MUJICA LAINEZ Y SU SIMULACRO: GESTIÓN DE SUPOSICIÓN SOCIAL Y SABER LEGÍTIMO-‘ FAMILIAR’ COMO RECURSOS CONSTANTES DE SU COMPETENCIA LITERARIA.

Sergio Fernández* [1]

Resumen.

Proponemos analizar cómo Manuel Mujica Lainez, durante su trayectoria como escritor, dedicó esfuerzos en su discurso respecto a presentar una “imagen de sí” discursiva (simulacro), a través de la gestión o puesta en énfasis (Costa-Mozejko, 2002, 2011) de dos recursos constantemente privilegiados por el escritor -no los únicos. Así, trató de favorecer su legitimidad mediante el énfasis discursivo puesto tanto en su origen y pertenencia sociales, como en el saber familiar presentado en tanto herencia legítima de ciertos ascendientes suyos.

En consecuencia, observaremos que el agente social M. Mujica Lainez, más allá de la acumulación de recursos progresivamente capitalizados a lo largo de su trayectoria en el sistema de relaciones literario contemporáneo, optó sostenidamente por estas dos constantes discursivas al construir una y otra vez su simulacro (variable relativa y diacrónicamente respecto a otros aspectos).

Palabras clave : M. Mujica Lainezsimulacrogestiónlegitimidad socio-literaria- saber familiar.

Abstract.

We propose to analyze how Manuel Mujica Lainez, during his career as writer, dedicated efforts in his discourse in order to show a discursive “image of oneself ” (pretense), by managing or pointing out (Costa-Mozejko, 2002, 2011) two resources he privileges –but not the only two he has. In this way, he tried to favor his legitimacy by the discursive emphasis put not only in his social origin and membership, but also in the family knowledge, exhibited as legitimate inheritance of some ancestors of him.

Therefore, we will observe the writer M. Mujica Lainez -as social agent-, besides the accumulation of resources progressively capitalized along his career in the contemporary literary system of relationships, he chose for these two discursive constants in order to construct again and again his pretense (variable in others aspects, relatively and diachronically).

Key Words : M. Mujica Lainezpretense -managementfamily knowledgesocio- literary legitimacy.

1. Consideraciones teórico-metodológicas principales.

Proponemos analizar cómo Manuel Mujica Lainez, durante su trayectoria como escritor, dedicó esfuerzos en su discurso respecto a presentar una “imagen de sí” (simulacro), a través de su gestión o puesta en énfasis de dos recursos privilegiados y constantes, aunque no fueran los únicos (Costa-Mozejko, 2002, 2009) [1] . Así, trató de favorecer su legitimidad mediante elénfasis discursivo puesto tanto en su origeny pertenencia sociales, como en el origen de susaber familiar: el cual presentó como herencia legítima de ciertos ascendientes suyos.

En primer lugar, en cuanto al corpus de estudio, nos interesó atender distintos enunciados a partir de dos criterios:

a) Textos ficcionales (novela breve), tanto como no ficcionales (ensayo, entrevista audiovisual y reportaje gráfico).

b) Representativos diacrónicamente de su trayectoria: en particular temprana, así como ya avanzada la misma. En orden cronológico, los textos que constituyeron nuestro corpus fueron:

- “Aspectos de la generación del 80. La generación-hija – sus antepasados – Su formación europea – Los viajes” (1939a).

- “Las dinastías – Poesía y prosa – El arte de conversar- Nuestra herencia” (1939b).

- Cecil (1972).

- Manuel Mujica Lainez. Serie A fondo (entrevista audiovisual). (Soler Serrano, 1977).

-Reportaje a Manuel Mujica Lainez” (1982).

Por otra parte, concebimos a MML en cuanto agente social, es decir, no el “(…) sujeto ‘biográfico’ que corresponde más bien a una unidad construida por el tipo particular de textos biográficos; tampoco es el sujeto empírico en su individualidad, aunque éste sea efectivamente su soporte biológico. (Costa-Mozejko, 2002: 16) Lo caracterizamos según la categoría de lugar, en tanto “(…) el conjunto de propiedades eficientes que definen la competencia relativa de un sujeto social, dentro de un sistema de relaciones, en un momento/espacio dado, en el marco de la trayectoria ”. (Ibíd., 19, cursivas en el original).

Así, el agente adquiere especial magnitud comotal al estar inscripto en un sistema relacional particular, específico, e histórico, que lo dota de sentido. En nuestro caso, el literario. En consecuencia, su “valor” como agente social que es, resulta ser la suma –en grado y volumen- de propiedades valoradas por quienes forman parte de esas relaciones.

Por lo dicho anteriormente, pensamos un sujeto desde dos niveles diferenciales: el de la identidad social (agente) y el de la identidad textual (enunciador/simulacro). El agente, a través de la construcción del enunciador, es el que da forma textual a “un mundo”, equivalente alo enunciado. Así, “(…) el texto es resultado deopciones realizadas por el agente social dentro delespacio de posibles discursivos, desde el espacio no-discursivo de posibles (es decir desde su posición relativa de poder.” (Costa-Mozejko, 2009: 28; subrayados nuestros).

Por otra parte, sostenemos que el agente socialgestiona sus recursos en la construcción de su simulacro discursivo. Respecto a esta categoría de gestión, concebimos dos aspectos teóricos constitutivos, los cuales distinguen Costa y Mozejko:

a- En cuanto propiedad/recurso del sujeto social consistente en un saber usar, poner en valor las (…) propiedades y/o recursos de que dispone.

b- En cuanto a predisposiciones y orientaciones a usar y poner en valor ciertos recursos más que otros, o de ciertas maneras más que otras. (Cf. 2002: 28)

En ese sentido, la gestión por parte del agente deviene una dimensión importante de análisis, entre otros aspectos, cuando abordamos su simulacro discursivo.

2. Acerca del agente social MML y su trayectoria inicial como escritor.

2.1. Recursos socio-genealógicos heredados. Recursos culturales incorporados.

En cuanto a ciertas propiedades iniciales del agentesocial a tener en cuenta, no necesariamente privativas del sistema de relaciones literario, cobra especial relevancia analítica lo que denominamos su capital socio-genealógico, en relación a su origen y pertenencia sociales. Cuestión que observaremos crucial a la hora de pensar la construcción del “ personajeenunciador creado por MML. En otros términos, el simulacro que mantendrá constante en dos de sus características discursivas constitutivas.

