Improntas de la dictadura en el campo filosófico de Córdoba: investigación sobre los saberes universitarios, las desapariciones, los exilios y lxs estudiantxs en la transición a la democracia

 

Joaquín Fernández | joacofernandezvaldes@gmail.com | Universidad Nacional de Córdoba

Facundo Moine | fjmoine@mi.unc.edu.ar | Universidad Nacional de Córdoba

Laura Arese | arese.laura@gmail.com | Universidad Nacional de Córdoba

Melania Celiz | melaniaceliz@gmail.com | Universidad Nacional de Córdoba

Paula Hunziker | paulahunziker@gmail.com | Universidad Nacional de Córdoba

 

Recepción: 21/11/23

Aceptación final: 21/11/23

El Proyecto Institucional “Improntas de la dictadura en el campo filosófico de Córdoba: investigación sobre los saberes universitarios, las desapariciones, los exilios y lxs estudiantxs en la transición a la democracia”, de la Escuela de Filosofía, se propone promover reflexiones e indagaciones sobre la historia reciente del campo filosófico en Córdoba ―particularmente, en la Escuela de Filosofía de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba (FFyH, UNC)―, en especial en los años que van desde fines de los sesenta y principios de los setenta a los primeros años de la década del ochenta.

Para este número de la E+E, invitamos a docentes, estudiantxs y egresadxs de la Escuela de Filosofía, integrantes del Proyecto, para que nos cuenten el proceso de este trabajo, los propósitos y los desafíos.

 

¿Cómo surgió la iniciativa de trabajar esta temática en la Escuela de Filosofía?

 

Joaquín Fernández (estudiante): Como estudiante de Filosofía y militante estudiantil, el proyecto me pareció una buena oportunidad para acercarme a la historia de la casa de estudios de la que formo parte. Para mí, fue una forma de acercarse no libresca ni individual, sino a partir del vínculo y el trabajo cooperativo con docentes e incluso con partícipes de ese pasado reciente. Para alguien que empieza a estudiar Filosofía ―o cualquier disciplina humanística, al menos― ese pasado no puede dejar de ser llamativo. Por una parte, porque es elusivo. Se lo nombra, pero siempre [es] como que queda boyando, como si fuera un tiempo violento del que no se sabe tanto, difícil de abordar en el contexto de una clase. Entonces, surge la pregunta: ¿cómo nace la Escuela de Filosofía que conocemos, la Escuela democrática actual?, ¿cómo surge de ese pasado?, ¿cómo rompió con él?, ¿qué de ese pasado continúa?, ¿qué relación podemos establecer entre lo que sucede hoy en el aula, la relación que desarrollamos con la filosofía y ese pasado, una época que se nos presenta, al menos prima facie, muy oscura, llena de autoritarismos?

 

Laura Arese (profesora): Nuestro proyecto también comprende la década de los ochenta y el retorno democrático, en donde toda una generación de estudiantxs de la dictadura, por entonces algunos ya jóvenes docentes, emprendieron un proyecto de renovación y refundación de la Escuela. También nos interesan las preguntas que surgen de ese período: ¿cómo interpretó esa generación el pasado dictatorial?, ¿qué prácticas filosóficas instituyeron para enfrentarlo?, ¿qué de ese legado nos habita y nos nutre todavía? 

 

Facundo Moine (egresado): Sumando a lo planteado por Joaquín, diría que hacer esta memoria institucional nos permite, sin dudas, colmar un vacío y saldar una deuda que aún tenemos pendiente en lo que respecta a la investigación y compresión de las diferentes condiciones y características que adquirió el campo filosófico durante dicho período y en el marco de nuestra Escuela. Aunque disponemos de algunas aproximaciones previas, aún nos quedan muchos aspectos por seguir explorando. El proyecto surge precisamente con la pretensión de avanzar en este terreno, indagando, entre otras cosas, las matrices teóricas que predominaban en ese entonces y sus diversas implicancias en la filosofía producida y enseñada en la academia; la conformación del cuerpo docente en relación con los casos de cesantías y exilios; las desapariciones; y las particularidades de la vida estudiantil, tanto de los años de la dictadura como de la llamada “transición”. No obstante, esta iniciativa también nos brinda la valiosa oportunidad de impulsar debates y realizar intervenciones concretas en torno al perfil y al rol que hoy le otorgamos a nuestra institución y a nuestras propias prácticas filosóficas.

 

¿Qué supone trabajar con la(s) memoria(s) de la Escuela de Filosofía y de la Filosofía como disciplina?

