El precio de volar alto: la libertad y la muerte en paralelo en la
poesía novohispana
Cynthia Marlene Gómez Castillón1
Estudiante de Letras Hispánicas, Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades
Universidad de Guadalajara, México
marlencygomez@gmail.com
Recibido 08 de septiembre de 2023, aprobado 27 de noviembre de 2023
Resumen: el papel que desempeñan las aves en la literatura novohispana y,
posteriormente, en el Romanticismo, nos remite al comportamiento humano:
analogía, simbolismos y signicados que nos llevan a distintas interpretaciones.
En este trabajo, abordaremos la poesía de diversos autores con perspectivas
diferentes vinculadas a su tiempo y contexto de producción. A partir de los
emblemas más vigentes y, apoyados en el concepto de ekphrasis, armamos
que se busca destacar en la poesía novohispana la presencia de una imagen.
La mirada del pajarillo, su actividad y todo lo que lo rodea son elementos
cruciales para entender ciertos signicados como la libertad, la muerte y el
cautiverio.
Palabras clave: período novohispano, aviario, Romanticismo, cautiverio,
libertad, écfrasis, emblemas, iconografía de la imagen.
The Price of Flying High: Freedom and Death in Parallel in the New Spain
Poetry
Abstract: The role birds play in the New Spain literature and, later, in
Romanticism, can be associated with human behavior: analogies, symbolisms
and meanings that lead us to different interpretations. In this analysis, we will
explore poetry written by various authors with different points of view, which
are related to their time and production context. Based on the most current
emblems and supported by the concept of ekphrasis, we aim to highlight
the presence of an image in the New Spain poetry. The little bird’s gaze, its
actions and everything that surrounds it are crucial elements towards the
understanding of certain meanings such as freedom, death and captivity.
Keywords: New Spain period, aviary, Romanticism, captivity, freedom,
ekphrasis, emblems, image iconography.
1 Con aval del Dr. Joaquín Rodriguez Beltrán, Universidad de Guadalajara, México.
Nota al margen
Facultad de Filosofía y Humanidades
Universidad Nacional de Córdoba
Vol. I Nº 2 | julio-diciembre 2023
Preferiría no hacerlo
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Introducción
En diversos autores hallamos poesía donde la voz lírica va dirigida a algún
ave en particular para enaltecer su autonomía. En este desarrollo buscamos
resaltar la amplia signicación de los pajarillos, apoyada en la emblemática de
la época, y encontrar una relación con la conducta del ser humano (alegorías).
Como objetivo, abordaremos diferentes interpretaciones de los poemas
analizados, a partir de sus valores simbólicos e históricos. El propósito es
resaltar las consecuencias de la libertad del ave, vinculándolo con la muerte
en la poesía de la época novohispana2 y en contraste con algunos escritos que
ya muestran tintes del Romanticismo. A su vez, proponemos demostrar que
los poemas son capaces de remitir a una imagen sin aludir necesariamente a
lo pictórico como un emblema, mediante los conceptos de écfrasis (ekphrasis)
e iconografía de la imagen. Este trabajo se focaliza en los siglos XVII y XIX,
desde 1610 hasta 1823, período de publicación de los poemas.
El papel de la écfrasis y los emblemas: la época que alude al
aprisionamiento
“Una imagen dice más que mil palabras” es una frase habitualmente
escuchada a lo largo de la vida y en diversas ocasiones, pero ¿qué pasa si
por medio de palabras la imagen es creada? Ese es el poder de la écfrasis:
“la écfrasis se dene como la técnica de producir enunciados con enargeia
[énfasis agregado], esto es, con vividez, presentando ante los ojos de manera
maniesta el objeto mostrado e involucra cualquier efecto sensorial de
visualización, iconización o espectacularización” (Alberdi, 2016, p. 23-24).
Esta es una de las características más presentes en los poetas que
abordaremos en la presente investigación: su capacidad de remontarnos a una
imagen que, aunque parece estática, está llena de movimiento: “redescubrir
que la imagen no es algo propio de un determinado medio, sino un complejo
juego entre la visualidad y sus aparatos, donde la visión y la mirada se
yuxtaponen a los procesos de decodicación y lectura(Alberdi, 2016, p. 18).
