DISEÑO PARTICIPATIVO DE UN ESPACIO PÚBLICO EN EL CASCO HISTÓRICO DE SEVILLA

Juan Santiago Palero

Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional de Córdoba.

ORCID ID: https://orcid.org/0000-0002-3994-2607

E-mail: juan.santiago.palero@unc.edu.ar

 

Esteban de Manuel Jerez

Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad de Sevilla.

ORCID ID: https://orcid.org/0000-0002-6548-1699

E-mail: edemanuel@us.es

 

Resumen

Desde los años noventa del pasado siglo, el casco norte de la ciudad histórica de Sevilla, se transformó en un laboratorio de innovación social en materia de urbanismo emergente, resistencia a la gentrificación y producción social de espacios públicos autogestionados (Barber et al., 2006). La disputa por el uso público de un solar, sobre el que la iniciativa vecinal reclama la creación de un “Pulmón Verde” para el barrio, es el último eslabón de una larga cadena de experiencias innovadoras de urbanismo emergente.

Este trabajo registra el avance del proceso participativo impulsado por un grupo motor ciudadano, en colaboración con un equipo de investigación acción participativa de la Universidad de Sevilla, del que los autores forman parte, para generar un espacio público verde en un solar del casco norte. Inicialmente, el ayuntamiento pretendía construir viviendas, ante la movilización vecinal, se comprometió a incorporar la participación de los vecinos en la decisión sobre el destino del solar.

A partir de la colaboración técnico-vecinal se construye la base del triángulo de la gestión social del hábitat (Ortiz Flores, 2007; Romero, 2008; de Manuel Jerez, 2010); se proponen satisfactores sinérgicos (Max-Neef et al., 1986); y se elabora una dinámica lúdica de diseño participativo para presentar a la administración municipal y al vecindario. Para concluir, este trabajo extrae algunas reflexiones sobre las ventajas de la participación activa de los vecinos en el proceso de diseño frente a otras concepciones meramente consultivas del diseño participativo.

Palabras claves: Diseño participativo; producción social del hábitat; barrios en transición; espacio público; investigación; acción participativa.

Fecha recepción: 11 de septiembre de 2021

PARTICIPATORY DESIGN OF A PUBLIC SPACE IN THE HISTORIC CENTER OF SEVILLE.

 

 

 

 

Abstract

Since the 1990s, the northern part of the historic city of Sevilla has been transformed into a laboratory for social innovation in terms of emerging urban planning, resistance to gentrification, and social production of down-to-top managed public spaces (Barber et al., 2006). The debate on the public use of a plot, on which neighborhood initiative calls for a "Green Lung" for the quarter, represents the last instance of a long series of experiences referred to emerging urbanism.

This article reviews the participatory process initiated by an active group of citizens, in collaboration with a participatory action research team of the University of Sevilla, of which authors take part, to generate a green public space on a plot of the northern part of the city. Initially, the city council intended to build a housing complex, when neighborhood mobilization began, the authorities promised to carry out a participatory process to discuss the fate of the site.

The collaboration between neighbors and technicians allows the building of the base of the triangle of social management of habitat (Ortiz Flores, 2007; Romero, 2008; de Manuel Jerez, 2010); and after agreeing on synergistic satisfiers (Max-Neef et al., 1986), the group proposes a participatory design methodology to neighbors and local authorities. To conclude, this article discusses advantages of active participation of neighbors in design compared to other merely consultative approaches to participatory design.

 

Key words: Participatory design; social production of habitat; neighborhoods in transition; public space; participatory action research.

Fecha aceptación: 09 de mayo de 2022


1 Introducción

El siguiente texto reflexiona sobre los pasos realizados junto a un grupo de vecinos en el diseño participativo de un espacio público para un solar expropiado por el ayuntamiento en la década de los ochenta que ha permanecido sin uso desde entonces.

 Este proyecto constituye el más reciente episodio dentro de una larga trayectoria de autogestión vecinal por dotar al barrio de espacios públicos y ejercer el derecho a permanecer viviendo en el casco histórico. Derecho amenazado por la presión de los procesos de gentrificación iniciados con el Plan Urban 1994 (Díaz Parra, 2011) y renovados en los últimos años en forma de turistificación (Parralejo Sánchez & Díaz Parra, 2021).

La estructura de este texto comenzará abordando los antecedentes históricos que condicionan el proyecto, continuará con una breve presentación del enfoque metodológico que orienta la vinculación entre la mirada técnica de los profesionales y el quehacer cotidiano de los vecinos. Dentro de las etapas de trabajo, se analizarán los pasos realizados a lo largo del periodo revisado. Este raconto servirá para profundizar, en el apartado de la discusión, algunas consideraciones sobre la instancia actual del proceso frente a la posibilidad de decidir el diseño a partir de una votación a distancia, tal como propuso el gobierno municipal en la última etapa revisada. En las conclusiones se destacan algunos aprendizajes que pueden ser extrapolados en futuras intervenciones de diseño participativo.

El solar en cuestión, de aproximadamente 2400 metros cuadrados, se ubica entre las calles Divina Pastora 28 y Arrayán 19, en una porción del casco norte de la ciudad de Sevilla conocida como barrio San Luis. Se trata de un entorno densamente poblado donde conviven edificios históricos de alto valor patrimonial, como La iglesia de San Luis de los Franceses, el Palacio de los Marqueses de Algaba o la Real Parroquia de Omnium Sanctorum, en un tejido donde predominan viviendas colectivas centenarias de tres o cuatro pisos. Desde una perspectiva histórica, la ampliación del recinto amurallado hacia el norte, en época almohade, generó una estructura de grandes manzanas edificadas sólo en su fachada junto a calles que se fueron consolidando con orientación predominante hacia las nuevas puertas ubicadas al norte de la ciudad. En la gradual edificación, estas manzanas se fueron fragmentando, densificando así la ciudad con una rica combinación de espacios residenciales, comerciales, dotacionales industriales y artesanales.

El solar se ubica entre las calles San Luis y Feria, vías estructurantes con salida a las puertas de la muralla, donde se produjo un intenso proceso de densificación de la trama urbana apenas interrumpida por una secuencia de calles estrechas perpendiculares a las anteriores. Tras la guerra civil, que tuvo en este sector popular un frente de resistencia al levantamiento fascista, el área entró en un largo periodo de abandono por parte del municipio. En la década de los ochenta, el barrio fue objeto de análisis urbanos dirigidos por el arquitecto Franscisco Torres siguiendo la estela de la escuela italiana de “Arquitectura de la Ciudad” (Rossi, 1995; Pozo Barajas, 2004). Estos análisis desvelan la génesis de la trama urbana singular del sector y sirvieron de base para definir un Área de Rehabilitación dentro del Plan General de Ordenación Urbana de 1988 (P.G.O.U).  Plan que fue desarrollado en parte, mediante un Plan Urban (1996-2000) europeo que trató de poner freno al proceso de deterioro físico y social que se había producido en este sector durante la segunda mitad del siglo XX. El Plan despertó el interés especulativo sobre el sector, que sufrió un fuerte proceso de “especulación anunciado” (Cantero et al., 1999). Este proceso, acompañado de proyectos municipales mal enfocados, como el proyectado de aparcamiento subterráneo bajo la emblemática Alameda de Hércules, dieron lugar a la catalización de un movimiento de resistencia y construcción de modos alternativos de producir y gestionar el espacio público (Barber et al., 2006). Entre los logros de este movimiento, puede mencionarse el replanteamiento del citado proyecto sobre la Alameda, la salvaguarda de la Casa de Vecinos del Pumarejo (Hernández Ramírez, 2008) y su utilización como centro vecinal auto gestionado (en su planta baja), o la gestión como espacio público del Huerto del Rey Moro (Arredondo, 2017), dónde el P.G.O.U. preveía una promoción de vivienda protegida.

 

Figura 1: Vista superior del sitio. Fuente: google maps.

Figura 2: Vista a vuelo de pájaro desde el norte (calle Arrayán). Fuente: google maps.

El espacio a diseñar se compone de seis parcelas que a principios de los años ochenta fueron adquiridas mediante expropiación por el ayuntamiento para construir un equipamiento educativo. Mientras otros proyectos similares se construyeron en inmediaciones del sector, este solar permaneció abandonado hasta comienzos de la segunda década del siglo veintiuno. Las notas periodísticas y el testimonio de los vecinos dan cuenta de un reclamo de los iniciales propietarios, dado que la expropiación no puede tener como resultado un terreno en estado de abandono (Benítez, 2019; Ameneiro, 2021) . Ante la posibilidad de que este solar se utilice para la construcción de vivienda de promoción privada, la ciudadanía se organizó en torno a la consigna de generar un pulmón verde para el sector. Desde principios del año 2019, un grupo motor de vecinos comenzó una tarea de organización horizontal orientada hacia la visibilizarían de la problemática, juntaron más de dos mil firmas en diferentes eventos públicos y realizaron una campaña de difusión desde internet con un blog y en diferentes redes sociales. Esta difusión de la problemática se complementó con tareas de comunicación institucional para organizar una red de apoyo que logró la adhesión de más de cincuenta organizaciones de escala barrial, nacional e internacional, incorporando en la trama institucional tanto a los grupos de padres de las escuelas del barrio como a entidades nacionales e internacionales de la talla de la Organización Nacional de Ciegos Españoles (ONCE) o Greenpeace.

