Obra bajo Licencia Creative Commons 4.0 Internacional
Recial Vol. XIII. N° 21 (Enero-Julio 2022) ISSN 2718-658X. María Soledad Funes - Muriel Troncoso,
Nos matan a las pibas en la cara de la gente: el dativo de afectación como símbolo de lucha, pp. 88-106.
https://doi.org/10.53971/2718.658x.v13.n21.37847
Nos matan a las pibas en la cara de la gente: el dativo de afectación como
símbolo de lucha María Soledad Funes
Universidad de Buenos Aires, Argentina
solefunes@gmail.com
ORCID: 0000-0001-6649-0231
Muriel Troncoso
Universidad de Buenos Aires, Argentina
muriel.troncoso@gmail.com
ORCID: 0000-0002-4294-9367
Recibido 12/04/2022 Aceptado 13/05/2022
Resumen
La violencia de género, entendida como una práctica estructural que viola los derechos
humanos y las libertades fundamentales, es una seria problemática en la Argentina. Las
marchas por pedido de justicia para víctimas de femicidios se han vuelto cotidianas.
Considerando este estado de cosas, el principal objetivo del presente trabajo es analizar
discursivamente un canto popular que se entona en varias marchas por justicia para las víctimas
de femicidio: “Señor/vecino, señora/vecina, no sea indiferente, nos matan a las pibas en la cara
de la gente”. Sostenemos la hipótesis de que el uso del pronombre dativo nos, en este canto,
constituye un dativo de afectación que gramaticaliza una estrategia cuyo objetivo comunicativo
es presentar a los femicidios como una problemática que afecta a la sociedad en su conjunto y
no solo a las mujeres (víctimas directas).
El trabajo se enmarca en el Enfoque Cognitivo Prototípico, que postula una concepción de la
gramática como emergente del discurso. Desde este enfoque, los signos se analizan en base a
su uso a fin de encontrar la causa o motivación que conduce al hablante a producir una
determinada forma en un contexto determinado.
Palabras clave: canto popular, violencia de género, Enfoque Cognitivo Prototípico,
pronombre personal, dativo de afectación
They kill our girls in people’s faces: affectation datives as a fight symbol
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Nos matan a las pibas en la cara de la gente: el dativo de afectación como símbolo de lucha, pp. 88-106.
Abstract
Gender-based violence, understood as a structural matter that jeopardizes human rights and
fundamental liberties, is an serious social issue in Argentina. Public demonstrations claiming
justice for victims of femicides have become recurrent. Taking into account this scenario, the
main aim of this work is to discursively analyse a popular song that is frequently chant in many
demonstrations as a calling for justice due to femicides: “Señor/vecino, señora/vecina, no sea
indiferente, nos matan a las pibas en la cara de la gente” (Mister/Neighbour/Miss, don’t be
indifferent, they kill our girls in people’s faces). Our hypothesis is that the use of the dative
pronoun nos in this song constitutes a dative of affectation that grammaticalizes an strategy
whose communicational aim is to present femicides as a problem that involves the society as a
whole and not only women, who are the direct victims.
The work is framed within the Prototype Theory in cognitive linguistics that states a conception
of grammar as an emergent of discourse. In this perspective, signs are analysed accordingly to
their use in order to find the motivation that leads the speaker to produce a specific form in a
certain context.
Keywords: Popular chants, gender-based violence, Prototypical Cognitive Approach,
personal pronoun, affectation dative.
Introducción
El último informe publicado por el Observatorio de las Violencias de Género Ahora que
nos ven registra 28 femicidios
1
cometidos en nuestro país desde el 1 al 31 de enero de 2022
2
.
Esto significa que, en enero, se ha cometido un femicidio cada 27 horas. A su vez, se
registraron, en ese mismo período, 22 intentos de femicidios, es decir, procesos de violencia
que no llegaron a la muerte. El 60 % de esos femicidios ocurrieron en la vivienda de la víctima.
El 28,6 % tuvo lugar en la vía pública, lo que, como se detalla en el informe, “evidencia la
impunidad y el poder con el que actúan los agresores, quienes creen que están avalados para
ejercer violencia a la posible vista de todxs”. El Observatorio de las Violencias de Género
surgió a partir de la gran movilización que se realizó en nuestro país el 3 de junio de 2015, que
convocaba a la participación bajo la consigna Ni una menos, y que fue organizada por mujeres
preocupadas e indignadas ante una serie de femicidios consecutivos que acabaron con la vida
de muchas mujeres, entre ellas, Chiara Páez, de 14 años y embarazada, que había sido asesinada
por su novio.
Desde el año 2015 hasta la actualidad, cada 3 de junio se ha llevado a cabo la marcha Ni
una menos y se han replicado infinidad de marchas en otras fechas, en reclamo por justicia ante
diversos casos de femicidio. Este reclamo ha tomado también un lugar preponderante en las
marchas por el Día Internacional de la Mujer, también conocidas como las marchas 8M. De
estas marchas han surgido varias consignas, como Vivas nos queremos, y también diversos
cantos populares. En este trabajo nos proponemos analizar uno de dichos cantos:
“Señor/vecino, señora/vecina, no sea indiferente, nos matan a las pibas en la cara de la gente”
3
.
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En particular nos detendremos en el análisis de una estrategia discursiva que permite presentar
el fenómeno de Ni una menos como un reclamo de justicia que afecta a toda la sociedad en su
conjunto y no solo a las mujeres. Esta canción en particular pone en cuestión los discursos
machistas y misóginos que responsabilizan a las víctimas por la violencia padecida.
En estos discursos, es evidente que la lengua cobra un lugar de gran importancia, ya que es
el sistema mediante el que se expresan las representaciones sexogenéricas y estereotípicas. Es
por esto que, para analizar el canto, nos valdremos del modelo gramatical postulado por el
Enfoque Cognitivo Prototípico (Lakoff, 1987; Langacker, 1987, 1991, 2000), que sostiene que
la gramática es un sistema de tendencias de uso que refleja la concepción del mundo de una
sociedad. En este sentido, hay principios externos al lenguaje que lo condicionan, como el
objetivo comunicativo que el hablante quiere lograr cuando usa un mensaje. El uso de las
formas determinará su constitución, las formas s útiles para la mayor parte de la comunidad
hablante serán las que perduren y la gramática emergerá del discurso como un conjunto de
rutinas recurrentes más o menos gramaticalizadas constantemente renegociadas en el habla
(Hopper, 1988). La gramática, en este marco, se encuentra motivada y sujeta al cambio, porque
el hablante usa la lengua en pos de un objetivo comunicativo puntual. Las herramientas teóricas
de este enfoque resultan de gran utilidad para visibilizar la violencia de género que se denuncia
en el canto bajo análisis. Se impone así la necesidad de concebir la gramática desde una
perspectiva discursiva.