 

Laura: Como decía Joaquín, creo que para las disciplinas humanísticas la pregunta por el propio pasado es una pregunta importante. Comprender lo que somos implica, en parte, preguntarse cómo hemos devenido a ser eso que somos. Como profe ―recientemente incorporada― de la materia “Enseñanza de la Filosofía”, participar en este proyecto está siendo muy enriquecedor porque me abrió nuevas perspectivas y nuevas preguntas sobre nuestras prácticas de enseñanza. Explorar los programas, las discusiones sobre los planes de estudio, las producciones de los profes de la época es una manera de introducirse a la dimensión “productiva” de la institucionalidad de esos años, tanto de los setenta como de los ochenta. En estas dos décadas, con claras diferencias entre ambas, por supuesto, la Escuela se pensó mucho a sí misma. Se preguntó cómo, para qué, para quiénes, con quiénes hacer filosofía, e hizo apuestas institucionales fuertes en consecuencia, no sin muchas discusiones y tensiones no saldadas de por medio. Volver a esas décadas “refundacionales” que fueron los setenta y los ochenta es una manera de volver a pensarnos y de comprendernos un poco mejor. Y también es una ocasión para volver a hacernos esas preguntas. 

 

Joaquín: En línea con lo que dice Lau, la historización de la Escuela y de “nuestra filosofía”, por así decirlo, te lleva a revitalizar el presente y la época que nos toca. Viendo las condiciones de cursada ultrapolitizadas, entre el Cordobazo y la Primavera camporista, como un estado de asamblea permanente y la ultraindividualización que sufrió a partir de su intervención dictatorial, la Escuela actual, como tal, parece una victoria frente a una historia donde había poco espacio para la construcción del saber con otrxs, para el goce y el disfrute conociendo y participando políticamente. Nuestra época muestra algunas virtudes que alientan a profundizarlas y a involucrarse más en la vida de esta pequeña comunidad filosófica cordobesa.

 

Facundo: Agregaría que trabajar con esta(s) memoria(s) nos coloca, como filósofxs, ante un elemento que no es muy común en nuestra disciplina, me refiero al archivo. Este trabajo nos impulsa a recuperar una serie de documentos del pasado, atendiendo a la diversidad y a la variedad que los constituye. Como señaló Laura, nos encontramos no solo frente a las producciones teóricas o los libros publicados por los distintos profesores de aquellos años, sino también frente a planes de estudio, programas de materias, actas de jornadas, legajos docentes, resoluciones, informes; en fin, una amplia gama de documentos que enriquecen nuestros análisis. Además, este trabajo nos lleva a vincularnos con diferentes instituciones, como el Archivo Provincial de la Memoria, por ejemplo, como así también a recuperar las voces de diferentes actores que, directa o indirectamente, participaron de nuestra Escuela o de nuestra Facultad durante el período de la dictadura.

 

El Proyecto está integrado por diferentes claustros de la Escuela y está acompañado por docentes de diversas carreras y áreas de la FFyH. ¿Cuáles son las potencialidades del trabajo interclaustro e interdisciplinario?

 

Joaquín: Unx puede ver la potencialidad interdisciplinaria apenas entra en la misma dinámica de trabajo. Los ejercicios más enriquecedores, en términos de formación propia, pero también de conocimiento del tema histórico, los viví a partir de talleres y clases preparatorias que nos brindaban integrantes del equipo en calidad de archivólogxs o antropólogxs, por ejemplo. Y así nos “autoformamos” para armar los grupos que iban luego a buscar y revisar los archivos de la Facultad, a entrevistar a no docentes y estudiantxs que vivieron la Escuela durante los setenta. Además de tener a lxs especialistas dentro del equipo (porque lxs filósofxs sabemos poco y nada de trabajo de campo), la relación interclaustro jugaba un rol importante en el trabajo de investigación. Mientras lxs docentes hacían de guía para ciertas cuestiones relativas a los temas y métodos, también propiciaban un nexo con el orden institucional (si necesitábamos un permiso, el acceso a un archivo, etc.) pero, sobre todo, con ese pasado que queríamos elucidar y en más de un sentido. Lxs profes nos ayudaron a contactar a lxs actores de entonces que lxs estudiantxs entrevistamos y también trajeron, como claustro, ese mismo pasado como algo mucho más familiar. En una exposición que organizamos sobre viejos planes de estudio y programas de materias que hicimos, en [la] que participó casi todo el plantel docente, las anécdotas y los comentarios de lxs profes brotaban con una intensidad increíble. Creo que a lxs docentes lxs moviliza una necesidad de contar, relatar y reelaborar esa historia reciente y, a lxs estudiantxs, unas ganas de hacer, de participar de la historia que se hace, ahora, desde una revisión crítica del pasado.