Figura 3: Reunión organizativa y mesa de recolección de firmas, actividades impulsadas por el grupo motor de vecinos durante el 2021. Fuente: Colectivo vecinal Pulmón Verde.

La campaña de difusión alcanzó repercusión en diferentes medios de comunicación de la región, pero más importante aún, logró instalar el tema en la agenda pública. En la sesión plenaria de febrero de 2021, la junta municipal de distrito aprobó solicitar al Ayuntamiento la declaración del terreno como Área Verde. Como resultado de esa instancia, el delegado del distrito manifestó a los vecinos la idea de realizar una consulta a los vecinos sobre el solar en cuestión, pero sin intenciones de establecer fechas de reunión, ni plazos cercanos. Frente al riesgo de dilatar el proceso, y disminuir la movilización vecinal alcanzada, el grupo motor decidió dar un paso propositivo hacia la elaboración de un proyecto participativo de espacio público capaz de dar respuesta a las problemáticas del lugar. Es en este punto de la organización vecinal cuando se estableció el contacto con el grupo de investigación ADICI-HUM810 de la Universidad de Sevilla especializado en diseño y acompañamiento de procesos participativos de Producción y Gestión Social del Hábitat[1].

A partir del intercambio entre técnicos y ciudadanos se dieron los primeros pasos necesarios para presentar al ayuntamiento un avance de proyecto de espacio público verde elaborado junto a los vecinos, en base a sus requerimientos y preferencias. Sin embargo, durante la última etapa de trabajo, comienza a emerger un obstáculo que pone en peligro el proceso realizado. Cuando los vecinos gestionaban el uso temporario del sitio, autoridades del ayuntamiento manifestaron la intención de someter el destino del solar a una votación telemática entre diferentes proyectos íntegramente realizados por las oficinas técnicas municipales que contemplaban tres escenarios: toda vivienda, todo parque, uso mixto de residencial y parque. Lejos del desánimo, esta contrapropuesta por parte del ayuntamiento, permite abrir una instancia de debate que se detalla en la discusión de este artículo. Si bien el avance del proyecto y las gestiones para llevarlo a cabo continúan en progreso, este texto permite dar cuenta de la metodología de investigación acción participativa (I.A.P.) empleada (Colmenares, 2012), los resultados alcanzados hasta el momento y los debates suscitados.

Figura 4: Estado actual del solar. A la izquierda se aprecia el límite sobre la calle Divina Pastora, y a la derecha una fotografía tomada por sobre el límite de calle Arrayán. Fuente: Colectivo vecinal Pulmón Verde.

2 Metodología

La contribución del grupo de investigación acción participativa de la Universidad de Sevilla al proceso iniciado por los vecinos se orientó según los criterios de la Producción Social del Hábitat, enfoque que prioriza las necesidad de la población por sobre la lógica del lucro o las oportunidades de negocios en la ciudad (Pelli, 2010). Al hablar de producción social se busca incluir a una multiplicidad de actores que interactúan a lo largo de “procesos generadores de espacios habitables, componentes urbanos y viviendas” (Ortiz Flores, 2007, 31). Lejos de considerar la arquitectura o el urbanismo como objetos o escenarios estáticos, este abordaje se concentra en los procesos que convergen y se desencadenan en las transformaciones del ambiente construido con la participación en la toma de decisiones de sus habitantes en todas las fases del proceso. Por otro lado, el término Hábitat apunta a reflejar la integralidad de la mirada para abarcar “la interacción de factores espaciales, económicos, sociales, culturales y políticos que facilitan o limitan el acceso a todos los bienes y servicios que la sociedad produce” (HIC-LA, 2018). Por último, este enfoque requiere acompañar la construcción lenta y gradual gestada desde la vida cotidiana de la población (Pelli, 2010), como “un esfuerzo conjunto, de que las políticas, los instrumentos, los programas, los recursos, las acciones y los profesionales apoyen los esfuerzos de la población por construir un hábitat más justo, equitativo y sustentable” (Romero & Mesías, 1999, 6).

Desde el punto de vista epistemológico, este trabajo se apoya en la construcción colectiva del conocimiento a través de la interacción entre saberes técnicos y saberes populares (de Manuel Jerez, 2010; López Medina, 2010; de Manuel Jerez & López Medina, 2017). La función del equipo técnico es aportar a un proceso colectivo que permita identificar necesidades prioritarias y acompañar la gestión de posibles satisfactores desde el mismo entorno que se propone transformar. Las acciones implementadas en el territorio se encuadran en el marco de la Investigación Acción Participativa (IAP), donde el mejoramiento de las condiciones ambientales forma parte de un proceso epistemológico grupal más amplio orientado a “la toma de conciencia crítica de la población sobre su realidad, su empoderamiento, su movilización colectiva y su acción transformadora” (Valderrama, 2013, 60). Se trata de una metodología que establece una constante retroalimentación triangular en dos planos diferentes (de Manuel Jerez, 2010). En cuanto a la agenda, se establece un constante intercambio entre actores de la gestión pública (funcionarios/políticos), técnicos y vecinos. Mientras que, en el plano académico, se produce una retroalimentación triangular donde intervienen la Investigación, la Docencia y la Extensión Universitaria en el territorio (de Manuel Jerez & Donadei, 2018).

 

Figura 5: En el caso del Pulmón Verde en Divina Pastora-Arrayán se produjo una confrontación entre el proceso de construcción del triángulo de la Gestión Social del Hábitat de abajo a arriba, por iniciativa vecinal, y la pretensión municipal de reconducirlo a un proceso consultivo de arriba a abajo que de facto anularía la iniciativa de Gestión Social iniciada. Fuente: Elaboración propia a partir de Manuel Jerez, 2010, 18).

En este esquema de construcción triangular de la Gestión Social del Hábitat, el tema de la participación cobra un rol protagónico que amerita ser detallado como parte de la metodología de abordaje. Para dar cauce a la iniciativa vecinal de transformar el solar en un Pulmón Verde diseñado participativamente, el primer paso es planificar una estrategia para construir el triángulo cooperativo de la gestión social del hábitat, de abajo a arriba. Para ello, se propone llevar al ayuntamiento de Sevilla una propuesta de diseño participativo, resultado de la colaboración técnico-vecinal, buscando el acuerdo con el ayuntamiento de Sevilla para validar el proceso de gestión social y diseño participativo propuesto, y hacerlo vinculante.

La figura 5 muestra la confrontación entre la visión del proceso construida por la iniciativa vecinal en colaboración con la asistencia técnica del grupo de I.A.P. ADICI-HUM810 de la Universidad de Sevilla y el enfoque municipal que busca reconducir el proceso desde un marco de gestión pública consultiva. En este segundo modelo son los técnicos municipales de la Gerencia de Urbanismo quienes diseñan los escenarios propuestos por el gobierno municipal para que los técnicos en Participación Ciudadana los sometan a la consulta de la población del Distrito del Casco Antiguo de Sevilla.

Desde el punto de vista conceptual, el enfoque del grupo ADICI adhiere a la corriente sociológica iniciada por Sherry Arnstein, quien consideraba que la participación puede implementarse en diferentes niveles. Desde esta mirada, los procesos participativos alcanzan resultados significativos recién en sus umbrales superiores, cuando se logra pasar desde instancias consultivas hacia una verdadera gestión colectiva (Arnstein, 1969). Este enfoque entra en confrontación con el planteamiento meramente consultivo propuesto por el ayuntamiento de Sevilla.

El enfoque del grupo de investigación se orienta a la construcción del triángulo de la gestión social del hábitat de abajo a arriba, construyendo la base del triángulo sobre el vínculo cooperativo técnico-vecinal. En la puesta en práctica de estas ideas, cada paso dentro de las líneas de acción propuestas busca alcanzar los mayores niveles de cohesión y fortalecimiento colectivo. Esta apuesta por el empoderamiento de los vecinos se mantiene incluso cuando requieren ciertos retrocesos en las etapas de diseño. Es por eso que el avance del proyecto participativo sigue un proceso diferente a la linealidad de los proyectos que se implementan desde arriba hacia abajo. En el camino propuesto, es posible retroceder en decisiones proyectuales para apostar por la construcción de decisiones mejor consensuadas. A fin de cuentas, es la constante construcción de acuerdos aquello que garantiza mayor identificación de los vecinos y vecinas con el proyecto.