El objetivo principal del trabajo es analizar una estrategia lingüística en un canto popular
que se entona en muchas de las marchas Ni una menos y otras marchas por pedido de justicia
ante femicidios: el uso del dativo de afectación (Maldonado, 1994), con el fin último de mostrar
cómo se plasma en el lenguaje que, en los casos de violencia de género, lo personal es político.
Sostenemos la hipótesis de que el dativo de afectación que gramaticaliza el pronombre personal
dativo nos
4
, en este canto popular, tiene como objetivo comunicativo presentar los femicidios
como una problemática que afecta a la sociedad en su conjunto y no solamente a las mujeres,
víctimas directas. Esta hipótesis de base guiará el análisis aquí propuesto.
El presente artículo se divide en dos secciones. En la primera parte, se realizará una breve
descripción de los alcances del enfoque gramatical discursivo a partir del cual se analiza la
canción: el Enfoque Cognitivo Prototípico. En la segunda parte, se presentará el análisis del
canto popular, enfocado en la descripción del uso del dativo de afectación como estrategia
lingüística y símbolo de la lucha contra la violencia de género.
El Enfoque Cognitivo Prototípico
El Enfoque Cognitivo Prototípico (ECP) (Lakoff 1987; Langacker 1987, 1991, 2000;
Hopper 1988; Geeraerts, 2007, entre otros) sostiene como presupuestos fundamentales la
motivación de la sintaxis y la no variación libre entre formas distintas. El valor de uso de las
formas se explica a partir de sus contextos de aparición, medidos en forma cualitativa y
cuantitativa. En este sentido, el ECP sostiene que la gramática no constituye un nivel formal
de representación autónomo, sino que se encuentra motivada por la semántica y la pragmática.
En consonancia con esta afirmación, el lenguaje no se puede separar tajantemente de otras
facultades de la cognición humana, por lo que la intención comunicativa y el punto de vista del
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hablante resultan fundamentales dentro de la metodología de este enfoque. De esto se
desprende que la pragmática forma parte de la gramática, no constituye una rama separada. En
este sentido, la gramática se caracteriza como una gramática emergente del discurso (Hopper
1988). Esto es, las estructuras o regularidades lingüísticas provienen (emergen) de la fijación
de rutinas exitosas en el discurso y toman forma a partir de él, en un proceso permanente de
construcción de la gramática.
La gramática de una lengua consiste, por lo tanto, en una colección abierta de formas que
están siendo constantemente reestructuradas y resemantizadas en el uso; es el resultado de las
elecciones de los hablantes, la gramaticalización de las tendencias lingüísticas más exitosas de
un grupo social determinado en un contexto determinado. De este modo, la gramática es un
sistema en constante cambio, por lo que, en esta concepción, pierde sentido pensar en una
dicotomía entre sincronía y diacronía. Más bien lo que hay es gramaticalización: formas que
se gramaticalizan según su éxito comunicativo y el consenso social.
Dentro de este enfoque, se presupone que, si el hablante elige una forma entre otras para
lograr su objetivo comunicativo, se espera que toda forma tenga siempre un significado. En
este sentido, la división de los niveles de análisis de la gramática (fonética y fonología,
morfología, sintaxis, semántica, pragmática) se realiza por fines metodológicos de
investigación, y no porque se entienda que son niveles totalmente separados. Los niveles del
análisis no son módulos independientes, sino que están interrelacionados. Ya en la morfología
advertimos la necesaria relación con la semántica, la pragmática e, incluso, con la sintaxis.
Aunque la morfología se defina, en principio, como el estudio de la estructura interna de las
palabras, no puede ser concebida como un módulo encapsulado de la gramática, como veremos
respecto del fenómeno gramatical discursivo bajo análisis: el pronombre dativo.
Para este enfoque, el morfema es un signo, y es motivado. El morfema se define como la
unidad mínima y autónoma de significado. Mínima, porque el significado no se puede partir
en significados menores o en otros significados. Autónoma, porque el morfema puede
combinarse por solo con otros morfemas. El objetivo es analizar los signos en los sistemas
gramaticales sobre la base de cómo son usados. El objetivo final es encontrar la causa o la
motivación que conduce al hablante a producir una determinada forma en un contexto
determinado.
Para entender a qué se denomina signo motivado, podemos valernos de algunos ejemplos
de neologismos. Por ejemplo, las palabras presidenta o intendenta presentan morfemas
flexivos que señalan el significado de género femenino y que el hablante entiende que es
importante distinguir por cuestiones comunicativas específicas. Las palabras asociadas a una
profesión son un ejemplo prototípico a la hora de pensar en los cambios de la sociedad que
repercuten en la forma de construir la lengua. Dichos cambios son impulsados comúnmente
por movimientos que intentan posicionarse dentro de los principales actores sociales. Según
Butler (2201), “para la teoría feminista, el desarrollo de un lenguaje que represente de manera
adecuada y completa a las mujeres ha sido necesario para promover su visibilidad política” (p.
44). De hecho, los movimientos feministas, por ejemplo, han impulsado con fuerza el uso de
la marca flexiva de género femenino en los nombres de las profesiones, entre muchos de los
cambios que proponen en el lenguaje. Asimismo, la motivación del signo en los ejemplos de
presidenta o intendenta asume aún más fuerza si tenemos en cuenta que los sustantivos
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terminados en nte no poseen marca morfológica de género (como en estudiante). Sin embargo,
los casos como presidenta nos hacen pensar que en la actualidad existen sustantivos con el
sufijo nte que sí presentan esta marca.
Otro ejemplo del signo motivado lo constituye el uso del pronombre personal de primera
persona plural, nos, en algunas de las consignas contra la violencia de género: “Nos están
matando”, “Paren de matarnos”. El uso de esta forma pronominal acusativa en plural designa
a todas las mujeres, pese a que no todas somos o estamos siendo asesinadas, y busca destacar
que la violencia de género es algo que afecta, en mayor o menor medida, a todas las mujeres,
puesto que vivimos en una sociedad en la que “la posición dominante de los hombres está tan
enraizada en las costumbres y las instituciones que, de hecho, produce graves atentados a los
derechos humanos de las mujeres” (Lamas, 1998, p. 196).
La explicación de estos ejemplos se sostiene por una necesidad real del hablante de reflejar
determinadas situaciones del comportamiento de la sociedad en el lenguaje. Es decir, el
hablante necesita distinguir la marca de género para la ocupación de presidenta, necesita
reforzar que se trata de una mujer. Y en cuanto al pronombre nos, las mujeres necesitan
evidenciar a través de un pronombre plural, que permite que todas las mujeres se conviertan en
designados de esa frase, que la violencia de género nos afecta a todas y que todas somos
potenciales víctimas de su expresión más extrema: los femicidios. En síntesis, hay una
motivación concreta del hablante producto de cambios en los roles sociales y en las formas de
entender la violencia de género de nuestra comunidad.
