Nación y “hegemonía incompleta” en Zavaleta Mercado

Fernando L. García Yapur *

Resumen

Cuando René Zavaleta reflexiona en torno a Bolivia, aparece la preocupación política y analítica de dos asuntos centrales: la constitución de la nación y la imposibilidad constructiva de la hegemonía del proletariado minero. Hechos que en la historia contemporánea de Bolivia se expresan con mayor evidencia y en forma simultánea en los momentos de mayor autodeterminación de las masas, la revolución del 52 y noviembre de 1979. A partir de ello, siguiendo las argumentaciones de Luis H. Antezana, se rastrea en la construcción teórica de Zavaleta, la relación entre nación y la noción de hegemonía que transita de una lectura gramsciana de “irradiación” (hegemonía en la diversidad), a la del modelo de “intersubjetividad” (hegemonía de la diversidad) que reinventa la comprensión de la nación y lo político en Bolivia.

Palabras claves: pensamiento Zavaleta Mercado, nación, hegemonía, político, Bolivia

Abstract

When René Zavaleta reflection on Bolivia, appears the policy concern and two analytical central issues: the constitution of the nation and the impossibility of constructive the hegemony of the proletariat mining. Facts that in the contemporary history of Bolivia are expressed with greater evidence and simultaneously at the moments of greater self-determination of the masses, the revolution of 52 and November 1979. From this, following the arguments of Luis H. Antezana, is crawled in the theoretical construction of Zavaleta, the relationship between nation and the notion of hegemony that conveys a Gramscian reading of "irradiation" (hegemonyin the diversity), to the model of "intersubjectivity" (hegemony of the diversity) that reinvents the understanding of the nation and the political in Bolivia

Key words: Thought Zavaleta Mercado, nation, hegemony, political, Bolivia

Se dice que la preocupación central de la producción intelectual de René Zavaleta Mercado fue Bolivia, una pasión personal por entender su constitución y, en consecuencia, el compromiso militante de configurar respuestas a sus principales problemas. Menuda tarea que no la realizaba sin recursos teóricos y normativos vinculados a una creencia política. Militancia que no era tan sólo partisana sino epistemológica. La imbricación del marxismo y del nacionalismo revolucionario que le permitía pensar Bolivia, esa complejidad social y política sobre la que se precisaba actuar, a partir del “modelo de regularidad” de la formación social del capitalismo y de la “particularidad histórica” que el caso boliviano representaba.

Universalismo y particularismo en continua tensión, relación, choque, reinvención y producción de conocimientos. Por ello, en Zavaleta Mercado es posible identificar una pasión terca por entender y construir a la vez lecturas y respuestas a los asuntos centrales de la formación social boliviana: la constitución de la nación y, el análisis del sujeto político (el proletariado minero) y de su continua imposibilidad constructiva de hegemonía política que viabilice la “reforma intelectual y moral” de la sociedad.

Hechos y paradojas que en la historia contemporánea de Bolivia se expresaron con mayor evidencia en los momentos de mayor “autodeterminación de las masas”, la revolución del 52 y noviembre de 1979 y de sus correspondientes derivas políticas. Dos momentos constitutivos que para Zavaleta son referentes históricos para entender a la formación social boliviana en términos estructurales como para una posible caracterización de la configuración de lo político en el país.

Siguiendo las argumentaciones de Luis H. Antezana (1991a, 1991b, 2009) en torno a la obra de Zavaleta, es posible rastrear las mutaciones, transformaciones y reinvenciones de categorías y nociones del marxismo convencional que desplegó Zavaleta con la intención política de ofrecer una lectura más plausible de la realidad boliviana. En Zavaleta, según Antezana, es posible encontrar una constante lucha por exigir hasta el límite a las categorías conceptuales y con ello al propio lenguaje de lograr una certera u optima relación con los hechos y “datos” de la realidad.

