ARTICULACIÓN ESTADO-REGIÓN DE FRONTERA

EN EL AREA DE MISIONES O PALMAS

Delia del Pilar Otero *

Introducción

La conformación del espacio misionero constituye un ejemplo ilustrativo del entrecruzamiento entre las relaciones internacionales e interregionales, que se produjo en diversas regiones fronterizas latinoamericanas.

Tal espacio, que funcionó como una totalidad pasible de ocupación y despla- zamiento, se vincula históricamente con el área que comprende actualmente el sur de Brasil, la Mesopotamia argentina y uruguaya, así como gran parte de lo que fuera la antigua gobernación española de Asunción.

Con el objeto de desarrollar esta perspectiva de análisis, tomamos como punto de partida el concepto de región, considerando su carácter de instrumento metodológico con su correspondiente anclaje en la realidad, es decir la relación entre el espacio y los fenómenos políticos, económicos y socio - culturales que allí se producen. En otras palabras, este concepto se va construyendo en relación con el objeto de estudio, lo cual pone de manifiesto su dinamismo temporal y espacial.

Al respecto, consideramos a las fronteras como un caso específico de región. Esto es, como “espacios plurinacionales”, objeto de apropiación y control por parte de más de un Estado, que implementaban estrategias de poder a fin de imponer su autoridad y litigaban entre sí por su dominio y como espacios regio- nales - con una dinámica propia - que generaba respuestas a la política de cada una de las entidades estatales, en las que quedaron incorporados.

La existencia de estas interacciones entre lo que podemos denominar “opues- tos complementarios”, permite ampliar el horizonte de análisis mediante la ob- servación de la interinfluencia entre “relaciones internacionales” y “relaciones interregionales”, aplicado en el presente estudio al caso específico de la región de Misiones.

En cuanto al eje temporal, si bien el interés está centrado en la época de conformación territorial de los Estados en que está inserta la región misionera, creemos que para explicar la realidad regional de la época es necesario una aproximación a los elementos distintivos que marcaron su proceso de ocupación.

*Centro de Investigaciones de la Facultad de Filosofía y Humanidades (CIFFYH) UNC Cuadernos de Historia, Serie Ec. y Soc., N° 5, Secc. Art., CIFFyH-UNC, Córdoba 2002, pp. 141-160

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1. El concepto de región

La construcción histórica del concepto de región y la posibilidad de convertir- lo en una variable operacional para el estudio de la problemática espacial plan- tean una serie de interrogantes que los estudiosos del tema han tratado de res- ponder, teniendo en cuenta diferentas perspectivas teóricas que influyeron sobre la historiografía en las sucesivas etapas de su elaboración. Un punto de inflexión en este sentido, se produce cuando la dimensión espacial comienza a ocupar un lugar significativo como categoría de análisis, erosionando la preponderancia – o casi exclusividad- que hasta entonces había tenido el eje temporal en los trabajos históricos. Si bien este fenómeno no es nuevo, ha cobrado aún más notoriedad en los estudios contemporáneos.1

Dicha constatación lleva a considerar la espacialidad como un supuesto váli- do para tratar de entender al menos algunos aspectos de la red de vinculaciones internas y externas estructuradas en el marco latinoamericano, ya sea desde el punto de vista político, económico o sociocultural. Este enfoque metodológico significa un desplazamiento de la perspectiva de análisis del objeto de estudio, sin perder de vista al hombre en sociedad, que en última instancia permite identificar el espacio regional y explicar el rol de sus diversos actores. 2

En la búsqueda de un punto de partida para tratar de dilucidar la cuestión, encontramos que el espacio latinoamericano, considerado como categoría de análisis y como realidad, presenta un carácter complejo y a la vez conflictivo.

Teniendo en cuenta esta especificidad, cabe preguntarse sobre la posibilidad de aprehenderlo, buscando unidades menores que permitan un acercamiento al problema. Este intento de clasificación se relaciona con el tiempo que lo enmar- ca, pues requiere la consideración de algunos fenómenos históricos producidos a comienzos del presente siglo, desde una perspectiva analítica de más larga dura- ción.

En tal contexto, consideramos importantes dos variables que ejercen una suerte de interacción, nos referimos a Estado Nación y Región.

Este proceso, implica reconocer dos aspectos, por una parte, no todas las regiones se incorporaran del mismo modo a los Estados nacionales emergentes,

1Algunos de los factores más significativos y recientes que coadyuvaron a este fenómeno son s en la introducción al libro Lugares para la Historia. Espacio, Historia Regional e Historia Local en los Estudios contemporáneos. Fernández y Dalla Corte, 2001: 9 a 12. En tanto, una intere- sante síntesis sobre los distintos enfoques historiográficos que motivaron una revisión de los estudios regionales en Argentina, durante la última década puede verse en Bandieri, 2001 y en Fernández y Dalla Corte, 2001: 91 a 104.

2 Al respecto Edmundo Heredia afirma: “la doble vinculación del hombre con el hombre y del hombre con la naturaleza conforma una trama básica y fundamental de los modos de relacionamiento entre los pueblos. Esta doble vinculación está también presente en la formación de patrones culturales, que devienen en formas de conducta social.” Cf. Heredia, 1994: 13.

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esto es, algunas lo hicieron como espacios hegemónicos y otras en tanto sólo se articularon marginalmente; por otra, la necesidad de referir a contextos más amplios el análisis de la problemática regional.3

También es importante destacar que la región es una construcción histórica conformada por los hombres en el tiempo y no una entidad dada, en palabras de Eric Van Young: "las regiones son hipótesis por demostrar y, cuando hacemos historia regional, estamos tratando de hacer justamente eso, antes que describir entidades previas". 4

Por ello recurrimos al aporte de disciplinas como la geografía humana, la sociología , la economía, la antropología o la ciencia de las relaciones internacio- nales, entre otras, a fin de lograr una aproximación a su contenido. Esto como consecuencia de la progresiva vinculación de la historia con otras ciencias socia- les, que produjo un enriquecimiento mutuo a través del planteo de nuevos pro- blemas y la incorporación de categorías y conceptos que condujeron a aproxima- ciones más rigurosas.