Considerando esta concepción de la gramática, en el presente artículo se analizará el
pronombre dativo, que, en la canción “Señor/vecino, señora/vecina, no sea indiferente, nos
matan a las pibas en la cara de la gente”, resulta crucial en la representación de la violencia de
género como una problemática social que afecta a todos los actores sociales, no solo a las
mujeres, y que requiere que la sociedad en su conjunto no sea indiferente y no mire hacia otro
lado.
A continuación, expondremos qué se entiende por pronombre personal y qué se entiende
por caso dativo en particular, desde el Enfoque Cognitivo Prototípico. Luego, se presentará el
análisis completo de la canción.
La categoría de pronombre personal desde una perspectiva cognitiva
El pronombre ha sido una categoría problemática en la tradición gramatical. En general, se
lo clasifica como perteneciente a la clase del sustantivo (Bello, 1875; Di Tullio, 1997;
Fernández Soriano, 1999; entre otros), por presentar un comportamiento sintáctico similar. Sin
embargo, se reconocen diferencias semánticas, ya que el pronombre personal denota a las
personas gramaticales, a la vez que designa a una cosa o persona sin nombrarla, mientras que
el sustantivo la nombra sin designarla (Real Academia Española, 1931, §69)
5
. En
contraposición, la Nueva Gramática de la Lengua Española (en adelante NGLE) (2009)
considera a los pronombres una clase de palabra independiente, en función de criterios
morfosintácticos: la persona, el género, el número, el caso, la tonicidad y la reflexividad (Real
Academia Española, 2009, §16.3)
6
.
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En relación con su caracterización semántica, es fundamental el trabajo de Barrenechea
(1962), la primera autora en definir al pronombre como una clase de palabra autónoma a partir
del criterio semántico. Lo considera una clase de palabra no descriptiva (no tiene referencia
precisa, como ocurre con los sustantivos, por ejemplo), cuya significación es ocasional (la
referencia depende del contexto) y está orientada por el coloquio y el hilo del discurso
(1962/1986, p. 70). Por coloquio, se entiende la mostración, por parte del pronombre, del
emisor y del receptor; esto es, la deixis
7
. El acto del coloquio es la situación comunicativa. Y
por hilo del discurso, se considera el señalamiento que realizan los pronombres de persona
dentro del discurso, es decir, la anáfora
8
(1962/1986, p. 48). La caracterización semántica
propuesta por Barrenechea es recuperada por varios autores (Fernández Soriano, 1999;
Kovacci, 1990, entre otros) que coinciden en el carácter ocasional del significado del
pronombre.
En conclusión, en las distintas gramáticas, la caracterización morfológica y semántica del
pronombre es exhaustiva, es decir, las gramáticas analizan detalladamente cómo el pronombre
manifiesta las categorías de persona, número, género y caso, y su manera ocasional de
significar, pero solo a partir de análisis descontextualizados, a nivel oracional. Su dimensión
pragmática, el por qué y para qué lxs hablantes eligen esa forma gramatical, se ha restringido
a la deixis, pero sin que se analice su funcionamiento en discursos auténticos. Esto es, las
gramáticas formales y oracionales se limitan a analizar el carácter deíctico de los pronombres,
como aquella clase de palabra cuyo referente oscila según el contexto (ya sea en el discurso
previo o posterior anáfora o catáfora o en la situación comunicativa). Según estas
gramáticas, los pronombres señalan referentes cambiantes, no unívocos, pero no se analizan
los objetivos comunicativos que motivan su uso.
Desde el ECP, Miñones (2003) se cuestiona por qué lxs hablantes eligen utilizar los
pronombres personales (en lugar de las construcciones nominales) y para ello analiza la
alternancia entre el pronombre personal de para designar humanos y el uso del sustantivo,
de acuerdo con las motivaciones pragmático-semánticas de lxs hablantes. En este sentido,
Miñones retoma los trabajos de Givon (1980) y Bentivoglio (1983) en relación con la
continuidad tópica en un discurso. Según Givon, los pronombres personales son significados
gramaticales por medio de los cuales el hablante intenta asegurarse de que el oyente no pierda
o recupere el tema de cada cláusula dentro de un discurso. Retomando a Givon, Bentivoglio se
propone demostrar esta hipótesis en la lengua española
9
. En su investigación, Miñones se
propone verificar, en textos periodísticos, la escala de continuidad tópica del español propuesta
por Bentivoglio. El aporte de Miñones consiste en descubrir cuáles son los contextos que
motivan la aparición del pronombre por sobre el nombre y viceversa. Por ejemplo, la autora
analiza la frase nominal en el contexto de un discurso con tópico único y comprueba que el uso
de sustantivos aparece en situaciones de cambio de circunstancias espacio-temporales; a su
vez, analiza el pronombre personal en caso sujeto en un discurso con dos tópicos, pero sin
riesgo de ambigüedad por ser uno singular y el otro plural motivo por el cual la estrategia de
continuidad tópica esperable sería la desinencia verbal, y descubre que el uso del pronombre
personal responde a un efecto de contraste con el fin de remarcar el cambio de designado.
Miñones concluye que la elección del pronombre o del nombre para la constitución de una
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cadena tópica debe explicarse de acuerdo con las motivaciones pragmático-semánticas, como
ser la motivación de crear contraste.
Otro antecedente fundamental lo constituye Langacker (2007), quien analiza los
pronombres en caso nominativo del inglés. El autor centra su análisis en la categoría
morfológica de persona, a la que define como una categoría gradual. Sostiene que el significado
de persona es fijo, mientras que lo que se modifica en el uso es el grado de delimitación y
vaguedad que presenta cada pronombre en cada contexto. Los pronombres presentarán mayor
grado de delimitación en tanto más fácil sea identificar a las entidades a las que refiere, y
presentará menor grado de delimitación en tanto esa identificación sea más compleja. El
extremo de este contínuum lo ocupan los casos de no-delimitación: los usos impersonales del
pronombre (en español, sería el se impersonal). Por otro lado, aun cuando un pronombre refiere
claramente a algo, esa referencia puede presentar mayor o menor grado de vaguedad, según la
cantidad de posibles referentes que ese pronombre tenga en un contexto particular. Teniendo
en cuenta estos parámetros, el pronombre es más personal cuando presenta un alto grado de
delimitación y un bajo grado de vaguedad, y más impersonal cuando presenta un bajo grado de
delimitación y un alto grado de vaguedad.
En el caso bajo análisis en el presente trabajo, el pronombre nos del canto presenta un grado
de vaguedad alto, dado que no responde a un referente delimitado, sino más bien a un
significado colectivo de esa primera persona del plural.
