Obra bajo Licencia Creative Commons 4.0 Internacional
Recial Vol. XIII. N° 22 (Julio-Diciembre, 2022) ISSN 2718-658X. Raúl Bueno, Para una teoría general de la
heterogeneidad cultural. A partir de los aportes de A. Cornejo Polar, pp. 69-79.
https://doi.org/10.53971/2718.658x.v13.n22.39347
Para una teoría general de la heterogeneidad cultural.
A partir de los aportes de A. Cornejo Polar
Raúl Bueno
Prof. Emérito, Univ. Dartmouth, Estados Unidos
San Agustín, San Marcos, Perú
raul.bueno@dartmouth.edu
Recibido 22/10/2022. Aceptado 15/11/2022
Resumen
Este ensayo indaga la posibilidad de constitución de una teoría unificada de la heterogeneidad
cultural que incluya todas las situaciones del campo heterogéneo y de la diferencia cultural, desde
el choque de culturas hasta el mestizaje, pasando por migraciones, traducciones,
transculturaciones, etc., así como por los sujetos operadores y los motivos de tales situaciones y
dinámicas. Observa lo que, en esta tarea, fue avanzado por Antonio Cornejo Polar, lo que de algún
modo ha sido desarrollado después de su fallecimiento en 1996 y las tareas que consideramos aún
pendientes.
Palabras clave
heterogeneidad cultural; campo heterogéneo; sujeto migrante; traducción cultural
For a general theory of cultural heterogeneity.
Based on the contributions of A. Cornejo Polar
Abstract
This essay investigates the possibility of developing a unified theory of cultural heterogeneity. One
that includes all situations of the heterogeneous field and the cultural differences, from cultural
clash to mestizaje (miscegenation); as well as migrations, translations, transculturations and other
notions in between. Also, the operating subjects and motifs of such situations and dynamics. In
this endeavor, it observes what was advanced by Antonio Cornejo Polar, what has been somehow
developed after his death in 1966, and what we consider still pending tasks.
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Keywords
cultural heterogeneity; heterogeneous field; migrant subject; cultural translation
A la memoria de Elena Altuna, por estas y otras deliberaciones.
Inicio esta intervención con una metáfora teoría unificada que habría alarmado a nuestro
autor tanto por su conocida prevención al uso de categorías prestadas de otras disciplinas su laxo
rendimiento conceptual, cuanto por la imponente significación que esa noción tiene para la física
moderna. Yo le habría asegurado lo que ya he dicho en otras ocasiones: que las metáforas
epistemológicas tienen el mérito de vislumbrar el sentido básico y las proyecciones de objetos de
análisis complejos; y que, en este caso, la metáfora escogida añade el mérito de ahondar en la
amplitud y variedad del campo de estudios que él inauguró cuando introdujo en el debate cultural
que nos compete la noción de heterogeneidad. En lo que sigue, entonces, vamos a postular la
posibilidad de una teoría unificada del campo heterogéneo, o teoría general de la heterogeneidad,
y a considerar el modo cómo Antonio Cornejo Polar se acercó a ella y comenzó a desbrozarla.
La teoría general de la heterogeneidad comprende cuestiones cabal o parcialmente desarrolladas
por el propio Cornejo Polar, tales como heterogeneidad discursiva, heterogeneidad cultural,
conflicto oralidad/escritura, sujeto heterogéneo, sujeto migrante, pluralidad conflictiva y totalidad
contradictoria, entre otros. Y cuestiones desarrolladas por otros autores, o aún en proceso de
desarrollo, tales como contacto cultural, conflicto en la zona de contacto, dominación, exclusión,
dependencia, colonialidad, por un lado, y transculturación, hibridación, criollización, mestizaje,
multiculturalidad, traducción y traducción cultural, por otro. No digo que estas nociones y sus
referentes convivan con es decir, estén meramente al lado de la heterogeneidad. Estoy
diciendo que todas ellas son parte integrante y funcional del campo general de lo heterogéneo, y
sus teorías añaden a la teoría general de la heterogeneidad. Por consiguiente, deben ser pensadas
o repensadas en función de una conceptualización de más alcance que las sitúe en sus efectivos
lugares, funciones e interacciones dentro del amplio campo de lo heterogéneo. A favor de esta
noción integral del campo está la evidente y simple constatación de que hay siempre otro, una
alteridad en cualquier extensión o nivel de lo real, es decir, una base heterogénea, que de algún
modo desata y apura todas las reflexiones y teorías contenidas o promovidas por las categorías
arriba enumeradas.
