Silencios que descubren

Graciela Balegno

RESUMEN

Dos novelas conforman el corpus de la tesis de maestría titulada: “Moyano en Moyano. Autoficción en dos novelas de Daniel Moyano”, que se fundamentó en la autoficción encubierta en las obras El oscuro (2003) y Dónde estás con tus ojos celestes (2005). El objetivo fundamental del trabajo se centró, a partir del estudio comparativo de las obras mencionadas, en desentrañar las marcas autobiográficas en dichas novelas a través de los mecanismos retóricos propios de la autoficción, en especial la investigación sobre el silencio y sus funciones, en este caso, como una de las facetas de la autorepresentación. Así, el análisis de las conexiones entre memoria e identidad constituye un factor relevante para determinar cómo el autor reconstruye su experiencia de vida a partir del propio reconocimiento de la identidad y de qué manera se filtra la propia historia. Palabra y silencio son actos de lenguaje; de esta forma se produce la relación dialéctica, una obra completa, la idea en la otra y entre ambas se produce un juego de significaciones capaz de permitir el conocimiento de los sucesos tal y como los muestra el autor.

Palabras clave: autoficción, silencio, identidad.

ABSTRACT
Two novels make up the corpus of my master's thesis, titled: "Moyano en Moyano. Autoficción en dos novellas de Daniel Moyano”, which was based on covert self-fiction in El oscuro (2003) and Dónde estás con tus ojos celestes (2005). The main objective of the work was, based on the comparative study of the mentioned works, to unravel the autobiographical marks in these novels through the rhetorical mechanisms characteristic of autofiction, especially the research on silence and its functions, in this case, as one of the facets of self-representation. Thus, the analysis of the connections between memory and identity is a relevant factor in determining how the author reconstructs his life experience from self-recognition of identity and how his own story slips into the fiction. Word and silence are acts of language; in this way a dialectical relationship, a complete work, the idea in the other and between both are produced, as well as a set of meanings capable of allowing knowledge of events as shown by the author

Keywords: autofiction, silence, identity.

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La tesis de maestría que he llevado a cabo se fundamentó en el descubrimiento de la autoficción encubierta en dos obras de Daniel Moyano [1] , El oscuro (1968) y Dónde estás con tus ojos celestes (1992) [2] , producto de la recurrente lectura de la obra moyaniana y del interés que, a partir de ello, ha despertado por conocer y desentrañar la figura del escritor en las novelas que componen el corpus seleccionado . En tal sentido, lo concerniente a las representaciones de los silencios en las ambientaciones, climas y personajes, corresponde a uno de los temas que identificamos como pendiente de un estudio más profundo en su narrativa. Por lo tanto, el silencio, objeto de estudio, se concentra en el análisis de la representación del silencio retórico como acto resistente al olvido en resguardo de la memoria e identidad del autor, es decir, como medio para la ficcionalización de la propia vida.

La elección de las novelas surgió de confrontar una obra anterior al exilio, El oscuro, y otra escrita en España, Dónde estás con tus ojos celestes, su obra póstuma, considerando que ambas reflejan diferentes períodos y contextos de escritura; podemos decir que entre ellas se produce un juego de significaciones, para lo cual Moyano apela a la retórica y se vale de diferentes tropos, en especial la metáfora. Dichas obras se complementan al presentar elementos atrayentes y comunes para ser estudiados y develados. Por otra parte, la narrativa de Daniel Moyano revela hechos, situaciones, ambientaciones, personajes que nos remiten al autor, a su vida personal, entonces, la autoficción se muestra desde cada uno de los datos que va presentando a lo largo de las novelas. De la misma manera, su identidad queda a la vista no solo para el lector, sino que se esclarece para él mismo: “Me obligaba a hurgar sin piedad dentro de mi vida, a remover cosas (…) mejor dejarlas (…) camino del olvido”. (Moyano, 2005, 98).

Así, el objetivo fundamental de este trabajo se centró en desentrañar cómo se filtra lo autobiográfico en las novelas del corpus seleccionado a través de los mecanismos propios de la autoficción. En especial, nos referimos a investigar sobre el silencio y su función, entendido en este caso como una de las facetas de la autorepresentación, a modo de autoficción. Diremos entonces que el silencio es la gran metáfora que ha permitido descubrir la autoficción del autor.