Otra categoría morfológica central para la caracterización del pronombre personal es la
categoría de caso. El caso manifiesta cómo está perfilado el designado
10
en relación con el
verbo y la cláusula. Esto es, nos indica cuál es la función sintáctica del pronombre (por ejemplo,
yo, que está en caso nominativo, cumple la función de núcleo del sujeto). El caso dativo aparece
prototípicamente en la Cláusula Ditransitiva (CD)
11
, que implica la transferencia de un objeto
desde el agente, concebido como fuente de energía, hacia un receptor, considerado el destino
final. Este tipo de cláusulas presenta, por lo tanto, tres participantes: el agente (animado), el
paciente (inanimado) y el receptor (animado), este último es aquel que se corresponde con el
pronombre en caso dativo (Langacker, 1991). Borzi (2019) analiza un corpus de CDs con el
verbo dar y sostiene que en esas cláusulas la función discursiva del paciente es “ser un lugar
de contacto del agente con el dativo que permite una reconceptualización que afecta
especialmente al dativo” (2019, p. 246), es decir, el dativo presentará otro perfilamiento como
resultado de ese contacto con el paciente (1991, p. 251)
12
. Esto puede advertirse en un ejemplo
como el que sigue, extraído de un texto de Eduardo Galeano, analizado por Borzi (2019) en su
artículo:
Ellos no han dado nunca guerra a los españoles. Veinte leguas caminaron hacia
Hernán Cortés y lo abrazaron, lo alimentaron y lo sirvieron y cargaron a sus
soldados enfermos. Le dieron hombres y armas y la madera para construir los
bergantines que asaltaron Tenochtitlán. Caída la capital de los aztecas, los de
Huexotzingo pelearon luego junto a Cortés. (P. 238).
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Borzi explica que, en el ejemplo, el dativo está gramaticalizado en el pronombre le, el
paciente está manifestado por un nominal con 3 núcleos sustantivos coordinados por “y”, y el
agente aparece codificado de distintas maneras, a veces identificado en los jefes, otras, en los
indígenas para en la CDdar aparecer escindidos: los jefes (agente) dan hombres (paciente). El
agente es un designado conocido en CDdar. Hacia la derecha en el discurso, el agente no
persiste en el mismo designado, aunque sí reaparece como los indígenas de Huexotzingo, que
ayudaron a Hernán Cortés y a los españoles en la conquista del Imperio azteca.
El dativo le designa a Hernán Cortés, actante que ingresó al párrafo perfilado como locativo
5 cláusulas antes con un nominal de sustantivo propio (“hacia Hernán Cortés”), y se mantuvo
las siguientes 3 cláusulas conceptualizado como paciente en el pronombre acusativo lo (“lo
abrazaron, lo alimentaron y lo sirvieron”) y como punto de partida posesivo en la
conceptualización de los otros que lo acompañaban, “sus soldados enfermos”, en la cláusula
inmediatamente anterior a la CDdar. El dativo no persiste en la cláusula siguiente (temporal de
participio “caída la capital”), pero con un nominal de sustantivo propio, “Cortés”, sigue vigente
en una cláusula posterior, pero conceptualizado como agente en un complemento de compañía
(“pelearon junto a Cortés”) (Borzi, 2019, p. 239).
Como apunta Borzi, el dativo sigue vigente, pero el paciente (“hombres y armas y la madera
para construir los bergantines que asaltaron Tenochtitlán”), información nueva en el discurso,
no persiste a la derecha (ninguno de los nominales). Los designados de “armas y las maderas”
no vuelven a ser mencionados en el resto del relato. Esto indica que los participantes relevantes
del relato son el agente (el pueblo indígena de Huexotzingo) y el dativo (Cortés y los
españoles). Son los designados que entran en conflicto.
La cláusula ditransitiva funciona como punto de quiebre en la que el designado Cortés queda
reconceptualizado como entidad humana activa a la que acompañan los indígenas (“pelearon
junto a Cortés”). En palabras de Borzi, “la CDdar permite un cambio en el perfilamiento de los
participantes” (Borzi, 2019, p. 240). Los participantes agente y dativo entran en contacto en la
cláusula ditransitiva en el paciente y salen de allí redefinidos.
La representación de la cláusula ditransitiva, entonces, puede graficarse como un triángulo
(véase la figura 1). Esto es, el paciente en la CDdar funciona como vértice de un triángulo, un
lugar de encuentro que permite un intercambio entre agente y dativo, que ya están presentes en
el discurso pero que, a partir de allí, en especial el dativo, saldrán con otro perfilamiento como
resultado de dicho contacto.
Figura 1.
Representación de la CDdar
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Fuente: Borzi, 2019, p. 250.
A partir de esta caracterización del dativo, cabe pensar si sucede algo similar con el dativo
del canto bajo análisis: el pronombre dativo nos que aparece en el canto podría redefinirse en
el discurso como agentes de la lucha contra la violencia de género. Nos vemos afectados como
sociedad por estos crímenes, y esa afectación puede movernos a reunirnos en espacios públicos,
a reunirnos con otros cuerpos, lo que Butler (2017) define como el ejercicio performativo del
derecho a la aparición, es decir, “una reivindicación corporeizada de una vida más vivible” (p.
31). A continuación, veremos que este pronombre nos no constituiría un dativo prototípico
analizado con la función sintáctica de objeto indirecto en la oración, sino que responde más
bien al concepto de dativo de afectación (Maldonado, 1994).
El dativo de afectación
Maldonado (1994) realiza un análisis semántico-sintáctico de las construcciones de dativo
y postula que estas construcciones se encuentran determinadas por una escala de proximidad
conceptual, esto es, “el nivel de cercanía del receptor en relación con la acción designada por
el verbo” (1994, p. 244). En este sentido, los extremos de esta escala lo constituyen, por un
lado, el objeto indirecto (OI), relación gramatical más cercana respecto del desarrollo de la
acción, determinada por la valencia verbal; y, por el otro lado, el dativo de interés (DI), que
presenta la relación menos cercana con la acción verbal, ya que reemplaza a un participante
externo a la acción, pero que no es ajeno a la conceptualización del evento. En una zona
intermedia, se encuentran otras dos construcciones de dativo: el dativo de afectación (DA) y el
benefactivo (BEN)
13
. Así se completa la escala propuesta por Maldonado, graficada en la figura
2.
Figura 2.
Escala de datividad
Fuente: Maldonado, 1994, p. 244.
