Mamani Macedo, Mauro Sitio de la Tierra. Antología del vanguardismo literario andino. Lima, FCE Perú, 2017, 380 págs.

Matías Di Benedetto*

La apuesta fundamental de la presente antología compilada por Mauro Mamani Macedo radica en un intento de —como deja en claro ya desde el comienzo— “reestructuración del canon del vanguardismo andino”, buscando de esa manera un efecto determinado: hacerle “justicia literaria” a sus más “notorios forjadores”. A partir entonces de este gesto crítico se pone en práctica un relevamiento de las textualidades rupturistas cuya principal tentativa es ir, como sabemos, en contra de la concepción burguesa del arte; en el caso específico de Perú debería agregarse que se trata de una definición supeditada, hasta ese momento, a una matriz claramente hispanófila y por ende cercenadora de las tradiciones culturales andinas.

*Matías Di Benedetto. Universidad Nacional de La Plata. [matias.n.dibenedetto@gmail.com]

En este sentido, en nuestro continente las vanguardias negaron un corte tajante contra la civilización occidental; no hicieron, como sus pares europeos, tabula rasa con el pasado latinoamericano sino que se volvieron hacia él para efectuar una nueva interpretación desde el presente. Es más: esa inmersión en la Historia está orientada a la relectura del pasado americano en función del presente. Dicha articulación de tiempos resulta funcional a las estrategias de posicionamiento en el campo literario peruano de este grupo de autores compilados. Es que, evidentemente, trae aparejada no sólo un distanciamiento con respecto a los fenómenos de vanguardia europeos, sino que asimismo da cuenta del hundimiento en los estratos primigenios de la sociedad a modo de acto de resistencia ante la adquisición indiscriminada de las retóricas vanguardistas europeas.

Como claros ejemplos de esta operación de refuncionalización de protocolos de ruptura importados, podemos traer a colación la particular definición que se expone de la vanguardia a través de estas producciones; un fenómeno estético que tiene sus raíces en las culturas autóctonas de la región andina, como puede observarse a partir de una de las revistas paradigmáticas del período como lo fue el Boletín Titikaka, dirigida por Gamaliel Churata. Este órgano de difusión cultural se vuelve un ejemplo en el que Mamani Macedo se detiene para dar cuenta de las tensiones inherentes al panorama propio de la década del veinte del siglo pasado en el Perú, momento histórico devenido eje de las estéticas vanguardistas. Dicha publicación bien puede llevar como título “la emergencia de los dualismos”, expresión que le pertenece a Antonio Cornejo Polar, quien detalla como un grupo de intelectuales y artistas que habitan en una “geografía múltiple” como la región andina, buscan a través de sus escrituras ensayar “una serie nutrida de interpretaciones socio-culturales que se construyen a partir de binarismos excluyentes o contradictorios”, entendiendo lo propiamente nacional “como desgarramiento y desintegración”.

A propósito de esta cuestión de las regiones, lúcidamente se reconstruye a través de la compilación presentada en Sitio de la Tierra el itinerario vanguardista andino, cuyo criterio organizativo tiene en cuenta una directriz estrictamente territorial, basada en la producción editorial surgida en las provincias, “y en especial del Ande”, señala Mamani Macedo. Pasando por Puno para mencionar la influencia del Boletín Titikaka (1926- 1930), no se deja de lado tampoco la imprescindible Amauta (1926-1930) dirigida por José Carlos Mariátegui desde Lima; se destaca también la revista Flechas (1924) de Federico Bolaños y Magda Portal, Guerrilla (1927) de Blanca Luz Brum, Jarana (1927) y ABCDario (1929_1930). Finalmente, se deja constancia de otros núcleos territoriales, irradiadores de renovaciones estéticas como lo fue Cusco. Desde allí surgieron revistas como La Sierra (1921- 1925), Kuntur (1927) y la Revista Universitaria (1912-1927). Mamani Macedo tampoco deja de lado publicaciones como Hélice (1925) propia de la región de Huancayo y también Chirapu (1928) surgida en Arequipa.