2.1.1. Al respecto, en cuanto a su capital socio-genealógico, no podemos dejar de señalar que Manuel Mujica Lainez fue descendiente de familias tradicionales de Buenos Aires. Incluso sus vínculos genealógicos se remontan, por ramas secundarias, hasta el mismo refundador de la ciudad: Juan de Garay (Cf. Cruz, 1978: 15).

Además, en su panteón familiar destacan dos vínculos maternos con la familia Cané –precisamente la del reconocido escritor de la Generación del ‘80. Un antepasado Lainez casó con Bernabela Cané y Andrade. El hijo de ambos fue primo hermano de Miguel Cané. Por otra rama, encontramos a Juan Cruz Varela, tío tatarabuelo de Mujica Lainez; también a Florencio Varela. (Cf. Ibíd.:14-24)

También debemos tener en cuenta ciertas relaciones sociales provenientes de su familia más directa. Por parte de su madre y sus tías maternas, ‘Manucho’ conoció y tuvo acceso a personalidades de la cultura tales como Paul Groussac y Gregorio de Laferrère (amigos de su madre) (Cf. Op. Cit., 27). Por otra parte, por medio de su tía materna ‘Pepa’ Lainez conoció a Alfonsina Storni, a Pedro Miguel Obligado a Arturo Capdevila, etc. (Mujica Lainez, 1982) Relaciones que motivaron y facilitaron su acercamiento y posterior ingreso al sistema literario.

En cuanto a sus familiares directos, su padre fue un abogado reconocido, asociado con Julio A. Roca (hijo). Durante la intervención de 1930, luego de la revolución uriburista del 6 de septiembre, también fue Ministro de Gobierno de la provincia de Buenos Aires. (Cruz, 1978: 25-26)

2.1.2. Por otra parte, respecto a su temprana formación, el joven ‘Manucho’ tuvo acceso a ciertas prácticas propias de sectores medios-altos de la época. En 1923, a sus trece años, viajó con su familia a Europa. En la École Descartes, en París, durante los próximos dos años, prosiguió estudios secundarios. En 1925 viajó a Inglaterra con su hermano, afianzando así el idioma inglés. Estuvo allí ocho meses. (Cruz, 1978: 56) Hacia 1926, con 16 años, regresó a la Argentina, y en el Colegio Nacional de San Isidro, Manuel Mujica Lainez, completó sus estudios secundarios. En este sentido, en tanto capital cultural incorporado,

Su formación tuvo, desde luego, las mismas etapas que las de otros hijos de la oligarquía nativa: viajes y residencia más o menos prolongada en Europa, bilingüismo cultural, y regreso a la patria para ejercer el periodismo y la literatura, rodeado de una atmósfera de holgura material y refinamiento estético. (Gregorich, 1967: 1213)

Específicamente, en cuanto a la trayectoria inicial de MML en el sistema literario, a fines de 1932 ingresó a trabajar como periodista en La Nación, mediante su contacto y amigo Adolfo Mitre; hijo del entonces director del diario, Jorge A. Mitre (Cf. Cruz, 1978: 74). En 1936, publicó su primer libro que resultó ser un compendio de artículos publicados en dicho diario y que tuvieron en particular el hecho común de ser crítico-literarios sobre literatura castellana:Glosas castellanas (1936). El mismo escritor supo declarar que “ Apareció porque la edición fue pagada por mi padre.” (Mujica Lainez, 1982). Eso demuestra la falta de recursos y su valor casi nulo para quien se iniciaba en el sistema de relaciones literario argentino. Hay que decir también que aquel año de 1936 también fue designado como funcionario del Museo Nacional de Arte Decorativo, lo que junto a otra posición pública ocupada desde 1940 como periodistadel Ministerio de Relaciones Exteriores, le fueron dejadas cesantes al poco tiempo de asumir Perón la primera presidencia en 1946.

Hay que señalar que desde los primeros envites literarios de MML en el sistema literario, promediando la década del 30, y hasta comienzos de la década del ‘50, fue un escritor relativamente novel y de escaso reconocimiento. Al respecto, bastante tiempo después de aquel 1936, Manuel Mujica Lainez sostuvo -en 1977, en la entrevista audiovisual que le realizó Joaquín Soler Serrano- que “Cuando escribí Los Ídolos [durante 1952], en verdad, yo era todavía un escritor bastante nuevo” (Cf. Soler Serrano, 1977). Entiéndase, no tan reconocido. Así, resulta revelador como indicador de este rudimentario grado de prestigio al interior del sistema de relaciones literario, lo declarado por MML a Ma. Esther Vázquez en una entrevista:

Lo que pasó con esa novela es que cuando se la llevé al editor López Llausás, él me dijo que era muy breve para formar un libro y me aconsejó que escribiera dos relatos más. Entonces yo le inventé [sic.] una segunda y tercera partes, que pueden parecer algo pegoteadas (…) (Vázquez, 1983: 75)

Es importante señalar que hacia 1952 -con esta legitimidad relativamente escasa del agente, ya habían pasado trece años respecto a cuando MML había escrito y publicado los dos primeros textos que constituyen nuestro corpus (ambos en 1939). Además, ya había publicado varios textos. Entre otros ya citados: Don Galaz de Buenos Aires (1938),Canto a Buenos Aires (1943), Las biografías Miguel Cané (padre), Vida de Aniceto el Gallo (sobre Hilario Ascasubi) y Vida de Anastasio el Pollo (sobre Estanislao del Campo) (1942, 1943 y 1948), Aquí vivieron… (1949) y Misteriosa Buenos Aires (1950). Hay que señalar que estos últimos dos libros, ambos de relatos breves, recién le otorgaron cierta visibilidad al interior del sistema literario.

Durante la década del treinta, MML compartió la redacción en La Nación con agentes reconocidos tales como Leopoldo Lugones, Eduardo Mallea, Melián Lafinur, Adolfo Mitre, etc. (Cf. Villordo, 1991: 97). Muchos de ellos provenientes e identificados expresamente con sectores sociales y familias tradicionales, patricias y liberales. Resulta comprensible que un agente joven y bisoño en el campo periodístico-literario, que atendió la eficiencia y el valor regular detectados respecto a la proveniencia social y genealógica en ese sistema de relaciones, actuara poniendo en énfasis tanto su capital socio-genealógico como su distinguido saber, presentándolo como una consecuencia de la primera.