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El OI (Le envíe una carta) se diferencia del BEN (Manuela adornó la mesa para sus
invitados), debido a que mientras en la primera construcción el participante beneficiario es
parte de la valencia verbal
14
, eso no sucede en la segunda, en la que el participante es externo
a la valencia verbal. A su vez, son construcciones cognitivas diferentes, puesto que mientras el
OI se focaliza en la trayectoria de afectación del receptor, el BEN se focaliza en la trayectoria
de intencionalidad del agente que ejecuta la acción en relación con un receptor. Esto conlleva
a que el OI aparezca con la preposición “a”, mientras que el BEN aparece con la preposición
“para”. Según el autor, el argumento más contundente para diferenciar ambas construcciones
es la posibilidad de que ambas co-ocurran, como en el siguiente ejemplo (1994, p. 248):
1. Le di un regalo a Juan para María.
El DA se presenta como una construcción intermedia entre el OI y el BEN. Maldonado
(1994) define esta construcción del siguiente modo: “En esta construcción participan todos
aquellos verbos en que el receptor de la acción es marcado con el clítico le sin que pueda ser
identificado como parte de la valencia verbal” (p. 250). Por este motivo, a pesar de recibir la
misma marcación morfológica, el DA se diferencia del OI por no ser parte de la valencia verbal
(1994, p. 250). A su vez, se diferencia del BEN en tres aspectos. En primer lugar, se presentan
diferencias de afectación: mientras que en las construcciones con BEN el nivel de afectación
impuesto en el receptor es bajo, sucede lo opuesto en el DA: el participante no valencial
presenta un alto nivel de afectación (1994, p. 251). En segundo lugar: en las construcciones de
DA, la proximidad física o conceptual es determinante. Si la proximidad es máxima, solo con
le se obtendrán resultados gramaticales, como se observa en los siguientes ejemplos (1994, p.
251): 2. a. Le cerraron la puerta al presidente en las narices.
2. b. * Cerraron la puerta para el presidente en las narices.
Mientras que en (2.a) se presupone una coincidencia temporal entre los dos eventos, el cruce
del presidente por el umbral con el cierre de la puerta, esta presuposición no se presenta en
(2.b) y, por ello, la expresión “en las narices” convierte a esta oración en indeseable (1994, p.
251). En tercer lugar, el BEN y el DA difieren en la carga positivo/negativa del evento. Ambas
construcciones pueden tener connotaciones positivas, las frases de BEN con para no se pueden
usar en sentido negativo
15
.
Hemos explicado las diferencias entre el OI, el DA y el BEN. Finalmente, nos detendremos
en las diferencias entre el DA y el DI. En la construcción de DI, el participante no puede ser
afectado directamente por la acción, sino que pone en relieve una afectación por solidaridad,
como se observa en el siguiente ejemplo:
3. Me le cerraron la puerta al presidente en las narices.
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Nos matan a las pibas en la cara de la gente: el dativo de afectación como símbolo de lucha, pp. 88-106.
En este caso, el participante se ve afectado de forma indirecta a través de la evaluación
discursiva (1994, p. 258). En contraposición, como ya hemos visto, en el DA, la afección del
receptor está impuesta por la construcción y no es inherente al verbo, es decir, la trayectoria de
afectación del receptor no está determinada por la valencia verbal.
En el canto popular que analizaremos, el pronombre dativo nos cumple la función sintáctica
de DA. Partiremos del análisis pragmático y semántico, del que surgirá luego el análisis
morfosintáctico.
Análisis discursivo de un canto popular
Como hemos mencionado, el enfoque gramatical adoptado en este trabajo considera que la
morfosintaxis se encuentra motivada por la semántica y la pragmática. Y, en función de este
principio, los signos se analizan sobre la base de cómo son usados, es decir, atendiendo a la
intención comunicativa y al sentido que les otorga el hablante a esos signos en un contexto en
particular. Es por ello que comenzaremos el análisis del canto “Señor, señora, no sea
indiferente, nos matan a las pibas en la cara de la gente” describiendo la situación de la
violencia de género en nuestro país y en qué ámbitos este canto es entonado.
La Ley de protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las
Mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales define a la violencia
física como aquella que “se emplea contra el cuerpo de la mujer produciendo dolor, daño o
riesgo de producirlo y cualquier otra forma de maltrato o agresión que afecte su integridad
física” (Ley 26.485, 2009, art. 6). La existencia de esta ley supone el reconocimiento de que lo
personal es político, esto es, que
las discriminaciones, opresiones y violencias que sufrimos las mujeres no son
un problema individual, que solo concierne a las personas involucradas, sino
que la expresión individual de esa violencia en la intimidad es parte de una
estructura que, por lo tanto, responde a un sistema y a las estructuras de poder.
(Facio y Fries, 2005, p. 267).
Desde esta mirada integral, la violencia que padece la mujer se considera una agresión contra
toda la sociedad. Por ese motivo, el rol del Estado es central, porque se entiende que lo que le
sucede a una mujer de manera personal tiene un sustento político e ideológico que involucra a
la sociedad en su conjunto.
Pese a la existencia de esta ley, el informe de femicidios en el año 2021, elaborado por el
Observatorio de las Violencias denero Ahora que ni nos ven
16
, reporta, en nuestro país, 229
femicidios en el año, lo que equivale a 1 femicidio cada 30 horas. El 16 % de estas mujeres
había realizado una denuncia, por lo menos, contra su agresor. Según el informe, de este
porcentaje se deducen dos cuestiones preocupantes: la falta de respuesta adecuada hacia
mujeres denunciantes y las pocas denuncias realizadas. Ambas cuestiones se relacionan entre
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sí: muchas mujeres no denuncian la violencia de género porque la justicia, que sigue siendo en
gran parte patriarcal
17
, no brinda, en la mayoría de los casos, la respuesta adecuada.
Ante la falta de respuesta estatal, movimientos sociales y feministas, familiares y amigxs de
víctimas, y parte de la sociedad, encuentran en las marchas una forma para reclamar por justicia
para las víctimas y por medidas preventivas que garanticen una vida vivible (Butler, 2017) para
mujeres y disidencias. Las consignas y cantos que acompañan estas marchas son varios, si bien
en particular nos detendremos en la canción “Señor/vecino, señora/vecina, no sea indiferente
nos matan a las pibas en la cara de la gente”, analizaremos antes otras consignas que también
presentan el uso del pronombre nos, con el objetivo de advertir que no se trata del mismo
pronombre que se utiliza en el canto. Este análisis nos permitirá establecer un contraste entre
los usos del pronombre nos, que refieren tanto a distintos designados como a objetivos
comunicativos diferentes. El objetivo de presentar el análisis de estas consignas en
comparación con el análisis del canto es poner en evidencia distintas estrategias discursivas
que lxs hablantes utilizan para manifestarse en contra de la violencia de género a partir del uso
del pronombre nos. Las consignas en cuestión son “paren de matarnos” y “nos están matando”,
que, a diferencia del canto, que es entonado tanto por varones como por mujeres, son
enunciadas exclusivamente por mujeres y disidencias, como podemos ver en las siguientes
fotografías correspondientes a marchas por el 8M y el Ni una menos:
Figura 3.
Paren de matarnos
Nota. Fotografía de la marcha 8M, Mendoza. Fuente: mdz online, 8 de marzo de 2021,
https://www.mdzol.com/sociedad/2021/3/8/fotos-videos-asi-se-vivio-el-8m-en-mendoza-143831.html.