En cuanto a la actividad proyectual, el abordaje participativo permite un adecuado equilibrio entre diversidad y austeridad. Además de sumar diferentes opiniones, con múltiples intereses particulares, al someter las decisiones y los recursos disponibles a una deliberación colectiva, el proyecto puede depurarse según las prioridades asignadas por los vecinos como colectivo. Retomando las ideas de Max-Neef y Elizalde en busca de un desarrollo con rostro humano, se propone incorporar el concepto de satisfactores complejos (Max-Neef, Elizalde y Hopenhayn, 1986). En el ámbito del diseño participativo representan la posibilidad de dar respuesta a las necesidades de la población desde una perspectiva de sistemas. Los satisfactores complejos rompen la lógica analítica donde cada espacio (o elemento) cumple una función específica y estable, para pensar en el proyecto desde la progresividad, adaptabilidad y flexibilidad. De tal modo, los elementos que se conjugan en el proyecto pueden construirse gradualmente de acuerdo a un orden de prioridades y factibilidad, son lo suficientemente híbridos como para cumplir múltiples funciones y pueden combinarse o cambiar -de acuerdo a los requerimientos del contexto- para ampliar la cantidad de necesidades a las que dan respuesta.

 

El rol del Grupo de Investigación Acción Participativa

Para comenzar a desglosar la construcción del triángulo entre técnicos, ciudadanos y políticos, es importante comentar que el grupo de investigación fue coordinado por (Autor 2), responsable del grupo de investigación ADICI, como parte de una vasta trayectoria en I.A.P. encarada desde la Producción y Gestión Social del Hábitat. En este camino se forjaron una serie de espacios interdisciplinarios en torno al hábitat, como el Seminario de Arquitectura y Compromiso Social (1993), la Red Ciudadana La Sevilla que Queremos (2004), el Taller de Barrios (2000), Hábitat y Desarrollo (2004) y el Aula Digital de la Ciudad (ADICI, 2006), desde donde establecer vínculos en la construcción del derecho a la vivienda y la ciudad. En el caso particular del Pulmón Verde, algunos integrantes del grupo motor de vecinos conocían o habían formado parte de de las experiencias impulsadas desde estos espacios y solicitaron apoyo en tareas específicas relacionadas con la ejecución del proyecto luego de que el ayuntamiento planteara la posibilidad de realizar un diseño participativo. El registro de las etapas de trabajo formó parte de las tareas realizadas por (Autor1) en el marco de una estancia posdoctoral con financiación de la Asociación Universitaria Iberoamericana de Posgrado (AUIP). También formaron parte del equipo inicial la Doctora Marta Donadei, investigadora del mencionado grupo ADICI, y la arquitecta Apolet Oteiza, maestranda en el Master de Gestión Social del Hábitat de la Universidad de Sevilla. Posteriormente se incorporó el botánico José Manuel Rodíguez para asesorar con respecto al tratamiento de la vegetación en el espacio público.

 

Ciudadanos

Con respecto a la ciudadanía, al utilizar el término vecinos, este trabajo retoma una larga tradición de organizaciones barriales en pugna por mejorar las condiciones de vida en la ciudad. Responde en primer término a una situación de proximidad con respecto a las problemáticas abordadas. Frente a una visión deslocalizada de los colectivos, este artículo enfatiza su vínculo con las condicionantes espaciales, al considerar que “habitar no es una práctica neutra, sino que es una acción especializada” (Pedrazzini, Bolay, & Rabinovich, 2007). Por otra parte, el término vecinos remite también a un punto de vista y a una práctica desde la cotidianidad, marcada por la riqueza de las experiencias, más que por la sistematicidad del saber especializado organizado por las academias. Por último, al hablar de vecinos se busca romper la pasividad de algunos términos arquitectónicos como “usuarios” que se limitan a cumplir con las funciones predefinidas por los técnicos. Por el contrario, se asume en el término vecinos el derecho a mejorar gradualmente la ciudad desde el compromiso cotidiano. Desde un punto de vista histórico, los movimientos vecinales cobraron protagonismo a partir de mediados del siglo veinte  (Montañés Serrano, Piñero Aguiar, & Enet, 2021). Las asimetrías en la tecnificación de las regiones alentaron las migraciones hacia las grandes ciudades donde la población se alojó en localizaciones periféricas  o en intersticios de la ciudad que no contaban con las condiciones de infraestructura necesarias para el ejercicio pleno de la ciudadanía (Castrillo Romón & Morell, 2021; Donadei, 2021). En las últimas décadas del siglo veinte, la lucha colectiva por mejorar los barrios se convirtió en uno de los pilares en la construcción de una ciudadanía democrática frente a las amenazas dictatoriales que tiñeron el panorama político tanto en España como en Latinoamérica.

 

Políticos

Por tratarse de un proceso aún en desarrollo se considera conveniente evitar una caracterización cerrada y definitiva de cada uno de los actores públicos intervinientes. Desde la Gerencia de Urbanismo el propósito inicial era vender el solar para viviendas y destinar los recursos obtenidos a financiar otros proyectos en la ciudad. Desde el Distrito se apoya la idea de generar un parque público equipado en el solar.

Para resolver este conflicto, ante la petición vecinal elevada al pleno para destinar el solar a un pulmón verde, el ayuntamiento en su sesión plenaria de febrero de 2021 se comprometió a realizar un proceso consultivo a cargo del área de participación ciudadana, encargando a la gerencia de urbanismo que presente tres proyectos alternativos entre los que elegir. Dichos proyectos presentarán tres escenarios alternativos de uso: toda vivienda, parque equipado, uso mixto vivienda parque. Luego de esta sesión plenaria, el grupo motor de vecinos pidió asesoría al grupo de investigación ADICI para el diseño participativo del espacio y pusieron en marcha mesas informativas y consultivas sobre los usos que el vecindario requería para el solar.

En paralelo, solicitaron y mantuvieron reuniones con funcionarios y cargos políticos del ayuntamiento para presentar una propuesta cooperativa de diseño participativo impulsada de abajo a arriba, consensuada con el ayuntamiento y planteada como experiencia piloto de cocreación de espacios públicos que visibilice el compromiso municipal de promover iniciativas de este tipo en el marco de la New Bauhaus (Andalucía Información, 2021). Pese a estar informados sobre el avance de este proceso de diseño por parte de los vecinos, en las reuniones mantenidas en la última etapa de trabajo abordada por este artículo, el ayuntamiento mantiene su posición de reservarse la última palabra sobre el tema y no termina de reconocer y apoyar la iniciativa vecinal. Las diferencias entre las distintas concepciones de participación serán abordadas con mayor detenimiento en la discusión de este artículo. Para sintetizar el camino realizado, a continuación, se exponen los resultados alcanzados entre abril y agosto del 2021, siguiendo una secuencia aproximadamente cronológica de siete etapas.

3 Etapas de trabajo

Etapa 1: Presentación, compromiso y elaboración de líneas de acción

Esta etapa comenzó con la participación del equipo técnico en una reunión vecinal abierta, convocada por un grupo motor de vecinos, en una plaza cercana al solar. Esta convocatoria tenía una connotación particular para los vecinos dado que volvían a reunirse luego de un periodo marcado por las restricciones del COVID-19. En dicha reunión, se presentaron los integrantes del grupo técnico y se definieron las funciones del equipo dentro del proceso.

Hay que destacar la recepción positiva de la propuesta de trabajo, no sólo por parte del grupo motor, sino principalmente de aquellos vecinos que tenían una participación periférica en la iniciativa. La presencia de actores vinculados a la universidad ayuda a legitimar y visibilizar el camino iniciado desde las bases de la ciudadanía. Por otro lado, la mirada externa en los procesos participativos, a la manera de crossbencher (Miessen, 2014), permite objetivar las dinámicas para superar instancias de discusión circulares y asumir una postura estratégica. Por ejemplo, antes de cerrar la reunión, desde el equipo técnico se propuso la elaboración de una serie de líneas de acción que condicionaron la evolución de las etapas posteriores.

Las líneas de acción pueden sintetizarse en:

1.1 Difusión: Visibilizar la problemática, incorporar nuevos actores y adhesiones.

1.2 Conformación de una red: Posibilitar el intercambio con otros colectivos que iniciaron un proceso de transformación del espacio público desde la lógica de la Producción Social del Hábitat.

1.3 Experiencia situada: Solicitar uso temporario del solar para realizar una jornada de trabajo que permita visitar el lugar y reconocer sus particularidades desde la vivencia.

1.4 Legajo gráfico y proyecto: Elaborar un soporte gráfico para registrar las características del solar que permitan iniciar un proyecto arquitectónico, reconociendo sus dimensiones, topografía, vegetación, preexistencias constructivas, condicionantes del entorno construido inmediato y relación con las dinámicas urbanas. Para abordar este desafío, debe mencionarse la labor de la arquitecta maestranda Apolet Oteiza, quien se encargó de unificar las piezas gráficas de cada instancia de discusión con los vecinos.