La estrategia que he utilizado para los análisis de las obras en cuestión ha sido bajo la perspectiva comparatística contrastiva, estableciendo los puntos de encuentro y desencuentro en los distintos niveles escogidos en las dos novelas del corpus. En relación con lo dicho, rescatamos la siguiente cita de Tania Franco Carvahal (1996), por considerarla pertinente a modo de certificación de nuestra postura en la estrategia de trabajo: “la literatura comparada (...) es más bien un instrumento indispensable y precioso de integración continental para interrogar, ya sea los textos ya sea las relaciones culturales y humanas, en la búsqueda del otro, no importa si esté cerca o lejos” (50).

En las obras, El oscuro (2003) y Dónde estás con tus ojos celestes (2005), los silencios constituyen el resguardo de las huellas de la memoria, permiten ocultar, consciente o inconscientemente, diferentes escenarios, estados emocionales, sentimientos y pasiones, tanto de los personajes como del propio autor. Así el yo del autor jugará sin declaración explícita.

Ambas novelas, cada una independiente en cuanto a la historia narrada y con un contexto exclusivo, diferenciado uno del otro, fueron concebidas en un tiempo que puede ubicarse entre las décadas del sesenta y del noventa. Como se explicó anteriormente, una corresponde al período predictadura, escrita en un país con gobiernos interrumpidos o controlados por la junta militar: El oscuro; y la otra, Dónde estás con tus ojos celestes, concebida en exilio una vez finalizada la dictadura en Argentina. Sin embargo, las dos nos conducen por caminos en los cuales el clima político del país natal del autor está presente y deja sus marcas. Moyano no es inocente de esto y sabe manejar las situaciones para llevar al lector por lugares en donde el juego previsto propone su recorrido. La contextualización espacial se desarrolla en Argentina para la primera obra y, en España para la segunda.

En la primera novela del corpus, el autor, acaso débilmente, se descubre y descubre al otro sus conflictos; en cambio, en Dónde estás... Daniel Moyano sale de detrás del escenario para plantear la vida del personaje y la del escritor en un juego de voces, una habla, la otra calla, retoma el tema y así continúa la alternancia.

El trabajo se organizó en siete capítulos. El capítulo I, “Marco teórico- metodológico” funciona a modo de apertura e introducción en los textos. Allí nos preocupamos por puntualizar conceptos que operan como sostén teórico de la investigación. El capítulo II “Estado de la cuestión”, se refiere al relevamiento crítico de los estudios llevados a cabo respecto de la obra moyaniana, específicamente, con los textos del corpus y con la problemática seleccionada. En el capítulo III, “Situando las piezas”, nos detenemos a introducir al lector en los contenidos de los textos a través de la reseña de las novelas del corpus, revisamos los narradores y sus voces. De esta manera, podremos entender con mayor proximidad las conductas de los personajes. En el capítulo IV, “Modulaciones del silencio”, y, a través de los distintos apartados en los que lo hemos organizado, presentamos las características y modos de silencios, analizamos el título de las novelas, intentando explicar las semejanzas y diferencias entre ambos y su relación cromática, vinculados con la subjetividad del autor, sus conflictos personales y la presencia de datos que conducen al autodescubrimiento gracias al trabajo de la memoria y a llevar al relato escrito sus recuerdos. Nos dedicamos, también, a trabajar las referencias respecto de los silencios en las figuras masculinas y femeninas de ambas novelas del corpus. Se trabaja, además, la relación de cuestiones teóricas acerca del lenguaje y del silencio de manera tal que permiten entablar la conexión con la escritura que enmascara al autor, posibilitando establecer una aproximación contextual entre la vida del autor y su relación con las novelas, la relación padre-hijo, el gobierno militar, los problemas sociales del país, la muerte de la madre, los lugares habitados. El autor se enmascara y a la vez complementa una obra con la otra.