Figura 4
Nos están matando
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Nota. Fotografía de la primera marcha Ni una menos, Buenos Aires, 3 de junio de 2015. Fuente: Cavanagh, 2015,
https://www.vice.com/es/article/59em73/mujer-menos-manifestacion-por-crimenes-contra-mujer-argentina.
En el canto y en las consignas aparece el pronombre nos en caso objetivo, caso que se divide
a su vez en acusativo y dativo, según la función sintáctica que cumpla y cómo perfile
semánticamente a su designado (como paciente o como receptor). En la primera y segunda
persona, las formas de ambos casos coinciden (me, nos, te) y es solo a partir del contexto que
se puede reconocer qué función están cumpliendo: en el caso acusativo, el pronombre cumple
función de objeto directo (semánticamente, es un paciente), mientras que en el caso dativo
cumple función de objeto indirecto (semánticamente, es un receptor). El caso al que
corresponde nos en las consignas de las figuras 3 y 4 es el caso acusativo y designa a las
mujeres, ya que son consignas que se presentan en el contexto espacial y temporal de las
marchas 8M y Ni una menos. Como hemos mencionado anteriormente, en relación con estas
consignas, el uso de esta forma pronominal acusativa en plural designa a todas las mujeres,
pese a que no todas somos o estamos siendo asesinadas, y busca destacar que la violencia de
nero es algo que nos afecta, en mayor o menor medida, a todas. Por lo tanto, a partir de estas
consignas, las mujeres se presentan semánticamente como pacientes, es decir, como
potenciales víctimas del evento matar.
Las consignas analizadas circulan mayormente en marchas donde asisten principalmente
mujeres: el 8M y el Ni una menos. La presencia del canto “Señor/vecino, señora/vecina, no sea
indiferente, nos matan a las pibas en la cara de la gente” es habitual en marchas por pedido de
justicia ante femicidios puntuales. Por nombrar algunos ejemplos de estas marchas, podemos
mencionar la ocurrida el 11 de julio de 2017, en Gualeguaychú, por pedido de justicia para la
víctima de femicidio Susana Villaruel, de 38 años, asesinada por su expareja; o también la
marcha que tuvo lugar el 4 de enero de 2020, en Olavarría, por pedido de justicia para Mabel
Nieves Olguín, de 36 años, y Valentina Gallina, de 19 años, ambas asesinadas por sus parejas
18
.
En este canto, el pronombre nos corresponde al caso dativo. El evento que se presenta es el
mismo que en las consignas ya analizadas, matar, y, en este caso, las pibas es el paciente, que
podría ser reemplazado por el pronombre acusativo las. Nos se corresponde con el participante
receptor, pero puesto que prototípicamente las cláusulas con matar no presentan un tercer
participante, elegimos utilizar la función sintáctica propuesta por Maldonado (1994) y
denominarlo dativo de afectación (DA), en lugar de considerarlo un objeto indirecto (OI).
Maldonado define a esta estrategia discursiva como aquella construcción en la que el receptor
de la acción es marcado con un pronombre dativo sin que pueda ser identificado como parte de
la valencia verbal (Maldonado, 1994). Prototípicamente, las cláusulas con el verbo matar
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presentan un agente (animado) y un paciente (animado), pero en el caso de la canción, como
hemos mencionado, se presenta un tercer participante a través del pronombre dativo nos. Este
pronombre designa en el contexto de la canción a todas las personas presentes en las marchas,
que se construyen como muestra de la sociedad entera. El participante designado con el dativo
se presenta en competencia por la afectación con el paciente (“las pibas”), construyéndose
también como víctima de esa violencia. De este modo, entendemos que nos es un DA, porque
no es el objeto indirecto de matar (ya que es un verbo que por su contenido semántico no co-
ocurre con un actante receptor, sino que aparece con un agente que mata y un paciente que es
la víctima), sino que se remite a un conjunto de personas que se ven afectadas en sentido general
por la violencia de género que se desprende de los femicidios (matan a las pibas). El locativo
“en la cara de la gente” muestra una proximidad física del receptor con el evento, lo cual, según
Maldonado, es una condición indispensable de esta construcción para mostrar la afectación: las
mujeres son asesinadas en los espacios de circulación comunes, aquellos que comparten con
toda la sociedad. Por lo tanto, el objetivo de la canción es demostrar que la violencia de género
no solo afecta a las mujeres víctimas de violencia, sino que afecta a la sociedad en su conjunto.
El análisis del canto, en comparación con el análisis de las consignas, muestra cómo un
mismo signo (nos) cambia su significado según el contexto discursivo, ya que en todos los
casos el pronombre que aparece es nos, pero hemos visto que su forma de significar varía de
acuerdo a los distintos contextos. Recuperando los aportes de Borzi (2019), podemos afirmar
que, en el canto, la función discursiva del paciente, las pibas, es reconceptualizar especialmente
al designado del pronombre en caso dativo nos. Si bien el análisis propuesto por Borzi se
concentra en otro tipo de cláusulas (las ditransitivas de verbo dar) y en textos de mayor
extensión, es factible reconocer que, en este canto, el contacto con el paciente reconceptualiza
al receptor, del cual se busca destacar su afectación ante este evento. Es decir, aunque no se
trate de un objeto directo, el dativo de afectación también funciona como un punto de quiebre
en el discurso, dado que lleva al interlocutor a reflexionar sobre el designado de nos y lo
reconceptualiza. Si bien el pronombre nos no remite a las pibas, al remitir a la sociedad entera
nos pone en su lugar: no somos, pero podríamos serlo.
En el canto, a través del uso del pronombre personal en caso dativo nos, se replica la
consigna “lo personal es político”. Esta consigna apareció por primera vez en 1969 como título
de un artículo escrito por Carol Hanisch, en el cual la autora expone una teoría surgida desde
el Movimiento de Liberación de la Mujer y de un grupo específico dentro de ese movimiento,
Mujeres Radicales de Nueva York, también denominado “la nea a favor de la mujer”. El
artículo fue escrito en respuesta a una nota de Dottie Zellner, en la que se postulaba que la toma
de conciencia de estas mujeres era, en verdad, solo terapia. Hanisch considera el término
“terapia” como inapropiado, porque supone que alguien está enfermo y que, por lo tanto,
requiere una solución personal para su cura, mientras lo que les sucede a las mujeres no es que
estén enfermas, sino que tienen problemas cuyas soluciones no son personales, es decir, no
dependen de ellas como individuos, sino que son problemas políticos que requieren una
solución colectiva. El hecho de compartir diversas experiencias les permitió a estas mujeres
pertenecientes a la “línea a favor de la mujer” reconocer el control que las instituciones
patriarcales tenían en sus vidas, en especial, en aquellas esferas que socialmente se han llamado
“privadas”. Esta misma expresión, “lo personal es político”, es retomada en el manifiesto
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titulado “3 de junio de 2015”, publicado en la fecha mencionada en el sitio web del colectivo
feminista #NiUnaMenos de la Argentina
19
, donde se analiza la violencia de género, en
particular el femicidio, como un asunto que no es privado, “no es un tema íntimo o doméstico
o solo de las mujeres” (Ni una menos, 2015), sino que “se vincula con cuestiones sociales que
deben ser discutidas en la esfera de la política” (Ni una menos, 2015). El manifiesto sostiene,
en consecuencia, la necesidad de una respuesta múltiple, es decir, una respuesta que
comprometa a todos los poderes del Estado, pero también a toda la sociedad civil.