Una de esas nociones revisada y puesta en el límite de la representación y significación es la noción de hegemonía que transita de una lectura gramsciana de “irradiación” (hegemonía en la diversidad), a la del modelo de intersubjetividad (hegemonía de la diversidad) que reinventa la comprensión de la nación y del sujeto político.

En lo que sigue, en una especie de diálogo con la interpretación de Antezana respecto al aporte de Zavaleta a la construcción de pensamiento local, retomaré las reflexiones sobre el modelo intersubjetivo de conocimiento social y emancipación construido por Zavaleta, que replantea la idea de hegemonía en el campo político. Para el efecto, seguiré una línea argumentativa que va de la problematización del “método de conocimiento social” para sociedades abigarradas, la crisis como método, a la propuesta de “hegemonía incompleta” que anida en su particular idea de lo político en Bolivia.

La crisis como método y la perspectiva epistemológica de Zavaleta

Fue Zavaleta Mercado quien propuso y sostuvo a la crisis como método de conocimiento para sociedades como la boliviana que no se explican o no logran conocerse a partir de la existencia o puesta en marcha de un “modelo de regularidad” que de cuenta “positiva” de su situación. Solo la crisis, entendida como acontecimiento extraordinario de desgarre, es la que visibiliza el fondo de las cosas; como, también, -paradoja de la crisis- el horizonte común que se manifiesta en tanto intersubjetividad social acumulada. Horizonte de visibilidad denominó Zavaleta a los imaginarios colectivos (hoy diríamos también normativos) que permiten conocer los alcances y límites de la emergencia social y de su estructuración político-estatal. Esto es, imaginarios que cubren al conjunto de la sociedad y se expanden como un manto en los cursos históricos que inicialmente les dieron origen.

La crisis como método no hace mención a cualquier crisis, o más bien, no tiene como reseña un hecho aislado que pudiera expresarse como un momento de revelación de una situación particular generador de catarsis; la referencia viene vinculada a otro concepto zavaletiano: los momentos constitutivos que conlleva retrotraer al presente un hecho histórico cuya determinación y consecuencia es de generalización, o más propiamente, en su lenguaje, de totalización. El análisis de Zavaleta, desde mi punto de vista no abandona su matriz marxista y, por ello, no existen etapas marcadamente diferenciadas en su pensamiento, pues se construye en función al análisis del desemboque de las venas históricas que se entretejen en los intersticios de las “formas aparentes” del orden social y político existente y, en su delimitación espacial y temporal, particular. De ahí el continuo desplazamiento y oscilación entre la vena “nacionalista” de su pensamiento, la recurrencia al referente histórico, local: la revolución nacional del 52, y a la matriz “marxista” que es la que suscribe, una y otra vez, para teorizar, leer e interpretar a la sociedad boliviana.

Según esto, no es a través de la regularidad o rutina que se conoce lo social y político (lo que el marxismo convencional permitiría en sociedades capitalistas más homogéneas), es la fulguración evanescente de determinados actos colectivos que desborda lo real y la rutina la que revela finalmente el fondo de las cosas. Frente a la insuficiencia del cálculo y de las estadísticas sociales (de la unidad y extensión del objeto) el recurso es la disección del acontecimiento, a saber, la incursión en la interpretación histórica del hecho extraordinario; de aquel que pretende cubrirnos ya que nos relaciona e impacta en tanto colectividad.

Los sujetos inmersos en la tempestad y avalancha de la crisis son el súmmum de lo que la sociedad es o fue (llegó a ser) hasta ese momento. Síntesis connotada que trae consigo: estructuras sedimentadas, memoria o acumulaciones en el “seno de la masa” y, suplementariamente, deseos normativos que Zavaleta denomina “incorporaciones” en la memoria y prácticas colectivas. En otras palabras, la crisis visibiliza los alcances y límites de lo que es posible conocer y, por ello, de intervenir o hacer. En ese sentido, el historicismo radical del marxismo de Zavaleta es central para comprender el decurso de la acumulación de los “sentidos comunes” (de los momentos constitutivos e imaginarios) que dan cuenta (antes y ahora) a la dinámica de lo social y de lo político en Bolivia.

