CIENFUEGOS, CAPITAL DEL MUNDO: EL GESTO DESTERRITORIALIZADOR DE SENTADA EN SU VERDE LIMÓN

Marcial Gala: Sentada en su verde limón. Buenos aires: Corregidor, 2017, 124 pp.

Julieta Kabalin Campos *

Este año, luego de la publicación de La catedral de los negros en 2015, con la edición de Sentada en su verde limón, Corregidor incorpora a su colección Archipiélago Caribe la segunda obra del escritor cubano Marcial Gala. Ambas forman parte de la trilogíaCienfuegos, capital del mundo, que se completa con la novela Monasterio (editada, en Cuba, por Ediciones Unión y, en España, por Atmósfera Literaria).

Sentada en su verde limón fue lanzada por primera vez en 2004 por Letras Cubanas y hoy, trece años después, tenemos la oportunidad de acceder a una nueva publicación gracias a la editorial argentina. La distancia temporal y espacial que nos separa de ese primer lanzamiento puede tener algo de azarosa, pero también podría pensarse como otro de los gestos desterritorializadores que la obra convoca.

El sugerente título de la tríada que incluye a Sentada en su verde limón es un buen punto de partida para pensar en esta problemática. Gala, al reivindicar como capital del mundo a Cienfuegos, propone un doble descentramiento. Por un lado, al interior de la isla, en relación a La Habana. Por el otro, en términos globales, al afirmar como centro de referencia mundial a una pequeña ciudad del Caribe. Este juego entre lo local y lo global es un posible hilo conductor para abordar estas novelas, donde temas de carácter universal (la violencia, la soledad, el racismo, la muerte son algunos de ellos) se entrecruzan con historias, tiempos, espacios, lenguajes y perspectivas concretas que no encontrarían posibilidad de existencia fuera del contexto cubano – aunque no necesariamente habanero.

En Sentada en su verde limón, particularmente, Cienfuegos es la ciudad donde se desarrolla la historia de tres personajes dispares unidos, paradójicamente, por un padecimiento común: la soledad. El narrador, Ricardo, un joven pintor; Kirenia Gonzalo, una muchacha de dieciocho años con aspiraciones de poeta, y Harris Sanzo, un decadente saxofonista de cincuenta y cinco años, son los protagonistas de los encuentros y desencuentros de esta historia acontecida durante el Periodo Especial de la ciudad cubana. Ante las miserias y dificultades que la novela deja entrever de la dura etapa del país caribeño durante los años noventa, la narración de Ricardo – así como las voces de Kirenia y Harris que intervienen en el relato para quebrar la monodia narrativa – se concentra sobre todo en la vida afectiva y sentimental de estos personajes.

Son personajes que viven al límite y en una búsqueda constante por el sentido de la vida. Las experiencias que comparten están atravesadas por el sexo, el alcohol y la marihuana; pero también en torno al arte, lo que por momentos parece ser lo único que los mantiene vivos (tanto material como espiritualmente). Es por medio del arte que cada uno de ellos logra establecer un vínculo con el mundo exterior, más allá de Cienfuegos y de los propios límites nacionales, pero también más allá de sí mismos.

Cuando Ricardo conoce a Kirenia en la biblioteca provincial, la recién egresada de la escuela media, tiene predilección por los autores cubanos contemporáneos; sin embargo, sus preferencias cambian a lo largo de la novela: “ahora leía a los poetas franceses del siglo XIX” (24). Aunque la literatura parece ser, en un comienzo, el medio que Kirenia encuentra para traspasar fronteras espaciales y temporales de este mundo, ésta no será motivo suficiente para continuar viviendo. Kirenia, dejando indicios y señales de su trágico destino, irá abandonando, poco a poco, su existencia física. El cuerpo – capaz de experimentar los placeres físicos de este mundo – es abandonado dando lugar a otra forma de existencia. La muerte es la forma que Kirenia encuentra para traspasar alguna frontera, la manera de tomar la decisión de ser/hacer algo en este mundo, de combatir “la calma” (108) que es la vida.

Por su parte, la oportunidad de recorrer el mundo que le dio la música a Harris es vivida como su mayor frustración. Una carrera de alcance internacional que no le sirvió para abandonar su ciudad natal, donde él mismo terminó convirtiéndose en una atracción turística internacional: un muerto en vida, un fantasma más. Salir de la isla es una imposibilidad que va más allá de las oportunidades materiales que la vida le ofrece. Su vuelta luego de algunos años en Estados Unidos y su sentencia: “me dije, Harris, tu lugar está en Cubita la bella donde todo está roto y todo el mundo es un frustrado, así tu frustración no se echará a ver” (113) es la demostración del retorno como destino inevitable del viejo saxofonista.

Ricardo, el narrador de esta historia, a pesar de su cinismo y aparente frivolidad, con su relato nos permite conocer sus más profundos sentimientos y temores. Las posibilidades que su carrera le brindan para salir del país, ganar dinero, conocer mujeres y satisfacer sus vicios no alcanzan para darle sentido a su existencia. La historia que nos cuenta es también el relato de un aprendizaje o, mejor aún, de la comprensión de un deseo inalcanzable: “comprendí que había que irse de Cienfuegos, era necesario echar ancla en alguna otra parte pues la ciudad lo va asimilando a uno, convirtiéndolo en la nada” (121)

Sentada en su verde limón es una narrativa rápida pero intensa, que nos desafía a despojarnos de prejuicios y certezas. Con su novela, Gala nos propone mirar a Cuba con otros lentes, ingresando por un camino que sale del lugar común. La vida y las voces de tres personajes que crean una trama aparentemente acabada, el desarrollo de una historia puntual en un momento preciso de una pequeña ciudad cubana durante el Periodo Especial, es también el encuentro con la evidencia de la precariedad de nuestra existencia más allá de cualquier frontera. Cienfuegos puede ser también, aunque sea por un instante, el centro del mundo.



* Licenciada en Letras Modernas. Actualmente realiza el doctorado en Letras con beca Conicet. Facultad de Filosofía y Humanidades – UNC. [ julietakabalin@gmail.com ]