Oscar Morales Recio, Las revoluciones inglesas del siglo XVII y la transformación de las islas Británicas, Síntesis, Madrid, 2015.

 

En esta obra publicada en 2015 por la editorial Síntesis, Morales Recio realiza un completo análisis de las dos revoluciones inglesas ocurridas en las islas británicas entre 1638 y 1689 (la primera entre 1638 y 1649, y la segunda entre 1688 y 1689). El autor se aleja de una visión meramente inglesa del tema para situarse desde una perspectiva que abarca la totalidad de los tres reinos –Escocia, Irlanda e Inglaterra– remarcando a su vez las divisiones culturales en el interior de cada uno de éstos y sus interacciones.

El propósito de su obra es el entendimiento de este complejo período teniendo en cuenta los acontecimientos en el archipiélago, por lo que lleva a cabo un ejercicio de historia comparada que resulta indispensable para comprender la totalidad de las revoluciones. Una de las principales causas que lo ha llevado a escribir esta obra es la gran dificultad de encontrar bibliografía traducida al español. Por lo que se ha propuesto poner al alcance, tanto del lector interesado como del estudiante universitario, un libro en español con un análisis integral que permita la comprensión de este complejo periodo, sin dar por sentado el conocimiento previo de conceptos o procesos específicos, haciendo un alto explicativo siempre que se precisa. Para lograr su cometido, Morales Recio realiza un estudio en conjunto de las islas como una entidad geográfica e histórica, señalando la importancia de las relaciones exteriores. En un periodo de pleno auge del mercantilismo y exploración colonial tanto en América como en Asia y África, muestra las relaciones de la convulsionada Europa continental, presa de la Guerra de los 30 Años (1618-1648) con un igualmente convulsionado archipiélago británico, sin escatimar en detalles y explicaciones sumamente pertinentes.

El autor divide a la obra en seis capítulos además de la introducción y las conclusiones, a su vez, los subdivide para una mayor comprensión de los mismos. Así, al comienzo, pretende dar una contextualización de la situación en las Islas Británicas hacia el 1600. Luego, entra de lleno en la primera revolución inglesa describiendo sus causas diferenciándolas entre políticas, económicas, ideológicas e intelectuales, sociales y religiosas. Dentro de las políticas se destacan los conflictos de Jacobo I y Carlos I con el Parlamento. Mientras que entre las causas económicas, estrechamente ligadas a las políticas, vemos a la corona incapaz de hacer frente a las necesidades de un Estado moderno en expansión por lo que Jacobo I tuvo que acudir a subsidios públicos para hacer frente a situaciones urgentes. A su vez, Carlos I heredó de su padre esta necesidad acuciante de recursos y una situación general de estancamiento económico, esto provocó un reinado sin Parlamento y la utilización de derechos caídos en desuso como también la extensión de las cargas existentes. Por otra parte, entre las causas ideológicas e intelectuales, el autor hace referencia a la “revolución científica”. Este proceso cultivó muchas de las ideas de la Revolución Inglesa que fueron difundidas mediante la imprenta, la que experimenta una gran expansión en este período. En cuanto a las causas sociales Morales hace referencia a los conflictos entre la gentry y el rey. Por último, y en cuanto a las de índole religiosa, aparecen los conflictos religiosos en el interior de los tres reinos que se vinculan a la increíble diversidad de posturas y visiones religiosas; de este modo, ocurrieron disputas y enfrentamientos entre anglicanos, presbiteranos y católicos como también entre sus múltiples facciones internas (sectas puritanas).