Los momentos constitutivos enunciados por Zavaleta van en contra ruta con la “media-ideal” de la filosofía de la historia del marxismo convencional. Como mencionamos los momentos constitutivos no son simples referencias a momentos lineales o cíclicos de determinaciones causales. En todo caso, son hechos que marcan y perviven (quizás sobrepuestas, entrecruzadas) en el fondo histórico de las sociedades y del Estado a pesar de las transformaciones cíclicas y/o estructurales operadas en el tiempo. Por ello es posible pensarlos como momentos que actualizan las marcas o huellas más profundas (ancestrales) de constitución de lo colectivo, de lo “común” y, por ende, de la continuidad y reinvención de un curso de paradojas persistentes (no es casual que en su escritura, sobre todo en sus últimos trabajos, sea recurrente la noción de la “paradoja señorial”). No implica tampoco una acumulación “positiva” de memoria histórica en línea progresiva hacia la “autodeterminación de las masas”, sino supone la revelación de cómo los sujetos particulares, producen, asientan y reproducen andamiajes y cargas constitutivas: de autodeterminaciones democráticas como también de amputaciones conservadoras.

Simplificando, la particular estrategia zavaletiana de develar las cosas nos ofrece un modelo analítico antiesencialista de entender la constitución de la nación. Son los momentos constitutivos que operan como marcas y matrices en el devenir político e institucional del país. Unos momentos pudieran estar en función a la sedimentación de un imaginario radical de Estado-nación en el que se manifiesta la acumulación de intersubjetividades de autodeterminación social: el proyecto nacional-popular. Un proyecto que remite, en tanto mito radical, al momento ancestral de la domesticación del hábitat de los Andes: el ser territorial (nacional) de los andinos. Y, otros, bajo diferentes facetas, desembocan en la imposición arbitraria y violenta de lo Colonial sobre nuestra construcción nacional (la denominada amputación procesual conservadora del proyecto u horizonte de visibilidad).

Ambos son los dos fondos históricos de la sociedad y del Estado, expresan momentos constitutivos y pulsiones que traban, empujan y entretejen las posibilidades y límites de la sociedad, el Estado y de la política como tal.

Ahora bien, no todo se sintetiza en esos momentos y pulsiones pero de ellos dependen gran parte de lo que ocurre y puede suceder, en tanto disponibilidad e intervención de lo social, sobre la forma estatal y sobre sí mismo.

Conocimiento e interés emancipatorio

La crisis como método no es propiamente un “método de conocimiento” como pretenden interpretar diversas intenciones académicas que traen consigo pretensiones de verdad o “descubrimiento”; esto es, un método armado desde la perspectiva del interés instrumental de revelación de lo social a través de la investigación inductiva/deductiva de la ciencia social (llámese crítica o no).

En rigor, para entender a cabalidad la propuesta de Zavaleta habrá que marcar la diferencia entre un formato de conocimiento vinculado a dar cuenta de los hechos para múltiples fines instrumentales: la investigación histórica, sociológica y/o politológica; y, por otra, siguiendo la argumentación habermasiana en torno a la relación entre interés y conocimiento, la que es de utilidad enteramente emancipadora respecto a su propio objeto o condición que, al parecer, fue la intención de Zavaleta para enunciar a la crisis como método de conocimiento.

En otras palabras, la crisis como método no es posible extrapolarla a una estrategia y declaración cognoscitiva de la ciencia social simple y llana sin tomar en cuenta la implicación política (histórica) que supone su despliegue, necesidad y uso práctico. En el fondo, lo que se propone con ella es salir de la convención gnoseológica en la que conocer implica descubrir, dejarse llegar por el objeto o fenómeno para luego intervenir en su control o dominación. El fin, el que se propone Zavaleta, es la revelación del hecho como práctica liberadora y producto común, solo así es posible pensar la emancipación o, en sus palabras, la autodeterminación social.