Pues, la écfrasis no se limita a algo tangible, sino que es capaz de recrear, en
distintas vertientes, signicados y sensaciones particulares.
Para llevar a cabo esta indagación, fue necesario contextualizar y
contrastar algunos simbolismos que se presentaron durante este periodo,
los cuales servirán de referente para observar las posibles similitudes en los
poemas seleccionados. En el año 1610, Sebastián de Covarrubias publica sus
2 La América colonial.
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Emblemas morales. Nos concierne particularmente el número 17, NVLLA IN
ORBE QVIES: “Ningún descanso en el mundo”, en donde el mote, el lema y
la ilustración darán un sentido alegórico particular: un pajarillo encerrado
en una jaula esférica. Representa al ser humano como eje, preso del mundo,
pues se encuentra en constante movimiento: a veces arriba, a veces abajo; un
referente de la fortuna.
En el año 1623, el autor Giovanni Ferro publica Teatro d’imprese, nos
interesa principalmente FANELLO: Canto prigione, e lunga vita attendo3. El
signicado aquí recae en la alegoría del ave como representación del ser
humano, encerrado nuevamente en una jaula, pero que ya no hace referencia
al mundo. Para la explicación de este lema nos serviremos del autor del libro
Symbola et emblemata avium:
Para explicar el lema y el grabado nos recuerda el abad Ferro la
costumbre que se daba entre los atenienses de mantener con el erario
público a aquellas personas que destacaran por su virtud y sus servicios
al Estado, asegurándoles su estancia en el Pritaneo o edicio público.
De igual modo, a las aves canoras como el jilguero, aunque enjauladas,
se les asegura el sustento y una larga vida como premio al dulce canto
que alegra la vida de sus dueños. (García, 2010, p. 519)
Otro emblema que concierne al siglo XVII es el de Jacob Cats, que alude
especícamente al signicado de la jaula: “la jaula simbolizaba la domesticidad
y las aves enjauladas la prisión del amor” (Franits, 1993. En Velázquez, 1998,
p. 136).
Los pajarillos y sus roles
Los textos en los que se basa este análisis son: Canción a la vista de un desengaño,
de Matías Bocanegra, escrito muy probablemente en el primer cuarto del
siglo XVII4; Lírica personal, de Luis de Sandoval Zapata, especícamente los
29 sonetos publicados alrededor de 1640; Rusticatio mexicana, de Rafael
Landívar, publicado en 1782; y, nalmente, Entretenimientos poéticos, de Fray
Manuel Navarrete, publicada en 1823. Se dará inicio al análisis con el poema
“Daba lísida de beber a un pájaro”:
3 Canto en prisión, y larga vida espero.
4 No se logró encontrar la fecha exacta de publicación.
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A chupar un coral vivo se atreve
un pajarillo, cándido rocío;
hoy entre brindis del hechizo frío
en contactos de yelo fuego bebe.
Deja esos Etnas de volcán de nieve,
vuela a beber carámbanos al río,
que será tu sediento desvarío.
(Sandoval, 1986, p. 110)
En esta primera estrofa, no hay una idea clara de qué tipo de pajarillo
es, solo se observan indicios de libertad, pero sobre todo de ingenuidad. La
voz poética le dice que se aleje, pues está conando en lo desconocido como
un ser que no tiene capacidad de consciencia. Se le advierte que puede ser
su perdición: “infeliz en favor tan Peregrino, / sólo porque no supo en esa
fragua / que tan dichosa muerte se bebía” (Sandoval, 1986, p. 110).
Sin embargo, se culmina la estrofa cuando el pajarillo sucumbe a
la muerte a pesar de las señales. En este punto, hay un paralelismo entre
libertad y muerte, pues aunque se tiene la ventaja de ese libre albedrío, el
ave es susceptible a la equivocación que lo llevará al sufrimiento: un guiño
a la fugacidad de la vida. El signicado más acertado para el actuar de esta
ave sería la inocencia de mano con la conanza, relacionada ampliamente
con el papel del pajarillo que plantea Luis Sandoval, que va encaminado a
una alegoría del comportamiento humano: hay una incredulidad en donde la
ignorancia prevalece. Por otra parte, en la écfrasis de este poema existe una
clara descripción de lo que acontece, sin embargo, hay dos momentos que
difícilmente se puedan referir a un emblema: la curiosidad del ave y la muerte
de esta.