Para facilitar mi trabajo, voy a presentar primeramente esta teoría en los términos de una
metáfora narrativa: la actuación de dos personajes frente a la heterogeneidad de mundo. El primero
está en situación de control, pues pertenece a lo que llamamos cultura dominante: la cultura letrada,
por ejemplo. El segundo, en cambio, pertenece a la cultura dominada, y su marca es, en general,
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la oralidad. Ambas culturas están en situación de contigüidad, infiltración o traslapo. Es decir,
están en situación de heterogeneidad. Para vivir o sobrevivir en esa situación ambos personajes se
pronuncian sobre el otro cultural, en diferentes grados de aceptación o rechazo, de objetividad o
pasión, de altruismo o condenación. Si el primer personaje es un narrador, artista, estudioso o
científico social, arma, para su propio consumo, un discurso comprehensivo del otro, es decir, cuyo
referente no es uno ni lo de uno sino el otro y lo suyo, pero cuyos destinatarios, circulación y
consumo ocurren en los predios de la cultura dominante.
La investigación de este tipo de representación constituye el primer momento de la teoría de la
heterogeneidad de Antonio Cornejo Polar. A él se deben los trabajos publicados como libros o
volúmenes entre 1973 y 1982, en especial, Los universos narrativos de José María Arguedas (1973
ponerle atención al plural), Literatura y sociedad en el Perú: la novela indigenista (1980
ponerle atención al referente social) y el rotundo Sobre literatura y crítica latinoamericanas
(1982 —donde explica lo que él llama “el doble estatuto socio-cultural” de las literaturas
heterogéneas).
En la segunda etapa sobre la heterogeneidad, contenida en el libro Formación de la tradición
literaria en el Perú (1989), Antonio Cornejo Polar observa lo que se puede llamar heterogeneidad
de la historia. En concreto, observa la actuación del personaje letrado en un escenario
especialmente temporal, cuál es la atención que este le presta a la tradición literaria, representativa
de tradiciones o historias de más calado, para justificar su presente, garantizar su futuro y promover
proyectos de nación y desarrollo que, en un mundo cultural y socialmente heterogéneo, lo incluyan
de modo destacado. Así el letrado enfatiza un pasado maleable, de fluidez no unívoca, integrado
por tradiciones y secuencias de varias composiciones. Para decirlo en otros términos, ante la
ostensible heterogeneidad de mundo, el letrado se acoge a una heterogeneidad de tradiciones y de
historias que le permita ciertos canjes de interés y le recomponga lugares de protagonismo y hasta
de privilegio. En el modelo general de Cornejo Polar, esta constatación suma una heterogeneidad
de historias que venturosamente añade a su noción de totalidad contradictoria y conflictiva.
El siguiente momento de las indagaciones de Cornejo sobre la heterogeneidad se da con la
publicación de su libro Escribir en el aire. Ensayo sobre la heterogeneidad socio-cultural en las
literaturas andinas (1994), en el que de modo intencional cambia de actor, se ubica al otro lado de
la situación heterogénea de base y pone el énfasis en el segundo actor de este relato metafórico
explicativo. Ahora la mirada sobre el mundo y sus diferencias la tiene el personaje segundo, el
marcado mayormente por la oralidad y la subalternidad. Entonces esta visión de la heterogeneidad
desde la desventajosa heterogeneidad saca al canto los contenidos de descomunicación, exclusión,
conflicto o resistencia, en escenas tales como el encuentro de letra y oralidad en el desencuentro
de Cajamarca, y los intentos de suturación del conflicto vía la utópica armonía étnica y cultural
ejemplificada por la figura del Inca Garcilaso. Aquí la mirada metadiscursiva sobre lo heterogéneo,
insisto, está empeñada en lo que se considera el otro cultural, aunque los discursos que lo refieren,
como se ve en el acápite sobre las “figuraciones sociales del Inca”, todavía sean producto de la
elite cultural de un Riva Agüero.
La introducción y el capítulo final de Escribir en el aire traen una novedad en este panorama
de personajes heterogéneos: ponen en movimiento es decir, en traslado sico al personaje
subalterno y destacan sus tribulaciones de migrante a un mundo otro. Para indagar con propiedad
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en sus deliberaciones y discursos, que justamente le otorgan riqueza cultural y le perfilan la
identidad, Cornejo Polar acude a la teoría del sujeto tal como se le presenta a fines del siglo XX.
Hablo del sujeto cognitivo clásico (Descartes, Kant) replanteado por una intención significante
enraizada en el inconsciente, no exenta de complejidad y contradicciones (Lacan, Badiou),
modulada de modo político, relacional (uno consigo mismo y con el otro) y descentrado (Foucault,
Derrida)
1
.
Así es como Cornejo Polar inicia el asedio a la medular categoría del sujeto migrante,
la misma que él ajusta conceptualmente en dos apretados pero vigorosos artículos de 1995
y 1996.
2
Estos conforman una etapa intelectual que Cornejo vive con premura, pues intuye o
sabe que los tiempos los tiene limitados por el mal que ya mina su salud. Pero es una etapa
fecunda en posibilidades teóricas y críticas que los estudiosos todavía tenemos para
desbrozar y desarrollar, según veremos más adelante.