Etapa 2: Recepción de la demanda

En esta segunda etapa el equipo de profesionales se incorporó a las gestiones que avanzaban en la conformación de una red de espacios públicos surgidos a partir de iniciativas vecinales. En esta línea de acción (1.2) se estableció un vínculo con el arquitecto Santiago Cirugeda (Recetas Urbanas, 2016), con quien se realizaron algunas reuniones para coordinar estrategias con respecto a la viabilidad legal administrativa de los espacios vecinales, la obtención conjunta de financiamiento y la materialización final de los espacios a diseñar.

Por otra parte, desde el equipo profesional se inició la elaboración de una estrategia particular para el desarrollo de la línea de acción 1.4, cuyo objetivo principal era el desarrollo de un proyecto de espacio público para construir en el solar en cuestión. Desde la primera reunión con los vecinos el requisito de un espacio verde para el barrio se complementaba con una serie de demandas orientadas a brindar soporte a las actividades del complejo entramado social del barrio. Esta doble necesidad de generar un espacio con abundante vegetación, pero incorporando a su vez diversas actividades socio-culturales nunca se consideró como una contradicción sino como una complementariedad sinérgica.

Para encontrar la combinación adecuada de actividades que debían desarrollarse en este espacio público, se inició un proceso de “construcción de la demanda”. No se trataba simplemente de la elaboración de un programa como listado abstracto de funciones. Por el contrario, requería un proceso de intercambio entre vecinos para potenciar aquellas funciones con mejor recepción y con mayores posibilidades de satisfacción según las condicionantes del contexto. Del mismo modo, el diálogo serviría para dejar de lado aquellas funciones que pudieran resultar inconvenientes para el sitio o con menor grado de adhesión entre los vecinos.

Siguiendo esta propuesta, el grupo motor de vecinos aprovechó sus habituales mesas de recolección de firmas para dialogar con otros vecinos sobre las actividades que se requerían en el sitio. A partir de tres mesas, instaladas en el paseo de la Alameda, en el centro cultural de Casa de Pumarejo y en el Mercado Feria, se elaboró un extenso listado que combinaba requisitos funcionales, elementos arquitectónicos, infraestructuras y actividades. Esta combinación inicial resultaba algo ambiciosa y desordenada desde una mirada técnica, pero lejos de descartar el listado se propuso al grupo motor comenzar a ordenarlo gradualmente. Esta tarea, permitió a los vecinos iniciar un camino de depuración y jerarquización de prioridades, a través del cual arribaron a un listado de actividades dividido según grupos de afinidad (ver tabla 1).

Tabla 1: Listado de actividades ordenadas por afinidad

Jóvenes:

Rocódromo

Pared para graffitis

Local de ensayos insonorizado

Espejo para coreografías

Adultos mayores:

Petanca

Aparatos de gimnasia

Bancos para permanencia

Infraestructuras varias:

Baños

Guías para personas no videntes

Bancos

Mesas

Papeleras

Compost y Reciclaje

Local para la asociación de vecinos

Bicicletero

Placas fotovoltaicas para la iluminación

Infantes:

Juegos

Arenero

Tirolina

Pizarra para dibujar

Tobogán tubular

Elementos livianos para mover y manipular

Deporte:

Piscina

Pista de baloncesto

Campo de fútbol

Cancha de voleybol

Cultura:

Talleres de formación botánica

Apoyo escolar

Cine de verano

Gradería y escenario

Animales:

Canil

Paseo para animales

Zona para mascotas

Casas para mariquitas y mariposas

Agua:

Fuente con cascadas

Juegos de agua

Fuente: Elaboración propia a partir de datos compilados por el grupo motor vecinal

Etapa 3: Un anteproyecto para criticar

Las discusiones sobre requerimientos del sector podrían ser infinitas si no se establecen algunos anclajes con la realidad, como referencias visuales o representaciones que permitan acercar la multiplicidad de opiniones hacia un punto de convergencia de mayor objetividad. Por eso, para romper el hielo y escapar a la angustia de la página en blanco, el equipo profesional comenzó a realizar un anteproyecto buscando interpretar las diversas y complejas demandas surgidas en el diálogo con los vecinos. El objetivo de estos primeros trazos no era anticipar la forma final del proyecto sino motivar la discusión sobre las premisas planteadas.  Por otro lado, un efecto secundario de este proyecto inicial, fue que los vecinos comenzaron a percibir el valor simbólico del proyecto: como estandarte y como brújula. El grupo motor percibe que luego de tantas gestiones realizadas, el fruto de su lucha comienza a adquirir una dimensión espacial. Y, más allá de motivar un sentimiento de orgullo, el proyecto actúa como una meta hacia donde avanzar. Es un escenario objetivado en un lenguaje gráfico arquitectónico que sirve para sumar voluntades y orientar las demás acciones.

Para la elaboración de este primer anteproyecto fueron de gran utilidad las teorías elaboradas por dos pioneros del diseño participativo: Nicholas John Habraken y Christopher Alexander. La Producción Social del Hábitat reinterpreta el aporte de estos arquitectos en dos sentidos diferentes.

Las ideas de Habraken se asocian a la incorporación del tiempo en el proyecto, propone generar acuerdos sucesivos a lo largo del proceso de diseño que permitan establecer una estructura inicial abierta a completamientos y reajustes posteriores. En el caso particular de este proyecto, las ideas de Habraken permitieron iniciar el diseño de los elementos que estructuran el proyecto, previendo una posterior definición más detallada de los elementos secundarios. Por otra parte, Alexander es ampliamente reconocido por abordar el diseño desde la recuperación de la memoria del lugar, indagando en los recuerdos y sentimientos de la población con respecto al entorno a transformar. En el contexto de alto valor patrimonial donde se localiza el proyecto, las ideas de Alexander permitieron incorporar las complejas demandas del programa utilizando referencias morfológicas y espaciales cercanas al imaginario de los vecinos. Por ejemplo, en este primer proyecto, se retoman de la arquitectura andaluza el ingreso a través de arcos o zaguanes, el ahuecamiento de algunos muros preexistentes para generar ventanas y hornacinas, el tratamiento de las medianeras con apliques como cerámicos o macetas, las diferencias en el plano de piso, las galerías o logias con vegetación, e incluso la presencia de una torre (ver figuras 8 y 9).

Si bien, algunos detalles de este proyecto inicial fueron perdiendo fuerza en correcciones sucesivas, las siguientes características generales fueron mantenidas, reinterpretadas y reforzadas:

3.1 Organización en bandas con relativa flexibilidad

Para incorporar gradualmente la diversidad de actividades propuestas por los vecinos, se elaboró un sistema flexible. Es decir, una organización espacial inicial que pueda corroborarse, reajustarse y terminar de definirse junto al trabajo con los vecinos. Siguiendo las ideas de Habraken, se definieron dos bandas de actividades agrupadas por compatibilidad. Hacia el este se ubicaron las actividades con menor impacto a nivel sonoro, pensadas principalmente para adultos mayores y niños, también para disfrute paisajístico y para el paseo de mascotas. Sobre el costado oeste se localizaron actividades más ruidosas y de uso más intenso pensadas para jóvenes y adolescentes, combinando lo deportivo recreativo, con actividades culturales.

Figura 6: Primer esquema de organización en bandas. Fuente: elaboración propia sobre una imagen de google maps.

3.2 Protagonismo simbólico y funcional de la vegetación

Un segundo punto de acuerdo con respecto a la calidad espacial del proyecto, derivaba de su propio nombre en el imaginario colectivo: Pulmón Verde. Desde un primer momento se apuntó a fortalecer el valor simbólico, psicológico y ambiental que cobra la vegetación en un entorno tan densamente construido. Es por eso que la vegetación, se concibió no como un ornamento o como un suplemento sino como un bien en sí mismo. Siguiendo este criterio se propuso aprovechar la fuerza visual y el valor funcional de las grandes masas arbóreas para generar la separación de las bandas de actividades (Ver 3.1). A nivel visual, la conformación de masas arbóreas permite acompañar el sentido de recorrido mientras aporta un tamiz óptico para garantizar cierta independencia entre actividades disímiles. Por otro lado, a nivel funcional, provee sombras, contribuye a la regulación térmica, al acondicionamiento acústico y al aprovechamiento del agua en el solar. Finalmente, la vegetación se convirtió en herramienta para contrarrestar algo que podría ser considerado una desventaja de las características del solar. Se trata de un terreno de forma irregular, con múltiples quiebres, donde la mayoría de los límites está condicionada por medianeras ciegas de diferentes alturas, materiales y estado de mantenimiento. Por lo tanto, se propuso utilizar la vegetación como una cortina natural que permita tamizar el impacto visual de las medianeras y generar un límite vivo que unifique la calidad interior del espacio y mejore a lo largo del tiempo.