En “Juego de sentidos - Las obras y sus metáforas” (Capítulo V), hemos trabajado con un tropo fundamental, la metáfora, que complementa el sentido retórico del silencio. Se comparan estos recursos y el significando que adquieren en una y otra novela. El pacto entre autor-narrador-personaje se descubre mediante el desvelamiento de los elementos utilizados metafóricamente para atraer al lector e involucrarlo en ese “Juego de sentidos...”.bEl análisis de las relaciones entre memoria e identidad se desarrolla en el capítulo VI, “Inquisiciones y autodescubrimiento”. Se observa y analiza cómo el trabajo de la memoria incide en la construcción de la identidad. Se muestra de qué manera se hace presente la autoficción mediante ejemplos contrastivos a partir de los temas analizados. La memoria se aborda con recuerdos pero también con silencios, herramienta que enmascara al autor. Se aborda la construcción de la identidad tanto individual como la colectiva. La perspectiva comparatista, que orienta básicamente toda la investigación, se concretiza de manera más contundente en el capítulo VII, titulado “Diferentes historias, similares marcas autoficcionales”. En este apartado, se comparan elementos fundamentales para el análisis de ambas novelas con documentaciones extratextuales sobre Daniel Moyano, lo que permite acercarnos al pensamiento del autor y, por ende, establecer las conexiones del caso. En las conclusiones se retoman los conceptos que son el pilar de nuestro trabajo, silencio y autoficción, y cómo fue posible, a través del análisis, desentrañar las conexiones entre las problemáticas en la vida del autor y su autorrepresentación en las novelas del corpus.

Cabe destacar que el marco teórico metodológico ha sido el sustento que ha orientado la investigación, considerando que supone la relación entre teoría literaria y comparatismo. La percepción de las relaciones, desde lo isológico del estudio y el hallazgo de las diferencias es lo que permitió generar nuevos conocimientos en relación con el objeto de estudio. Por lo tanto, debido a que uno de los temas centrales del trabajo se relaciona con el análisis de la presencia del silencio en las obras moyanianas, bajo distintas modalidades y características, fue pertinente la selección de algunos conceptos y categorías teóricas que orientaron nuestra lectura en este sentido.

Según los temas abordados, el aspecto que se privilegia y los asuntos en los que se detienen los investigadores que han sido consultados cabe aclarar que, de todos ellos, he efectuado un detenido análisis para desentrañar los aspectos concernientes a la autoficción de Daniel Moyano, como así también, para confrontar cuestiones teóricas respecto del discurso y del universo que le pertenece. Todos estos artículos o libros examinados fueron orientadores, en algún sentido u otro, y funcionaron como aportes que permitieron la complementación sobre los diferentes temas trabajados. Estos marcos teóricos se vuelven indispensables a la hora de analizar cómo, en las obras del corpus, la identidad del autor se resguarda y solo aflora a la hora de indagar y leer, desde un lugar teórico particular, dichos textos. El autor, gracias a su capacidad para vivificar su recuerdo, presenta aspectos velados e incorpora los recortes ocultos de su propia vida, de ahí que se puede sostener que, en estas novelas hay una construcción autoficcional que se manifiesta en distintas capas, modulaciones y con distintas características. La voz, que es el silencio, le concederá la integración de su autodescubrimiento.

Ergo, en las novelas objeto de análisis se identifica un silencio que encubre al autor detrás de las obras y que, por lo tanto, resultó productivo analizarlo desde la perspectiva del “decir/callando”, puesto que se convirtió en un punto orientador para el análisis. Moyano “dirá su propia historia”, pero calladamente, de allí que solo detrás de las pistas autobiográficas otorgadas a los personajes, a los hechos o a los lugares a los que se refiere, se descubre la autoficción.

Continuando con la propuesta, al analizar la escritura moyaniana, se presentan distintas circunstancias en las que se filtran y quedan las marcas de vivencias personales, recuerdos que llenan los espacios de su memoria y empujan por salir. Todos estos datos nos permiten percibir al autobiógrafo silente. Del escritor silenciado en voz del narrador podemos leer, por ejemplo, en Dónde estás con tus ojos celestes: “Hoy he decidido fijar en letra escrita, desde este refugio madrileño, las acciones realizadas para encontrar a Eugenia, a fin de tener una especie de mapa del camino recorrido y un asidero menos frágil que el recuerdo (...) Y también porque necesito contarle la historia a alguien, para volver a vivirla” (11).