En su afán de una unificación religiosa en las Islas, Carlos I intentó imponer la religión anglicana en Escocia por medio de la aplicación del Book Of Common Prayer. Este suceso desató numerosas protestas en Escocia en las que la autoridad del rey sería puesta en jaque, desatándose la guerra civil entre los realistas y los parlamentistas, que finalizó con la victoria de estos últimos gracias a la creación del New Model Army, que cumpliría un rol clave en los años siguientes. Tras la captura del rey se conformó un alto tribunal de justicia y dado a que juzgar a un monarca era algo más que delicado, varios fiscales buscaron rehuir al hecho, no obstante el juicio fue llevado a cabo. Según el tribunal, Carlos I había roto unilateralmente el pacto entre rey y reino al disolver el parlamento en 1640 cuando los parlamentarios se negaron a contribuir económicamente en la guerra contra los rebeldes escoceses. El rey fue condenado como tirano, traidor y homicida a pena de muerte y llevado al patíbulo donde sería decapitado. Morales ahonda en las problemáticas que generó este hecho: “La revolución había demostrado que el rey no podía gobernar sin el Parlamento, pero tampoco se tenía experiencia de gobernar sin un monarca, un punto de referencia indiscutible en la milenaria historia inglesa.”

Después, el autor aborda el período de la Republica (1649-1660) haciendo hincapié en la figura controversial de Oliver Cromwell y su asunción como Lord Protector. Del mismo modo, examina las relaciones exteriores entabladas con países como España y Holanda. Para esto, realiza referencias y citas textuales de cronistas de diversas nacionalidades que nos permiten ver la Inglaterra de la época a través de la visión de embajadores y diplomáticos extranjeros. Asimismo, Morales resalta la capacidad de Cromwell para crear en la opinión publica una imagen negativa de la monarquía al considerarla “innecesaria y gravosa”. Otro elemento en el cual insiste es el importante papel del New Model Army como primer ejército permanente de Inglaterra y principal actor en las decisiones de las Islas; como también destaca la muerte de Cromwell y la incapacidad de su hijo para sostener un régimen personalista. Consecuentemente, señala cómo bajo el lema: “No Standing Army!” se reclamó por un Parlamento libre y cómo la intervención del general Monk significó el golpe final al período republicano. Otro elemento que contribuyó a la caída de la Republica, nos dice Morales, fue el hecho de que tras una década de asfixiante militarización la sociedad civil inglesa contempló de nuevo la posibilidad monárquica como una promesa de estabilidad.

El autor nombra a la siguiente etapa como “Restauración”, la cual cubre la etapa del 1660 hasta el 1688, cuando es coronado Carlos II Estuardo poniendo énfasis en su relación con el Parlamento y sus políticas de tolerancia religiosa. Otro factor importante que es señalado por Morales es la aparición, en este período, de los primeros partidos políticos dentro del parlamento -los Whigs y los Tories- los cuales marcaron desde ese entonces la política inglesa. En efecto, ambos partidos desempeñaron un papel clave para derrocar al rey Jacobo II en la segunda revolución inglesa.

Esta última, fue llamada la Gloriosa y fue considerada tradicionalmente como una “revolución de terciopelo” por su carácter pacífico, aristocrático y consensuado y ocurrió entre 1688 y 1689. Aquí cobra importancia la figura de Jacobo II y su programa reformista de recatolización y modernización del Estado. Aunque el rey se había comprometido a respetar la iglesia de Inglaterra, confirmando con este gesto la tolerancia religiosa y la libertad de conciencia de sus súbditos, la política de recatolización se llevó a cabo en el más estrecho círculo del monarca. El segundo de los objetivos, la modernización del estado, fue llevado a cabo con el mismo celo que la recatolización. El modelo francés, trasladado a las Islas Británicas, se concretó en tres medidas de gran calado político: la reforma militar, el control de la información y el intento de erosión de las prerrogativas parlamentarias. La primera de estas medidas, la reforma militar, se materializó en la creación de un ejército moderno y permanente cumpliendo así finalmente una de las viejas aspiraciones de la corona inglesa desde principios del XVII. Esta visible militarización del territorio se complementó con la segunda de las medidas políticas del gobierno de Jacobo II: el control de la población a través de cientos de espías y de informantes civiles. Estas medidas se encontraron con la enérgica oposición del Parlamento. Las dos cámaras se mostraron contrarias a la disolución de la milicia urbana y su sustitución por un ejército permanente al servicio del rey y fuera del control del Parlamento. En su tercera reforma, interrumpió las sesiones del Parlamento y se entrevistó personalmente con los parlamentarios más recalcitrantes para intentar convencerlos. En julio de 1687 disolvió finalmente el parlamento. Sin embargo, Jacobo terminó por convocar a uno nuevo más adelante, más afín a sus intereses, donde demostró a los parlamentarios que ya no dependía de sus fondos. A su vez, otro de los elementos que el autor destaca es la gran oposición de la población hacia la adopción de un modelo absolutista y universalista propio de Luis XIV.