En las páginas que siguen intentaré devolverle carne a ese esquema narrativo o soporte
argumental. Veremos ahí la evolución más bien la expansión de un pensamiento
crítico intenso y coherente, cuyas etapas rebelan una transición suave, por así decirlo, en
donde las primeras establecen líneas de pensamiento que insinúan o avisan posibles
desarrollos, y las siguientes recogen y hacen crecer las semillas intelectuales heredadas de
las etapas precedentes. Como en las reconstrucciones artísticas de rostros y cuerpos a partir
de ciertos rasgos óseos, lo que sigue no es necesariamente materia que viene entera del
modelo de Cornejo Polar. Veremos que no poco viene de las huellas que este ha dejado en
el camino, de sus insinuaciones y posibilidades, de sus obvias y no tan obvias relaciones
con modelos teóricos de otras fuentes, las que terminan ajustando sus lógicas a la del
modelo integral que nos ocupa.
* * *
Cuando en 1978 Antonio Cornejo Polar publica su medular ensayo “El indigenismo y
las literaturas heterogéneas: su doble estatuto socio-cultural” (1978), poco imaginaba el
autor que estaba plantando ahí la base medular de la teoría integral que ahora nos ocupa.
Al hablar de literaturas heterogéneas tuvo que hacer mención a su “heterogeneidad básica”:
son discursos situados entre dos mundos. Discursos que desde una sociedad o cultura
producen, para su propia inteligencia y consumo, la representación y hasta la interpretación
de otra sociedad o cultura, en un lenguaje que de algún modo le es ajeno a la sociedad
representada. Me tocó insistir en esta condición básica en un artículo de 1995, incluido en
un volumen de homenaje al autor publicado un año antes de su fallecimiento
3
. Dije que
una “heterogeneidad de mundo” precede necesariamente a todo discurso heterogéneo,
donde uno escribe sobre otro tratando de entenderlo, y a las dinámicas que esa base facilita,
como transculturación, hibridez y mestizaje. Obviamente, sin una alteridad de base no se
podría hablar o escribir de ningún otro cultural, ni se podría concebir ninguna dinámica de
disolución parcial o total de esa base. Observaba que, aunque el autor no había hecho del
todo visible esta condición de mundo previa a todo discurso heterogéneo él, en verdad,
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se había empeñado en el mundo andino en cuanto “realidad dividida y desintegrada”—,
era entendible que ella está presente en su trabajo toda vez que hace referencia directa o
mediada a mundos escindidos, “universos heterogéneos” o realidades escindidas.
Decía, además, en mi artículo de homenaje algo que emanaba de modo natural de las
constataciones primeras de Cornejo Polar: que la condición heterogénea precede también,
como condición sine qua non, a la transculturación y al mestizaje en ese orden. Pude
haber añadido ahí la hibridación, pero el concepto entonces no se entendía como una
función, sino como un efecto: hibridez. Era un decir temerario el mío, en una época en que,
allende el contexto latinoamericano, la transculturación se llevaba la atención tremenda de
academias y cátedras, y en que, tomando toda esta fenomenología al revés, o de cabeza, se
entendía que la transculturación era la versión avanzada y hasta final de las dinámicas
culturales de contacto. La condición heterogénea, como tal, era simplemente
sobreentendida, minimizada, o aun ignorada. En general se la malentendía, cuando se la
tomaba como sustituto parcial o explicación lateral de la transculturación, en la que
entonces quedaba subsumida sin mayor discusión.