Como ya se dijo en la introducción, privilegiamos en este análisis las regiones de frontera, consideradas como espacios de interacción donde se ponen en con- tacto diversas variables , en un tiempo de larga duración. Tomando como punto de partida estas ideas, cabría preguntarse por su especificidad para el caso lati- noamericano, en el transcurso de su historia. Al respecto la herencia colonial, el período de las revoluciones de independencia y los acontecimientos posteriores ejercieron una importante influencia en la estructuración de las áreas fronterizas. Un período que parece significativo para analizar este proceso en América Latina es el de la formación de los modernos Estados nacionales.

3Este tema es planteado por E. Heredia, considerando como punto de partida la unidad espacial mayor, esto es América Latina, cuando dice: “...Así, el espacio latinoamericano estaría conformado por determinadas unidades espaciales, de las cuales las fundamentales son sus regiones. A su vez, en esta línea de análisis América Latina debe ser considerada como una macro-región, y en ese contexto se la debe observar a su vez en su condición de partícipe de un proceso que se desarrolla en un espacio mayor (América, Hemisferio Occidental, Mundo, según sea la propuesta del estudio específico). Podría enunciarse el concepto bajo la denominación de principio de participación, que afirma que una región, para ser tal, debe ser entendida como parte de un espacio mayor”. Heredia, 1994: 20. En tanto, Daniel Campi se acerca al mismo problema, al proponer la reconciliación de la “micro con la macro perspectiva”, afirmando: “....podíamos hacer desde nuestros archivos, en vez de “historia local”, historia latinoamerica- na, en tanto esos nuevos y grandes temas eran, precisamente, los de la renovada historiografía de América Latina. De ese modo, se afirmaba la idea (ya presente) de que el territorio objeto de nuestro estudio era una porción (por llamarlo de algún modo) de una totalidad que, con grandes singularidades, tenía , en rigor, una sola historia. Campi, 2001 en Fernández y Dalla Corte, 2001: 85-86.

4 Van Young, 1991:101 y ss en Perez Herrero,1991.

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2.El rol de las regiones fronterizas en la conformación de los Estados Nacionales

En principio, estas nuevas entidades se constituyeron en base a un proyecto político e ideológico que no siempre tuvo en cuenta la realidad espacial y regio- nal. Es decir, los elementos culturales y las contradicciones que afectaban al cuerpo social, donde se trataba de implantar ese modelo. Esta situación tendría una influencia significativa en la organización del espacio latinoamericano, la cual redundó en beneficio de algunos sectores regionales, mientras que provocó la marginación o desestructuración de otros.

La delimitación territorial de los nuevos estados se llevó a cabo entre fines del siglo XIX y comienzos del XX, generalmente de modo convencional y muchas veces superponiéndose a realidades preexistentes. Ello, sumado a otros factores propios de la realidad latinoamericana, trajo como consecuencia numerosas dis- putas y reclamaciones entre los países del continente.

En este sentido, se visualizan algunos elementos que pueden constituir en principio una explicación válida. Entre ellos, cabe destacar las características específicas de las regiones donde los nuevos Estados latinoamericanos fijaron sus límites, a saber:

-Generalmente eran las áreas marginales del país.

-Allí se ubicaban poblaciones tribales que fueron dejadas a su suerte, compe- lidas a emigrar, explotadas irracionalmente como mano de obra barata o exterminadas.

-En muchos casos, estas regiones poseían grandes reservas de productos críti- cos, lo que concitaba el interés de las potencias centrales y originaba tensio- nes.

-Al erigirse en áreas limítrofes de los nuevos Estados Latinoamericanos, se generaban conflictos adicionales.

-En su mayoría tenían escasa población.5

En cuanto a la política que llevaron a cabo los principales Estados de la región en relación a estas zonas, se advierten ciertos rasgos comunes. Uno de ellos, es que generalmente los gobernantes comenzaron a interesarse por ellas en algunos casos por razones estratégicas, en otros, en función de los imperativos

5Estas regiones son denominadas frecuentemente "espacios vacíos", lo que merecería algu- nas reflexiones al respecto. En primer lugar estos espacios no eran vacíos en el sentido estricto, pues no estaban totalmente despoblados, aunque tuvieran una baja densidad demográfica. Esto tampoco fue una constante, ya que muchas de estas regiones poseían una población nativa que fue exterminada, lo que implica que estos espacios fueron "vaciados". Por último tal deno- minación suele tener un carácter ideológico, para significar ausencia de "civilización", en el sentido positivista del término.

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económicos del mercado mundial, o porque en determinadas situaciones con- fluían los dos factores.

Esto se reflejó en la mayor atención de los territorios que poseían productos críticos o valor estratégico y la desatención de los restantes, lo que dio como resultado: el abandono, la incomunicación y el aislamiento interregional.

Las características inherentes a dichas regiones favorecieron el surgimiento de conflictos que se manifestaron en diversos niveles, a saber: entre los sectores dominantes regionales y los de la región hegemónica, en torno de la cual se estructuraban generalmente los nuevos Estados Nacionales, que a su vez dispu- taban entre sí por la apropiación de las áreas de frontera. A lo que se agregaba, en algunos casos, la presencia del capital internacional que por propia cuenta o en combinación con inversores nacionales, explotaba los recursos del suelo y los habitantes de la región.

3. El medio ambiente y los habitantes originarios del área misionera

Desde el punto de vista geológico, el área forma parte del Altiplano Brasileño y comprende los Estados de Paraná, Santa Catarina y el norte de Rio Grande do Sul, el territorio de la provincia de Misiones en Argentina y el este del territorio paraguayo. El límite oeste está constituido por la Meseta de Amambay, en Para- guay, el meridional por la Serra Geral, o sea el declive del altiplano brasileño hacia las tierras bajas de la Pampa y el oriental por la Serra do Mar.6

El suelo es de carácter rocoso, de un color rojo intenso, a excepción de los perfiles pétreos y los acantilados verticales de las márgenes de los ríos.

De un modo general puede decirse que el relieve constituye una gran meseta, cuyos declives escarpados, llamados sierras, descienden a las tierras bajas en el sur y en el oeste, y hacia la planicie costera y el océano, en el este.

Así, el dispositivo geográfico de este ámbito selvático se articula sobre tres ejes paralelos: la cumbrera de la sierra en el centro y los colectores fluviales Paraná y Uruguay, que constituyen las vías naturales de integración.