Gastón Sebastián Gallo señala un dato importante pertinente a lo que nosotros planteamos en tanto opción del agente de gestionar su posición socio-parental, sus recursos genealógicos, al señalar que el ingreso de MML en 1937 al círculo intelectual de los Cursos de Cultura Católica, introducido por el diplomático y escritor Máximo Etchecopar,

(…) es una de las expresiones del nacionalismo expansivo y polémico de esa década. Ese ámbito ideológico y político lo ayuda [a MML] a redescubrir sus orígenes familiares y de clase en clave histórico-literaria , aunque no quizá programática, como era usual entre los escritores nacionalistas. [Es] un movimiento que recupera el pasado colectivo como ampliación del ámbito doméstico (…) (2004: 484-485; cursivas nuestras).

Nosotros diríamos, no necesariamente programático en lo político, pero sí para el agente un recurso pretendidamente diferenciador y jerarquizador en el sistema de relaciones literario –al menos en ciertas ‘zonas’-, al cual ha accedido recientemente.

2.2. Del agente social en relación con condiciones del proceso social.

Decidimos, además, tener en cuenta ciertas condiciones objetivas delproceso social, lo que excede al sistema de relaciones literario específico, bajo el supuesto de incidencia en a) la autonomía relativa del primero sobre el segundo, y b) las prácticas discursivas de MML. En otras palabras, otra dimensión a atender, y a poner en relación con el abordaje analítico del simulacro discurrido por el agente (sus constantes –lo que nos interesa aquí-, desatendiendo otras características variables y constitutivas).

Considerando que las prácticas enunciadas que constituyen y re-configuran el simulacro producido por el escritor acaecieron durante un lapso considerablemente extenso (aproximadamente entre 1939 a 1982), centramos la atención en condiciones objetivas que nos parecieron centrales, y que a nuestro entender injirieron en la práctica del agente; en parte, por ser sensibles en relación con la pertenencia social y habitus de clase de MML. [2]

En principio, debemos recordar que para el año 1939 ya se habían sucedido importantes cambios en las estructuras sociales y políticas que habían desafiado el statu quo de los sectores más tradicionales. Las dos presidencias de Yrigoyen, con sus concesiones a capas sociales populares, junto con la nacionalización de recursos importantes como el petróleo, la debacle económica del ’29; el activismo obrero que propició huelgas como las que originaron la “Semana Trágica”, en reivindicación de sus derechos y potenciales conquistas laborales y sociales, suscitaron el temor de pérdida hegemónica por parte de las fracciones tradicionales, liberales (Cf. Romero, 1981).

A esta coyuntura histórica de inestabilidad política en los años ’30, hay que adicionarle otra condición de peso por entonces: la creciente migración interna. Tal proceso, acelerado desde mediados de la década del treinta, por la incrementada industrialización del país, volcó en la ciudad de Buenos Aires y sus alrededores, la zona denominada “Gran Buenos Aires”, un promedio de 72.000 nuevos habitantes por año entre 1934 y 1943. (Avellaneda, 1983: 33)

En este contexto de los años ’30, muchos sectores sociales altos y medios-altos –como al que pertenecía la familia del escritor-, se dispusieron a una preceptiva del poder por la fuerza, “[ya que] temían más que a nadie los resultados del gobierno ejercido por la democracia popular (…) porque el espectro del comunismo despertaba insospechados terrores en los abanderados de la fuerza.” (Romero, 1982: 227) Debemos recordar al respecto, ya lo dijimos, que el padre de Mujica Lainez fue ministro uriburista por entonces. Posteriormente en 1931, su hijo, apenas un año antes de su ingreso en La Nación, se desempeñó como funcionario público en el Ministerio de Agricultura. (Cruz, 1978: 5)

Tales condiciones sociales desfavorables desde la posición social y axiológica del agente, lejos de remitir, se profundizaron socialmente en detrimento de los intereses de los sectores sociales tradicionales y dominantes, con el advenimiento del peronismo histórico (1946-1955). Esto resultó comprensible habida cuenta de las nuevas conquistas de los sectores populares, y aún de capas sociales medias, en un proceso que el partido peronista autodenominó como Justicialista: obtenciones tales como el sueldo anual complementario (aguinaldo), tribunales de trabajo, sindicatos por rama, afiliación masiva, delegados de fábrica, comisiones internas, generalización de vacaciones pagas, indemnización por despido y accidentes de trabajo, estatuto del peón rural, salario mínimo, convenios colectivos, turismo social, pensiones, agregados laborales en embajadas, alquileres urbanos y rurales congelados por decreto, etc., se sucedieron durante el primer peronismo. (Cf. Galasso, 2003: 8-10)

En resumen, lo que nos interesa enfatizar aquí es que luego del periodo yrigoyenista, y en proceso el peronismo histórico (1946-1955), los sectores sociales tradicionales y liberales, sintieron vulnerable y amenazada su hegemonía política y económica.

En relación a lo anterior, estuvimos en condiciones de plantearnos una hipotética gestión discursiva “(auto)apologética” que hizo Mujica Lainez en su presentación-de-, tanto en lo relativo al énfasis puesto en su origen social como respecto a su saber exclusivo. Ambos aspectos abordados discursivamente por el agente pueden comprenderse como una afirmación y ratificación de su identidad social e ideológica, proyectada -al menos- a:

a) Una presentación-de-sí, en su envite literario novel, que fuera capaz de otorgarle la aprobación literaria necesaria por quienes estaban en condiciones de prodigar reconocimiento (los ya mencionados escritores asiduos de La Nación), así como luego los de Sur, con quienes tomó contacto cerca de 1938 (entre otros, Borges, Bioy Casares, Silvina Ocampo, y, por supuesto Victoria Ocampo).

b) El sentirse amenazado o potencialmente eclipsado, frente a sectores sociales juzgados en franco ascenso (y sus escritores o intelectuales representativos). Los que podrían comprometer la hegemonía de sectores con los cuales el agente se identificaba:

b.1. Caso significativo de lo anterior: poco antes de que MML escribiera los dos textos tempranos del corpus, fue el de los escritores e intelectuales de FORJA. Institución que nucleó a intelectuales radicales yrigoyenistas, nacionalistas, antiliberales. Hay que decir que MML para entonces tomaba posición anti-irigoyenista, liberal y conservadora, pro-uriburista (Cf. Cruz, 1978: 70-71). [3]

b.2. La adscripción posterior de algunos de los escritores, intelectuales y artistas, al peronismo: p.e. Scalabrini Ortiz. Algunos de ellos habían participado en FORJA, tal el caso de Jauretche, u Homero Manzi. Partícipes, ahora en nuevas instituciones, tales como la Asociación de Escritores Argentinos (ADEA, properonista, opuesta a la SADE), o la revista Sexto Continente.