En su escritura y acciones previas a 1995, es decir previas a “El indigenismo y las
literaturas heterogéneas…”, Cornejo Polar hace un tratamiento heterogeneísta en
escenarios varios, no cabe duda, de la realidad literaria y cultural del Perú. En su condición
de director de la Casa de la Cultura de Arequipa (1962-1965), no solo focaliza en los
discursos del otro y produce estudios para el entorno intelectual
4
, sino que asume la actitud
de un sujeto que desiderativamente migra en reversa: desde el confort de la ciudad letrada
a la modesta no es el término correcto ciudad oral. Es un promotor cultural. Y así
nuestro autor se comporta no solamente como sujeto cognitivo y cognoscente, sino como
sujeto de acción, esto es, como una entidad performativa, que hace que la cultura visitada
despliegue su trama, revele sus destrezas y realice su verdad. Hace que se cante el yaraví
mestizo
5
, que sea devuelto a sus contextos de realidad y de actuación, y que, entonces, se
retome su tradición y asegure su continuidad. Y aunque el autor no cante, escriba o toque
el yaraví, ello no impide que su performance sea el de agente reproductor de un discurso
alternativo, y que haya una audiencia dispuesta y participativa, genuinamente entusiasta y
honestamente valorativa de su producción popular. Además, en cuanto sujeto cognoscente
de la literatura popular, en sus artículos sobre Mariano Melgar y el yaraví actualiza una
situación discursiva heterogénea en lo vertical, que además de ir de lo central a lo periférico
va, tal como muchos años antes lo había promovido el gesto romántico y algunos años
después lo plantearían los fundadores de los cultural studies, de lo popular a lo culto y
viceversa, pasando por lo que, para su tiempo, era una cierta producción de masas: la poesía
tradicional. Ello no solo con vistas a su disfrute, sino a una incursión afectiva, empática y
revalorizadora de lo popular. Así Cornejo Polar sale de la torre de su clase, que en el medio
en que creció era circular y guardada por el insondable pozo del elitismo cultural, para
asumir su identidad de arequipeño pleno y, por esa vía, de peruano consecuente. Su actitud
como director de la Casa de la Cultura de Arequipa he dado testimonio de ello en otro
lugar iba, pues, más aldel intelectual que rebela curiosidad por los discursos del otro
para un consumo sociológico o antropológico digamos entre los suyos: era la del
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sujeto que realiza una migración interior hacia las culturas alternativas para empaparse
vivencialmente de sus sentidos y valoraciones. Otros momentos destacados y progresivos
de ese tratamiento de la heterogeneidad social y discursiva son su destacado papel en la
recuperación de la poesía popular de Mariano Melgar
6
; la filosofía de su conducción de la
Casa de la Cultura de Arequipa, que buscaba demostrar no solamente que lo culto puede
enraizar en un ámbito popular, sino que la raíz de lo culto ya existe en lo popular, desde
donde puede crecer hacia su excelencia, y que una continuidad entre lo popular y lo culto
se erige como glorioso corolario de dicha relación; y, en particular, su discurso pronunciado
durante el acto central del célebre Primer Encuentro de Narradores Peruanos, de junio de
1965, donde acusa la aguda y contradictoria heterogeneidad de la sociedad peruana y
reclama el papel de nuestra literatura discursivamente heterogénea, ciertamente “en el
conflicto de las razas, en el disloque y miseria de nuestra sociedad”
7
.
Aunque a cinco años de distancia en el pasado de su ensayo sobre el “doble estatuto
socio-cultural” de las literaturas heterogéneas (1978), el libro de Cornejo Polar, Los
universos narrativos de José María Arguedas (1973), puede ser leído en clave totalmente
heterogénea. No recuerdo que el autor hubiese usado en el libro esta palabra y sus variantes
como categorías descriptivas, pero es evidente que su teoría de la heterogeneidad, digo la
teoría ampliada que aquí nos ocupa, ilustra con asombrosa anticipación el análisis de las
múltiples instancias de la novela. Para comenzar, el autor en su libro tiene como referente
un sistema narrativo, el de Arguedas, que, desde la hibridez de su lengua de base hasta la
innovación de sus procedimientos compositivos, pasando por la mezcla de sus medios
expresivos, escapa largamente a la noción de relato que predomina en el tiempo de
Arguedas y se instala en la otredad discursiva. La novela misma, como constructo
referencial, dice y establece posicionamientos entre “dicotomías” socio-culturales, a cada
paso, como mundo costeño y mundo andino, pueblos andinos y comunidades indígenas,
haciendas y tierras de comunidades, opresores y oprimidos, indios cautivos y libres (es
decir, colonos y comuneros), mestizos e indios, etcétera. El protagonista, esto es, el sujeto
cognitivo, atraviesa física y mentalmente esos “universos” en una migración que no acaba,
desde un pasado de feliz plenitud hacia un indeseable presente conflictivo, donde ejecuta
hasta casi el agotamiento un diálogo interior descentrado e inestable, como veremos con
detalle más adelante al discutir la noción de “sujeto migrante”, casi crepuscular en la
trayectoria de nuestro autor.
En 1989, al publicar La formación de la tradición literaria en el Perú, Antonio Cornejo
traslada su noción de heterogeneidad hacia lo diacrónico, esto es, hacia los desarrollos
socio-culturales en el tiempo. Reintroduce en el debate sobre las historias literarias el
concepto de tradición para referirse a secuencias literarias heterogéneas entre sí, pero
también internamente heterogéneas, aleatorias y hasta conflictivas. A partir de los
conceptos operativos de “tradición” y “tradicional”, el autor investiga los proyectos de
constitución de una tradición literaria en el Perú. Comprueba en esas propuestas de J. T.