Me explico. Zavaleta no habla desde el presupuesto del investigador al margen del hecho, en él no hay un interés de indagación histórica, sociológica o politológica para demostrar una hipótesis y/o problematizar un asunto, él busca poner a disposición del conjunto (o más propiamente del sujeto social: la “masa” en su forma multitud) el conocimiento que la propia “masa” produjo y acumuló como “sentido común” e intersubjetividad social. En forma acotada, busca hacer evidente la posibilidad de conocimiento: “el movimiento general de la época” en tanto proyecto político construido y determinado localmente. Explicitar el “sentido común” acumulado y el “horizonte de visibilidad” producido para que sea la propia sociedad, como sujeto histórico, la que llegue a intervenir sobre sí misma.

Por ello sus hallazgos y aportes no son neutrales o fuera de contexto. Nociones como: “sociedad abigarrada”, “Estado aparente”, “hegemonía incompleta”, “hegemonía pobre”, “paradoja señorial”, “democracia como autodeterminación de la masa”, “lo nacional-popular” y todas las que incorpora como aportes hacia lo que Luis H. Antezana (1991a; 1991b) denomina una “epistemología local” de lo abigarrado y heterogéneo, son precisamente para revelar lo que fulgura como conocimiento en el “seno de la masa”, esto es, en la sociedad como expresión sedimentada de historias condensadas.

La crisis pone en evidencia además del fondo de la sociedad, el curso de superación de lo que se tenía como límite y/o “sentido común” antes de la crisis. En otras palabras, la crisis manifiesta la posibilidad de (auto) conocimiento y (auto) superación, pues no se conoce y explicita algo más allá de lo que la sociedad, en tanto intersubjetividad social, permite conocer.

En ese sentido, por ejemplo, la crisis del Estado del 52 será revelada a partir del momento de indicación de sus límites y superación ejercida por las masas en noviembre del 79, cuando la multitud sale en defensa de la democracia (re)instalada contra la asonada golpista del general Natusch Busch. Es en noviembre cuando la democracia representativa deviene en una idea o “proyecto de masa”, “pre-juicio” y “ambición común” que disloca al nacionalismo revolucionario. Solo hay crisis del Estado del 52 y de su ideologema: el nacionalismo revolucionario, cuando ocurre la incorporación de la democracia representativa en el bagaje de repertorios de lucha de las masas, de aquellas que precisamente se “habían educado en el vilipendio de ella”. Este es el dato novedoso que hasta el día de hoy reformula la idea de lo nacional-popular y de la autodeterminación de las masas.

Lo nacional-popular: la autodeterminación de las masas

Lo popular no necesariamente es lo nacional-popular y su eje motriz de configuración no necesariamente es o fue el proletariado minero solamente. La revisión histórico/sociológica que se propone Zavaleta en su programa de investigación: Lo nacional-popular en Bolivia es la de indagar el momento constitutivo del 52 después de lo ocurrido en la crisis de noviembre del 79. Escudriña la raíz del proyecto de Estado-nación oligárquico y, en el reverso, del proyecto de Estado-nación en clave nacional-popular puesto que, como sostiene conclusivamente Antezana (1991b), es en la “multitud” o “masa social” donde se “posibilita y/o problematiza, aun hasta su negación, la constitución de las formas estatales” (:56). Esta búsqueda de explicitación sociológica e histórica tiene un objeto/sujeto: “la multitud” que también es una forma de mencionar, en el límite de la enunciación, a la sociedad civil boliviana inmersa en su historia local.

Zavaleta se propone conocer la relación de correspondencia (o no) entre una u otra forma estatal (imaginada y/o puesta en marcha) y la(s) dinámica(s) de democratización social acaecida(s) en el país. Y, con ella, de las incorporaciones intersubjetivas que expresan la acumulación de experiencias y “sentidos comunes”, esto es: ofrecer una lectura de lo que somos “los bolivianos” en tanto productos históricos y particulares que crean y acumulan una identidad de pertenencia colectiva: el “común” inclusivo nacional.