El espacio misionero está cubierto por un tipo de selva, de exuberancia menor que las propias de regiones tropicales, en cuyo desarrollo influyen dos factores importantes, esto es: las lluvias abundantes y las temperaturas elevadas.

Si bien la considerable riqueza florística y la composición variable de su vege- tación no permite destacar especies dominantes, la frecuencia de algunas de ellas ha permitido distinguir los distritos de los laureles, de los helechos arbores- centes y del urunday. El cedro y el arbusto Ilex paraguayensi, entre las especies que históricamente fueron requeridas por la demanda del mercado mundial o

6Schmieder, 1946: 430

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regional, tienden a formar asociaciones, del mismo modo que la araucaria se le reúne en el confín oriental.7

El área forma parte de un espacio mayor, esto es la Cuenca del Plata, la que se destaca precisamente por ser uno de los sistemas fluviales más importantes de América del Sur. Tal rasgo ha marcado significativamente su historia, pues desde la época colonial hasta la conformación de los modernos Estados, fue escenario de una lucha constante por detentar el dominio de los ríos y sus territorios adya- centes.

No obstante, con anterioridad a la ocupación europea, esta región se hallaba habitada por diversos grupos, dentro de los cuales la etnia más importante era la de los guaraníes.

Esta pertenece a la familia lingüística tupí-guaraní que junto a la arawak y a la carib, constituyen las denominadas culturas de la selva o "agricultores amazó- nicos". En tiempos prehispánicos los tupí-guaraní alcanzaron una enorme expan- sión, partiendo de su centro de dispersión, el Amazonas Inferior. En efecto, a través de su componente guaraní se establecieron en el sur de Brasil, Paraguay, Bolivia y Argentina.8

Estos grupos bajaron por las vías del Paraná-Paraguay, ocupando sus zonas aledañas y transformando la cuenca meridional en un paisaje con características específicas. Como sus parientes tupís de la costa brasileña, eran cazadores y pescadores, pero preferentemente habitaban en los bosques y se dedicaban al cultivo.

En el actual territorio argentino, se ubicaron sobre todo en el norte de Corrien- tes y en el litoral de Misiones, también habitaban los bosques subtropicales del oeste de la Serra do Mar y la planicie costera del sur del actual Brasil.

Su hábitat particular, la relación con otras comunidades y posteriormente el papel desempeñado por Asunción en la época colonial, llevó a estos pueblos a cumplir un rol que tuvo como basamento una organización particular de la vida comunitaria. Además, el carácter de sociedades agrícolas y sedentarias en medio de culturas cazadoras y aguerridas, coadyuvó a fomentar dicha situación.

La técnica utilizaban por este grupo era la "milpa" o roza, es decir el talado de árboles, el corte de la maleza, el incendio y el posterior cultivo sobre el terreno quemado. Cada parcela tenía una productividad aproximada de tres años; fina- lizado ese lapso las aldeas se desmontaban, iniciándose la búsqueda de nuevas tierras que reemplazaran a las agotadas. Las actividades de caza, pesca y reco- lección eran secundarias, en la medida que se almacenaba el excedente agrícola.

De acuerdo a sus orígenes, los guaraníes fueron hábiles canoeros, utilizando sus naves para trasladarse a través de los cursos fluviales y para hacer la guerra.

La vivienda era la gran casa comunal, en la que se alojaban varias familias,

7Bruniard y Bolsi, 1992, 527 y ss.en Roccataggliata, 1992.

8 Martinez Sarasola, 1992: 75.

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en tanto, su patrón de asentamiento tenía como base la aldea.

En la Serra Geral y alejados de las cuencas fluviales (en el actual Estado de Paraná), habitaban los Caingang.9 Desde el punto de vista cultural constituían los representantes meridionales de un conjunto étnico mayor situado en el litoral atlántico, desde Bahia hasta Rio Grande do Sul. Este espacio, parte externa del planalto brasileño, conformaba una típica área de arrinconamiento, en la cual quedaban inmovilizados los grupos que allí llegaban; ya sea cercados por otras culturas o impedidos de desplazarse por la realidad ecológica, en este caso la proximidad del océano.

Este grupo de cazadores y recolectores de la costa estaban emparentados lingüísticamente a la cultura Ge, horticultores del planalto, pero con el tiempo su lengua sufrió alteraciones por la presencia guaraní.

Los caingang eran sobre todo recolectores, especialmente del fruto del pino de Misiones, también recogían larvas, frutos silvestres, miel y algarroba. Además realizaban actividades de caza y pesca e incorporaron tardíamente la agricultura, que alternaban con las otras tareas.10

4. La conformación del espacio regional

El análisis de la estructuración del área misionera se vincula -como ya se dijo- con la historia de las sociedades históricamente asentadas en el espacio que comprende hoy el sur de Brasil, relacionado ambiental y culturalmente con la Mesopotamia argentina y uruguaya, así como también con gran parte de lo que fuera la antigua gobernación española de Asunción; vinculándose además con otras dos grandes regiones sudamericanas: el Chaco, ubicado al otro lado del río Paraná y la Pampa, que se extiende al sur.

La ciudad de Asunción fue el punto de partida desde donde los españoles iniciaron la apropiación europea de Misiones, en tanto Portugal ocupaba tierras hacia el sur y el oeste. Este avance al que España trataba de oponer vallas, así como la aspiración hispánica a una salida al mar por Santa Catarina fueron aspectos importantes en la efectivización del dominio del área.

A partir de 1610, con la anuencia de la corona Española se instalaron las Misiones Jesuíticas en la región conocida como "Guayrá"; no obstante ya en 1630 debieron ser trasladadas por los frecuentes ataques de los bandeirantes, estableciéndose en las inmediaciones del Paraná superior y el Uruguay.

9Las crónicas no mencionan a estos grupos con ese nombre, sino que utilizan una serie de gentilicios que seguramente se refieren a diversas parcialidades. Por otra parte, en el siglo XVI estaban sufriendo un proceso de irradiaciones culturales desde otras áreas, de modo que los relatos son a menudo confusos.