3.4 Paseo lineal

Una cualidad a destacar del solar a intervenir es el hecho de contar con dos accesos. Al permitir el ingreso desde calle Divina Pastora y desde calle Arrayán, se plantea abrir un recorrido lineal, una conexión peatonal interior en la ciudad, donde se pueden engarzar zonas de permanencia, actividades recreativas, puntos focales naturales o artificiales como si fueran cuentas de un rosario. Esta posibilidad de establecer un pasaje peatonal lineal cobra un valor especial en el casco antiguo de una ciudad que ha sabido potenciar las cualidades vivenciales de este tipo de recorridos intersticiales.

3.5 Recesos en los accesos

La cualidad natural que se busca generar en el interior del espacio contrasta con la densidad del entorno. Esta diferencia llevó a pensar los accesos al espacio público como transiciones con respecto a la agitada vida urbana. Es por eso que, en los accesos al paseo lineal, se generaron dos espacios que permiten una secuencia armónica entre el ritmo de la calle y la tranquilidad del espacio verde. A su vez, estos espacios funcionan como recesos o anexiones al espacio calle, como las pequeñas plazas del casco antiguo, que invitan a aquellas personas que están de paso a realizar una pausa momentánea de sus actividades diarias. Esta diversificación de los espacios de permanencia permite ampliar el espectro de usos del espacio público, pensando tanto en quienes lo utilizan como paseo diario como en el visitante casual.

Figura 7: Vista superior del proyecto inicial presentado elaborado durante la etapa 3. Fuente: elaboración propia sobre una imagen de google maps.

Etapa 4: Instancias de diálogo

El primer proyecto fue presentado en una reunión con los vecinos que sirvió tanto para renovar el impulso en las tareas de gestión como para reorientar el rumbo del diseño. En cuanto a la actividad proyectual, se hizo evidente la necesidad de revertir tres debilidades del proyecto.

La primera debilidad se detectó al tratar de responder algunas preguntas realizadas por los vecinos, principalmente en aquellos temas referidos a aspectos botánicos, como la elección y el mantenimiento de la vegetación. En la intención de mostrar resultados arquitectónicos de los acuerdos forjados, se incorporaron algunos elementos vegetales en el diseño paisajístico sin un conocimiento detallado sobre su comportamiento y adecuación en el contexto particular del solar.

Una segunda debilidad se relacionaba de manera más específica con las decisiones proyectuales sobre las actividades a desarrollar en el sitio. Ante la necesidad de llegar a un proyecto detallado, el equipo técnico avanzó en la toma de algunas decisiones provisorias, sabiendo que requerirían un posterior retroceso para ser verificadas o corregidas junto a los vecinos. En esta primera presentación los vecinos reclamaron la incorporación de ciertas funciones que este primer borrador no había incluído, aunque también mencionaban la posibilidad de prescindir de algunas actividades que consideraban podían suplir en otros espacios públicos cercanos. Esta cualidad del diseño participativo debe ser destacada: la actitud de diálogo predispone tanto a técnicos como a vecinos para resignar factores secundarios en pos de alcanzar transformaciones significativas.

Una tercera debilidad del proyecto se percibía al notar que las actividades que se habían incorporado en el espacio público disminuían considerablemente las zonas con vegetación. Pese a que los vecinos estaban dispuestos a sacrificar requerimientos secundarios, el proyecto requería una amplia gama de actividades por situarse en un entorno denso donde los espacios públicos están perfilados según demandas que trascienden los intereses barriales. En el proyecto inicial, esta diversidad de funciones dificultaba la creación de áreas verdes de dimensiones considerables.

Para dar respuesta a estos tres desafíos planteados en esta cuarta etapa de intercambio de ideas, se recurrió a tres criterios con larga trayectoria dentro de la Producción Social del Hábitat: el trabajo interdisciplinario, la introducción de satisfactores complejos y la definición de intereses a partir de actividades lúdicas. Las respuestas a las dificultades detectadas, se desarrollaron en las dos etapas siguientes.

Figura 8: Vista sureste del proyecto inicial presentado en la etapa 4. Fuente: Elaboración propia

 

 

Figura 9: Vista noreste del proyecto inicial presentado en la etapa 4. Fuente: Elaboración Propia

Etapa 5: Trabajo interdisciplinario

En la etapa de presentación del primer borrador del proyecto, los vecinos apreciaron el valor que adquiría la vegetación y los elementos naturales. A partir del entusiasmo, surgieron algunas consultas sobre las especies vegetales elegidas. Evidentemente, estas consultas superaban el nivel de desarrollo del anteproyecto, pero también revelaban cierta limitación disciplinar en el equipo técnico.

Afortunadamente, la solución a esta dificultad anida en una de las principales estrategias de la Producción Social del Hábitat. Frente a los proyectos que imponen un esquema visual estático y simplificado sobre la complejidad y vitalidad del territorio, la Producción Social del Hábitat apuesta por la complementariedad y la interdisciplina. Del mismo modo, el diseño participativo rompe con la lógica que centraliza las decisiones en la figura del arquitecto para proponer una lógica inclusiva que abre el proceso de diseño a la interacción con diversos puntos de vista.

En este caso, las inquietudes de los vecinos evidenciaron la necesidad de comenzar a discutir el proyecto junto a actores vinculados al conocimiento específico de la botánica. Es por eso que, en esta quinta etapa de trabajo, se incorporó al equipo el botánico José Manuel Rodíguez, ex director de la Escuela de Jardinería de Sevilla. Su aporte resultó fundamental para la reformulación del proyecto de la sexta etapa de trabajo, la redacción de dos informes y un catálogo sobre posibles especies vegetales a combinar en el proyecto. A continuación, se sintetizan algunos de los criterios abordados en los informes que dan cuenta de la ajustada complementariedad entre la actividad proyectual y los conocimientos científicos de la botánica.

Rodríguez recupera, como pauta general, la idea de generar con la vegetación un juego de coherencia y diversidad. Interpretando la demanda de los vecinos de crear un gran espacio verde, brinda las instrucciones necesarias para propiciar una “experiencia unificada”. Esta unidad se alcanza tomando como pauta general de la intervención la incorporación de vegetación del lugar, propia del imaginario colectivo. Sin embargo, para potenciar las pautas de diseño implícitas en el primer proyecto, Rodríguez brinda precisiones para incorporar distintas especies vegetales que permiten: lograr juegos paisajísticos como planos físicos, transiciones en los accesos o puntos de interés; alcanzar objetivos bioclimáticos referidos a la humedad relativa, el descenso diferencial de temperatura en verano y la radiación solar en invierno ; y acentuar algunos aspectos simbólicos del proyecto como vincularse con la memoria del lugar, alentar la biocronorreferenciación y producir el efecto de vergel en un barrio tan densamente construido.

Cuando Rodríguez presentó sus ideas, la primera reacción del equipo inicial fue de profunda admiración por la capacidad interpretativa con que se daba viabilidad técnica a las intenciones de diseño. A lo cual, Rodríguez contestó con una reflexión que atacaba el núcleo de la disciplina arquitectónica. Comentaba que, desde su larga experiencia podía notar que, en los proyectos de arquitectura, los criterios botánicos eran lo último que se tenía en cuenta. Se incorporaban a último momento, con montos presupuestarios residuales, como si fueran un condimento agregado. Al notar que, en este caso, el proyecto proponía desde sus inicios un diálogo con la botánica, Rodríguez estaba dispuesto a incorporarse plenamente al trabajo en equipo.

Figura 10: Cuadro de especies vegetales para disponer sobre el tablero durante la actividad lúdica. Fuente: Apolet Oteiza a partir del listado de especies aportado por José Manuel Rodríguez

Etapa 6: Actividad lúdica basada en satisfactores complejos

Una vez incorporados los criterios botánicos subyacentes en la propuesta general se avanzó en la revisión de las actividades que incluía el proyecto. La primera característica a contrarrestar era la definición apresurada de ciertos rasgos formales del diseño. En el anteproyecto inicial de la etapa 4 se habían definido los rasgos formales de algunos aspectos funcionales del proyecto que faltaba consultar con los vecinos. Con esta estrategia no se pretendía acortar el camino, evitando la discusión de estos aspectos con la ciudadanía, por el contrario, se buscaba elaborar un proyecto provisorio para guiar las conversaciones hacia aspectos concretos de la intervención. Eso sí, en esta sexta etapa de trabajo, era necesario dar un paso atrás en el proceso de diseño para que los vecinos puedan decidir algunas particularidades, por supuesto, contando con el asesoramiento del equipo técnico.