En el poema A un pajarillo, del mismo autor, se hallan algunas marcas
textuales que aluden al cautiverio y la mención de un cazador, alguien que
propiamente le está restringiendo la oportunidad de decidir a dónde volar:
“lazos el cazador pone violentos / a tu prisión, / en que la vida acabes; /
centellas pone que, lucientes llaves, / abran puerta fatal a tus alientos
(Sandoval, 1986, p. 104).
Como se puede apreciar en la cita anterior, desde un inicio esta imagen
ya remite al emblema de Giovanni Ferro: canto en prisión, y larga vida espero.
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Esta prisión ya proyecta la privación de la libertad a través de una jaula que
sentirá el último suspiro del pajarillo y, aunque en el poema no se especica
el tipo de ave que es, es posible inferir que se puede tratar de un jilguero:
El jilguero posee una dilatada tradición como ave de jaula a causa
principalmente de su alegre colorido y canto, que se mantiene aún
en nuestros días pero donde se observa una mayor abundancia de
testimonios de aprecio por el canto del ave será durante los siglos XVI
y XVII. (García, 2010, p. 518)
El verso nal invita a pensar que los alientos de este hacen referencia
a su voz y, muy probablemente, a su vida. Es así que podemos observar que,
al ser encerrado, su existencia no tendrá sentido. Aunque este, en un caso
hipotético, recuperara su libertad, habrá resultados desagradables:
En tu fuga tus plumas no desveles,
porque cuando las bates vas soplando
en la hoguera, la muerte y el estruendo.
¡Ah desdichado pájaro, no vueles,
que son peligros que te van quemando
las mismas alas con que vas huyendo!
(Sandoval, 1986, p. 104)
Ahora, las alas que eran sus aliadas fuera de la jaula se convierten en
enemigas y su aleteo despertará devastación. Aquí hay una imagen clara: el
aleteo del pajarillo está propiciando el fuego que terminará por consumirlo;
aquí se retoma el concepto de écfrasis, pues aparece la necesidad del poeta
de evocar una representación visual.
Sin embargo, W. J. T. Mitchel (2009) explica un concepto más delimitado:
Hay una «iconología del texto» que se ocupa de cosas como la
representación de objetos, la descripción de escenas, la construcción
de guras, la semejanza, las imágenes alegóricas y la formación de
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textos en patrones formales determinados. Una iconología del texto
debe considerar asimismo el problema de la respuesta del lector, la
armación de que algunos lectores visualizan y que algunos textos
promueven o inhiben la formación de imágenes mentales. (p. 104)
Lo cual quiere decir que el texto presente representa la imagen
ausente” (Alberdi, 2016, p. 24). Al igual que con el poema anterior, existen dos
momentos: el ave encerrada y el ave libre. Esta última representa la parte más
visual del poema. La imagen alegórica de la emancipación y la descripción de
la escena aluden a la iconología del texto, pero también a una écfrasis con
efecto sensorial de visualización. Se puede pensar que écfrasis e iconología
son distintos, sin embargo, si se retoma el sentido primero del concepto
donde Pimentel recupera a Hermógenes:
El sentido original de esta gura, tal y como lo entendían los rétores
de los siglos III y IV d. C., y en especial Hermógenes, en su Ecphrasis.
Progymnasmata, quedaba denido dentro de las formas de la
descripción: se trataba de una descripción extendida, detallada, vívida,
que permitía ‘presentar el objeto ante los ojos;’ una descripción que
tenía la virtud de la energeia. (Pimentel, 2003, p. 205)
Seguramente estos autores no necesitaron una imagen plástica a la
cual recurrir porque les faltara voz. Lo que respecta a la signicación de este
pajarillo no solo es la imposibilidad de decidir dónde estar, sino la pérdida
de la vida en esencia y sustancia. Para esta ave, tanto la reclusión como la
liberación son un paralelismo de la muerte, uno literal y otro espiritual.