Polo, R. Palma, J. de la Riva Agüero, J. C. Mariátegui, L. A. Sánchez, A. Tamayo Vargas,
entre otros la fluidez, maleabilidad y variedad de las secuencias de lo literario en el
tiempo. Esto es, la condición doblemente heterogénea de los proyectos: alternativos y
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polémicos entre sí, pero diversos y contradictorios internamente. No podía ser de otra
manera, pues, como he argumentado en otro lugar, una literatura nacional en sociedades
densamente heterogéneas como la peruana no puede sino ser la suma irregular y fluctuante
de distintas tradiciones que, en su tejido, reproducen la problemática histórico-social de la
realidad que las comprende, o al menos parte de ella. Desde otra perspectiva, el libro de
Antonio Cornejo añade a la heterogeneidad de proyectos investigados lo heterogéneo de
sus lugares de enunciación: los sujetos que organizan una tradición literaria o cultural
responden a distintas solicitaciones de origen, clase e inserción en la coyuntura social y
política que los incluye, de donde resulta que las tradiciones se componen o recomponen
según su situación enunciativa. Y que, por ende, en una heterogeneidad de más bulto, el
pasado es reajustable según los intereses o las necesidades de quienes formulan la tradición
literaria o cultural. Y en ese juego entre lo común y lo diverso, donde Cornejo Polar incluye
también la alternativa de su lección, emerge una meta-tradición literaria más representativa
de la conflictiva realidad histórica del Perú y de sus representaciones.
Los años previos a su fallecimiento fueron para Cornejo Polar de una fecundidad
extraordinaria. En 1994 publicó Escribir en el aire, donde investiga, desde múltiples
ángulos y momentos históricos, la relación antitética de oralidad-escritura que es
característica sustancial de la heterogeneidad andina, como de otras heterogeneidades que
confrontan el encuentro de los llamados mundos terceros y primeros
8
. Allí el autor acude
a la teoría del sujeto para evaluar los avatares del migrante andino a la ciudad caso
conspicuo del joven José María Arguedas, que lo instalan “en dos mundos de cierta
manera antagónicos” (p. 209) y le perfilan una identidad escindida, constituida de
oscilaciones y “desplazamientos que dibujan la índole de un sujeto inestable” (p. 212).
Atareado como entonces anduve, desgajando de lo heterogéneo las funciones de
transculturación y mestizaje, no pude calibrar en su momento la importancia que tiene el
estudio del migrante y sus desplazamientos reales y virtuales subjetivos para el campo
general de lo heterogéneo y, ahora, para una teoría integrada. Ello pese a que poco después
de la publicación de Escribir en el aire, en 1995 y 1996, respectivamente, Cornejo Polar
produjo dos importantes artículos sobre el sujeto migrante y sus discursos, en los que el
autor vuelve a incidir, con otros argumentos, en su heterogeneidad de base
9
. El primero se
empeña en la “condición migrante” del sujeto, la función “descentrada” de su memoria y
el carácter dislocado de su discurso, que se niega al sincretismo, incluso a toda síntesis.
Tiene, además, el mérito de redondear por fin el nombre con que esta categoría pasa a la
crítica latinoamericanista: “sujeto migrante”. El segundo ajusta, en una formulación
concisa y densa, todas las comprobaciones sobre el sujeto migrante y sus discursos (su
hablar, escribir, representar) que el autor venía perfilando desde 1994. Así el sujeto
migrante habla desde al menos dos lugares contrastados por la experiencia y la memoria,
para producir un discurso “radicalmente descentrado, en cuanto se construye alrededor de
ejes varios y asimétricos, de alguna manera incompatibles y contradictorios de un modo no
dialéctico” (p. 843 su énfasis).
* * *
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El fallecimiento de Antonio Cornejo Polar desencadenó una serie de publicaciones
internacionales sobre su obra. Así fue que me hallé, junto a otros, escribiendo profusamente
sobre sus ideas, tratando de hacer visible el riguroso sistema que las anima y desarrollando
las posibilidades de algunas de ellas hasta hacerlas rendir sus embrionarias o posibles
funciones. Pude ver que la noción de sujeto migrante le surge al autor como una extensión
natural de su categoría de la heterogeneidad. Más exactamente, como la incorporación de
la condición heterogénea a la conciencia de un mismo individuo, el migrante, como
resultado del acto de migrar. El sujeto, así, es entonces internamente (subjetivamente)
heterogéneo, descentrado, oscilante y, de algún modo, plural. Esto es, heterogéneo por
excelencia, pues internaliza y sopesa, sin confundirlas, culturas y lenguas en cierto modo
antagónicas para decir las acciones que se ajusten a su nueva situación. En efecto, en cuanto
migrante (andino para más señas), este sujeto no solo añade a lo heterogéneo, pues hace
ostensible ante y los otros su diferencia, su variada otredad, sino que actualiza
mentalmente la heterogeneidad ahora es uno en dos lugares contrarios y hace que esta
represente sus aprehensiones y debates en los escenarios de la memoria y la deliberante
consciencia. ¿Qué hago aquí? sería la pregunta clave del dilema que lo embarga. Y lo que
este sujeto entonces dice o escribe solo puede existir en el cruce de una serie de
coordenadas de lo heterogéneo: aquí/allá, antes/ahora, andino/no-andino, yo-aquí-
ahora/yo-allá-antes, yo/él, aceptación/rechazo, inclusión/exclusión, éxito/fracaso, etcétera.