Para realizar la revisión se propuso considerar el solar a intervenir como un tablero de juego, con unos límites conformados por las zonas de vegetación, que definen espacios en blanco donde los vecinos puedan decidir las actividades a incorporar siguiendo una dinámica lúdica grupal. Se trata de una técnica, conocida por algunos miembros del equipo, que permite avanzar en la definición de algunas características del proyecto de manera colaborativa. Es una instancia entretenida, que recupera la creatividad grupal, aunque no por eso deja de ser una instancia de negociación que requiere seriedad y compromiso.

El equipo técnico elaboró un tablero de juego que reunía todos los datos del sitio a intervenir desde una vista superior y cortes, respetando dimensiones y características del contexto. Sobre esta misma gráfica se dibujó la estructura estable del anteproyecto inicial: una circulación longitudinal con recesos en cada acceso, un núcleo de vegetación en altura y dos bandas donde se incorporarían las diferentes actividades requeridas por los vecinos.

En la elaboración de las piezas o fichas para desplegar en el tablero se decidió incorporar otro criterio que forma parte de las estrategias de la Producción Social del Hábitat. En lugar de definir el programa del espacio público desde una lógica analítica, como sumatoria acumulativa de funciones, se adoptó el criterio de satisfactores complejos. Esto implicaba dar respuesta a las demandas de los vecinos en base a dispositivos donde la combinación de elementos permite cumplir diferentes funciones ante distintas situaciones. De este modo, las infraestructuras de los proyectos se vuelven flexibles, combinables, solapables e incluso removibles. Los elementos dejan de cobrar un valor monofuncional lineal para cumplir un rol dentro de un sistema que permite recrear, como conjunto, diferentes funciones provisorias en respuesta a los requisitos cambiantes de cada situación. Desde este punto de vista, una serie de quiebres en el plano de piso puede actuar como escalera dentro del esquema de circulación, pero si cuenta con las dimensiones adecuadas puede servir como asiento dentro del sistema de espacios de permanencia, y ante la eventualidad de un espectáculo puede convertirse en grada de las actividades culturales.

Los satisfactores complejos permiten algo más que flexibilidad, tienen además un sentido de adaptabilidad y heurística que permite consolidar los usos mejor apropiados por la población y reemplazar gradualmente aquellas combinaciones conflictivas. El proyecto final, se convierte en una hoja de ruta que permite avanzar en la materialización progresiva desde soluciones más simples y provisorias hasta operaciones más complejas y sólidas que requieren mayor grado de transformación del sitio. Por eso la dinámica del juego busca recrear este sentido gradual generando instancias de toma de decisión sucesivas, incorporando primero en el tablero las transformaciones más fáciles de alcanzar, para avanzar progresivamente hacia instancias de diseño sobre transformaciones más ambiciosas.

Por último, los satisfactores complejos implican abandonar esa creencia disciplinar que tiende a suponer que los elementos se utilizarán de manera unívoca y tal como lo determina “el proyectista”. Por el contrario, para elaborar las piezas del juego se procuró utilizar nombres amplios y genéricos, evitando evocar elementos puntuales. Por ejemplo, en lugar de hablar de una pista deportiva, se utilizó el nombre de espacio recreativo, en vez de decir juegos infantiles, se propuso una pieza con el nombre de espacio lúdico infantil. Probablemente, en la resolución formal del proyecto algunos elementos puedan servir como satisfactores para diferentes necesidades según el horario del día.

 

 

Figura 11: Piezas para disponer sobre el tablero durante la actividad lúdica. Fuente: Elaboración Propia

Etapa 7: Entrega del instructivo

En esta etapa de trabajo, siguiendo con la línea de acción 1.4, se elaboró una memoria del trabajo realizado, junto con un instructivo -con todas sus piezas gráficas- para realizar la actividad lúdica. Este instructivo permitía al grupo motor elaborar una propuesta de espacialización de los satisfactores complejos en conversación con los demás vecinos del sitio. Una vez elaborada esta propuesta, se prevé que el equipo técnico realice una traducción gráfica del proyecto definitivo para que los vecinos puedan presentarlo ante las autoridades del ayuntamiento.

La solidez del proceso realizado permitiría acercar al ayuntamiento un pre-diseño participativo del espacio en respuesta a un programa de necesidades construido de forma participada. De este modo se iniciaba un nuevo ciclo del proceso de Producción y Gestión Social del Hábitat. Habiendo construido la base del triángulo de la Gestión Social del Hábitat, desde el vínculo técnico-vecinal, se propiciaba el acercamiento hacia los ámbitos de gobierno. Sin embargo, en la reunión de presentación del instructivo y la memoria, el grupo motor de vecinos manifestó preocupación con respecto a la información que habían obtenido durante las gestiones orientadas a solicitar el uso temporario del sitio (línea de acción 1.3). Según afirmaban los vecinos, en estas reuniones los representantes del ayuntamiento expresaron su voluntad de someter las decisiones sobre el espacio público a una votación telemática entre diferentes proyectos elaborados por una oficina técnica.

La principal preocupación de los vecinos era que la votación no estaría dirigida a elegir entre diferentes proyectos de espacio público, sino que se orientaría a dirimir entre tres usos del suelo: uno donde el solar se destinaría enteramente a espacio público, otro que combinaría cincuenta por ciento de espacio público y cincuenta por ciento de vivienda, y un tercer proyecto con un uso mayoritario de vivienda. Con lo cual, el proceso volvería un paso atrás en las gestiones, abriendo nuevamente la posibilidad de seguir densificando el barrio con negocios inmobiliarios.

Figura 12: Tablero de la actividad lúdica para disponer piezas y especies vegetales. Fuente: Apolet Oteiza

4 Discusión

Como parte de la discusión de este artículo, se propone abordar la instancia actual en la cual se encuentra el proyecto. Si bien esta discusión se refiere a aspectos particulares de la coyuntura del proyecto, en las conclusiones se rescatarán algunas observaciones y pautas que pueden extrapolarse a futuras intervenciones basadas en diseño participativo.

En el contexto actual, llegado agosto del 2021, los vecinos cuentan con una memoria del trabajo realizado, tienen en su poder el tablero y las piezas del juego, a la espera de retomar actividades (luego del receso de verano). También se ha solicitado formalmente una cesión temporal de usos del solar, para poder desplegar estas actividades en contacto con el sitio a intervenir. Además, con el asesoramiento del equipo técnico, avanzan las gestiones para conformar una red de espacios públicos con capacidad para buscar financiamiento de proyectos de mejoramiento urbano a nivel regional. Y, por último, se han desarrollado una serie de reuniones con algunos funcionarios públicos y responsables políticos municipales para dar viabilidad al proyecto. En estas últimas tareas de gestión, los funcionarios manifestaron la intención de realizar una votación telemática entre tres proyectos (con diferente proporción de espacios verdes) elaborados por las oficinas técnicas del ayuntamiento. Esta intención, avanza en contra de los principales aciertos del camino realizado y exige una reflexión más profunda.

En primer lugar, los vecinos entienden esta propuesta como una maniobra contradictoria (cuando no deshonesta) por romper el compromiso inicial de destinar el solar a un espacio público. Sin entregarse a suposiciones sobre posibles presiones ligadas a factores económicos y la rentabilidad del solar, resulta más apropiado poner el foco sobre el sentido que otorgan los funcionarios del ayuntamiento al concepto de participación.

A juzgar por esta propuesta de votación telemática, el compromiso inicial de generar un diseño participativo para el solar se limitaría a una consulta sobre tres proyectos desarrollados sin la participación de los vecinos del sector. Se trataría, por lo tanto, de una participación del tipo consultiva, según la escalera de Sherry Arnstein (1969). Sin embargo, el modelo de la socióloga norteamericana parece desactualizado si tenemos en cuenta que se propone realizar esta instancia de consulta sin recorrer los escalones previos, como por ejemplo, el nivel informativo. Es decir, los medios informáticos y digitales permiten saltear todo tipo de interacción con los vecinos pasando por alto aquella etapa que según Arnstein permite difundir y recolectar información.

Figura 13: Ocho peldaños de la participación. Fuente: Gráfica y traducción propia sobre una imagen de Sherry Arnstein (1969, 217).

Tal como afirmaba Arnstein, la participación tiene diferentes niveles, desde implementaciones rudimentarias, informativas o puramente consultivas, pasando por modalidades asociativas, hasta llegar a una verdadera construcción de poder colectivo que empodera a los grupos involucrados. Por supuesto, toda forma de participación es mejor que la no-participación, y el hecho de que el Estado genere instancias de consulta ya constituye un logro de la lucha vecinal. Sin embargo, es necesario marcar las diferencias entre la idea de participación implícita en la metodología del equipo técnico y la participación que plantean los funcionarios del ayuntamiento. El proceso descrito en las primeras seis etapas de trabajo evidencia las ventajas de implementar la participación de los vecinos en el diseño del espacio público en un diálogo constante entre técnicos y vecinos, apostando por la cohesión grupal. Es decir, una participación desde los peldaños superiores de la escalera de Arnstein. Por el contrario, la votación telemática representa un concepto de participación limitada, que en la escalera de Arnstein no supera el umbral del aplacamiento. Esta participación meramente consultiva suscita una serie de críticas, al menos, en cuanto a la pasividad de los participantes, la opacidad de las instancias de decisión y la escala de apertura sobre las deliberaciones.