3. Simulacro construido por el escritor.

Para comenzar con el análisis del simulacro en dos textos producidos durante 1939, hemos partido primero del abordaje del agente, puesto en relación en un marco institucional (sistema de relaciones literario), y, a la vez, inscrito en un proceso social, histórico, constituido por ciertas condiciones objetivas relevantes, algunas de las que enumeramos sin pretender exhaustividad [4] . Acto seguido, referiremos las opciones discursivas mediante las que, que con cierta constancia y recurrencia, construyó susimulacro. Y, en ese sentido, las que nos permitieron comprender/explicar el interés del agente por el acceso a su pretendida legitimidad cultural. [5]

3.1. La construcción de su posición social privilegiada: trayectoria novel.

Hacia diciembre de 1939 Mujica Lainez escribió y publicó en La Nación –hacía ya siete años de su ingreso como periodista- dos textos ensayísticos, (dos entregas), bajo el título “Aspectos de la generación del 80”. La primera parte, la subtituló “La generación-hija – sus antepasados – Su formación europea – Los viajes” (1939a) y, la segunda, “Las dinastías – Poesía y prosa – El arte de conversar- Nuestra herencia” (1939b). Particularmente, la entrega inicial del texto constituye un intento bastante acabado respecto a la construcción de una (su) tradición selectiva, de tipo familiar. [6]

En este texto, mediante el enunciador construido, MML sostiene que durante el siglo XIX, cuatro fueron las generaciones de Buenos Aires que se sucedieron “en el árbol de su linaje” (1939a: 126). Tres anteriores a la Generación del ’80 (la de los “trasabuelos coloniales”, la de la “generación de Mayo”, “la romántica [unitaria]”), y la cuarta que resulta ser, precisamente, su objeto en cuestión: la “generación hija” de aquellas tres primeras. A saber, La Generación del ‘80. ( Cf. 1939a: 126-127)

Ahora bien, a partir de este momento, esa “generación hija” será construida, a medida que el texto avanza, por cada vez más parientes del agente (más o menos directos o indirectos), hasta llegar al último fragmento que citamos donde la enumeración de los personajes históricos resulta ser íntegramente de índole parental. Destacamos en cursiva, en cada una de las citas, los nombres de los personajes históricos parientes, o amigos íntimos del agente, con objeto de observar la gradación mencionada de ese creciente énfasis discursivo parental:

Sus hijos [hombres del ’80, hijos de la generación romántico-unitaria], Lucio López, Eduardo Wilde, Miguel Cané, Bartolito Mitre, que están entre los príncipes de la generación del 80, aprendieron desde niños, en el regazo de la madre o de la nodriza, el drama de los destierros (…) antes del alba efímera que nace con el triunfo de Urquiza. [7] (Ibíd., p.129)

(...) Señores impecables, finos, cuya sola presencia decoraba los salones nacientes. Pedro Goyena, Carlos Pellegrini, Manuel Láinez, pasan por nuestra ciudad en 1890, entre la fiebre turbia de los jugadores de Bolsa, dejándola como iluminada por la luz de su espíritu. (Ibíd., p.133).

Hubo linajes de la inteligencia, como el de los Estrada. Manuel Láinez , que fundó “El Diario” en 1881 y creó un “estilo” de periodismo, era primo hermano de Miguel Cané, jefe indiscutido de la generación, y ambos eran primos hermanos de los hijos de Florencio Varela: de Mariano, que fue ministro de Relaciones Exteriores de Sarmiento; de Rufino que lo fue de Juárez; de Héctor, cuyo nombre de orador atronó la época, y de Luis V., miembro de la Corte Suprema y autor de la “Historia Constitucional”. El tiempo -¡y cuán distante y cuán distinto!- en que en el largo comedor de muebles tallados con cabezas de ciervo, después del café, el núcleo de parientes formaba una pequeña legislatura oligárquica . (1939b: 138; énfasis en cursiva, nuestros).

La dimensión estratégica de las filiaciones llega –sin nombrarse ni nombrar a nadie- hasta el “El Buenos Aires de hoy” en un fragmento, mediante lo que sigue:

La hidalguía porteña y la gracia porteña les pertenecen [a los notables de la generación del ‘80]. De entonces acá, en los cuarenta años transcurridos de la actual centuria (somos hoy más ricos y más pobres que entonces) cada vez que queremos referirnos a los rasgos psicológicos que individualizan a nuestro hombre de espíritu y a nuestro hombre de mundo, es fuerza que recurramos a tales modelos. El Buenos Aires de hoy, en lo que tiene de más íntimo, de más “suyo”, procede de esa generación-hija. (1939a:128)

Ahora, el escritor al saberse y prever un enunciatario que supone lo sabe descendiente y heredero de muchos de esosnotables de los ’80 citados ad hoc, deviene a través del enunciador creado (simulacro) en uno de los contemporáneos más representativos de: “(…) ese Buenos Aires de hoy, en lo que tiene de más íntimo, de más ‘suyo’”. De esta manera, Mujica Lainezconstruye la trama de su propiatradición selectiva familiar que lo entronca, precisamente, a esa generación-hija, la de sus abuelos (y por ende, a todas las anteriores: la de sus ‘trasabuelos’ coloniales y de Mayo y la de sus ‘bisabuelos’ unitarios y románticos). Tal repaso genealógico tendrá por objeto visibilizar a “(…) aquellos a quienes debemos nuestra personalidad como hombres de Buenos Aires” (1939a: 128)

Advertimos así que MML dota de sentido su simulacro –durante esta parte de su trayectoria novel- a través del énfasis discursivo puesto principalmente en su capital socio- genealógico. La estrategia discursiva reviste cierta lógica figurada de un silogismo incompleto o entimema. Así, podríamos resumir las siguientes “premisas” materializadas respectivamente en el enunciado:

1- Descendiente de esa “generación hija”, que a su vez es el producto de las tres generaciones que han tenido un papel protagónico, originario, en la construcción de la Nación.