Este es un caso no muy distinto al de la gente de la América colonial, donde
se visualizaron cambios sociales como los ideales de época: rebeliones,
resistencias y represiones. Una etapa donde se observan distintas maneras
de la conquista espiritual a través de la persuasión, lecciones moralizantes y
enseñanzas.
En el poema Canción a la vista de un desengaño, también el autor logra
rescatar en sus versos la libertad del jilguero mientras la contrasta con la voz
poética que parece lamentarse por su aicción:
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Avecilla felice
que dulcemente cantas
en alcándaras de esas verdes plantas:
yo peno tú te ríes,
yo me quebranto cuando tú te engríes;
por eso tú te ríes y yo peno,
porque estás de mis penas muy ajeno,
porque tengo en esposas
la libertad, jilguero, que tú gozas.
¡Ah, libertad amada,
en mis oridos años mal lograda!
(Bocanegra, 1995, pp. 126-127)
Hay claras marcas textuales de la vida del jilguero en independencia,
autonomía y despreocupación. La voz poética parece anhelar el libre albedrío
que el pajarillo posee y, a la vez, se lamenta por ese que tuvo en algún momento
y hoy está ausente. Empero, no hay un sentido de iconología del texto o de
écfrasis tan clara como se observaba en poemas anteriores: “a fe, amigo
Jilguero, / que en jaula no fueras tan parlero, / pues sus penas atroces, /
anudarán tus voces; / prisionero, lloraras / la libertad perdida y no cantaras”
(Bocanegra, 1995, p. 127).
Sin embargo, la voz hace énfasis en un escenario hipotético: si el ave
estuviera presa, no sería tan feliz ni cantora como lo es ahora por los cielos,
al contrario, solo encontraría tristeza y esto provocaría la ausencia de su voz:
Mirando
al jilguero cantando
gustoso y descuidado,
de riesgos olvidado
el Neblí se prepara
y rayo de las nubes se dispara
con tan sordo tronido
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que solo fue sentido
del ave, que asustada
se vido entre sus garras destrozada
tan impensadamente
que acabó juntamente
la canción y la vida.
(Bocanegra, 1995, pp. 128-129)
La voz poética presencia y, a la vez, describe la muerte del jilguero
—donde además de la pérdida de la vida, también está la del canto—, y es
testigo de la fugacidad de la vida del ave, pues el suceso ocurre tan rápido que
exhibe la imagen del halcón como rayo; el uso del símil ayuda a darle foco a
la representación visual. La iconología del texto y la écfrasis nuevamente se
fusionan y se hacen presentes cuando el Neblí caza al ave (efecto sensorial de
visualización).
Posteriormente, habla de su reexión frente a la libertad del jilguero:
si en la prisión de una jaula / el pajarillo estuviese, aunque le viera, no osara
/ el Gerifalte prenderle. / Muere porque libre vive; / luego la razón es fuerte:
/ cautiva el ave se gana / luego por libre se pierde” (Bocanegra, 1995, pp. 129-
130).
En esta estrofa, el símbolo de la jaula toma otro signicado y se
convierte en salvación, pues de esta manera estaría lejos del alcance del
halcón. Limitar su libertad es igual a seguir vivo en sustancia. La jaula en esta
estrofa es ahora una representación de refugio y protección; mientras que la
libertad se vuelve sinónimo de muerte. Aquí se comprueba ese paralelismo.
Mientras la voz poética continúa analizando la situación del jilguero y los
peligros a los que se enfrenta:
Y a tantos riesgos sujeta
se mira el ave, aunque vuele,
cuantos Corsarios astutos
la asaltan y la acometen.
Que si preso me gano
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de voluntad a la prisión me allano;
y si libre me pierdo,
¡No quiero libertad tan sin acuerdo!
(Bocanegra, 1995, p. 130)
Hay una claridad en estas meditaciones: se preere estar aprehendido
antes de perder la vida y tener autonomía. O, en caso de escogerla, hacerlo
con buen juicio. Esto se vincula estrechamente con los jilgueros que reciben
alimento a cambio de su canto. Si se hace un paralelismo con el hombre, este
será beneciado por sus servicios al Estado, aunque esto implique poner en
juego su libertad y su opinión.