Así, dada la condición raigal que su desplazamiento hace evidente, el discurso del migrante
no puede sino ser “descentrado” y “contradictori[o] de un modo no dialéctico”, como
postuló el autor y, en gran medida, la teoría post del sujeto (posestructuralista, posmoderna:
de Badiou a Derrida) según ya vimos.
Al cruzar fronteras culturales y lingüísticas, el sujeto migrante añade a sus
deliberaciones sujeto cognitivo y cognoscente, al fin y al cabo el sentido y las
dificultades de la comunicación y el entendimiento en el nuevo contexto. Y el sentido de
la actuación o performance que la nueva situación le demanda. ¿Cómo lo digo? ¿Qué me
dice? ¿Qué sentido tiene lo que él hace? ¿Y lo que me rodea? ¿Cómo lo hago yo? Serían
algunas de las preguntas que gravitan en la conciencia del migrante cultural y que flexionan
su hablar. Ahora es de notar que esta azarosa reflexión interna sobre el sentido y la función
de la cultura y la lengua ajenas, así como sobre la adecuación de la cultura de uno a la
nueva circunstancia, constituye la deliberación propia de un sujeto en el acto previo a una
traducción cultural. En otras palabras, el sujeto migrante es, por su propia naturaleza, un
sujeto traductor, y sus debates internos constituyen el instante previo al ejercicio de su
voluntad traductora. No lo supo Cornejo Polar, pues su fallecimiento le hurtó esa década
que faltaba para que comenzara a hablarse de la traducción cultural como sustancia de
transacciones y, a otro nivel, de análisis en un mundo liberador, reparador que tiene a
la cultura no a la política, ni al discurso social, ni mucho menos a la economía como
fundamento de democracia y justicia social. Atando los dos extremos de esta secuencia, el
sujeto migrante es el sujeto traductor por excelencia. Así, Cornejo Polar de algún modo
previó, desde su primera heterogeneidad, este campo ahora batiente de los estudios sobre
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la traducción cultural. Quizá habría llegado a ellos de haber tenido los años suficientes para
ahondar en las tribulaciones de su sujeto migrante, y de haber podido completar el libro
que se propuso sobre estos debates de la interioridad heterogénea. Su sola intuición, sin
embargo, lo devuelve a la palestra de nuestros héroes culturales y hace que su categoría de
base y su versión internalizada recuperen la vigencia que el tiempo, las agendas laterales y
alguna poca y en algún caso tal vez mala voluntad le escatimaron.
Podemos colegir aquí que la heterogeneidad de mundo es condición previa y punto de
partida de no solo las dinámicas de la heterogeneidad, sino también de las dinámicas de la
traducción, en general, y de la traducción cultural, en particular. Colegir también que el
sujeto migrante en su traslado mueve y pone en situación de contacto culturas, experiencias
y lenguas, de modo que tiene que ser, y de hecho es, un traductor cultural. Las
heterogeneidades de base no son estados quietos de sociedad y de cultura, sino sistemas en
movimiento, en situación de tensión y cambio internos. Ni F. Ortiz ni J. M. Arguedas ni A.
Rama pensaron nunca en las culturas como unidades monolíticas, férreamente atenazadas
a categorías como las de etnicidad o raza, sino como flujos en constante dinamismo y aun
evolución. De modo que las traducciones de las que ellos hablaban, esto es las
transculturaciones que postularon socio-económica, antropológica y narrativa,
respectivamente no se resuelven en traducciones de previsibles binarismos o mecánicas
horizontales, relativamente homogéneas. Tampoco las culturas, para ellos y para Cornejo
Polar, fueron puros constructos mentales, aunque algo de ello tengan, reducibles a
discursos que se desentienden de la realidad-real, permítaseme el término, pues están
trabadas indesligablemente con la historia material de sus pueblos. Entonces, no se les
puede adosar un esencialismo identitario que, a mi entender, hace fantasmáticos los
intercambios e imposibles las traducciones por infinitas, como postularía Derrida en
su Diseminación. Para nuestros autores, insisto, las culturas son flujos interpretativos de
situaciones concretas; o, en nuestras palabras, momentos de un vasto proceso de traducción
cultural sobre la vida material de los pueblos. Flujos que, a diferencia de la hibridez de H.