Así y todo, esta “efervescencia de publicaciones” tiene una coordenada temporal imprescindible, se trata del año 1926 durante el que “parece que se suscitara un parto deslumbrante en la literatura y cultura peruana”, señala Mamani Macedo. Puede vérselo no sólo como punto de inicio de dos grandes revistas como Amauta y el Boletín Titikaka,sino también como período en el que se dan a conocer libros fundamentales para el movimiento vanguardista andino,tales como Ande de Alejandro Peralta, Falo de Emilio Armaza, Ccoca de Mario Chabes y La torre de las paradojas de César Augusto Rodríguez Olcay. En ellos redundan dos criterios que la antología expone como sustento metodológico de su operación de recorte: el “registro vanguardista” y la mención del específico “mundo andino”, binomio que busca dar cuenta de la especificidad de estos poemas y prosas, ensayos e incluso correspondencias.

Estas cuatro secciones en que se divide la antología funcionan como caja de resonancia de dicha conjunción de términos en apariencia contradictorios. Dan cuenta de eso que Cyntia Vich, siguiendo a Mariátegui, dio en llamar “indigenismo vanguardista”: una aleación estética cuya propuesta de una vanguardia en clave andina pugna por generar un efecto estético (y por lo tanto político) que se oponga, en tanto novedad, a los resabios hispanistas, e incluso a la asimilación acrítica de los procedimientos vanguardistas importados desde Europa. Es por este motivo que el recorrido por esta antología nos ofrece un panorama que incluye poemas de Serafín Delmar, Alberto Guillén, Alberto Hidalgo, Carlos Oquendo de Amat, Alberto Mostajo, Nazario Chávez Aliaga, Emilio Armaza, Mario Chabes, Adalberto Varallanos, César Vallejo por citar sólo algunos; una sección de prosas en las que encontramos ejemplos de una narrativa de vanguardia decidida a demoler los esquemas miméticos de raigambre realista tales como “la bengansa de adan” de Antero Peralta Vásquez, “El relámpago” de Chabes o “Prosa con dolor y a un lado” de Varallanos. Asimismo, encontramos ensayos como los que enmarcaron la polémica entre Churata y Vallejo titulados “Septenario” y “Contra el secreto profesional”; y finalmente una última sección dedicada a la correspondencia, a una serie de intercambios epistolares de entre los cuales destacamos el que tiene como protagonistas a dos grandes intelectuales como lo fueron Churata y Mariátegui, voceros de vital importancia para entender el movimiento vanguardista del Ande.

Si a partir de la doble valencia del concepto de “sitio” podemos dejar en claro, por un lado, los proyectos tendientes a tomar como materiales estéticos aspectos provenientes de las culturas internas, es decir, propios de un determinado territorio, así también, por otro lado, es viable la interpretación que alude al cerco que la cultura hispanizante busca propinarle a las invenciones vanguardistas. Escabulléndose de tal manera de ese “sitio” para confrontarla, la literatura vanguardista responde así al reclamo por la incorporación de las poblaciones indígenas dejadas de lado por la modernización incipiente y el retrato entre romántico y positivista inherente al indigenismo, haciendo de la heterogeneidad cultural el sustrato a partir del cual se edifica un arte latinoamericano, y en especial, andino. Los autores aquí presentados niegan en la vanguardia americana toda forma de calco de revoluciones artísticas de Occidente, y sitúan la raíz de los fenómenos de arte nuevo en la postulación utópica de una biología americana, como diría el propio Churata, germen de una estética emancipadora.

La emergencia de esos tonos subterráneos y de sus peculiaridades en lo que se refiere a la concepción de una literatura latinoamericana es la intención manifiesta que esgrimen los proyectos escriturarios de los autores aquí presentados; es decir, se trata ni más ni menos que de hacer de la zona vanguardista andina un reducto que resiste y, por lo tanto, busca difundir la palabra vanguardista que desciende desde el Ande y las provincias, tarea que Mamani Macedo no pierde de vista y asume con creces.