Pasividad

Para comenzar, hay que decir que esta concepción plebiscitaria de la participación impide el compromiso real de la población con las transformaciones del entorno para reemplazarlo por una adhesión virtual despersonalizada que reproduce la lógica de las redes sociales: me gusta o no me gusta. La votación telemática es una forma de participación que hace propia una de las principales amenazas del presente: la sociabilidad mediada y moldeada por medios virtuales. Es un mecanismo que, al igual que las redes sociales, se rige solamente por el consumo de imágenes superficiales para generar adhesiones débiles, lejanas a todo compromiso social. En este caso, los riesgos de manipulación se acentúan por el medio utilizado. La votación es fácilmente manipulable presentando proyectos con diferente nivel de presentación. Ante la instantaneidad, despersonalización y frivolidad del entorno virtual, es muy probable que los casuales involucrados voten con el mismo criterio que en un certamen de belleza, eligiendo el proyecto más fotogénico.

Opacidad

Mientras una de las virtudes del diseño participativo es la posibilidad de explicitar las decisiones sobre el proyecto, llevarlas a un ámbito de discusión y negociación pública, en una votación telemática todas las decisiones se realizan en el interior de la caja negra de la informática. Se sacrifica la milenaria herramienta del diálogo para llevar el proceso a un ámbito para entendidos al que no pueden acceder los ciudadanos, ni siquiera para fiscalizar la transparencia del proceso. En una elección remota todo queda en el ámbito inmaterial de las telecomunicaciones, tirando por la borda la riqueza de las negociaciones que es donde se produce el aprendizaje conjunto. La principal ventaja de un auténtico diseño participativo, incluso cuando se utilizan los últimos avances de la informática, radica en el producto de sus intercambios. Los técnicos se nutren del punto de vista de la población, que a su vez, incorpora criterios técnicos. De igual modo, las necesidades particulares de cada persona se compatibilizan con las necesidades de otras, lo cual implica un ejercicio de empatía y tolerancia. Una votación telemática es como abrir la deliberación una vez que el grueso de las decisiones ya ha sido tomado. Esto, por supuesto, sin reparar en el recurso humano dilapidado que significa elaborar desde las oficinas públicas tres proyectos a sabiendas que dos de ellos no serán realizados. Correspondería preguntarse, además, qué nivel de desarrollo pueden tener estos proyectos, cuando los técnicos saben que es muy probable que dos de ellos no se lleven a cabo.

Escala

Por último, la votación telemática instala una pregunta con respecto a la escala que deben tener las instancias de decisión para cada intervención sobre la ciudad. Antes de someter a votación las posibles transformaciones, corresponde retomar la vieja pregunta de John Turner: “¿quién decide?” (Turner, 1977, 29) En mayor o menor medida, los funcionarios construyen su mandato a partir del sistema electoral, los técnicos implicados validan al menos un título académico, los vecinos del lugar están implicados en su cotidianidad con el entorno, pero quién valida y legitima el rol de votantes anónimos. La votación telemática no reúne a los implicados en la construcción de consensos sobre la ciudad. De hecho se vuelve una parodia, un intento simplista de legitimación por parte de quien no conoce la complejidad y la riqueza de estos procesos. Por otro lado, y tal como se expresa en la introducción de este trabajo, se trata de un entorno que requiere la remediación de situaciones deficitarias. La ciudad está en deuda con estos vecinos, y no resulta lógico que a la hora de intervenir en el barrio se decida por fuera de los intereses de sus habitantes. Esto no debe interpretarse como un deseo de sociabilidad selectiva, que impide la incorporación de nuevas viviendas en el sector, porque ese crecimiento poblacional se produce día a día a partir de intervenciones privadas, y además, este sector ya cuenta con un alto porcentaje de viviendas de protección oficial. El problema aquí es que se pretenda validar, mediante una ficción plebiscitaria, la continua densificación del sector sin atender a las necesidades cotidianas de la población. Cuando los vecinos perciben que las transformaciones del barrio no se orientan según sus propias necesidades, asumen un mensaje de indiferencia, como si las fuerzas que guían la urbanización alentaran su expulsión.

 

El ayuntamiento, en lugar de recuperar el camino realizado por los vecinos como una manera de garantizar el éxito de la intervención, pone en riesgo el proceso de depuración gradual de necesidad que permite optimizar el diseño, facilitar el posterior uso, garantizar la apropiación y el mantenimiento de los espacios. ¿Acaso no puede el Estado ponerse a la cabeza de este tipo de procesos? En esta ocasión no se podría objetar que la participación implica procesos más lentos que la planificación ejercida desde arriba. En primer lugar, porque el proceso de diseño surgido desde los vecinos se encuentra atravesando sus últimas etapas, en segundo lugar, porque fue la inacción pública la que mantuvo el solar en estado de abandono por más de dos décadas.

 

5 Conclusión

Para cerrar este artículo se propone extraer de los resultados obtenidos una serie de observaciones que pueden extrapolarse como criterios generales en otras intervenciones basadas en el diseño participativo desde una perspectiva de la PSH. Es decir, una participación que implique un diálogo constante en búsqueda de soluciones consensuadas. Este abordaje de la participación contrasta con aquellas interpretaciones basadas en mecanismos plebiscitarios o consultivos tal como proponen impulsar algunos funcionarios del ayuntamiento.

Como un valor general del camino recorrido junto a los vecinos, y tal como pudo apreciarse en la etapa 1, la incorporación de los técnicos permite ordenar y sistematizar tanto las decisiones de diseño como las gestiones que se desarrollan en paralelo a la parte gráfica del proyecto. En ese sentido, los técnicos actúan como un actor externo que permite objetivar, poner en un plano deliberativo, el rumbo a seguir. Los grupos de vecinos ganan operatividad y comienzan a funcionar como un actor de peso que puede servir como aliado para encarar futuros desafíos. Desde este punto de vista, las dependencias del Estado lejos de coartar estas iniciativas, deberían fomentarlas como una manera de construir gradualmente en el territorio los acuerdos que requiere la implementación de toda política pública. Por el contrario, el abordaje de la participación como votación distante expresa un desconocimiento de la complejidad del territorio, considerando a la población como si fueran simples cifras estadísticas. 

Dentro del tema específico del diseño participativo, una primera cualidad a destacar se relaciona con la posibilidad de guiar las discusiones sobre requerimientos y preferencias generales del proyecto hacia ámbitos de discusión que enriquezcan el proyecto. En ese sentido, un proceso de diseño dialogado permite adelantarse a posibles conflictos en el uso de los espacios. La interpretación colectiva de las piezas gráficas, en un intercambio respetuoso, sirve de catalizador para soluciones espaciales consensuadas. Tal como se constató en la etapa 4, cuando se establece un clima de diálogo, los vecinos manifiestan la mejor predisposición para conciliar sus propios intereses con los requerimientos de otros vecinos y en relación a los recursos existentes. Suelen incorporar los criterios planteados por los técnicos y cuentan con más elementos para decidir sobre las prioridades del proyecto, sin temor a dejar de lado aquellas necesidades secundarias o que pueden cubrir en otros sitios cercanos. En una participación telemática, los votantes se guían sólamente por un conjunto de imágenes, y no pueden escuchar otras opiniones. La elección se convierte en una instancia individual, con información incompleta, lo cual aumenta el riesgo de posteriores desilusiones y conflictos. La Historia de la Arquitectura está plagada de edificios con buena apariencia cuando eran proyectos y poco uso en su construcción posterior.

También debe destacarse del proceso realizado la posibilidad de instalar un criterio heurístico que, siguiendo la lógica de los satisfactores complejos, permite reorientar el rumbo del proyecto en base a la prueba y error. Para garantizar este reajuste sistémico -casi orgánico- del proyecto, es necesario romper con el abordaje idealista que supone el proceso de diseño como un camino lineal desde las primeras evanescencias hasta la materialización de una idea abstracta sobre el territorio. Tal como se experimentó en la etapa 6, la construcción de acuerdos colectivos puede requerir ciertos retrocesos. Detener el aumento progresivo en cuanto a la definición de los rasgos del proyecto en pos de revisar ciertas decisiones desde la deliberación conjunta. La elección remota de un proyecto actúa como un compromiso inamovible. Los vecinos se basan en imágenes detalladas para elegir un escenario deseado, por lo cual, reciben toda alteración posterior como una ruptura del compromiso inicial.