Bhabha, no se ven enquistados en los intersticios de la diferencia cultural colonial, sin
posibilidades de salida o retorno; o que, a diferencia de la hibridación de N. García Canclini,
no se entienden empeñados en la intencionalidad combinatoria de distintos procedimientos
y aun epistemes culturales, sino en los procesos que los constituyen. Son además flujos
interpretativos o traducciones de lo real de situaciones concretas que también fluyen,
como lo demuestra Arguedas cuando habla de un indio andino “moderno”,
irremediablemente cambiado, no como un quiste subcultural entre culturas, sino como una
reformulación de la cultura indígena entera, que ya no tiene posibilidades de retorno a un
pasado prehispánico. Y, además, flujos intraculturales que revuelven los espacios de
realidad y conforman convivencias de estabilidad relativa, mejor dicho, engañosas y a
punto de estallido, como las que representa Arguedas en el colegio de Abancay en Los ríos
profundos, o en la ciudad de Chimbote en El zorro de arriba y el zorro de abajo. En tal
sentido, el sujeto migrante, este traductor cultural por necesidad, se enfrenta a una tarea de
algún modo titánica, pues tiene que ajustarse a realidades cambiantes, las mismas que
hacen oscilantes y descentradas sus deliberaciones de subsistencia y vida, y, en el proceso,
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de la heterogeneidad cultural. A partir de los aportes de A. Cornejo Polar, pp. 69-79.
ajustar sin descanso sus actitudes, traducciones y lenguaje a los distintos flujos que lo
envuelven. Estamos hablando aquí de heterogeneidades en constante movimiento, no del
todo fraseadas por Cornejo Polar, pero previsibles y necesarias en su modelo expandido.
Coincidentemente, bajo el nombre de “subversión” corre el trabajo de W. Mignolo y F.
Schiwy sobre la transculturación y la diferencia colonial
10
. A la luz de la experiencia
traductora del movimiento zapatista y la idea del Comandante Marcos de una reparadora
traducción “intercosmológica” y no solo interlingüística, los autores proponen una “doble
traducción” que, en el actual orden mundial de la relación modernidad/colonialidad,
contraponga las traducciones y transculturaciones
11
del pasado colonial y contribuya al
desmantelamiento de las relaciones de poder y dominación cultural.
* * *
Quedan no pocas tareas por realizar y explicar en este corpus de materiales relativos a
la migración y la traducción cultural al sujeto migrante y traductor en su conexión con
las categorías básicas del latinoamericanismo cultural. En concreto: el problema de la
autoría de la traducción del patrimonio colectivo. Resulta obvio a estas alturas que la
heterogeneidad discursiva y la transculturación narrativa requieren e incluyen “traductores”
individuales que reclaman autoría, en el sentido de propiedad intelectual. Y que hay, claro,
traducciones colectivas de discursos orales, costumbres, usos, modelos de producción y
consumo y otros, que no buscan esa autoría porque son labor de sujetos anónimos y hasta
masivos. Otro tema a investigar es el papel de la traducción y la transculturación frente a
heterogéneos patrimonios culturales colectivos. A partir de una observación de S.
Stockhorst sobre los estudios de transferencia (transfer studies, que ven áreas culturales
porosas y transculturalmente contaminadas donde los comparative studies suelen encontrar
entidades “autónomas” o aún “herméticas”)
12
, vemos que la traducción cultural destacaría
las discontinuidades del campo cultural, esto es, la heterogeneidad de base de otro modo
no habría necesidad de traducir a fin de que las transculturaciones autoconscientes (las
transferencias de contenidos y valores) afiancen su continuidad al menos una parcial y
relativamente estable. Tal materia convendría estudiarse con calma, pues ello ahondaría
en las dinámicas de disolución de las diferencias en que se empeñan, de distinto modo, la
heterogeneidad cultural (discontinuidad neta, paradigmática), la hibridez (discontinuidad
textualizada, sintagmática), la transculturación (búsqueda de continuidad por y entre las
diferencias, suerte de unidad de las diferencias) y el mestizaje (continuidad sin fisuras
aparentes).
También tarea pendiente es la investigación de los modos y niveles en que el sujeto
migrante corporativo (el de la migración masiva del campo a la ciudad) se vincula a la
ciudad letrada. Para hablar de la evidencia: las periferias se desplazan hacia el centro y la
oralidad la ciudad oral, que no es necesariamente el analfabetismo se instala en los
lugares conspicuos de las ciudades capitales (la plaza, la carpa, el coliseo, el teatro, el set
de televisión en la programación popular) desvaneciendo la heterogeneidad exocéntrica
estudiada por Rama (en que las capitales jerarquizan los márgenes, como en el modelo
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visual de las capas de una cebolla) para convertir la ciudad, por acción de esta fuerza
centrípeta, en una heterogeneidad de mosaico, variopinta, descentrada y conflictiva. Por
otro lado, cabe profundizar en la condición del sujeto migrante como un sujeto pasivo de
discursos. Hablo de los discursos de aceptación o rechazo que el migrante genera como
cuerpo, individual o colectivo, por parte de la cultura de llegada. Me refiero a situaciones
como las generadas hoy en los Estados Unidos, en que los migrantes del sur son tratados
como pandilla de delincuentes, violadores y aprovechadores de los bienes y valores de la
sociedad establecida (según el entonces presidente D. Trump), o, con una mirada
francamente racista, como la mugre (“the filth”, según su fiscal general J. Sessions) que
debe quedar tras el muro.
