FRAGMENTOS DE UNA TRAMA AMBIVALENTE

Marcelo Silva Cantoni *

En un epígrafe que elige Iain Chambers (1994) para abrir su libro Migración, cultura, identidad, Edmond Jabbes, afirma que el extranjero, en su condición de vulnerabilidad, solo puede contar con la hospitalidad que otros puedan ofrecerle, del mismo modo que las palabras se benefician de la hospitalidad de la página en blanco. Nos parece interesante rescatar esta analogía para presentar los videos producidos por Migratorias y red de Solidaridad ya que en ellos podemos encontrar también esa, al menos doble, condición de la hospitalidad.

Julio Ramos oficia de entrevistador fuera de campo (delatado apenas por el saludo de despedida de Elizabeth), con una voz implícita que incita a los protagonistas (los verdaderos “sujetos de esta historia”, según la entrevistada) a contar su experiencia en el albergue de Tierra Blanca (Veracruz), en el cual se brinda protección humanitaria gratuita y orientación sobre derechos humanos y protección a migrantes en tránsito. El intelectual puertorriqueño nos muestra, así, la labor de los voluntarios del Albergue Guadalupano para el Migrante, el cual se levanta al costado mismo de las vías del tren como lugar de paso, sobre todo para los centroamericanos en la ruta hacia el “norte”. La imagen y el sonido del tren cobran relevancia como nudo en donde se condensan las “ambivalencias de lo global” (Bhabha: 2013), y donde podemos ver cómo los sujetos en tránsito no llegan con la comodidad de los pasajeros sino colgados en el tren de carga, casi como mercancías, pero que, en su condición humana, ponen al descubierto lo que Grüner llama la contradicción “irresoluble” del capitalismo globalizado: “contradicción […] entre las promesas de plena circulación de bienes, mensajes y sujetos […] y el hecho de que el Capital no puede tolerar la libre circulación mundial de la fuerza de trabajo” (Grüner: 2007, 31).

Dos planos nos interesa destacar en la presentación de estos videos. El primero es aquel en el que en una voluntaria le acerca un plato de comida a uno de los huéspedes de paso por el albergue y, detrás de ella, el cuadro abraca un cartel que dice: “Cuando huyes de tu país por violencia, persecución, guerra o discriminación, tienes derecho a reclamar la condición de Refugiado”. Nos parece que esa imagen sintetiza la fuerza y la condición trágica y densamente material de la migración, de los refugiados, los sans papiers, o los desplazados (ya sea por cuestiones políticas, económicas, ambientales), a la vez que presenta la solidaridad, pero sobre todo la “hospitalidad”, traducida en la significación del gesto de la voluntaria.

El otro es el plano en que la cámara se detiene en la remera de una de las entrevistadas, Juanita, y muestra en una estampa esa genealogía que va de Emiliano Zapata al Subcomandante Marcos, pasando por el Che y con la consigna de “La única patria para un revolucionario es la revolución”. Podríamos hacer un desplazamiento retórico y preguntarnos ¿Cuál es la única patria de un migrante? ¿Cuál es esa morada en donde puede, como dice Elizabeth (lo otra protagonista de los videos), “tejer su vida”? Caer en el silogismo fácil y hasta cínico de decir que así como la única patria del revolucionario es la revolución, la única patria del migrante vendría a ser la migración, sería no tener en cuenta el drama humano de los desplazamientos forzados, la vulnerabilidad por la que atraviesan los migrantes y que queda expresada en el plano al que aludimos en el párrafo anterior. Quizás sería más atinado decir que el migrante en su condición de extranjero no tiene patria o, como diría Said, que el mundo entero se vuelve, para el migrante, un lugar extraño (Said: 2013, 111). Sin embargo, esto nos lleva, más bien, a la imperiosa necesidad de comenzar por desmontar ahí mismo la narrativa y la noción de “patria”, tan ligada a eso que Édouard Glissant (2007) llama la “identidad raíz única”, diferenciada y casi contrapuesta a una “identidad rizomática”. Quizás sea más pertinente, en lugar de hablar de “patria” referirnos a estos lugares de paso como espacios de “relación”, en donde es posible cierta hospitalidad para el migrante, sobre todo para el extranjero centroamericano en su camino hacia el norte en vías de volverse aún más extranjero. Y esa hospitalidad, habría que pensarla también en sus términos semióticos, en sus dimensiones de significación cultural, como esa hospitalidad de la página en blanco, en la medida en que nos preguntamos qué tienen los migrantes que llegan aquí para decirnos, cómo tejen la trama de su vida como narrativa de una globalidad ambivalente (que pone en cuestión la noción de ciudadanía y extranjería) y qué hospitalidad ofrecemos nosotros mismos en tanto lectores de ese texto.

Nuestra ciencia, dice Jean Luc Nancy, debería ser “la cosmografía de un universo de ‘soles cuellos cortados’” (Nancy: 2012, 117). Creemos que las voces que habitan lugares como el Albergue Guadalupano, y que presentamos aquí en estos videos, dan cuenta, al menos fragmentariamente, de la trama de ese universo.

Referencias Bibliográficas

Bhabha, Homi K. (2013) “Las ambivalencias de lo global”. En Nuevas minorías, nuevos derechos. Notas sobre cosmopolitismos vernáculos. Siglo XXI. Buenos Aires.

Chambers, Iain (1994). Migración, cultura, identidad. Amorrortu. Buenos Aires.

Glissant, Édouard. y Chamoiseau, Patrick (2007) Quand les murs tombent. L’identité nationale hors-la-loi? Éditons Galaade. Paris.

Grüner, Eduardo (2007) “Sobre el estado-bifurcación y otras perplejidades dialogantes”. En J. Butler y G. C. Spivak ¿Quién le canta al Estado-Nación? Paidós. Buenos Aires.

Nancy, Jean-Luc (2012) “Sol cuello cortado”. En Tomás Rivera … Y no se lo tragó la tierra. Corregidor. Buenos Aires.

Said, Edward (2013) Reflexiones sobre el exilio. De Bolsillo. Buenos Aires.



* Licenciado en Letras Modernas, Universidad Nacional de Córdoba. Docente en Escuela de Letras de la FFyH-UNC. [ silvacantoni@gmail.com ]

Recibido: 30-05-2017 Aceptado: 5-07-2017