2- El Buenos Aires de hoy,” en lo que tiene de más íntimo , “de más suyo, procede de esa generación-hija”.

ERGO : El simulacro que construye MML, alude implícitamente –por referencia de los nombres propios acumulados- a ser el descendiente de esos prohombres: Él, MML, es lo que tiene de más íntimo, de más ‘suyo’” el Buenos Aires de hoy.

Observamos hasta aquí que tales puestas en énfasis en la gestión de los discursos referidos, estuvieron orientadas a afianzar su origen y pertenencia sociales. Elagente se construye como el sugerido vástago- heredero de lo más selecto socialmente de las pioneras generaciones argentinas.

M. Mujica Lainez apunta así a ratificar su posición privilegiada y legítima para enunciar. En otros términos, la (auto)procuración discursiva –ni más ni menos- de mostrar su competencia como escritor. Más aún, tratándose de un escritor que tanto en sus textos ficcionales, como en los no ficcionales, abordó aspectos histórico-nacionales.

3.2. La construcción de un (su) saber privilegiado y exclusivo: explicitación del mismo. Relación con su trayectoria avanzada.

Una vez que hemos mostrado cómo el simulacro construido en algunos de estos discursos tempranos, resulta coherente con el interés de ratificarle al agente una distinción social que considera legítima y necesaria para su enunciación literaria, trataremos de mostrar ahora cómo opera la gestión de Manuel Mujica Lainez –especialmente en textos “tardíos”- respecto a la modelización de un saber pretendidamente exclusivo; presentado como el legado precisamente de ese recurso socio-genealógico e íntimo-familiar, que modeló y (re)presentó con anterioridad.

Hay que decir en primer lugar, y en relación con el sistema literario, que con la llamada “generación del 55”, emergió una clara puja acerca del sentido de la práctica literaria, y sobre sus “funciones”: Lo que estuvo en juego por entonces fue la definición misma de si concebir la praxis literaria en términos de “bellas letras” - sin otra función que la belleza en sí - u otra que fue emergiendo durante los 50 y consolidándose durante los 60. Esta última, una apuesta de mayor “vitalismo” y “compromisos” sociales (de adscripción sartreana o no en diverso grado), opuesta a la primera: preconizadora de valores supuestamente universales, intemporales, etc. No se puede dejar de señalar, además, que esta nueva praxis correspondió más a escritores provenientes de capas sociales medias en ascenso, muchos de ellos universitarios y que pudieron adscribirse en el juego en la medida en que el acceso educativo y económico produjo un incremento de escritores y de lectores afines, consuetudinarios con esta nueva axiología literaria en ascenso. Esto significó una ampliación de participación en un sistema que mostraba visos de re-estructurarse y desarrollarse.

Prácticas literarias fueron las de estos últimos escritores mencionados que se asumieron francamente como interventoras de la realidad social, y que pusieron en discusión la definición misma de las instancias e instituciones consagratorias (ya no La Nación, Sur o SADE). Es de notar la importancia institucional latinoamericana que comenzará a tener Casa de las Américas, a comienzos de los sesenta. A modo ejemplar, en ese lapso, tuvimos en cuenta, primero, pujas como las de Adelaida Gigli escribiendo con disenso sobre Victoria Ocampo; David Viñas atendiendo polémicamente las narrativas de Marechal, Mujica Lainez y Silvina Bullrich (Cf. Contorno, Nº3, septiembre de 1954). También Mario Benedetti escribiendo en el periódico Marcha sobre la “Saga Argentina de Mujica Lainez” y criticando los “desusados elogios” de Vicente Barbieri y Eduardo González Lanuza ( Cf. 1956).

Más adelante, avanzada la primera mitad de los años sesentas, se agudizaron las praxis que abogaban por la(s) redefinición(es) polémica(s) del quehacer literario. La primera posta del sartreano “compromiso” enarbolado por los pioneros de Contorno, resultaba ya asimilada y practicada en varias vertientes, por otros escritores tales como los que se nuclearon inicialmente, o fueron participando y emergiendo, en las revistas que dirigió Abelardo Castillo; primero en El grillo de papel (1959-1960) y –especialmente- luego en El escarabajo de oro (1961-1974). (Cf. Calabrese y de Llano, 2006)

Por su parte, Sergio Olguín y Claudio Zeiger en el artículo “La narrativa como programa. Compromiso y eficacia”, rescatan en lo temático que a los escritores que van cobrando visibilidad por entonces, pensamos en Castillo, Heker, Rozenmacher, Piglia, –por citar nosotros a algunos-, “No [les] interesaban ni los conflictos privados de los grandes señores ni las preocupaciones de los campesinos. A la generación del sesenta le importaba fundamentalmente la clase media de las ciudades, los intelectuales, los artistas y los marginales de las sociedad industrial”. (1999: 368) Es notable, entonces, cómo va perdiendo centralidad aquello de escribir sobre “grandes señores”. Más o menos eficiente para cuando MML escribe los dos primeros textos del corpus, a fines de los treinta, y cuando quienes estaban en condiciones de distribuir reconocimiento (escritores referidos de La Nación o Sur) compartían –en cierta medida- esta manera de presentarse o adscribir al sistema literario o como temática a abordar.

También Olguín y Zeiger señalan, junto con la preocupación por la situación social que expresan estos nuevos escritores, la incorporación de técnicas y mecanismos formales de experimentación. (p.388) En consecuencia, lejos estamos atendiendo estas praxis, a las cada vez más demodé de escritores tales como MML, Silvina Bullrich, Beatriz Guido (ambas contemporáneas al primero), o, más aún, respecto a algunas anteriores ( e.g. E. Mallea), en las que cierto elitismo, fundado en la pertenencia social, el abolengo tradicional, criollista, cuando no en el refinamiento clasista de un “entre nos” que se auto-declaraba adalid de la Belleza, y al que Claudio Zeiger -no hace mucho- los nucleó en tanto los de “El paraíso argentino” (Cf. 2011).