Lima, mayo de 2017; Hanover, NH, octubre de 2022.
Referencias bibliográficas
-Bueno Chávez, R. (1996). Sobre la heterogeneidad literaria y cultural de América Latina. En: Mazzotti, J.
A. y U. J. Zevallos Aguilar (Coord.), Asedios a la heterogeneidad cultural. Libro de homenaje a Antonio
Cornejo Polar. Filadelfia: Asociación Internacional de Peruanistas (pp. 21-36).
- Cornejo Polar, A (1994). Escribir en el aire. Ensayo sobre la heterogeneidad socio-cultural en las
literaturas andinas. Lima: Horizonte.
…………….. (1995). Condición migrante e intertextualidad multicultural: el caso de Arguedas. RCLL, (42).
Y Cornejo Polar, A. (1996). Una heterogeneidad no dialéctica: sujeto y discurso migrantes en el Perú
moderno. Revista Iberoamericana, (176-177).
………….. (1966). La poesía tradicional y el yaraví. Letras, (76-77); y “Mariano Melgar y la poesía de la
emancipación” El Peruano, 28 de Julio de 1971
- Stockhorst, S. (2010). Introduction. En Autor (Ed.), Cultural Transfer through Translation. The Circulation
of Enlightened Thought in Europe by Means of Translation. Amsterdam-New York, p 19.
Notas
1
Descartes, R. (1987). Meditaciones metafísicas y otros textos (Vol. 1). Gredos. Kant, I. (2003). Crítica de
la razón pura. Biblioteca Virtual Universal. Lacan, J. (1977). Escritos 1: Subversión del sujeto (Vol. 1). Siglo
XXI. Badiou, A. (2009). Theory of the Subject. A&C Black. Foucault, M. (2005). Hermenéutica del sujeto.
Akal. Derrida, J. (1973). Speech and Phenomena, and other Essays on Husserl’s Theory of Signs.
Northwestern U. Press.
2
Cornejo Polar, A. (1995). Condición migrante e intertextualidad multicultural: el caso de Arguedas. RCLL,
(42). Y Cornejo Polar, A. (1996). Una heterogeneidad no dialéctica: sujeto y discurso migrantes en el Perú
moderno. Revista Iberoamericana, (176-177).
3
Bueno Chávez, R. (1996). Sobre la heterogeneidad literaria y cultural de América Latina. En: Mazzotti, J.
A. y U. J. Zevallos Aguilar (Coord.), Asedios a la heterogeneidad cultural. Libro de homenaje a Antonio
Cornejo Polar. Filadelfia: Asociación Internacional de Peruanistas (pp. 21-36).
4
Cornejo Polar, A. (1966). La poesía tradicional y el yaraví. Letras, (76-77); y “Mariano Melgar y la poesía
de la emancipación” El Peruano, 28 de Julio de 1971.
5
“Melodía dulce y melancólica de origen incaico, que se canta o se interpreta con quena” (La RAE) y que
adaptada al castellano se cultiva, acompañada de guitarras, en las zonas rurales y populares del sur del Perú
hasta bien entrado el siglo veinte (RB).
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Recial Vol. XIII. N° 22 (Julio-Diciembre, 2022) ISSN 2718-658X. Raúl Bueno, Para una teoría general
de la heterogeneidad cultural. A partir de los aportes de A. Cornejo Polar, pp. 69-79.
6
Ver: Miró Quesada, A. (Ed.). (1971). Poesías completas. Mariano Melgar. Academia Peruana de la Lengua.
7
Primer Encuentro de Narradores Peruanos. Casa de la Cultura del Perú: 1969.
8
Cornejo Polar, A (1994). Escribir en el aire. Ensayo sobre la heterogeneidad socio-cultural en las
literaturas andinas. Lima: Horizonte.
9
Cornejo Polar, A. (1995). Condición migrante e intertextualidad multicultural: el caso de Arguedas. RCLL,
(42). Y Cornejo Polar, A. (1996). Una heterogeneidad no dialéctica: sujeto y discurso migrantes en el Perú
moderno. Revista Iberoamericana, (176-177).
10
http://institucional.us.es/revistas/comunicacion/4/SECCION%201%20CLAVES/CLAVES%201.pdf
11
Una aclaración necesaria, que ya he plantado en otro lugar: las traducciones son, para decirlo en simple,
traslados de contenido. En cambio, las transculturaciones son la vida de esos traslados en sus nuevos
contextos.
12
Stockhorst, S. (2010). Introduction. En Autor (Ed.), Cultural Transfer through Translation. The
Circulation of Enlightened Thought in Europe by Means of Translation. Amsterdam-New York, p 19.