Por otra parte, en el poema de El gorrión y el cenzontle encontramos
algo muy distinto al patrón observado anteriormente, pues si se mantiene
esta idea de linealidad en el tiempo, este poema se sitúa en 1782. La pieza
parece dar otra signicación, especícamente con el cenzontle: “recluso en
la jaula se goza en cantar entre vuelos, / y en ir enlazando con trinos la noche
sin sueño y el día” (Landívar, 2012, p. 81).
La imagen que Landívar ofrece del cenzontle es atrapado en una jaula
donde su anhelo es cantar por los aires, aunque ahora se limita a hacerlo
encerrado. De hecho, ese canto de más de 50 voces armoniosas y capaces de
imitar a otras aves será motivo de cautiverio. Nuevamente se hace presente
el emblema de Giovanni Ferro: canto en prisión, y larga vida espero.
En 1823 se publica Oda séptima, de Fray Manuel Navarrete, ya
próximo al Romanticismo. Aquí el ave pierde relativamente su signicado
de connamiento. Todo indica lo contrario, ahora parece emancipada y
desenfrenada: “esas que los zagales / llamamos chupa-rosas, / tras tu
guirnalda vuelan, / Clorila, a todas horas. / Algunos pastorcillos / émulos
de mi gloria, / andan también como ellas / al olor de sus rosas” (Navarrete,
1991, p. 37).
En este poema, el ave es un colibrí que representa al amor que,
recordando el emblema de Jacob Cats, es necesario tener cautivo. Esto tiene
una estrecha relación con el comportamiento de los hombres al pretender a
las mujeres, pues las persiguen como aves a las rosas. De manera introductoria
se mencionará esta analogía del periodo:
El Romanticismo promovió la antigua relación entre or y mujer que sin
extinguirse volvió a cobrar fuerza al n de siglo con el simbolismo. Esta
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relación se convirtió en un asunto corriente en la literatura mexicana,
como lo prueban los numerosos textos publicados en las revistas de la
primera mitad del siglo dedicadas al “bello secso” y, particularmente,
en los calendarios “de las señoritas”. (Velázquez, 1998, p. 132)
Se habla de la mujer y la or casi como sinónimos, pues al menos en el
siglo XIX había un estrecho vínculo debido a la belleza, delicadeza y el paso
de la juventud:
Aunque proliferan ejemplos en la literatura sobre la correspondencia
metafórica entre or y mujer, también abundan las imágenes poéticas
de la or como alegoría de las ilusiones perdidas o el paso efímero de
la juventud, la dicha o la belleza. (Velázquez, 1998, p. 133)
Posteriormente, la relación del hombre con el colibrí: “el ave ha quedado
libre; su presencia entonces se vuelve peligrosa, ya que fuera de la jaula está
también fuera de control” (Velázquez, 1998, p. 136).
El colibrí que representa al hombre viene a cumplir el papel de
depredador de la or-mujer. El hombre-colibrí tiene ahora la libertad de actuar,
pues a este no hay nada que lo contenga. El símbolo de la jaula desaparece:
no hay más barrotes para el pajarillo. Encontramos ahora una consecuencia:
debido a todo el tiempo que el pajarillo estuvo preso, ahora con libertad de
actuar pierde el dominio de sí mismo. Esto se relaciona ampliamente con el
emblema de Jacob Cats, el ave es la representación del amor y es necesario
mantener las pasiones domadas a través de la jaula.
Esther Tapia de Castellanos, en uno de sus poemas, retrata de forma
más clara la intención del hombre representado por esta ave: “su pura esencia
/ Roba a las ores”, “no deis abrigo / a los amores, / cándidas ores, / rosas
de abril. / No deis oídos / al hombre ingrato, / que es retrato / del colibrí”
(Tapia, 1871, como se citó en Velázquez, 1998).
El chupa rosas es ese que va de or en or. Esther Tapia desde su
construcción poética representa el papel activo de la sexualidad potencial del
seductor” (Velázquez, 1998, p. 138). Por ello, es necesario mantenerlo recluso.