De ahí que la noción de lo nacional-popular tiene un registro o rastro mayor, va más allá de lo obrero, de lo que desde el marxismo como teoría moderna “media-ideal” en sus palabras, pudiera lograr iluminar como conocimiento disponible de revelación y emancipación. Para Zavaleta lo nacional-popular contiene múltiples determinaciones, devela, como ya mencionamos, lo que ocurre en las venas y profundidades de la historia boliviana relativa a las dinámicas de articulación hegemónica y/o producción de conocimiento común.

Hegemonía, siguiendo a Antezana, no sobre la diversidad sino de la diversidad. Conocimiento que, mediante la crisis, se pone a disposición de la masa social para dar cuenta del fondo de las cosas respecto al estado de agregación, integración y dispersión de la sociedad; y, simultáneamente, del grado de ambición y “deseo común”.

De esta forma, a falta de un concepto operativo, lo nacional popular asume a la autodeterminación de las masas, la irrupción de la sociedad como un todo, en el factor que genera y reinventa el sentido de pertenencia e imaginario común. La autodeterminación de las masas son historias y estructuras condensadas de rebelión contra el Estado; pero, asimismo, se dirigen a él y, de ahí, son las que dejan huellas, marcas que establecen los cursos (presentes y futuros) de sentido y acción.

Esto es, una intersubjetividad social vinculada al imaginario de la nacionalización de la diversidad, de la producción de conocimiento o “realidad común” que es conceptualizada por Zavaleta como un producto de la articulación nacional-popular en aras de la construcción del Estado-nación donde despliega su impronta la propia diversidad social. Una intersubjetividad que va más allá de la “lógica de la fábrica”, de lo obrero/minero en Bolivia; y, con ello, de la “hegemonía incompleta” de los obreros como, también, de la “hegemonía negativa” del Estado aparente, de las clases y elites dirigentes.

Nación y democracia representativa: acumulaciones intersubjetivas

La condición intersubjetiva en realidad expresa el momento inestable de la relación entre las partes, de operación productiva de algo común (nuevo). Para explicar mejor, veamos el principio de intersubjetividad social descrito por Zavaleta en las Masas en noviembre:

“La crisis por tanto no solo revela lo que hay de nacional en Bolivia sino que es en sí misma un acto nacionalizador: los tiempos diversos se alteran con su irrupción. Tú perteneces a un modo de producción y yo a otro pero ni tú no yo somos los mismos después de la batalla de Nanawa; Nanawa es lo que hay de común entre tú y yo. Tal es el principio de intersubjetividad” (1983:19)

“La crisis de fines del 79 en Bolivia […] se refiere a un momento crucial de la autodeterminación nacional-popular […] de la transformación del instinto clásico de la autodeterminación en democracia representativa convertida en una ambición de masa” (:12).

Con todo: “La democracia, en cualquier forma, se convierte en una bandera de las masas, de masas que se habían educado en el vilipendio de ella” (:44)

Es decir, después de Nanawa (la Guerra del Chaco) la idea de Nación aparece como horizonte de visibilidad y, la idea de la democracia representativa después de noviembre del 79. Ambos permiten develar los alcances y límites de la constitución local del Estado en sus fases anteriores. Después de ambos hechos el dato es que nada será lo mismo ni nada será como antes.

En concreto, después de la Guerra del Chaco, “lugar sin vida donde los bolivianos fueron a preguntar en qué consistían sus vidas”, la Nación es un referente común, intersubjetivo, un deseo convertido en “pre-juicio” y, luego, juicio. Algo que, al inicio, desde la sociedad civil, no se sabía exactamente qué es y qué pudiera además ser, pero que se desea profundamente en forma irresistible e irreversible.