En un proceso de diseño basado en el diálogo constante entre técnicos y vecinos se instala una lógica abierta e inclusiva, tal como pudo observarse en la etapa 5 cuando el equipo incorporó la mirada de un especialista en botánica para abordar algunos aspectos del proyecto. Este criterio inclusivo permite incorporar con fluidez a nuevos actores, quienes pueden enriquecer el proceso de toma de decisiones en base a sus conocimientos. Esta relación horizontal rompe la habitual subsidiariedad con la que suelen sumarse algunos conocimientos técnicos bajo la consigna de resolver algún problema puntual dentro de un esquema formal previamente establecido. La incorporación de José Manuel Rodríguez como un miembro más del equipo de trabajo permitió traducir algunas ideas iniciales en términos botánicos, pero también sumar nuevas ideas para el diseño surgidas desde criterios específicos de la botánica. En la lógica lineal de los proyectos que se instalan desde arriba hacia abajo los pobladores del lugar se transforman en simples usuarios y los técnicos en meros operarios, con un margen muy estrecho para enriquecer el proyecto en base a sus conocimientos y sus capacidades. Los conocimientos técnicos no sirven para nutrir el proyecto sino como herramienta para llevarlo a cabo. El técnico se convierte solamente en un instrumento para aplicar una idea previamente definida sobre el territorio considerado como un lienzo en blanco.

 

Referencias bibliográficas

Ameneiro, A. (2021, abril 25). San Luis pregunta en el Pleno si tendrá su pulmón verde en el solar de Divina Pastora. Diario de Sevilla. https://www.diariodesevilla.es/sevilla/San-Luis-solar-Divina-Pastora-Arrayan-Pleno-Casco-Antiguo-Sevilla_0_1568243608.html

Arnstein, S. (1969). A Ladder Of Citizen Participation. Journal of the American Institute of Planners, 35(4), 216-224. https://doi.org/10.1080/01944366908977225

Arredondo, D. (2017). Cuatro iniciativas de agricultura en la ciudad frente a la banalización del paisaje histórico urbano. ZARCH: Journal of interdisciplinary studies in Architecture and Urbanism, (8), 228-249. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=6836918

Barber, S., Fresnel, V., & Romero, M. J. (2006). El gran pollo de la alameda.

Benítez, P. (2019, diciembre 13). Vecinos de la zona norte del casco antiguo de Sevilla se movilizan para exigir un pulmón verde en su barrio. El Diario.es. https://www.eldiario.es/andalucia/sevilla/vecinos-antiguo-sevilla-movilizan-exigir_1_1249938.html

Cantero, P., Escalera, J., García del Villar, R., & Hernández, M. (n.d.). La ciudad silenciada. Área de Participación Ciudadana. Ayuntamiento de Sevilla. https://www.academia.edu/12602226/La_ciudad_silenciada

Castrillo Romón, M. Á., & Morell, C. (2021). Movimiento vecinal, urbanismo y participación en Valladolid (1970-1995): una perspectiva histórica sobre el “derecho a la ciudad”. Hábitat y Sociedad(14), 97-115. doi:https://doi.org/10.12795/HabitatySociedad.2021.i14.06

de Manuel Jerez, E. (2010). Construyendo triángulos para la gestión del hábitat. Hábitat y Sociedad, 13-37. doi: 10.12795/HabitatySociedad.2010.i1.02 http://institucional.us.es/revistas/habitat/1/n01a01construyendo_triangulos.pdf

de Manuel Jerez, E., & Donadei, M. (2018). La extensión universitaria como dinamizadora de la función social compleja de la universidad. Estoa, (14), 115-127. https://doi.org/10.18537/est.v007.n014.a09

de Manuel Jerez, E., & López Medina, J. M. (2017). Dinamizar la regeneración urbana desde la escala barrial: aprendizajes y transferencias del proyecto Barrios en Transición. Ciudades, (20), 21-44. https://doi.org/10.24197/ciudades.20.2017.1-24

Díaz Parra, I. (2011). Segregación, Intervención Urbanística y Cambio Social en Sevilla. La Gentrificación del Sector San Luis-Alameda en el Marco del Planeamiento General de 1987 [Tesis doctoral]. Universidad de Sevilla. Departamento de Geografía Humana. https://idus.us.es/handle/11441/15204

Donadei, M. (2021). Los movimientos vecinales en Parque Alcosa (Sevilla). Claves para avanzar de una cultura de resistencia hacia la construcción de alternativas para la mejora del hábitat. Hábitat y Sociedad(14), 71-96. doi:https://doi.org/10.12795/HabitatySociedad.2021.i14.05

Hernández Ramírez, J. (2008, Agosto). Historia, memoria y activación patrimonial: el Palacio de Pumarejo en Sevilla. Boletín De Monumentos Históricos, (13), 116–121. https://revistas.inah.gob.mx/index.php/boletinmonumentos/article/view/2094/2021

HIC-LA. (2018, diciembre 26). ¿Qué hacemos? Producción Social del Hábitat. https://hic-al.org/que-hacemos/produccion-social/

López Medina, J. M. (2010). Metodologías participativas para la gestión social del hábitat. Hábitat y Sociedad, (1), 83-103. https://doi.org/10.12795/HabitatySociedad.2010.i1.06

Max-Neef, M., Elizalde, A., & Hopenhayn, M. (1986). Desarrollo a escala humana: una opción para el futuro. Fundación Dag Hammarskjold. http://www.daghammarskjold.se/wp-content/uploads/1986/08/86_especial.pdf

Miessen, M. (2014). La pesadilla de la participación. Dpr-Barcelona.

Montañés Serrano, M., Piñero Aguiar, E., & Enet, M. (2021). Movimientos Vecinales: haciendo ciudad participativamente. Hábitat y Sociedad(14), 5-7. doi:https://doi.org/10.12795/HabitatySociedad.2021.i14.01

Ortiz Flores. (2007). Integración de un sistema de instrumentos de apoyo a la producción social de vivienda. HIC-AL. http://observatoriodhv.com.bo/wp-content/uploads/2018/10/2.-Libro_PSV_Enrique_nov_2007.pdf

Parralejo Sánchez, J. J., & Díaz Parra, I. (2021). Gentrificación y turistificación en las áreas urbanas centrales de Sevilla y Cádiz. In J. M. Parraleño & C. J. Moreno (Eds.), La reconfiguración capitalista de los espacios urbanos: transformaciones y desigualdades (pp. 293-306). Servicio de Publicaciones y Difusión Científica de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. doi: 10.20420/1642.2021.383 https://accedacris.ulpgc.es/handle/10553/108118

Pedrazzini, Y., Bolay, J.-C., & Rabinovich, A. (2007). Urbanismo del oprimido y participación social: Elogio de los hacedores de ciudades. En J. Encina, M. Domínguez, M. Á. Ávila, R. Alcón, & J. M. López, La ciudad a escala humana (págs. 331-347). Sevilla: Atrapasueños.

Pelli, V. S. (2010). La gestión de la producción social del hábitat. Hábitat y Sociedad, (1), 39-54. http://dx.doi.org/10.12795/HabitatySociedad.2010.i1.03

Pozo Barajas, A. (2004). El Análisis Urbano y Territorial, Línea de Investigación Prioritaria de la Arquitectura. Comunicación en congreso.

Recetas Urbanas. (2016, octubre 28). Acerca de R.U. Estudio Recetas Urbanas. Recuperado el 16 de junio de 2021, de http://www.recetasurbanas.net/v3/index.php/es/contactar

Romero, G. (2008). La producción social del hábitat: reflexiones sobre su historia, concepciones y propuestas. HIC-LA. https://hic-al.org/wp-content/uploads/2019/01/Texto_Gustavo.pdf

Romero, G., & Mesías, R. (1999). Participación en el planeamiento y diseño del hábitat popular. Red CYTED. https://seminariogladysarmijo.files.wordpress.com/2009/11/participacion-1999.pdf

Rossi, A. (1995). La arquitectura de la ciudad (9ª ed.). G. Gili.

Turner, J. (1977). Vivienda, todo el poder para los usuarios. Blume.

Valderrama, R. (2013). Diagnóstico participativo con cartografía social. Innovaciones en metodología Investigación-Acción participativa (IAP). Anduli, (12), 53-65. http://hdl.handle.net/11441/50721

 

 

 

 

 

 



[1] El equipo que participó de las etapas que se describen en este artículo, estaba integrado por: Dr. Arq. Esteban de Manuel Jerez (coor.), responsable del Grupo ADICI; Dra Arq Conso González, grupo ADICI; Dra Arq Marta Donadei, grupo ADICI; Dr. Arq. Juan Santiago Palero, Prof. Visitante, Universidad Nacional de Córdoba (Argentina); Botánico José Manuel Rodríguez, ex director de la Escuela de Jardinería de Sevilla, Arq. Apolet Oteiza, estudiante del máster de Ciudad y Arquitectura Sostenible