10 Rex González y Pérez, 1985: 113 y ss

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Las reducciones enfrentaron desde su creación dos problemas fundamenta- les; uno era la presión de los encomenderos de Asunción, que las consideraban un perjuicio, por la pérdida de mano de obra indígena. El otro fue el ataque sistemático de los bandeirantes paulistas, cuyos objetivos eran la caza de aborí- genes para venderlos a las plantaciones del Nordeste y la expansión territorial hacia el sur.

La creación de las Misiones transformó significativamente el hábitat; se fun- daron grandes aldeas donde fueron concentrados los indígenas, lo cual demandó la tala de bosques, la apertura de caminos y la construcción de casas e iglesias.11 La expansión de estos establecimientos se llevó a cabo mediante la confor- mación de una unidad productiva, centrada en la plantación de yerba mate y

otros cultivos destinados a la subsistencia.

La producción organizada y racionalizada concentró la comercialización de la yerba mate hacia toda América del Sur, incluso en el área pacífica. Luego pasó a complementarse con la explotación ganadera, en el sur, a medida que la presión los obligó a descender hacia la Mesopotamia, territorio del actual litoral uruguayo y argentino.12

Hacia 1680 comenzó a jugar un nuevo factor que sintetiza la lucha entre el avance lusitano y la oposición española: la fundación de la Colonia de Sacra- mento, con los sucesivos cambios de jurisdicción, destrucciones y reconstruccio- nes.

Un hito que marcó el comienzo de la decadencia de las Misiones fue el trata- do de Madrid (1750) entre España y Portugal, que adjudicó la Colonia de Sacra- mento a los españoles, quienes cedieron a cambio las siete Misiones del lado oriental del Uruguay, en las que estaban situados los yerbales más valiosos y estancias de vital importancia. Los treinta mil indios guaraníes que vivían allí se levantaron en contra del acuerdo, ofreciendo una resistencia armada a las tropas españolas y portuguesas, que recién fue derrotada en 1756. Como consecuencia de esta guerra, las aldeas quedaron destruidas y no pudieron reponerse, a lo que se sumó, en 1767, la expulsión de la Orden de los dominios españoles. 13

El retiro de los Jesuitas modificó la estructura de la región, la que sin embargo conservó la peculiar cultura del pueblo guaraní, uno de cuyas manifestaciones más importantes es la lengua.

En este contexto, hasta la primera década del siglo XIX el rasgo predominan- te fue la lenta desarticulación de la estructura misionero - guaranítica, que no pudo sobrevivir a los profundos cambios sufridos con motivo de su ingreso en la organización colonial española y portuguesa.

11Ribeiro, 1985: 459 y ss

12Garavaglia, 1983: passim

13Cf. Dobrizhoffer, 1997-1970: 111 y ss. La edición original de la obra de este sacerdote jesuita, que vivió como misionero en la región, es de 1783.

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5. La confluencia de diversos intereses estatales en la región

A la etapa de disgregación del mundo guaranítico, sucedió un período de constantes disputas en las que el Paraguay, el Imperio de Brasil y Argentina, particularmente Corrientes, Entre Ríos y Santa Fe, reclamaron o tomaron pose- sión violenta o pacífica del espacio misionero.

La época independiente marcó el comienzo de estas luchas, que tuvieron como protagonistas sucesivos a los corsarios de Montevideo, durante el gobierno de Elío, las avanzadas artiguistas, las montoneras de Francisco Ramírez y las incursiones periódicas de paraguayos y brasileños. A ello se sumaban los conti- nuos bloqueos comerciales a Paraguay, realizados por los porteños, que no esta- ban dispuestos a reconocer su independencia.

Así, un problema de ocupación geográfica y de defensa contra un enemigo potencial, generó un espacio de permanente disputa entre los sectores dominan- tes de una y otra banda de los ríos, complicada con la diplomacia portuguesa - luego brasileña -, y la presencia británica detrás del escenario.14

A ello debe sumarse la condición de tierra indígena, mano de obra codiciada por los luso - brasileños, la presencia de recursos naturales de gran valor para la época y el hecho de que Misiones constituyera una zona vital de tránsito para el comercio, que entre São Borja e Itapúa efectuaban Paraguay y Brasil, particular- mente en los períodos que la vía Paraguay -Paraná permanecía cerrada para Asunción.

Las vicisitudes políticas y militares sufridas por el área misionera terminaron por desarticular totalmente la estructura jesuítica y repercutieron en la mortali- dad y dispersión de la población guaraní. No obstante, las operaciones militares y las escasas actividades económicas se centralizaron en las antiguas instalacio- nes misioneras y el mismo tráfico brasileño - paraguayo utilizó muchos de los derroteros y pueblos tradicionales.

En el marco de esta constante lucha, la provincia de Corrientes llegó a esta- blecer en 1830 un statu quo de larga vigencia con el Paraguay, repartiendo las tierras misioneras, lo que permitió a este último quedar en posesión de la margen izquierda del Paraná.

Paraguay, ubicado en las nacientes de los grandes ríos, alentó aspiraciones de unir el este litoraleño con una probable salida por el puerto de Montevideo en el transcurso del siglo XIX; sólo la derrota en la Guerra de la Triple Alianza destruyó estas expectativas generadas por una historia y una geografía común. Al respec- to, fue importante la participación de Uruguay, pues uno de los motivos de la

14Al Respecto, la creación del Estado uruguayo en 1828 constituyó un triunfo de la diploma- cia británica y un hito del conflicto histórico, cuya última expresión fue la Guerra de la Triple Alianza.

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guerra estuvo dado por la protección paraguaya hacia la nación platina, con quien entablaba por esos mismos años una activa diplomacia unionista.15

El desenlace de esa guerra de exterminio significó el fin de una tentativa de organizar el espacio de la Cuenca del Plata, en función de un centro situado en sus nacientes y la conclusión del largo ciclo de tensiones fronterizas entre los diversos Estados que gravitaban en el área.16

En el caso de a Misiones, los efectos de esta guerra se hicieron sentir con mayor énfasis en los centros situados en las márgenes del Paraná.

En este período, el escaso poblamiento pionero había logrado asentar la eco- nomía misionera en la ganadería de las tierras herbáceas del sur, la incipiente explotación forestal y yerbatera en el interior selvático, y un activo comercio y contrabando con los países vecinos.