Por otra parte, en y después de noviembre de 79, cuando inéditamente se constituye la alianza obrero-campesina se reconstituye nuevamente la articulación nacional-popular. Inicialmente alianza obrero-campesina en las calles. Y, posteriormente, articulación nacional-popular cuando la ocupación y el control del territorio, ejercida por los campesinos indígenas a través del bloqueo y la toma de las carreteras, acaecen en la constatación fáctica del ejercicio y control del poder. Sólo cuando ocurre todo esto es que la democracia representativa deviene en el referente intersubjetivo de la sociedad o, por lo menos, de la mayoría de efecto estatal.

De ahí que en la Bolivia contemporánea no será posible pensar la política fuera de la Nación, de aquella intersubjetividad emergente en Nanawa (la Guerra del Chaco); ni al margen de la democracia representativa, el referente “nuevo” incorporado en noviembre del 79. Por ello es posible establecer que los dos momentos constitutivos de autodeterminación social identificados por Zavaleta en la historia contemporánea de Bolivia son: abril del 52 cuando “las impolutas hordas de los no se lavan entraron a la historia, cantando Siempre” y; noviembre del 79: cuando las masas entraron, por decir, nuevamente a la historia, al ejercicio y control real del poder político gritando: “viva la democracia”.

En otras palabras, la Nación y la democracia representativa son los ejes nodales de intersubjetividad social que no permiten que la política se circunscriba o congele en una estructura estable o anquilosada de poder. En todo caso la política es nacionalismo revolucionario y democracia representativa a la vez. Esos referentes y dispositivos están ahí, latentes en una línea horizontal y paralela, operan como ejes de posibles juegos y dinámicas hegemónicas de lo nacional-popular, de la autodeterminación de las masas.

Lo cual no equivale a mencionar que lo “otro”, lo Colonial, la amputación conservadora y señorial, ideología profunda del Estado y del poder en Bolivia, no opera como fondo histórico y matriz también constitutiva de lo social y del Estado. Lo Colonial también está vivito y coleando en el seno mismo de la sociedad, operando bajo distintos formatos que en su particularidad deviene en una constante conspiración contra lo nacional-popular. Es entonces que la deriva de la nación no es lineal ni pre-establecido como horizonte fijo; en todo caso es un resultado de las acumulaciones intersubjetivas como a la vez una apuesta y decisión política.

Hegemonía y lo político

Como mencionamos Zavaleta Mercado en su afán por construir o hallar categorías para explicar la dinámica de lo político bajo las condiciones históricas del país, reformuló un conjunto de nociones caracterizadas por él como de “media ideal” del marxismo occidental. Así, profundizó y radicalizó un conjunto de categorías de esta tradición política; entre ellas, la noción convencional de hegemonía entendida como relación de dominación lograda a través del consenso por parte de un sujeto (clase, identidad colectiva, bloque histórico) sobre la estructura diversa de la sociedad. En síntesis, profundizo el análisis del “modelo de irradiación”, expansión (articulación) de la impronta hegemónica de una clase o un sujeto al conjunto de la sociedad identificando sus paradojas y límites.

En su obra tardía, en particular enLo nacional popular en Bolivia (1986) y en Las masas en noviembre (1983), es posible hallar diversas reflexiones en torno a los límites de la constitución de los “sujetos nacionales” en sujetos hegemónicos. Como fue el caso del proletariado minero que a pesar de su explicita manifestación de fuerza en tanto representar a un “polo” del “poder dual” y de configurar su centralidad política respecto al conjunto de la sociedad, no logró imponer y/o desplegar su impronta hegemónica como directora y/o conductora del proceso de reforma intelectual y moral de la sociedad.

Zavaleta Mercado en estas incursiones analíticas y reflexivas va identificando y precisando los límites de la noción de hegemonía construida por la tradición marxista y, con ello, se va abriendo la posibilidad de construir un “otro” modelo analítico e interpretativo para explicitar lo político en el país.

En la investigación inconclusa: Lo nacional-popular en Bolivia reformula la idea “media ideal” o convencional de la hegemonía sustentada en la “capacidad” de un sujeto “nacional” por articular y/o dirigir al conjunto de la sociedad. Ahí, Zavaleta postula, a través de la revisión histórica, que la hegemonía antes que articulación lograda por un sujeto (una clase social, bloque o identidad política) es, más bien, un resultado colectivo, fruto de acumulaciones históricas e intersubjetivas que desembocan en momentos de “nacionalización” que las llamará: momentos de autodeterminación democrática “nacional-populares”.