Atendiendo lo anterior, estas propiedades, recursos blandidos ( gestionados): “abolengo”, “ventas bestsellerescas” como criterio de éxito, “saber y/o ‘cuentos’ íntimos de las grandes familias”, etc., iban perdiendo eficiencia y prestigio al momento de concebirse escritor, y diferenciarse eficiente y positivamente ante las nuevas generaciones de lectores y escritores.

Volviendo más específicamente al abordaje del lugar del agente, hay que decir que ya jubilado en La Nación a mediados de 1969, MML cambió su estilo de vida y radicación. Compró una casona en Cruz Chica en las serranías cordobesas y se radicó allí. Podemos decir que ya su ápice de reconocimiento, para entonces, había sido alcanzado con la publicación en 1962 de Bomarzo. Las traducciones sucesivas a distintos idiomas de esta novela (inglés, italiano, etc.) reforzaron esa legitimidad, junto con la ópera homónima de 1966 con la que colaboró MML escribiendo el libreto que musicalizó el reconocido compositor Alberto Ginastera. La estrenaron juntos en Washington, Europa y luego Nueva York (Cf. Cruz, 1978).

Es en parte por esa cierta legitimidad de ser un escritor ya conocido, que puede explicarse su opción de escribir entre noviembre de 1971 y febrero de 1972, una nouvelle en clave autoficcional llamadaCecil. En ese sentido, el reconocimiento, en particular de Bomarzo (Primer Premio Nacional de Literatura en 1963) -aunque con el éxito menor de la novela El unicornio (1965), y las aún menos conocidas y reconocidas Crónicas reales (1967) y De milagros y de melancolías (1968)-, le permitió al agente, como posible opción, concebirse él mismo en tanto nueva temática literaria autoficcional.

En ese texto, el curioso narrador homónimo resulta ser un perro-mascota que cuenta la vida de su amo. Elemento autoficcional inicial, ya que Cecil fue el nombre de la mascota cordobesa más querida en la vida real de Mujica Lainez. Mediante esta estrategia narrativa, el escritor construye su simulacro cordobés desde la presunta distancia “objetiva” del narrador perruno, auto-refiriéndose en tercera persona del singular.

El relato se retrotrae a la infancia de “el Escritor” (con mayúsculas), caracterizada como etapa tempranísima de formación, en la que él obtiene sus competencias específicas. Así, en este texto, M. Mujica Lainez construye su simulacro con los roles temáticos de “Amo”, “Escritor”, o sus deícticos pronominales equivalentes. El saber del Amo-Escritor lo refiere incorporado, doméstica e íntimamente, a través de otros personajes queridos y directos, tales como “su mujer” y “su madre”:

Como a su mujer el Escritor le debe [a su madre] no pocos datos singulares que figuran en sus libros y que pintan los tics de una sociedad. A diferencia de otros novelistas -¿habrá que recordar el ilustre ejemplo de Proust?- mi dueño tuvo la suerte de no necesitar salir de su casa, en busca de los documentos . (1972: 87) [8]

En Cecil, también aparecen las “Tías” de “El Escritor”. Respecto a estos personajes femeninos también destinadores del conocimiento, leemos que

Ninguna de las tres Tías fue recompensada por el globo terráqueo de acuerdo con sus méritos. Y el Escritor, que las reúne en el haz de un cariño auténtico y profundo, es su acreedor [sic., probablementeerrata por “deudor”]por lo mucho que le han relatado de los suyos y que han imaginado para él, ayudando a formarlo y activar su inspiración (1972: 90: cursivas nuestras).

Por otra parte, en cuanto a discursos no ficcionales que permiten encontrar marcas de gestiones análogas con respecto a la construcción exclusiva de su temprano y privilegiadocapital cultural incorporado en ese espacio íntimo, privado y exclusivo en que deviene discursivamente su casa familiar, sirvan los siguientes enunciados acontecidos unos años después de Cecil. En el marco de una entrevista el agente sostuvo:

Mi abuela, Justa Varela de Lainez, como mi madre y mis tías, desde mi más lejana niñez no cesaron de narrarme anécdotas vinculadas con la historia de mis mayores, entre los que abundaron, junto a los personajes ilustres, los pintorescos, se deducirá que crecí en un medio espiritual en el que todo se conjugaba para facilitar una vocación que, como antes dije, se manifestó siendo yo muy niño . (1982; cursivas nuestras).

Análogamente, en otra entrevista, televisada y realizada por Joaquín Soler Serrano en Madrid, MML relató al entrevistador que a la edad de cinco años tuvo la desgracia de caer en “un gran tacho lleno de agua hirviendo”, quemándose “la mitad del cuerpo” y estando un año entero en cama. Durante ese lapso, sostuvo que,

(…) fui terriblemente mimado, y para distraerme de esas desgracias me contaban cuentos [los personajes familiares femeninos]… los cuentos tradicionales, pero también me contaban los cuentos de nuestras familias, que eran familias llenas de cuentos y llenas de leyendas (…), de sucesos y extravagancias. Todo eso me fue nutriendo, desde entonces; y, sin saberlo yo, eso era lo que iba a hacer de mí un escritor más tarde. (Soler Serrano, 1977)

Unos cinco años después a María Esther Vázquez, MML le (re)crea discursivamente esta última situación. Reproducimos algunos fragmentos pertinentes de la entrevista:

MML- Estuve un año en cama y me mimaron muchísimo (…) las curaciones eran terribles y me las hacía mi madre (…) me contaban muchísimas cosas, desde Los tres mosqueteros hasta los cuentos de familia, que eran muy apasionantes.

MEV- Más apasionantes que Los tres mosqueteros.

MML- Claro. Historias de cuando lo mataron a Florencio Varela [uno de sus antepasados] (…)

MEV- En fin, todo eso que uno ha leído en Amalia como invención literaria, tu madre te lo contaba protagonizado por la familia .