Los ríos navegables, los caminos y las picadas abiertas en la selva constituye- ron las primeras vías de penetración en el territorio misionero. Estas se fueron estructurando a partir de 1810, favoreciendo la actividad de los pobladores, que se vio incrementada por la continua afluencia de inmigrantes de países vecinos, la intervención de la provincia de Corrientes hasta 1882 y del Estado Nacional Argentino, a partir de esa fecha.

La conjunción más favorable de las vías de comunicación se dio en Posadas, sobre el Paraná, lo que explica su rápido crecimiento y transformación en el centro regional más importante.

Otros aspectos relevantes en el desarrollo del área fueron: la superación de la resistencia aborigen, ubicada en el centro misionero, la organización de la nave- gación a vapor por el Paraná y el Uruguay, y la limitada producción de los yerbales paraguayos.

A la inmigración espontánea sucedió la colonización oficial, propiciada por el gobierno de Corrientes, que tuvo escaso éxito, pero contribuyó a la valorización del espacio misionero, promoviendo a partir de 1919 el desarrollo de la coloniza- ción privada.

Una de las bases más importantes de la ocupación del área fue la migración proveniente de los países limítrofes, especialmente Paraguay y Brasil, proceso que sufrió una significativa alteración hacia 1881.

Por decreto del 2 de junio de 1881 la provincia de Corrientes vendió a particu- lares una importante cantidad de territorio misionero. Esta medida resultó del prolongado debate entre Corrientes y el gobierno central por la posesión de Misio-

15Una visión nacional brasileña de esta política iniciada por Francisco Solano López, puede verse en Soares, 1972: 272.

16La producción para un mismo mercado consumidor, el modelo de inserción internacional y la fluidez de las relaciones comerciales, asegurada por los adelantos de la navegación, fueron elementos importantes para la conformación espacial de la región en torno a sus más poderosos puertos de salida: Buenos Aires y Montevideo.

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nes. El Estado Nacional ganó finalmente el pleito, pero no pudo modificar sus- tancialmente el régimen de propiedad de la tierra, especialmente en el nordeste, donde subsisten aún hoy el latifundio y el vacío poblacional, que contrasta con los espacios brasileños lindantes, caracterizados por su pujante crecimiento eco- nómico y demográfico.17

Al respecto, el sistema empleado por el gobierno de Brasil era la instalación de inmigrantes en núcleos coloniales constituidos por pequeñas propiedades.

Una de las motivaciones principales de este proceso de colonización fue bási- camente la ocupación de áreas escasamente pobladas, integrándolas económi- camente al Estado y garantizando su posesión efectiva. En los casos específicos de las áreas fronterizas del oeste de Santa Catarina y Rio Grande do Sul, se agregaba a lo anterior una razón estratégica para su poblamiento.18

En cuanto a la presencia de las instituciones estatales en la región, Jules Huret, viajero francés que visitó Argentina y recorrió la Gobernación de Misiones en 1911, ofrecía un testimonio recurrente, en lo que a espacios de frontera se refiere:

“Franceses y alemanes, rusos y poloneses, italianos y austríacos me asegu- ran que el gobierno federal ignora cuanto pasa en tan lejano territorio y que es un servicio el que se presta á la Argentina descorriendo el velo. No puedo, sin embargo, entrar en detalles acerca de lo que se llama "la administración corren- tina". Burocracia prevaricadora, policía y justicia á las órdenes de la burocracia; he aquí en dos palabras el resumen de miles de historias de abusos, de robos sobre todo, de malos jueces y de policías cómplices, que he recogido”.19

Si bien constituye la visión de un viajero europeo, que sólo cita testimonios extranjeros, no puede negarse la importancia de este relato como aproximación a la realidad.

En tanto, respecto al poblamiento del sector argentino de Misiones, Huret apunta:

“El territorio de Misiones está poco poblado, pues sólo tiene 38.000 habi- tantes. Una gran parte de esta población se compone de colonos europeos. Los rusos y los eslavos de Austria están en mayoría, entrando en aquella cifra con una proporción de 45%; los italianos de 10 y los franceses de 5... Los sirios y los armenios comienzan á invadir las provincias del Norte y en particular la de Misiones... Los mejores colonos de Misiones para la explotación industrial de los bosques son actualmente los brasileños hijos de alemanes. Para los traba-

17Un análisis exhaustivo y documentado de este proceso es realizado por Bolsi,1976: 9 -69.

18Petrone, 1990: 93-133.

19Huret, 1986:332. La primera edición de esta obra fue publicada simultáneamente en español y francés en 1911 por Eugéne Fasquelle Editor, París.

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jos de la selva, desmontes y yerbales no tiene rival el correntino, mestizo de guaraní y español. Y el mejor trabajador del campo es el polaco, que, desde hace algún tiempo se ha convertido en proveedor de huevos, manteca, salchi- chería, etc...”20

Esta realidad multiétnica, descripta por el autor, que está presente en los procesos socio-económicos de la región, no aparece tratada cuando se discuten temas referentes a conflictos limítrofes o acuerdos diplomáticos.

6. La situación regional a comienzos del presente siglo

A comienzos del presente siglo, la región fue escenario de diversos fenómenos socio-económicos vinculados con la inserción de las respectivas economías na- cionales en el mercado mundial. Uno de los más importantes fue el ciclo de la extracción de madera para usos diversos en la industria y los transportes, pero sobre todo para la producción de tanino.

La explotación de quebracho colorado comenzó alrededor de 1850; nacida en la margen oriental del Paraná, la industria forestal emigró a fines del siglo pasado a la orilla occidental. El mismo movimiento se dio más al norte, sobre el río Paraguay, donde la actividad constituyó una industria secular, cuya importan- cia señalaba ya Félix de Azara.

En Argentina, el núcleo más septentrional de explotación maderera era el territorio nacional de Misiones; la capital, Posadas, constituía el centro de alma- cenamiento y de vigilancia para el acceso aguas arriba. Su influencia se extendía más allá de la frontera, sobre una parte del territorio brasileño y paraguayo.