 

Laura: Para mí, como docente, la presencia de estudiantxs es importante porque aportan un conjunto de preguntas, inquietudes, modos de aproximarse a las cuestiones y los actores involucrados que no son las mismas que las de quienes habitamos la Escuela desde hace un tiempo más prolongado. Lo que dice Joaquín tiene que ver con la importancia que tiene el encuentro intergeneracional para los procesos de construcción de memoria. Por una razón muy básica, pero no menos importante: la memoria se activa y se renueva con nuevas preguntas y, por ello, para las generaciones más viejas, es fundamental que haya nuevos actores dispuestos a escuchar y a repreguntar desde otros puntos de vista.

 

A cuarenta años de la recuperación de la democracia, ¿cuál es el significado que adquiere esta idea desde el trabajo en este proyecto?

 

Melania Celiz (estudiante): Creo que es difícil hablar del significado que adquiere el proyecto desde la perspectiva de los cuarenta años de la recuperación de la democracia si se tiene en cuenta que reúne a personas no solo de claustros y disciplinas distintas, sino también personas que vivieron la dictadura y la recuperación de la democracia y a otrxs que nacimos y fuimos criados en democracia. Considero que cada trayectoria de vida incide en el significado que tienen estos cuarenta años desde la recuperación de la democracia y ello incide de manera particular en las líneas de investigación que cada unx aborda dentro del proyecto.

Con esa aclaración previa, partiendo de entender que las ideas son generadoras de sentido, creo que este aniversario nos invita a pensar sobre los sentidos acerca de la democracia que ha ayudado a construir el campo filosófico y cómo esos sentidos han sido disputados a lo largo de estos cuarenta años. 

A su vez, los cuarenta años de democracia y el contexto político actual se presentan como una interpelación a indagar, entre otras cosas, acerca de las continuidades que encontramos tanto en el plano discursivo como [en el] de las ideas y políticas que fueron sostenidas durante la última dictadura cívico-eclesiástico-militar en pos de imponer un modelo de país, rompiendo lazos sociales. Se trata de continuidades que siguen estando presentes y que incluso hoy son reivindicadas y utilizadas por quienes procuran imponer lo individual por sobre lo colectivo, eliminando todo tipo de reconocimiento y valor a lo social y con total menosprecio por la vida de lxs otrxs.

 

Paula Hunziker (profesora, directora de la Escuela de Filosofía y responsable del Proyecto): Efectivamente, una de las apuestas de este proyecto es el encuentro de diferentes generaciones para pensar en el campo filosófico desde una perspectiva que incluya las memorias y el trabajo más específico con los archivos. Lo que estamos construyendo, por eso, es, a la vez, un horizonte de investigación sobre nuestra institución y un diálogo. Como decía Gadamer, no es una buena actitud frente a aquello que nos llega del pasado (porque no es verdad que el pasado esté pasado, el pasado sigue llegando y habita el presente de diversos modos, conscientes o inconscientes) creer que uno está entendiendo: ese pasado tiene que aparecer en su alteridad y, para eso, es necesario confrontarse con los textos, con los discursos, con los programas y planes de nuestra Escuela durante la dictadura. Por supuesto, esta tarea parte del suelo de las memorias que nos brindan orientaciones respecto a qué buscar, cómo y dónde. Y, además, si bien el análisis de fuentes nos permite cierta distancia para comprender, sin dudas lo que uno quiere es comprender el proyecto de generaciones anteriores y sus efectos inmediatos en el proyecto de la generación de la “recuperación democrática”, efectos que llegan al presente. Muchos de nuestros profesores, o sea, de los profesores que nos han formado, son parte de esa generación. Para ellos, el nombre de “democracia” estaba sin dudas ligado al proyecto de una salida política del autoritarismo, pero también de su influencia en ciertos modos de enseñanza, producción y circulación de la filosofía que ―vaya la paradoja― hoy, en noviembre de 2023, vuelve a ser la alternativa política y filosófica central ―democracia o fascismo―, pero que, en términos de la democratización de los modos de organización, de producción y de circulación del conocimiento filosófico tiene, ahora, todo el legado de cuarenta años. Un legado que hay que defender, en primer lugar, respecto de los peligrosos avances de una derecha antidemocrática, pero que también hay que revisar y evaluar. Para todo eso, sin dudas, un proyecto como este es un reservorio epistémico y ético que sería necesario promover en las diferentes Escuelas que conforman cada Facultad. Porque los documentos están, hay que poner el foco allí y constituir series y archivos para el presente y el futuro.