MML- Todo, m’hija, absolutamente todo, y eso me enriqueció. Aquellos primeros años transcurrieron en un mundo de encantamiento, pese al horror de la quemadura. Además de mi madre, estaban mis tías, que eran muy importantes. (Vázquez, 1983: 12-13)

Una vez más, en ocasión de la Encuesta a la literatura argentina contemporánea (Zanetti, 1984), MML ratifica sostenidamente su posición, proveniencia social, así como el saber y vocación consecuentes, atribuidos a la misma. Presentamos, respectivamente, dos fragmentos:

Tengo la suerte de proceder, por el lado materno, de una familia en la cual brillaron los hombres de pensamiento. Mi abuelo Bernabé Lainez fue periodista en El País, de mi madre fueron Manuel Lainez, director de El Diario y el Perito Moreno. Su abuelo Rufino Varela, fue asimismo periodista, como sus hermanos Héctor, Mariano, y Luis V (…) Primo hermano de ellos y también de mi abuelo Lainez fue Miguel Cané. Florencio Varela es mi tatarabuelo (…) (1984: 26)

(…) tanto mi abuela, Justa Varela de Lainez, como mi madre y mis tías, desde mi más lejana niñez no cesaron de narrarme anécdotas vinculadas con la historia de mis mayores, entre los que abundaron, junto a los personajes ilustres, los pintorescos, se deducirá que crecí en un medio espiritual en el que todo se conjugaba para facilitar una vocación que, como antes dije, se manifestó siendo yo muy niño . (Ibíd.; énfasis nuestros).

Respecto a otros enunciados del agente, Mujica Lainez, supo gestionar discursivamente algunos datos inmediatos a su nacimiento: “Mi cuna fue un regalo del general Roca”, sostuvo en un reportaje a Gonzalez Tor, 1999 [9] Queda manifiesta una vez más la estrategia de enfatizar discursivamente su posición social correspondiente desde su nacimiento, en tanto pertenencia a una de las fracciones de clase tradicional; más aún, patricia. En consecuencia, Manuel Mujica Lainez construye el espacio privado de esa cuna de clase –sinécdoque mediante- como elemento constituyente de su simulacro al recrear, mediante esa figura-espacio, nada menos que el inicio de su existencia misma.

5. Consideraciones finales.

Notamos que la construcción del simulacro, por parte del agente social, puso de manifiesto, en varias ocasiones enunciativas, la representación en tanto escritor competente. Esto, fundado en dos recursos gestionados discursivamente de manera constante:

a) su proveniencia socio-cultural distinguida: al enumerar nombres propios-parientes como garantes de la misma, y

b) la (auto)caracterización como portador de un saber legítimo y directo, destinado por sus propios parientes, particularmente femeninos y en el exclusivo y excluyente ámbito del domos.

De la misma manera, ese saber queda manifiesto recurrentemente bajo la forma de relatos, artículos periodísticos, entrevistas, etc., enunciados a lo largo de un lapso considerable de su trayectoria (1939-c.1982), y es el que será destinado como prueba del mismo a sus lectores.

Haciendo uso de alguna herramienta retórica, podemos afirmar que particular y predominantemente MML utilizó el topos de la esencia, ya que se construyó recurrente y auto-referencialmente como el heredero dilecto y exclusivo de:

a) Quien posee una posición social privilegiada (descendiente de las principales generaciones argentinas). Cuestión materializada a través de la gestión discursiva que enfatiza la pertenencia a un sector social tradicional, partícipe de las generaciones privilegiadas que poseyeron hegemonía en ese largo proceso social que constituye la historia nacional del S. XX y, aún más, retrotrayéndose al último tercio del S.XIX. Es durante ese proceso histórico de relativa pérdida hegemónica de la clase con la que se identifica el agente, cuando MML reivindica y gestiona su pertenencia afirmando en su construcción del simulacro que genésicamente su cuna “fue un regalo del general Roca”.

b) Quien heredó un saber íntimo, familiar, proveniente de personajes femeninos queridos y valiosos para él (su madre, tías, y –posteriormente- su propia mujer ). En ese sentido, decíamos, lugar o topos de la esencia, entendido,

(…) no [en] la actitud metafísica que demostraría la superioridad de la esencia sobre cada una de sus encarnaciones –y que se fundamenta en un lugar del orden-, sino el hecho de conceder un valor superior a los individuos en calidad de representantes bien caracterizados por esta esencia . (Perelman y Olbrechts-Tyteca, 1989: 161-162)

Por otra parte, la enunciación de la casa tradicional comoespacio privado, íntimo, de puertas adentro, será el lugar representado donde el niño Mujica Lainez, incorpora competencias precoces por parte de lospersonajes-destinadores madre, tías yabuela, principalmente. Un saber diferencial de ‘ nuestras familias’ que le permitió al agente -como portador- atribuirse a sí mismo el poder legítimo de contar historias “de los suyos”, destinadas por susascendientes directos para él, y de él para nosotros (los lectores). En síntesis:

-Un conocimiento íntimo, implícita y axiológicamente de mayor jerarquía y legitimidad, digno de quien no necesita “salir de su casa, en busca de los documentos”.

-Un conocimiento diferencial, respecto a la potencial adversidad de otros interlocutores y sectores sociales en ascenso que podían históricamente –por entonces- desafiar la definición y axiología de ese saber y legitimidad literarios, construidos y enfatizados en el simulacro referido en este artículo.

En suma, la construcción de un simulacro coherente con el interés de “existencia social” al interior del sistema derelaciones literario, por parte de MML como agente. Necesidad sostenida de fundar su diferencia, en relación con otros agentes. Máxime si se tiene en cuenta que su trayectoria, finalmente no fue ni resulta reconocida literariamente como un escritor de primera línea; hoy diríamos, canónico. Finalmente, este reconocimiento más o menos periférico, y muy oscilante, algunos críticos lo notaron e hicieron extensivo a toda su carrera profesional. Diana García Simón sostuvo que:

Estando en vida, el ‘personaje’ Mujica Lainez fue más festejado por sus excentricidades, su sentido del humor y su participación en la vida social de la capital argentina, que por su producción literaria , a pesar de contar ésta con más de una veintena de obras de ficción, más ensayos, catálogos, trabajos periodísticos y un libro de poesía. (1998; cursivas nuestras).

BIBLIOGRAFÍA.

