Obra bajo Licencia Creative Commons 4.0 Internacional
Recial Vol. XIII. 22 (Julio-Diciembre 2022) ISSN 2718-658X. Cecilia Corona Martínez.
Narrativas del “entre”: desafíos y propuestas pp. 359-361.
https://doi.org/10.53971/2718.658x.v13.n22.39630
Narrativas del “entre”: desafíos y propuestas
Caminada, L. (2021) La mirada “dislocada” entre literatura e imagen. Narrativas como
territorio (299 pp.). Buenos Aires: Prometeo.
Cecilia Corona Martínez
Universidad Nacional de Córdoba, Argentina
ORCID: 0000-0001-6085-1884
Recibido 26/09/2022 Aceptado 25/10/2022
Daniel Moyano recrea, en uno de sus cuentos, la mirada ingenua de quien, frente a una
partitura, no reconoce una escritura (la musical), sino que solo observa una serie de imágenes
o dibujos: los “negritos saltando el cerco” (“Negritos saltarines”). Cuando Lucía Caminada
recuerda que nuestro acercamiento a un texto literario encuentra en primera instancia una serie
de signos sobre el papel, nos retrotrae a una suerte de prehistoria de la experiencia como
lectores, la previa a la alfabetización. Esa posición primigenia es útil para leer con provecho su
libro, La mirada “dislocada” entre literatura e imagen. Narrativas como territorio; el cual
constituye, a mi parecer, un momento destacado en la búsqueda de lecturas nuevas y
heterodoxas que permitan asir algunas manifestaciones artísticas poco convencionales.
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Recial Vol. XIII. 22 (Julio-Diciembre 2022) ISSN 2718-658X. Cecilia Corona Martínez.
Narrativas del “entre”: desafíos y propuestas pp. 359-361.
El texto propone una “redefinición de la lectura”, empleando para ello el concepto de
“mirada dislocada” (“fuera de lugar”): con esta aseveración se nombra un modo de aproximarse
a las obras no considerado antes. Se desmenuza con precisión y herramientas adecuadas este
modo de leer no específico de la actividad académica, sino más bien adecuado a un grupo
de textos que obviamente no se limitan a los autores seleccionados en el corpus.
Lo más relevante lo constituye la creación de dos conceptos complementarios entre sí:
interzona y territorio narrativo. Ambos intentan dar cuenta de una literatura que escapa a
clasificaciones previas y que no ha sido considerada en profundidad. Es muy importante
entonces la originalidad del objeto de estudio seleccionado.
La mirada propuesta intenta ubicarse en un lugar no habitual, desviado; es la que este tipo
de narrativa reclama. Inmediatamente nos llega la reminiscencia del llamado de Cortázar en
Rayuela: un lector activo, que tome decisiones desde esa misma posición.
De esta manera, se reemplaza una antigua posición de lectura que podríamos denominar
bizca, un ojo en la palabra y otro en la imagen. Se regresa al potencial de la mirada en toda su
complejidad y riqueza. Lejos de la esquizofrenia, presenta una perspectiva unitiva a partir de
la definición de un nuevo centro de atención, la interzona.
Ya no leemos solo unas palabras ni miramos imágenes, o miramos imágenes y leemos
palabras; la autora postula un híbrido entre leer imágenes y mirar palabras.
El objeto al que nos acercamos se transforma también en algo nuevo: se trata de un territorio
narrativo. La metáfora adquiere una densidad inesperada, que es limitada por la autora al
referirse solo a la relación entre texto e imagen siguiendo el modelo cortazariano.
Un territorio puede ser también un terreno, una esfera de acción: la de la literatura y su
confluencia con la música, por ejemplo; o la literatura en íntima asociación con la danza…
En este caso, las obras seleccionadas se estudian como territorios que son recorridos,
excavados, medidos, a fin de que revelen sus más íntimos modos de construcción. Se trata de
territorios surgidos con la modernidad, no necesitan tanto de arqueólogos como de atentos
“leedores”. Me refiero con este término (que aclaro, no es mi creación), a estudiosos que
puedan enfrentar su objeto con la totalidad de su ser, con la suma de sus potencialidades.
Territorios construidos de palabras y de imágenes, particularmente fotografías. La misma
enunciación nos remite a la Modernidad y a los cambios que la técnica imprimió sobre la vida
y la cultura. Sin embargo, muchas de las palabras conservan la antigua prosapia: la imagen
mental, la imagen poética poseen una larga historia. Pero tanto la imagen táctil como la imagen
corporal nos remiten a la ya necesaria mirada otra: tocar con los ojos, percibir la piel solo con
la mirada. Experiencias que constituyen también un nuevo sujeto en el modo de acercarse a la
literatura.
Es particularmente destacable el denominado “territorio del nostos”, relacionado con el
regreso, tan anhelado como temido. ¿Variación del viejo apotegma heracliteano construido esta
vez con los aportes (los desechos) de la modernidad? Así la Buenos Aires de la obra
cortazariana está construida de este material: el territorio del nostos permite nombrarla con
cierta precisión.
El libro aborda escrituras que marcaron hitos y también otras que pasaron a integrar el
heteróclito cajón de las literaturas u obras menores.
En lo relacionado específicamente con los estudios de literatura argentina, Lucía Caminada
manifiesta una marcada originalidad. Si bien Cortázar sigue siendo un escritor largamente
abordado por la crítica académica, la autora se distingue de ella por dos cuestiones: 1) el estudio
de obras prácticamente desconocidas tanto para los lectores comunes como para los
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especializados; y 2) la lectura particular de la interacción entre imagen y texto presente en
dichas obras.
La lectura cortazariana que propone encuentra uno de sus fundamentos en la hipótesis de
que Cortázar teoriza a través de la ficción. Considero personalmente que una clave para el
estudio de nuestras literaturas latinoamericanas, y específicamente de la literatura argentina,
reside en poder encontrar los principios teóricos y constructivos que la definen a partir del
estudio de las mismas obras.
Esta afirmación se funda en la convicción de que el pensamiento y la cultura toda de nuestra
región puede leerse de manera localizada. Concepción puede destacarse aún en un escritor tan
cosmopolita como Julio Cortázar; tal como lo pone de manifiesto la ensayista.
Gran parte de los textos de Cortázar seleccionados para el corpus, están sesgados por la
presencia de la imagen corporal; en ellos el territorio narrativo se mimetiza con el cuerpo
mismo. El término geográfico orografía (como conjunto de montes de una región, país, etc.)
se resignifica en la lectura realizada para dar cuenta de esta ¿hibridación?, ¿superposición? de
relatos y de sentidos.
La clave de la propuesta de Lucía Caminada: la mirada dislocada es una perspectiva nueva,
apta para textos disruptivos, inclasificables, sorprendentes. Nos interpela, nos cuestiona.
Se trata de lecturas al margen, lectura de los márgenes, desde los márgenes, en el territorio
de los estudios literarios, Julio Cortázar en sus regiones más inexploradas; este libro sobresale
por su meticulosa búsqueda de un aparato teórico apropiado; la aguda lectura de textos, tanto
de aquellos visitados desde hace tiempo por los estudiosos (surrealistas), como de aquellos
dejados de lado por motivos que responden tanto a cuestiones editoriales como a intereses
académicos cambiantes; y fundamentalmente por la intensa pasión intelectual y corporal
puesta de manifiesto en cada página.