana Fiorito. Archivo SiTraC, Subarchivo N°12, Ficha N°1

Entrevista a Rafael Clavero, secretario de prensa del SiTraC, Ciudad de Buenos Aires, 1993. Entrevistado por Diego Salerno.

Entrevista a Susana Fiorito, miembro de la Secretaría de Prensa del SiTraC, Ciudad de Córdoba, 11-3-2018. Entrevistada por José Barraza.

Entrevista a Domingo Bizzi, secretario adjunto del SiTraC, Ciudad de Córdoba, 26-3-2018. Entrevistado por José Barraza.

Entrevista a Carlos Masera, secretario general de SiTraC, Ciudad de Córdoba, 30-11-2018. Entrevistado por José Barraza.

Entrevista a Alfio Taverna, delegado y vocal del SiTraC, Ojo de Agua (Santiago del Estero), 12-3-2020. Entrevistado por José Barraza.

 

 

 

FECHA DE RECEPCIÓN: 07/7/2023

FECHA DE ACEPTACIÓN: 23/10/2023

 



[1] Entrevista a Rafael Clavero, secretario de prensa del SiTraC, Ciudad de Buenos Aires, 1993. Entrevistado por Diego Salerno.

[2] Hasta 1964, los operarios de las plantas de Fiat, en su mayoría, se encontraban afiliados a la UOM. Luego, el Ministerio de Trabajo de la Nación autorizó a Fiat la conformación de los sindicatos por fábrica. Además del SiTraC y el SiTraM, surgieron el Sindicato de Trabajadores de Grandes Motores Diesel (SiTraGMD) y el Sindicato de Trabajadores de Fiat Caseros (SiTraFiC).

[3] Entrevista a Rafael Clavero, op cit.

[4] La Voz del Interior, 26-12-1965, p. 16.

[5] Voz Proletaria, n°740, 1-10-1972, p. 9.

[6] Entrevista a Rafael Clavero, op cit.

[7] “Recuerdos de Clavero”, Ciudad de Córdoba, 15-7-1984. Entrevista realizada y transcripta por Susana Fiorito p. 2. Archivo SiTraC, Subarchivo N°12, Ficha N°1.

[8] Nuestra Palabra, n°944, 6-8-1968, p. 8.

[9]La Voz del Interior, 15-2-1968, p. 13.

[10] Entrevista a Rafael Clavero, op cit.

[11] Alfredo Curutchet (1940-1974) fue el asesor letrado de los sindicatos de Fiat desde julio de 1970 hasta octubre de 1971, aunque continuó con su labor como abogado de los operarios despedidos por Fiat que reclamaron su reincorporación. El 10 de septiembre de 1974 fue asesinado por la organización parapolicial Triple A.

[12] “Recuerdos de Clavero”, op cit, p.4 [El resaltado nos pertenece].

[13] “Acta de cierre de comicios y escrutinio”, 7-7-1970, Archivo de SiTraC, Subarchivo 2, Ficha N°1, p. 1.

[14] La información fue obtenida a partir de la firma de Clavero en varias fichas y mesas de escrutinio. Dicha información se encuentra disponible en el Archivo SiTraC, Subarchivo N° 2, Fichas N° 2, 3 y 4.

[15] “Recuerdos de Clavero”, op cit, p.10.

[16] Sobre Vanguardia Comunista, brevemente podemos decir que surgió a mediados de los 60 a partir de una escisión del Partido Socialista Argentino de Vanguardia y en oposición a la degeneración del PC a nivel internacional. Justamente en el marco del conflicto entre la Unión Soviética y China en los años sesenta, VC fue la primera organización argentina de izquierda que suscribió al maoísmo.

[17] Entrevista a Rafael Clavero, op cit.

[18] La cifra la organizamos a partir de la indagación de la carpeta “Documentos producidos por el Sindicato” del Archivo SiTraC, Subarchivo n°1, Fichas n°1 a 5.