Así, esos momentos “nacionalizadores” en los que la diversidad social produce un hecho común y reinventa y (re)significa un deseo acumulado, irán asentando e incorporando en el conocimiento social o memoria colectiva de la sociedad, referentes intersubjetivos, recuerdos y “horizontes de visibilidad”; esto es, “consensos normativos” que posibilitan y, a la vez, limitan los intercambios y desplazamientos políticos y/o directivos.

De acuerdo a ello, la hegemonía deviene en un producto histórico que se fija en la memoria y en los conocimientos prácticos de la sociedad (“sentidos comunes”). La operación es la siguiente: la vivencia de los hechos colectivos son interiorizados y acumulados por las “masas”, la sociedad civil, constituyendo de nueva cuenta a los sujetos colectivos en tanto unidad general o universal. Y, como ya mencionamos, esta unidad no se reduce ni es tan solo el resultado de las capacidades de “captura” o de intervención “activa” lograda por los sujetos políticos de impronta hegemónica (partido, clase, líder, Estado o gobierno).

De esta manera, la hegemonía pasa de ser considerada una forma de “darse de la política”, relativa a la constitución de una estructura de poder, a concebirse como una “condición general de la época”, “un movimiento general” o intersubjetividad social que, sin dejar de ser particular en tanto hecho histórico, se constituye en un “universal” que cubre al conjunto de la sociedad. Intersubjetividad que a su vez, en relación a las temporalidades históricas que acontece en la sociedad, se suma a las acumulaciones y/o recepciones intersubjetivas de carácter histórico-sociales.

En consecuencia, la mirada de Zavaleta Mercado respecto a lo político ya no se concentró tan sólo en la lógica gubernamental y estatal de la política, sino se desplazó y acertó hacia las formas de darse de la política que acontecen en las estructuras diversas y “abigarradas” de la sociedad civil boliviana. Lo político no se simplifica en la identidad con lo estatal, sino se expande, o mejor, emerge y sucede desde la sociedad civil inmersa en redes y estructuras sedimentadas o históricas.

Esta es al parecer la última apuesta política y ética de Zavaleta Mercado en torno a pensar lo político en Bolivia: la primacía de la sociedad civil, las “masas” y la “multitud”, respecto al Estado y sus arreglos institucionales. De esta manera, opera la transformación de la idea de hegemonía pensada como hegemonía en la diversidad -que con diferencias y matices encontramos en Antonio Gramsci y Ernesto Laclau (2005)- a la noción de la hegemonía de la diversidad donde la hegemonía es construida y sustentada “desde abajo”, desde la sociedad civil (Antezana, 1991).

“Hegemonía incompleta”: política “desde abajo”

De acuerdo a ello es posible inferir que la hegemonía -sus bases, los alcances y límites- se encuentra y estructura en la acumulación de experiencias y memorias históricas por parte de las masas o sociedad civil. Acumulaciones que, como ya dijimos y vale repetir, se expresan en la densidad organizativa y abigarrada de la sociedad civil boliviana (Antezana, 1991). Y, de esta manera, esta confrontación de la hegemonía en la diversidad versus la hegemonía de la diversidad, permite configurar una noción operativa de la hegemonía que también se encuentra en las reflexiones de Zavaleta Mercado: la idea de la hegemonía como “hegemonía incompleta”; esto es, como apunta Luis H. Antezana (1991), un recurso conceptual de “teoría local” para caracterizar la gestión del poder político (o impronta hegemónica) en las condiciones de la Bolivia contemporánea.