En consecuencia, la autoficción de Daniel Moyano se descubre desde cada uno de los datos que va presentando a lo largo de las obras y la identidad del autor queda descubierta no solo por el lector, sino por él mismo: “Me obligaba a hurgar sin piedad dentro de mi vida, a remover cosas (...) mejor dejarlas (...) camino del olvido” (Moyano, 2005, 98). Sus obras son, por lo tanto –y en esto comparto el enunciado de Eakin- “...esa demanda de la narrativa de ser una versión de la propia vida del autor anclada en hechos biográficos verificables...” (81). Es desde estos conceptos que toma parte el lector, pues es él quien deberá comprobar, ya sea empírica o fácticamente los datos o hechos que el autor propone.

Si hablamos de silencio, tema pilar en la investigación, se puede decir que en la narrativa de Moyano, el silencio como signo, como elemento conductual y como mecanismo retórico en sí mismo, posibilita encontrar tonos particulares y reveladores en su obra. Como acto de habla, se debe tener en cuenta que el silencio posee una función ilocutiva debido a que está sujeto a una intención; pero, a su vez, tiene una función perlocutiva, por cuanto a través de él se pretende producir un efecto en el destinatario. Hay otros signos que se corresponden con el silencio; muchos de ellos forman parte de una metáfora dirigida al lector, en esto vuelvo a lo dicho en el párrafo anterior, para que descubra su sentido de manera tal que el receptor de la obra entra en el juego propuesto por el autor, al tratar de resolver incógnitas o dilemas del texto (Alberca). Así, en las novelas del corpus se observan, por ejemplo, silencios representados en gradación de colores, luces, paisajes, objetos, ruidos; los títulos de las obras son, asimismo, una anticipación de ese silencio que Daniel Moyano utiliza como estrategia.

De acuerdo con lo consignado, podemos inferir que el autor y muchas de las experiencias de su vida han sido silenciados tras los personajes de las dos obras en cuestión. La memoria va edificando en los espacios de escritura, se pone de acuerdo con el lenguaje, por eso el escritor recrea su yo, porque se puede recomponer según lo ontológico y lo que su memoria le permite.

La relación autor-obra se reconoce a partir de los datos biográficos y fuentes documentales, puesto que al analizar y ubicarse en el contexto espacial es posible afirmar que Moyano vivió en La Rioja y fue tenida en cuenta a la hora de escribir sus obras, casi como si hubiese sido su tierra de nacimiento. Por otra parte, el padre de Daniel Moyano era oriundo de Olta, ciudad riojana. Durante su infancia vivió en Córdoba capital y en las sierras cordobesas junto con su abuelo y tíos maternos, esta información no solo se ha obtenido a través de diversos documentos, sino que, también, fue lograda por constatación personal [3] . En una entrevista que Moyano diera a Graham-Yoll, manifiesta: “Vivíamos en La Falda cuando yo tenía entre cuatro y siete años. Éramos los caseros de unos pastores ingleses” (s/n). En este sentido, el abuelo es, por cierto, una figura masculina relevante en su infancia encarna, de alguna manera, una idealización de la figura del creador, tal como se ejemplifica en la siguiente cita, en este caso en voz del narrador de: Dónde estás con tus ojos celestes (2005): “Uno de ellos me contó que el pueblo entero era prácticamente obra de sus manos, (...) poco a poco de sus manos fueron saliendo esas mansiones y esos puentes sobre el río y esas calles enormes (...) hoy eran el sustento del pueblo” (118).

Daniel Moyano llega a Europa, queda apartado de su profesión y, además, por muchos años no puede escribir. Por esta razón, no resulta oportuno pensar que el autor como músico queda silenciado detrás de las obras, esto estaría en relación con el hecho de no poder ubicarse profesionalmente, su falta de expresión artística tendría luego un espacio para ser recreada dentro de sus textos, la sonoridad encontraba alguna forma de no seguir bloqueada.

Una nueva cita permite inferir la relación entre la realidad del personaje de la obra/ autor. Así puede leerse en el texto de Croce (2010): “Y (...) su vida en España: mirá Juan, los primeros años no podía escribir, ni siquiera una carta (...) Irma (...) Ella sigue enseñando música (...) Trabajo de noche (...) haciendo maquete y lijo y lijo plástico (...)” (25).