Al continuar con Fray Manuel Navarrete, su Oda decima-primera
mantiene el mismo hilo de pájaros que persiguen a la mujer: “ajar las tiernas
ores / de mi dulce zagala / quieren pastores necios / con maliciosa instancia
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… aves de mal agüero, / mil veces mal os haya, / y que os sean como espinas
/ las ores de mi amada” (Navarrete, 1991, p. 40).
En este poema, se vuelve a hacer la referencia al ave persiguiendo una
or, aunque propiamente ya no se representa como chupa rosa. Los óleos de
El amor del colibrí (1869) y La or muerta (1869) de Manuel Ocaranza podrían
funcionar como écfrasis de este poema. Es preciso mencionar que, entrando
el siglo XIX, existe una ausencia de cautiverio y, en consecuencia, una ausencia
de muerte. En los poemas de este periodo la jaula ya no tiene protagonismo
y el cambio de ave también implica una falta de canto.
Consideraciones nales
Aunque la libertad se hace presente en los poemas analizados, no todos
recaen en la idea del paralelismo con la muerte. Por otra parte, sí se observa
que el cautiverio se vincula con otro tipo de n espiritual. Si bien en el poema
A un pajarillo de Luis de Sandoval Zapata no se encuentra un elemento de
restricción de la libertad, está presente la consecuencia de su libre actuar.
Por otra parte, en el resto de autores analizados, hay también una
clara evidencia de consecuencias negativas al hacer uso de su libre albedrío:
se observa en los poemas de Fray Manuel Navarrete y su alegoría de aves-
hombres —en su actuar con las ores-mujeres— (rechazo o desprecio que
no se aclara en ninguna de las estrofas). Aquí, el hecho de no mantener al ave
enjaulada minimiza la búsqueda de independencia o liberación.
Otro aspecto destacable es que, ya iniciado el siglo XIX, la idea de muerte
se rompe: ya no se encuentra la presencia de un cazador ni de una prisión y
solo se hace referencia a la libertad —de hacer—. Se concluye que el emblema
de la época no tuvo tanta presencia en la mayoría de los poemas. Si se toma
el ejemplo de “Ningún descanso en el mundo”, de Sebastián de Covarrubias,
no se halla una idea de fortuna en algún poema especíco que abarque todo
el sentido del emblema. El de Giovanni Ferro es el de mayor fuerza, con los
versos de Sandoval Zapata, especícamente A un pajarillo, y Rafael Landívar
con El gorrión y el cenzontle. Estos autores logran mantener la idea del ave
presa cantora. Destaca también el hecho de que Matías Bocanegra es el único
autor que, en su poema Canción a la vista de un desengaño, presenta a la voz
poética reexionando sobre los riesgos de la libertad y el cautiverio, y lo lleva
como analogía a una situación humana, que bien hace este guiño a una época
llena de cambios, adaptaciones e injusticias.
Finalmente, el emblema de Jacob Cats atinó a darle un signicado a los
poemas del siglo XIX, aunque este perteneciera al siglo XVII. Es evidente que
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no se hace presente el símbolo de la jaula en alguno de estos, pero existe una
presencia en ausencia debido al comportamiento del ave.
La écfrasis (ekphrasis) es encontrada en parte de los poemas, mas no en
todos. En los que podemos encontrarla hay una imagen clara, bien denida
y descrita en las estrofas: desde la muerte del jilguero en el poema de Matías
Bocanegra, hasta el jilguero que pudiese escapar volando de los barrotes
de Fray Manuel Navarrete. En denitiva, el ave per se ya da este retrato de
movimiento, pero en las composiciones aquí expuestas se transmite una
descripción precisa y dinámica de cada cuadro donde se muestra el ave.
Para culminar esta investigación es importante mencionar que no se
puede asegurar que estos poetas hayan basado sus obras en una imagen —de
la mano con la écfrasis—, pero lo que sí es posible, es que hayan tomado la
iniciativa del emblema sin emblema: “esta presencia de la ausencia gurativa.
Me reero a esos loci emblemáticos que los autores áureos desarrollan en su
creación literaria; ese espacio visual imaginativo” (Infantes, 1996, p. 103).
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