En esta época, la extracción de pino era intensa en la zona brasileña, mien- tras que en la parte argentina aún no era explotada, por causa de la distancia que mediaba entre los pinares y la vía fluvial. 21

Con respecto al cedro, los obrajes argentinos se extendían a orillas del Para- ná, hasta unos 20 Km sobre la margen paraguaya, pues allí la costa era menos accidentada, lo que facilitaba el transporte fluvial. Los troncos descendían en jangadas hasta la ciudad de Posadas, donde eran entregados a los aserraderos.

No obstante la importancia de la producción maderera, la principal actividad en la floresta misionera era la explotación de los yerbales. Si bien ésta se había desarrollado ininterrumpidamente desde los tiempos coloniales, sufrió a lo largo de la historia diversos desplazamientos de sus centros, dentro de la región.

Hasta fines del siglo XVIII, Paraguay había sido el gran productor de yerba

20Huret, 1986: 322-323

21Denis, 1987:148. Esta obra fue editada originalmente en Francia en 1920, bajo el título: La République Argentine. La mise en valeur du pays. París, Librairie Armand Colin.

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mate, pero con el advenimiento del proceso independentista esta situación se modificaría. La política de aislamiento impuesta por Francia y el bloqueo comer- cial a que fue sometido por Buenos Aires, fueron condiciones que contribuyeron al surgimiento de nuevos centros de producción y de tráfico. Así, la industria yerbatera comenzó a desarrollarse en el territorio de las Misiones Orientales, en la margen izquierda del Uruguay, extendiéndose por los actuales Estados brasileños de Rio Grande do Sul y Paraná.

En el último tercio del siglo XIX, los centros de explotación emigraron de la margen oriental a la occidental del río Uruguay, que a partir de 1870 fue reem- plazado por el Paraná como vía de traslado de la mercadería. De este modo, el comercio se concentró en el puerto paraguayo de Concepción, lo que redundó en el crecimiento de la provincia argentina de Misiones. A comienzos del presente siglo, Posadas se constituyó en el centro de producción en Argentina; los yerbales tributarios se distribuían a uno y otro lado del Paraná.

Estos se ubicaban en el borde de la selva tropical propiamente dicha y en el límite inferior de los bosques de araucaria, es decir a mucha distancia del río. La vinculación entre los centros de producción y la vía fluvial se realizaba mediante sendas de mulas, barrosas y difíciles de transitar.

Esos caminos terminaban en el río, donde se encontraban depósitos apenas visibles en el follaje, denominados "escalas", en los cuales se detenían los vapores para realizar las operaciones de carga.

El trabajo en los yerbales se llevaba a cabo seis meses al año, los obreros eran generalmente brasileños, paraguayos y argentinos. Los brasileños se dirigían di- rectamente al lugar, los argentinos, casi todos originarios de la provincia de Co- rrientes, eran reclutados en Posadas y los paraguayos en Encarnación. Al respec- to Pierre Denis observa:

“El enganche en Posadas se practica según la costumbre tradicional, que no parece haber cambiado desde hace un siglo. La descripción de Azara no ha envejecido: "Las gentes en Villa Rica tienen como recurso principal enganchar- se en los yerbales; la industria de la yerba es lucrativa algunas veces a los jefes y nunca a los peones que trabajan cruelmente sin provecho alguno; además de pagarles en mercaderías la yerba que recogen, se cotiza esas mercaderías a tan alto precio que es una cosa terrible; hasta por el machete para cortar la yerba se les exige un alquiler... Como los peones antes de partir para los yerbales, se endeudan más de lo que pueden, cuando han trabajado un poco, se largan y dicen adiós al yerbatero que resulta burlado. El yerbatero a su vez es explotado por los comerciantes que lo comandan”. 22

22Felix de Azara llegó a Buenos Aires en 1781, como colaborador para la fijación de los límites entre las posesiones portuguesas y españolas y se quedó veinte años en el Río de la Plata. El relato citado por Denis es de 1783 y se incluye en su obra: Descripción e Historia del Paraguay y del Río de la Plata, publicada por Agustín Azara, Madrid, 1847, 2 Vol.

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El ciclo del "sistema de enganche" comenzaba cuando el habilitado de una compañía recibía una determinada cantidad de dinero por anticipado, contrata- ba entonces un grupo de peones a quienes proveía de lo necesario y les adelanta- ba uno o más meses de salario. Así el yerbal en la selva, la tienda en el lugar de enganche, donde los adelantos se gastaban generalmente antes de la partida, y un molino yerbatero en las cercanías de los mercados consumidores de las gran- des ciudades (Rosario o Buenos Aires), eran tres elementos inseparables en una empresa de explotación de yerba mate.

No sólo la arbitrariedad de la contratación de los peones parece ser un hecho muy antiguo, sino también las condiciones inhumanas de trabajo. En efecto, Garavaglia compara cuatro descripciones de un beneficio yerbatero en el siglo XVIII, con la realizada por Rafael Barrett en 1908, concluyendo "que lo esencial de este proceso seguirá casi sin alteraciones hasta no hace mucho tiempo." 23 Al respecto, la encendida denuncia de Barret es altamente ilustrativa, afirmando en uno de sus párrafos:

“De 15 a 20.000 esclavos de todo sexo y edad se extinguen actualmente en los yerbales del Paraguay, de la Argentina y del Brasil. Las tres repúblicas están bajo idéntica ignominia. Son madres negreras de sus hijos”. 24

A principios del siglo XX, comenzaba también a desarrollarse en la región un sistema de agricultura, diferente del tipo generalizado en la Pampa Argentina. Esta era similar a la colonización del sur brasileño, tenía como base el cultivo de azada y se ubicaba en las "picadas" abiertas por el hacha y el fuego, hacia el interior de la selva. 25 Pierre Denis intenta explicar este fenómeno, afirmando:

“Es que las Misiones constituyen en el país una región aparte: se vinculan a la meseta brasileña tanto por su estructura geológica como por su clima. Las colonias misioneras no son más que la prolongación sobre territorio argentino de la gran zona de colonias del Brasil meridional, que se extiende desde la costa de Santa Catalina y de Río Grande do Sul hasta el río Uruguay”.

Las colonias misioneras argentinas enviaban productos hortícolas, aves y huevos a Buenos Aires, por vía fluvial, lo que les confería cierta ventaja sobre las colo- nias de Brasil, que no gozaban de ella.