La investigación se iba completando con otros temas que de principio no se habían tomado en una relación tan estrecha, precisamente acerca de la relación entre silencio, memoria e identidad es oportuno destacar que fue muy pertinente considerar los aportes de Michael Pollak (2006), para quien el silencio puede decir tanto o más que las palabras mismas. Existen diferentes caminos para acudir a los silencios, a veces para preservarse de aquello que es imposible contar, otras porque se elige callar para evitar conflictos, proteger al otro. Sostiene: “Frente a un recuerdo traumático, el silencio parece imponerse a todos aquellos que quieren evitar culpar a las víctimas. Y algunas víctimas, que comparten ese mismo recuerdo «comprometedor», prefieren (...) guardar silencio (...)” (21). Entonces nos topamos con silencios voluntarios, impuestos por la misma persona, quien elige callar. También afirma Pollak que, en otras ocasiones, cuando la persona sabe que ya no va a existir más, rompe el silencio. Entonces, “quieren inscribir sus recuerdos contra el olvido” (22); “...hay en los recuerdos zonas de sombra, silencios, ‘no dichos’” (24).

El silencio es signo, por lo tanto es polisémico, pero, también, es acción, sin olvidar que las mismas propiedades caben para la palabra, la comunicación o el pensamiento. El silencio en tanto discurso, también, tendrá una función social debido a que otorga cohesión y coherencia a las representaciones de la realidad y creencias de una comunidad, función que forma parte de la significación del discurso. Todo aquello que contenga propiedades comunicativas será conducta, actuación e intervendrá en el juego de roles. Dice Castilla del Pino (1992) al respecto: “con el silencio, comunico que no quiero, no debo, o no puedo comunicar” (80).

Así, desde la pragmática, el silencio y su representación se estudian a partir de su funcionamiento social y en sus usos. Por otra parte, es conveniente remarcar que palabra y silencio no son opuestos, se complementan. El silencio es, además, signo literario; como tal y como texto, será acto, acción y, por lo tanto, tendrá un cierto efecto, según su interpretación y de acuerdo al contexto, sobre el receptor. El silencio es significado, luego, representación. El aporte de las palabras de Le Breton (2006) complementa lo afirmado: “El silencio nunca es una realidad en sí misma, sino una relación: (...) se manifiesta, en la esfera del ser humano, como elemento de su relación con el mundo. (...) es, antes que nada, una cierta modalidad de significado” (111).

El sentido del silencio –sostiene Le Breton- queda representado o puede ser captado en el ritmo y la estructura que el autor propone en cada una de las obras, transmitiendo y tratando de explicar la experiencia y la existencia humana. Es así que, entre los recuerdos, los silencios, las tensiones, lo oral, se produce la construcción de la memoria. Por dichas razones, para Pollak los recuerdos necesitan ser representados de alguna manera con el propósito de preservar las manifestaciones de las huellas de la memoria como mecanismo de protección de ciertos estados. De allí la importancia de lo que él denomina “elementos constitutivos de la memoria individual o colectiva”, es decir: “acontecimientos vividos personalmente (...) acontecimientos ́vividos indirectamente ́, o sea acontecimientos vividos por el grupo o la colectividad (...) Además de estos acontecimientos, la memoria está constituida por personas, personajes (...) podemos finalmente señalar los lugares. Hay lugares de la memoria, particularmente relacionados con un recuerdo...” (34-35).

Lo que permitió enmarcar el análisis fue articular los conceptos y categorías teóricas sobre el silencio con las teorías sobre la representación del yo en el discurso y la funcionalidad del silencio como herramienta retórica que dota de sentido a dicho discurso. Se trata de lenguaje no manifestado en palabras [4] . El yo del autor puede mezclarse con el yo lírico y, de tal manera, incorporar vivencias recordadas y desarrollarlas y recrearlas a su modo a través de interacciones.

Ahora bien, para analizar esta articulación entre silencio y presencia del yo en las novelas del corpus, recurrimos a una selección de teóricos sobre la autobiografía y la autoficción que aportaron los conceptos y categorías fundamentales.