El autor menciona como el detonante de la revolución el caso de los siete obispos. Estos obispos anglicanos habían elevado una petición al monarca en la que se mostraban contrarios a la obligación de leer en voz alta en todas las parroquias una segunda declaración de indulgencia, en la cual el rey se comprometía nuevamente a salvaguardar la libertad de conciencia de sus súbditos. Finalmente la situación política en Inglaterra y el nacimiento del príncipe de Gales precipitaron la intervención militar directa del Guillermo III de Orange, Estatuder de los Países Bajos y yerno de Jacobo II.

Morales Recio señala un enfrentamiento armado entre los dos contendientes, aunque en realidad este no llegó a producirse ya que las tropas abandonaron a Jacobo, quien tuvo que huir. Ambos partidos parlamentarios, los whigs y los tories, brindaron apoyo a la intervención y a la coronación de Guillermo dado a que su carácter de protestante pondría fin a la expansión del catolicismo en el reino. Consecuentemente se declaró la Bill of Rights (declaración de derechos) donde se establecían, entre otras cláusulas, que el rey debía respetar las decisiones parlamentarias y el establecimiento, de manera definitiva, del protestantismo como religión oficial del reino. Esta declaración salvaguardó la existencia de la monarquía pues la consideró necesaria para legitimar las políticas parlamentarias. Con la Bill of Rights entramos en el período de la monarquía parlamentaria. Además, el autor señala la importancia de este documento como antecedente para otros dos documentos claves de la historia de la humanidad: la declaración de la independencia de Estados Unidos (1776) y la declaración de los derechos del hombre en Francia (1789).

También, Morales Recio señala la singularidad del período estudiado, dado a que la revolución inglesa no tuvo ninguna experiencia anterior similar, del mismo modo que fue el único caso de ejecución pública de un rey y de instauración de un período republicano en Inglaterra. Digno de mención es también la constante actualización, a los sucesos relatados, de las repercusiones en la convulsa Irlanda, que aunque no juegue un papel capital en el escenario político que transcurre en Gran Bretaña, es de suma importancia para la comprensión de las relaciones insulares.

Para finalizar el libro el autor propone contextualizaciones desde diversos puntos de vista para marcar el legado del siglo revolucionario. Las analiza desde el punto de vista político, en términos religiosos, desde el punto de vista ideológico-intelectual y por ultimo desde el punto de vista social. Aquí, observa una ausencia de transformación social radical y esto ha hecho que el proceso revolucionario vivido por las islas británicas en el siglo XVII haya sido visto como una revolución de segunda. Sin embargo, en cuanto al ámbito político-económico coincide con el resto de los historiadores en que estas trasformaciones sentaron las bases de la primera revolución industrial y el imperialismo mercantil británico, convirtiéndose así, la población inglesa, en la primera sociedad de consumo moderna. 

Creemos que el valor de esta obra reside en su capacidad explicativa de las revoluciones inglesas para el lector en general, el cual no necesita formación previa para el entendimiento de estas. Como también su enfoque, que como se menciona anteriormente, abarca la totalidad del archipiélago británico, lo cual permite alcanzar una amplia visión de lo acontecido que resulta clave para el entendimiento de estos fenómenos.

 

Leandro Nahuel Fernández Roveda[1]

Ulises Agustín Fernández Roveda[2]

Emiliano Giorgis[3]

Ignacio Liziardi[4]



[1] Universidad Nacional de Córdoba.

[2] Universidad Nacional de Córdoba.

[3] Universidad Nacional de Córdoba.

[4] Universidad Nacional de Córdoba.