[19] En el caso del sindicalismo paralelo, VC llamó al SiTraC y SiTraM a mantener distancia con la CGT y formar un gremio “único del complejo Fiat” en oposición a las tendencias burocráticas y reformistas encarnadas en José Ignacio Rucci por el sindicalismo peronista, y Agustín Tosco, representante de los sindicatos independientes. En “Fiat marca el camino”, boletín de la agrupación Comisiones Obreras, 8-1970, p. 20. Archivo SiTraC, Subarchivo N°19, Ficha N° 31.

[20] Entrevista a Rafael Clavero, op cit.

[21] Ibíd.

[22] “Lista Celeste y Blanca, Sindicato de Trabajadores Concord”, 6-1970. Archivo SiTraC, Subarchivo N°2, Ficha N° 2.

[23] Entrevista a Rafael Clavero, op cit.

[24] La Opinión 27-10-1971, p. 14.

[25] Los Principios 23-3-1972, p. 16. El ERP fue creado por el Partido Revolucionario de los Trabajadores-El Combatiente en su quinto congreso en junio de 1970. Al igual que el PRT-La Verdad, el PRT-EC fue un desprendimiento del PRT luego de su cuarto congreso en 1968. Encabezado por Mario Santucho, el PRT-EC defendió la estrategia de la lucha armada.

[26] Entrevista a Rafael Clavero, op cit.

[27] Ibíd.

[28] Entrevista a Domingo Bizzi, secretario adjunto del SiTraC, Ciudad de Córdoba, 26-3-2018. Entrevistado por José Barraza; Entrevista a Carlos Masera, secretario general de SiTraC, Ciudad de Córdoba, 30-11-2018. Entrevistado por José Barraza.

[29] Entrevista a Rafael Clavero, op cit.

[30] Entrevista del autor a Domingo Bizzi, op cit.; Entrevista a Alfio Taverna, delegado y vocal del SiTraC, Ojo de Agua (Santiago del Estero), 12-3-2020. Entrevistado por José Barraza.

[31] Entrevista a Rafael Clavero, op cit.

[32] “SiTraC y la política”, boletín del SiTraC, n°1, 13-1-1971, p. 6. Archivo SiTraC, Subarchivo n° 1, Ficha n°1.

[33] Entrevista a Rafael Clavero, op cit.

[34] “Recuerdos de Clavero”, op cit, p. 2.

[35] Entrevista a Rafael Clavero, op cit.

[36] El Cordobazo fue una insurrección obrera y estudiantil que hirió de muerte al gobierno dictatorial de Onganía. Los principales gremios agrupados en la CGT cordobesa –la Unión Tranviaria Automotor (UTA), el Sindicato Mecánico y Afines del Transporte Automotor (SMATA) y Luz y Fuerza– resolvieron el paro activo y la movilización hacia el Centro de la Ciudad de Córdoba el 29 de mayo de 1969. En distintos puntos de la ciudad, se movilizaron columnas obreras y estudiantiles que se enfrentaron a las fuerzas policiales y militares, tomando el control de la ciudad.

[37] “Recuerdos de Clavero”, op cit, p.15. Sobre la firma de parte de Amuchástegui en el convenio de 1965 puede encontrarse en LVI, 28-7-1965, p. 12.

[38] Entrevista a Rafael Clavero, op cit.

[39] Entrevista a Rafael Clavero, op cit.

[40]SiTraC-SiTraM: somos clasistas Revista Panorama, n°202, 15-3-1971, p. 11.

[41] “Recuerdos de Clavero”, op cit, p. 3.

[42] Prensa Obrera, n° 5, 18-2-1983, p. 7.

[43] Avanzada Socialista, N°37, 15-11-1972, p.1. El PST fue el resultado de la fusión entre el PRT-La Verdad y un grupo del Partido Socialista Argentino, encabezado por Juan Carlos Coral.

[44] Entrevista a Rafael Clavero, op cit.

[45] Entrevista a Susana Fiorito, miembro de la Secretaría de Prensa del SiTraC, Ciudad de Córdoba, 11-3-2018. Entrevistada por José Barraza.

[46] Entrevista a Rafael Clavero, op cit.

[47] En el mes de abril de 1972, la lista marrón, un frente de agrupaciones encabezadas por René Salamanca, dirigente del PCR, obtuvo la conducción de la seccional cordobesa del SMATA.