23Garavaglia, 1983: 246 y ss.

24Barret, 1978:124. Este artículo apareció originalmente en “El Diario”, Asunción, 17-6-

1908.

25Este sistema de agricultura era económicamente mucho menos rentable que la pampea- na, sobre todo por dos razones: 1) La superficie explotable de la selva era comparativamente reducida, pues los lotes de las colonias brasileñas tenían una extensión diez veces menor que la media, en la llanura pampeana. 2) La circulación a través de la selva se tornaba sumamente difícil, lo que detenía el ritmo de salida de los productos.

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Su población, situada al borde de la selva, estaba integrada por nativos, polacos, agrupados sobre todo en Apóstoles y San José, y por teutones brasile- ños inmigrados a la zona. En esta época, los europeos del sur brasileño se trasla- daban también hacia la región del Matto Grosso.26

Los obrajes y los yerbales de la región constituían el mercado más importante para los productos de las colonias brasileñas, los cuales eran distribuidos funda- mentalmente por los comerciantes de Posadas. Además, estas explotaciones fue- ron la alternativa de trabajo para los colonos de Rio Grande do Sul y Paraná, sobre todo cuando se iniciaba su asentamiento, lo que permitió su subsistencia y consolidación.

En cambio, los inmigrantes de la zona misionera en Argentina se mostraron reticentes a esa tarea, que fue realizada por pobladores originarios de la región.

Otro tipo de producción que surgía en estos años, era la plantación de yerba- les en tierras fiscales y/o privadas, realizada generalmente por los grandes comer- ciantes de la zona que todavía explotaban en otras partes yerba silvestre, pues este proceso requería fuertes inversiones. Se establecían preferentemente cerca de la selva, a fin de que no les faltara la leña para el secado de las hojas.

Además, a fines de siglo XIX aparecía un nuevo factor que modificaba las características del poblamiento misionero, esto es el traslado directo de inmigran- tes europeos para instalarlos en espacios mensurados y subdivididos a tales efectos.

Tales elementos marcaban la transición entre una economía fundamental- mente extractiva y depredadora, a una más racionalizada y orientada a la pro- ducción y aprovechamiento de la tierra.

7. Los problemas de Cancillería

Desde la bula papal de 1493 y el Tratado de Tordesillas de 1494, la zona de Misiones ocupó un lugar especial en las disputas diplomáticas entre las Coronas Española y Portuguesa. Durante tres siglos la región constituyó una especie de marca entre los avances de los bandeirantes paulistas hacia el sur y el oeste y la expansión española hacia el norte y oriente.

Del mismo modo, desde esa época la diplomacia pareció desarrollar su acti- vidad intercambiando territorios en litigio, sin tener en cuenta que éstos eran el

26El representante brasileño en Buenos Aires comunicaba a su Ministro de Relaciones Exteriores que el embajador austríaco en esa ciudad le había manifestado que en su último viaje a las colonias argentinas, donde estaban establecidos inmigrantes austríacos – algunos de ellos venidos del Estado de Paraná -, le habían mostrado su descontento y su decisión de trasladarse a Argentina, por la situación allí imperante.Enrique de Lacerda a Olynto de Magalhães, Buenos Aires, 2-8-1900. En Arquivo Histórico do Itamaraty –Seção Correspondência – Misões Diplo- maticas Brasileiras Ofícios 206-1-11.

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lugar de asentamiento de sociedades estructuradas en interacción con el paisaje circundante.

En el tratado de Madrid (1750), Portugal y España acordaron que el límite entre los ríos Uruguay y Alto Paraná debería estar dado por los ríos Pepirí Guazú, San Antonio e Iguazú; luego de diversas alternativas esta línea demarcatoria fue reafirmada por el Tratado de San Ildefonso (1777).

Después de la independencia, Argentina y Brasil firmaron en 1857 el Tratado de Paraná. Al ratificarlo, la primera de estas naciones sostuvo que el Pepirí Gua- zú y el San Antonio eran, en realidad, dos ríos situados 320 Km al este de los reclamados por Brasil. El Imperio se negó a ratificar el acuerdo, argumentando que estos ríos eran el Chapecó y el Chopim.

Finalmente, los dos países se pusieron de acuerdo en que el límite debería seguir los cursos de los ríos Pepirí Guazú y San Antonio y las tierras altas entre las fuentes de éstos. El único problema consistía en determinar qué ríos llevaban en realidad estos nombres.

Entre 1859 y 1885 ambos Estados tomaron medidas encaminadas a ejercer el control sobre la zona en disputa. Así, el 22-12-1881 el Congreso Argentino creaba la Gobernación de Misiones, separándola de Corrientes y en 1884 co- menzaba la campaña del Chaco.

Esta empresa, concebida según el modelo de la expedición a la frontera sur y dirigida por el general Victorica, tenía como uno de sus objetivos principales respaldar los derechos del Estado argentino en el área.

En tanto, el gobierno imperial fundaba en 1882 las colonias militares de Chapecó y Chopim, lo que aumentaba los mutuos recelos.

Entre 1883 y 1887, a pesar de los acuerdos diplomáticos, la opinión parla- mentaria brasileña veía más cerca el peligro de una guerra con Argentina, por la llamada cuestión de Misiones. Se sugirieron diversas medidas ante esta eventua- lidad, una de ellas es la peculiar propuesta de Alfredo d`Escragnolle Taunay:

“...a guerra com Argentina deve ser movida pelo confronto das raças. Como a Argentina povoa-se de italianos, o Brasil deve fazer-lhe a guerra pela imi- gração, atraindo alemães, "raça mais forte e mais robusta". Com um exército da raça inferior, a Argentina desistiria de suas provocações e "a atual questão internacional, que preocupa agora a tantos espíritos, havia de cessar, desapare- cendo de todo o receio do conflito entre os dois povos”. 27

Salvo esta singular proposición que enfatizaba la necesidad de poblar las fronteras brasileñas con inmigrantes europeos, no se advertía ninguna preocupa- ción por parte de los gobiernos litigantes en cuanto a los diversos grupos étnicos

27En Anais do Senado, sessão de 11-8-1887, Vol. 4, p. 174 a 178. Citado por Cervo, 1981:130.

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originarios de esos territorios.