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[1] Licenciado en Letras Modernas, Escuela de Letras, Facultad de Filosofía y Humanidades (UNC) - Doctorando en Letras (CIFFyH, UNC / CONICET). Miembro del Equipo de Investigación “Cuando el Hacer es Decir”, CIFFyH / SECyT–U.N.C. fernaser60@hotmail.com

Recibido 06/2012. Aceptado 08/2012



[1] Entendemos enunciación como un trabajo realizado por el agente; un proceso de producción en el que sucede un “acontecimiento” irrepetible (lo enunciado). A partir de éste, entre otras marcas, resulta posible discernir “(…) la construcción de un simulacro, una entidad discursiva que no coincide con el agente extratextual sino que constituye una auto-ficción a través de la cual intenta fundar su propia legitimidad, construir su competencia específica en el texto, vinculada con el objetivo de influencia” (2009: 13)

[2] La noción de clase –noción problemática y problematizada teóricamente- la definimos, o más bien caracterizamos, siguiendo la siguiente reflexión: “(…) existe si existen personas que pueden decir que ellas son la clase, por el solo hecho de hablar públicamente, oficialmente, en su lugar, y de ser reconocidas como con derecho para hacerlo por personas que se reconocen allí como miembros de la clase, del pueblo, de la nación, o de toda otra realidad social que puede inventar o imponer una construcción del mundo realista.” (Bourdieu, 1988: 142) Por lo dicho, tomamos distancia aquí de aquella clásica noción fundante de clase de matriz marxista, definida –básicamente- por el principio diferenciador de la posesión o ausencia de la propiedad (medios de producción). En cuanto a habitus de clase, Bourdieu señala que: “(…) se podría considerar el habitus de clase (o de grupo), es decir, el habitus individual en la medida que expresa o refleja el de clase (o grupo) como un sistema subjetivo pero no individual de estructuras interiorizadas, principios comunes de percepción, concepción y acción, que constituyen la condición de toda objetivación y de toda apercepción (…)” (1991: 104). Cierta previsión del enunciatario al que MML se dirige, supone este tipo de manifestación y adhesión axiológicas.

[3] MML escribe los dos primeros textos de nuestro corpus de análisis, el 10 y el 24 de diciembre de 1939, respectivamente. El 12 de septiembre de 1939, es decir menos de 3 meses antes de publicar el primero de esos, publica en el diario La Fronda (de Pancho Uriburu, amigo de su padre), un poema satírico político anti-irigoyenista.

[4] Al respecto, en lo que resta del análisis, no desarrollaremos nuevos apartados exclusivos respecto a la trayectoria de MML o condiciones objetivas posteriores del proceso social. Priorizaremos así, en este artículo, el análisis de las estrategias constitutivas del simulacro creado por MML. Las condiciones objetivas posteriores del proceso social, o propiedades constitutivas del lugar del agente (ya avanzada su trayectoria), y que consideremos relevantes, las iremos exponiendo e integrando a lo largo del resto de nuestra exposición.

[5] Al respecto, Costa-Mozejko precisan el par epistémico comprender/explicar en tanto “‘razones’, es decir, los elementos que permiten comprender/ explicar la práctica, [y que] no hacen referencia a los individuos, sus representaciones y conciencia, sino a lo que el investigador puede inferir como razones teniendo en cuenta las condiciones objetivas dentro de las cuales el agente produce su acción, e independientemente de lo que él mismo pueda decir al respecto: Más aún, el propio enunciado del agente pasa a ser construido y analizado como práctica cuya comprensión/explicación surge de las ‘razones’- inferidas de las condiciones objetivas- que habrían fundado sus opciones discursivas”. (Cf. 2007: 12)

[6] Hacemos uso de tradición selectiva en el sentido que le otorga Raymond Williams, dentro de su propuesta materialista-cultural. Allí concibe tal categoría en tanto “una versión intencionalmente selectiva de un pasado configurativo y de un presente preconfigurado, que resulta poderosamente operativa dentro del proceso de definición e identificación cultural y social ”. (Williams, 2000: 137).

[7] Nótese, en relación a otra de las características del simulacro que (co)construirá Mujica Lainez de sí mismo (la obtención de su saber privilegiado acerca de la historia de ‘nuestras familias’ –como veremos en el parágrafo 4.2), que también sus ascendientes aparecen representados, respecto a su incorporación del conocimiento íntimo, en el ámbito exclusivo y privado de sus hogares (“puertas adentro”). Además, son construidos discursivamente como los destinatarios de ese saber impartido por personajes femeninos. Por otra parte, en la enumeración de los fragmentos seleccionados de esos “príncipes” del Ochenta, aparecen su tío-bisabuelo maternal Miguel Cané, y Bartolito Mitre, uno de los pioneros de La Nación, amigo familiar de la familia desde esos tiempos. Recordemos que uno de los descendientes Mitre, Adolfo Mitre, será quien posibilitó, casi medio siglo después de la fundación del diario, el ingreso de MML al periodismo gráfico.

[8] Respecto a la mención legitimante de “su madre” y su conocimiento específico, algo ya hemos dicho respecto al agente y su parentesco con los Varela y los Cané. Hay que señalar también que Lucía Láinez Varela, nacida en 1883 en Buenos Aires, intervino activamente en la vida cultural porteña. Integró la Asociación Albarden (la institución que gestionó la invitación y venida de Anatole France a la Argentina). (Cf. Cruz, 1978: 26-27) En cuanto a “su mujer”, Ana de Alvear, ella fue descendiente de Marcelo T. de Alvear, ex-presidente de la República, y por línea materna, sobrina tataranieta de Manuel Dorrego. (Cf. Cruz, 1978: 86) Por la mención de ellas, en el simulacro de “el Escritor”, se pone en énfasis su presunto “ no necesitar salir de su casa, en busca de los documentos” , al momento de escribir. Ellas, por su proveniencia y relaciones sociales, son construidas como las Destinadoras que le confieren ese savoir exclusivo a “el Escritor”.

[9] Este hecho de que su cuna natal fuera, efectivamente, un regalo del General Julio A. Roca, se explica conociendo –ya lo dijimos- que el hijo de quien fuera el conocido presidente liberal-conservador, fuera socio y amigo de Manuel Mujica Farías (el padre del escritor).