En síntesis la idea de hegemonía como “hegemonía incompleta” pretende dejar explícita que la hegemonía es una forma entre otras de “darse de la política”, responde a un modelo intersubjetivo de acumulación de memoria y conocimientos; y, asimismo, es siempre “incompleta” en tanto delimitación precaria del campo de juego de lo político. Ya que la hegemonía, a pesar de suturar el campo político, no deja en suspenso a la política (el mero hecho de subvertir y dislocar) que acontece desde su “afuera” o “periferia interna” o, muy a pesar de ella.

Entonces, la noción de hegemonía de la diversidad da cuenta a los formatos de “darse de la política” que son alternas y/o van en contra ruta o más allá de los confines de lo estatal y del poder establecido. Nos habla, en palabras de Benjamín Arditi (2005), de un “devenir-otro” de la política.

Empero, todo ello, no implica que estas “formas de darse” de la política “desde abajo” o “desde fuera”, por ser precisamente alternas y/o periféricas y, de exterioridad negativa en la medida de ir en contra ruta del paradigma convencional de la hegemonía, sean superfluas e inocuas. Su accionar “desde abajo” o desde “los lugares impropios”, procesada de manera subversiva e insurgente, también delimitan procesual e incrementalmente el campo político.

Son formatos de acción y de “autogobierno” que no fueron necesariamente articulados y/o hegemonizados por el ente directivo, o bien, tampoco buscaron desembocar en la articulación hegemónica; pero sí, llegaron a interactuar, negociar y replantear los contornos de la hegemonía y, para sí, de sus campos de acción o “autogobierno”.

Así, en la imagen del exceso, la idea de “otro” pluralismo no es la postulación de una sustitución del pluralismo existente (político-partidario o de expectativas y valores), sino de la presencia de un suplemento que, desde sus lugares “propios”, “exclusivos” o “no registrados por el ejercicio del poder”, replantean a su modo el campo de acción de las dinámicas de la política y la hegemonía.

Entonces, estos formatos de acción “desde abajo” o “desde afuera” son, también, resultados de la acumulación de experiencias prácticas (intersubjetivas) que son puestos en marcha y reinventados creativamente casi en forma autónoma por la diversidad social, para interactuar con el gobierno y el poder estatal. Y, en el marco de sus autonomías relativas, estos formatos establecen e (re)inventan las bases de la articulación hegemónica, como, también, amplían y/o modifican el campo de acción del “autogobierno” que controlan.

En otras palabras, el destino de la hegemonía es el fluir del juego político por lograr el “equilibrio inestable” entre las dinámicas de “abajo hacia arriba” y de “arriba hacia abajo”. Nuevamente como en el caso de la nación un constante fluir donde la política es a la vez sedimentación, pluralismo y contingencia. El logro o no de resultados óptimos es lo que caracteriza al acontecer de lo político en Bolivia.

Referencias bibliográficas

Arditi, Benjamin (2005) “El devenir-otro de la política: un archipiélago post-liberal” en Benjamín Arditi (ed.) Democracia post-liberal? El espacio político de las asociaciones. Barcelona: editorial Anthropos.

Antezana, Luis H. (1991a) Dos Conceptos en la obra de René Zavaleta Mercado, Latin American Studies Center de la Universidad de Maryland.

Antezana, Luis (1991b) La diversidad social en Zavaleta Mercado, CEBEM: La Paz.

Antezana, Luis H. (2009) “La crisis como método en René Zavaleta Mercado” en Decursos Revista de Ciencias Sociales, Año XI, Número 20, CESU-UMSS, p. 160-184.

Laclau, Ernesto (2005) La razón populista. Buenos Aires: FCE.

Zavaleta, René (1983) “Las masas en noviembre” en Bolivia hoy, Siglo XXI: México.

Zavaleta, René (1986) Lo nacional popular en Bolivia, Siglo XXI: México.



* Politólogo. PhD en ciencias sociales y políticas por la Universidad Iberoamericana de México (UIA). Investigador del Centro de Investigaciones Sociales de la Vicepresidencia del Estado (CIS). fgarciayapur@yahoo.com. Recibido 21/02/16. Evaluado 05/05/16