Tampoco en el tratado final se hacía referencia alguna a este tema, por el contrario, se enfatizaban las cuestiones estratégicas, como es común en la mayo- ría de los acuerdos de límites entre los países latinoamericanos durante esta época.

En 1885 se creó una comisión mixta encargada de explorar y realizar mapas de los cuatro ríos en cuestión y de los territorios aledaños, que debía terminar su labor en 1891. No obstante, ambos países firmaron, en setiembre de 1889, un tratado que disponía someter al arbitraje del presidente de los Estados Unidos el territorio en litigio, si no se llegaba a un arreglo amistoso dentro de los noventa días siguientes al anuncio del informe de la comisión.

En 1890, a poco de derribado el Imperio, se suscribía el tratado Quintino Bocaiúva - Estanislao Zeballos, que dividía el territorio sobre una base nueva: una línea recta que unía las desembocaduras de los ríos Chapecó y Chopim. Esto implicaba que Argentina quedaba en posesión de aproximadamente la mi- tad de la zona en disputa. El Congreso Argentino lo ratificó, pero el Brasileño se negó a aprobarlo, por lo que quedó en vigencia el acuerdo de 1889.

En definitiva, la tarea del árbitro era establecer, de acuerdo a las pruebas presentadas por los litigantes, cuáles eran efectivamente los ríos Pepirí Guazú y San Antonio. Pero, de esta decisión dependían 30.621 kilómetros cuadrados de territorio, considerado de gran valor estratégico por dos naciones que competían por la hegemonía en América del Sur. 28

La pretensión argentina le permitía avanzar una cuña entre los dos Estados más extensos del sur brasileño, es decir Rio Grande do Sul y Santa Catarina, en tanto Brasil perdía aproximadamente la mitad de la actual provincia de Santa Catarina. De este modo, el país lusitano quedaba en una situación comprometi- da, a una distancia de 320 Km de la costa atlántica, en el centro de una zona vital para su economía ganadera.

El objetivo del reclamo argentino puede considerarse como la manifestación última de una secular ambición de la Corona Española, esto es la obtención de una salida al Atlántico en dicha área.

La defensa de las posiciones de ambos países, presentada en Washington en febrero de 1894, estuvo dirigida por Estanislao Zeballos y el Barón de Rio Bran- co. Al año siguiente se conoció el fallo del presidente Cleveland, favorable a la posición de Brasil, que quedó en posesión de la totalidad del espacio en dispu- ta.29

28Este territorio estaba limitado al sur por el río Uruguay, al oeste por el Pepirí – Guazú y el San Antonio, al este por el Chapecó y el Jangada y al norte por el Iguazú.

29Zeballos, 1894. Paranhos, 1945 . Memoria del Ministerio de Relaciones Exteriores – Republica Argentina. 1895: 11 a 36.

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El tratado definitivo se firmó el 6 de octubre de 1898 en Rio de Janeiro.30 Obviamente, las autoridades y la opinión pública argentina no vieron con

buenos ojos el resultado del arbitraje. En este sentido, notables hombres públi- cos, tal el caso de Miguel Cané, consideraron un error la elección del árbitro, citando como ejemplo la oposición argentina en la Primer Conferencia Paname- ricana, propiciada por Estados Unidos.

Diarios como La Tribuna y El Tiempo, argumentaron que el país del norte había tenido presente, en la decisión, la importancia del enorme mercado brasi- leño. Otros medios, como La Nación y La Prensa, atribuyeron el resultado a la incoherencia y falta de tradición de la política exterior argentina.

Conclusión

El esbozo de trazar los lineamientos generales de la ocupación de las áreas fronterizas, en este caso del espacio misionero, posibilita una visión más integral si se considera su participación en la problemática de espacios mayores, percibi- dos de manera unitaria. Esto puede visualizarse con mayor claridad, al analizar las características del medio natural y los fenómenos de desplazamiento y circu- lación que allí se producían, observándolos en un tiempo de media o larga dura- ción.

La definición territorial de los Estados del Cono Sur se enmarca en el contex- to ideológico de comienzos del siglo XX, según el cual el espacio se consideraba un factor fundamental del poder estatal; es decir, lo importante era su incorpora- ción desde el punto de vista jurídico institucional, mientras que la situación de sus habitantes ocupaba un lugar secundario. Según este esquema, eran perfecta- mente admisibles hechos como el exterminio de los aborígenes, la explotación y represión de los trabajadores de frontera o la concentración de la propiedad de la tierra en pocas manos.

En todo caso, había que tratar de crear una identidad nacional; para ello la educación, la presencia de las autoridades representantes del gobierno central y de las fuerzas militares o policiales constituyeron instrumentos adecuados.

Para comprender cómo se manifestaron estos fenómenos en el área misione- ra, utilizamos también como recurso metodológico la contrastación de las posi- ciones en materia de política exterior con la política regional de cada uno de los Estados que pasó a formar parte, pues ambas parecían marchar por caminos bastante diferentes.

En efecto, el objetivo principal de la región hegemónica era definir el territorio nacional; una vez logrado esto, generalmente volvía sobre su propio proyecto y se

30Memoria del Ministerio de Relaciones Exteriores – Republica Argentina 1900, Anexo XX, págs. 94 a 100.

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desentendía de los espacios recién incorporados.

Para estos fines, resultaba operativo el concepto de frontera interna como frente a ocupar por la fuerza de las armas, el cual cobró una particular importan- cia cuando se necesitó afirmar la frontera exterior del Estado.

En este sentido, es importante el concepto de frontera como región plurina- cional, pues permite superar dicha antinomia un tanto artificial, al considerarla como un espacio de interacción y no como frente de una conquista bélica.

En otras palabras, la reconstrucción de la historia de cada región puede ser un elemento que permita entender las fronteras, no sólo como regiones de con- flicto, sino como espacios de integración entre los diversos países del Cono Sur - en particular -, y América Latina en general.

Además, la historia de la ocupación del espacio en las áreas de frontera en el Cono Sur, constituye el sustrato indispensable, para pensar estas regiones en función de los actuales procesos de integración fronteriza, los cuales constituyen una alternativa para sustraerse al modelo basado en las áreas hegemónicas de los diversos países que integran la región.

Fuentes y repositorios

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