El análisis del pronombre dativo nos en este canto popular demuestra que hay principios
externos que condicionan al lenguaje y, en este sentido, la morfología no puede ser concebida
como un módulo encapsulado de la gramática. La morfología y la sintaxis están motivadas por
los objetivos comunicativos de los hablantes. El uso de un pronombre personal puede
significar, entonces, el involucramiento en una lucha que no es solo de mujeres.
Conclusiones
La violencia de género, entendida como una práctica estructural que viola los derechos
humanos y las libertades fundamentales, es una problemática seria en la República Argentina.
Las marchas por pedido de justicia para víctimas de femicidios se han vuelto cotidianas y
masivas. La preocupación de la población ante esta situación se gramaticaliza en muchas de
las consignas que acompañan las marchas 8M y Ni una menos, y en muchos de los cantos
populares que se entonan en las marchas por femicidios particulares. En este trabajo,
presentamos el análisis discursivo del canto popular: “Señor/vecino, señora/vecina, no sea
indiferente, nos matan a las pibas en la cara de la gente”, centrándonos en el uso del pronombre
dativo nos, que cumple la función sintáctica de dativo de afectación (Maldonado, 1994). El
objetivo comunicativo del canto es presentar a los femicidios como una problemática que afecta
a la sociedad en su conjunto y no solo a las mujeres (víctimas directas). Esta motivación
pragmática es lo que resulta en el DA como consecuencia sintáctica del significado que se
quiere transmitir.
Si bien el análisis discursivo presentado se basa en los aportes del ECP, consideramos
fundamental el trabajo de Barrenechea (1962) desde la gramática tradicional, por ser la primera
autora en definir al pronombre personal como una clase de palabra autónoma a partir del
criterio semántico. Barrenechea reconoce el significado ocasional del pronombre, que se
encuentra orientado por el coloquio y el hilo del discurso. En consonancia con esta definición,
hemos visto cómo el pronombre nos manifiesta diferentes significados en las consignas
analizadas y en el canto popular, ya que se encuentran orientados por diferentes contextos.
Desde el ECP, añadimos que la designación dependiente del contexto que posee el
pronombre se traduce en una morfosintaxis determinada a partir del objetivo comunicativo del
hablante. En este sentido, el aspecto pragmático-semántico resulta fundamental para entender
la sintaxis de una lengua. La función sintáctica de dativo de afectación es una consecuencia del
aspecto pragmático, que no es un aspecto separado de la gramática para este enfoque sino un
aspecto fundamental. En contraposición, para una gramática formal u oracional, el objetivo
comunicativo y el contexto discursivo no tendrían mayor relevancia y, por tanto, no influirían
en el análisis sintáctico. El pronombre nos podría ser analizado como un dativo ético o de
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interés, sin mayores explicaciones o profundizaciones sobre su razón de ser. El movimiento de
análisis que propone el ECP es el inverso: partimos del análisis del discurso (pragmática y
semántica) para llegar a las funciones sintácticas. En relación con este propósito, en el presente
trabajo retomamos, desde el ECP, específicamente el trabajo de Maldonado (1994) para el
análisis del canto popular, por presentar un análisis detallado de la datividad a partir del nivel
de cercanía del receptor en relación con la acción designada por el verbo (p. 244). En esta
escala, el DA se presenta como aquel participante no identificado como parte de la valencia
verbal, pero que presenta un alto nivel de afectación. La construcción discursiva de la
afectación a través del pronombre nos refuerza la dimensión política del canto popular y replica
la consigna “lo personal es político”, a partir del involucramiento de toda la sociedad en una
situación que, hasta hace no muchos años, se consideraba un problema personal, pero que hoy
se reconoce como político porque se vincula con cuestiones sociales que afectan a la sociedad
en su conjunto.
El análisis propuesto nos permite concluir que resulta de vital importancia el papel de la
gramática en los estudios de las consignas y cantos populares contra la violencia de género,
porque solo analizando la gramática como concebida desde el discurso (es decir, desde los usos
de la lengua) podremos comprender cabalmente cuáles son los objetivos comunicativos que
persiguen quienes adhieren a estas consignas y a este canto, y cuáles son las nuevas formas de
concebir a la violencia de género que desde hace varios años cobran cada vez mayor relevancia
en nuestra sociedad.
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Notas
1
Se denomina femicidio al homicidio de una mujer o persona trans cuando esté motivado por su condición de
género. En el año 2012, se modificó el Código Penal (Ley 26.791), aludiendo a la figura del femicidio como
agravante de la pena de homicidio.
2
El informe se encuentra disponible en https://ahoraquesinosven.com.ar/reports/28-femicidios-en-enero-del-
2022.
3
En el apartado “Análisis discursivo de un canto popular”, presentaremos diferentes situaciones comunicativas
en las que ha tenido lugar este canto.
4
Por dativo hacemos referencia a la categoría morfológica de caso. Por dativo de afectación, nos referimos a
la categoría sintáctica propuesta por Maldonado (1994). Entendemos que el uso de la palabra dativo, que es una
categoría morfológica, para designar una construcción sintáctica puede ser confuso, por ese motivo realizamos
esta aclaración.
5
En los casos de las gramáticas divididas en apartados, utilizamos el símbolo “§” para indicar que el número
al que acompaña corresponde a un apartado y no a una página específica.
6
Si se atiende a los rasgos de persona, los pronombres se dividen en tres grupos: pronombres de primera,
segunda y tercera persona (2009, §16.1.k.). En cambio, si se atiende al género, se dividen en masculinos;
femeninos; neutros; sin distinción entre masculino y femenino; sin distinción entre masculino, femenino y neutro;
y sin distinción entre masculino y neutro (2009, §16.2.a.). Si el criterio es el número, los pronombres personales
se dividen en singular, plural y sin distinción de número (2009, §16.2.o.). Atendiendo al caso, se dividen en caso
nominativo o recto; caso preposicional u oblicuo; caso acusativo; caso dativo; sin distinción entre caso acusativo
y dativo; y sin distinción de caso (2009, §16.3.a.). Centrándose en la tonicidad, las categorías son: tónicos y átonos
(2009, §16.3.l.). La última clasificación se centra en la propiedad de reflexividad. Son reflexivos los pronombres
personales que concuerdan con el antecedente al que se refieren dentro de algún entorno sintáctico. Los
pronombres personales de tercera persona se, , consigo son inherentemente reflexivos, mientras que el resto de
los pronombres puede serlo o no en función del contexto. Por este motivo, atendiendo al criterio de reflexividad,
la NGLE propone dos categorías: inherentemente reflexivo y sin distinción de reflexividad (2009, §16.3.ñ.).
7
La deixis es una estrategia de identificación de designados, de individuos, que depende de los elementos
básicos de toda situación de enunciación: el hablante, el oyente, el tiempo y el espacio. Las unidades deícticas,
dentro de las cuales aparecen los pronombres personales (yo, por ejemplo) y los demostrativos (este, ese, aquel)
son unidades más abiertas en su significación, ya que dependen de la situación contextual. Por poner un ejemplo,
el pronombre yo es deíctico porque señala a la primera persona del coloquio, el hablante, que va a depender
siempre de la situación comunicativa (es decir, no tiene referencia unívoca).
8
La anáfora es el movimiento hacia atrás (la partícula griega aná significa “antes”) que debe hacerse en el
discurso para encontrar la referencia de un elemento determinado. Si digo “Conozco a Juan. Lo vi ayer.”, el
Obra bajo Licencia Creative Commons 4.0 Internacional
Recial Vol. XIII. N° 21 (Enero-Julio 2022) ISSN 2718-658X. María Soledad Funes - Muriel Troncoso,
Nos matan a las pibas en la cara de la gente: el dativo de afectación como símbolo de lucha, pp. 88-106.
pronombre lo remite a Juan, que fue mencionado previamente en el discurso. Cuando el interlocutor necesita
buscar la información que le permita identificar al individuo, realizando una búsqueda hacia adelante en el
discurso, hablamos de catáfora, como en Le dije a Sofía que viniera”, donde el pronombre le remite a un
designado que está a la derecha en el discurso (Sofía).
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Como conclusión, Bentivoglio propone para el español la siguiente escala de elementos gramaticales, de
mayor a menor grado de continuidad tópica: desinencia verbal/ pronombre clítico (duplicación)/ pronombre
tónico/ frase nominal (FN) definida/ frase nominal (FN) indefinida. En esta escala, la autora advierte que el
pronombre es una estrategia débil de continuidad tópica, ya que necesita a su referente cerca en el discurso para
ser retomado correctamente. Por el contrario, una estrategia fuerte sería una construcción nominal, en la que
tenemos toda la información sobre ese referente para poder identificarlo con facilidad.
10
Desde el ECP, se utiliza el término designado (ya mencionado en la cita del trabajo de Miñones), en lugar
de referente, porque se considera que el significado se construye a partir de la percepción particular que el
individuo tiene de la realidad. De este modo, no habría referentes (uniformes y compartidos por igual por toda la
comunidad lingüística) sino designados (construidos por hablante y oyente en una situación comunicativa en
particular, y susceptibles de ser reconstruidos o reconceptualizados en otras situaciones de comunicación).
11
Su definición de la cláusula ditransitiva (CD) deviene de la concepción de la Cláusula Transitiva Prototípica
(CTP), que implica necesariamente dos participantes y traspaso de energía. A los participantes de una cláusula se
los considera actantes. La CTP presenta un agente (sintácticamente sujeto) y un paciente (sintácticamente objeto
directo). El agente reúne los siguientes atributos: [+humano], [+punto de partida], [+pivote] [+ejecutor],
[+iniciador], [+voluntad], en tanto que el cambio en el paciente provocado por la energía que le transmite el agente
es total (es decir, hay alta afectación) (Hopper y Thompson, 1980, 251-254). En las CD, se agrega un nuevo
actante, el benefactivo. Puesto que Maldonado utiliza en su trabajo el término benefactivo para designar a una
categoría sintáctica, nos referiremos al benefactivo como categoría semántica como receptor, y reservaremos el
término benefactivo para la función sintáctica propuesta por Maldonado. Los actantes “son entidades móviles,
cambiantes en todos y en cada uno de sus atributos que se redefinen cada vez en cada mensaje al combinarse con
cada verbo y con cada otro actante en un contexto determinado” (Borzi, 2008, p. 1).
12
Borzi (2019) observa en un corpus de CT con el verbo dar que el paciente presenta un comportamiento
discursivo inverso al de la CD, al presentar un alto grado de afectación.
13
Como hemos mencionado, la categoría benefactivo corresponde a un tipo de actante, es decir a una categoría
semántica. El hecho de que Maldonado utilice este nombre, también, para designar una categoría sintáctica puede
prestarse a confusiones. Por ese motivo, establecimos (en la nota vii) que utilizaremos benefactivo para designar
a la función sintáctica y receptor para la función semántica.
14
La valencia de un verbo está determinada por los argumentos que prototípicamente lo acompañan, y que no
necesariamente se manifiestan en todos los usos de esa forma (Maldonado, 1994, p. 247).
15
El único caso en que el BEN sí acepta significados negativos es en eventos que no involucran proximidad.
Por ejemplo: “Pusieron una bomba para el presidente” (Maldonado, 1994: 252).
16
El informe se encuentra disponible en https://ahoraquesinosven.com.ar/reports/229-femicidios-en-2021.
17
El hecho de que se haya tenido que implementar en nuestro país una ley como la Ley Micaela (Ley 27.499),
evidencia que en el sistema judicial aún persisten vestigios de la autoridad que históricamente se le brindó al varón
en pos del disciplinamiento de la mujer, que permitió que durante muchos años se tolerara la violación conyugal
y la violencia física dentro del ámbito familiar (Facio y Fries, 2005, p. 267). La Ley Micaela se sancionó en el
año 2017, a partir del asesinato de Micaela García, una joven que fue violada y asesinada en la localidad de
Gualeguay por Sebastián Wagner, un hombre con antecedentes, que se encontraba en libertad condicional,
beneficio que le había sido concebido por la Justicia de la provincia de Entre Ríos. La ley establece una
capacitación obligatoria en la temática de género y violencia contra las mujeres para todas las personas que se
desempeñe en la función pública, en todos sus niveles y jerarquías, en los Poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial
de la nación.
18
Es posible acceder a videos de las marchas que registran los momentos en los cuales se entona el canto
analizado desde los siguientes enlaces:
https://www.youtube.com/watch?v=IgbP2fmxLWo&ab_channel=ElD%C3%ADaTV,
https://www.facebook.com/watch/?v=508260386473007.
19
El manifiesto se encuentra disponible en http://niunamenos.org.ar/manifiestos/3-de-junio-2015/.