En primer lugar y como punto de partida, citamos a Eakin (1985), quien, basado en Olney, amplía sus conceptos y enuncia: “deberíamos hablar de la aventura autobiográfica como doblemente metafórica: el acto autobiográfico, como el texto que produce, sería una metáfora del yo” (91). En este marco, es posible afirmar que el autor, a partir de una co- participación desde su historia personal, es capaz de conferir un sentido particular a las novelas en cuestión. Resulta oportuno agregar, de este mismo autor, la relación que efectúa con respecto a la identidad, tema que interesa tratar con su debida importancia en nuestro trabajo: “sin abandonar la genuina profundización del modelo del acto del habla, me gustaría proponer una concepción más global del acto autobiográfico, como una reconstitución y como una extensión de fases anteriores de la formación de la identidad” (91).

La escritura representa la herramienta para transferir la propia vida del escritor y hasta para autodescubrir su identidad. Leemos en palabras de Eakin:

Además, estos actos autodefinidos pueden ser reconstituidos mientras la narración autobiográfica se está escribiendo. Esto quiere decir que, durante el proceso de composición autobiográfica, las cualidades de estos prototípicos actos autobiográficos pueden ser expresadas de nuevo con las cualidades del acto de recordar como algo distinto o añadido al contenido sustantivo de la experiencia recordada (91).

Lo enunciado por Eakin entra en consonancia con lo sostenido por Todorov, en cuanto a la posibilidad de ampliar el concepto de la relación entre la memoria individual y colectiva.

En consonancia con esta línea teórica y con la preocupación por trabajar las novelas del corpus como autobiografías ficcionales o ficcionalizacón del autor, es insoslayable la referencia a Phillipe Lejeune (1994), uno de los teóricos fundamentales para orientar la reflexión sobre esta temática para quien el “pacto autobiográfico” (su matriz básica), establece un contrato entre el texto y el lector.

Alberca (2007), a partir de la teoría de Lejeune, -y con base en las críticas formuladas por Doubrovsky a algunos aspectos no resueltos en la teorización de Lejeune- propone el pacto ambiguo en base al término “autoficción”, en la cual, si bien la regla general es que el nombre del autor/firmante de la obra coincida con la del personaje, entonces, postula otra opción, en la que el nombre del personaje no coincide con la del autor, al cual es posible identificarlo por otros signos presentes en las obras. Alberca dice: “Las autoficciones se escabullen en un indeterminado pacto narrativo regido por la ambigüedad que supone servirse de ambos pactos de manera parcial y contradictoria, cuestionando tanto la referencialidad externa de las autobiografías como la autonomía referencial de las novelas” (166). Creemos que existe un límite endeble entre lo que Alberca denomina “autoficción” y “autobiografía ficcional”. De todos modos, lo que el escritor quiere es contar su verdad a través de su narrador, que es la memoria que emerge subjetivamente y ahí es, también, donde juega el conocimiento que el lector tenga acerca de ese escritor. Asimismo, Alberca señala que la autoficción está en el intersticio entre lo factual y lo ficticio, una delgada línea divisoria con la autobiografía.

Otro teórico seminal sobre la autobiografía, Gusdorf, (1956) sostiene: “tampoco la autobiografía puede alcanzar la recreación objetiva del pasado, (...) consiste en una lectura de la experiencia, (...) es más verdadera que el mero recuerdo de unos hechos (...) al escribir una autobiografía se da expresión a un ser más interior, (...) al añadir a la experiencia la conciencia de esa experiencia” (3).

La memoria permitirá que el escritor recree los hechos a partir de aquellos que son de su propia historia personal. Ahora bien, Loureiro (1991) analiza el texto de Gusdorf y sostiene: “...Gusdorf observa que al yo que ha vivido se le añade un segundo yo (cursiva del autor) creado en la experiencia de la escritura, razón por la que concluye que el motto de la autobiografía debería ser: ‛Crear, y al crear ser creado’” (3).

Entre tanto, el escritor tiende un puente para que el lector, desde una orilla, reciba la intención, pero a medida que va transitándolo deberá decodificar, hacerse cómplice del mensaje para cumplir, de esa manera, el círculo comunicativo y llegar a entender la propuesta; se logrará, entonces, la aprehensión del yo del autor. Y esto es precisamente lo que buscamos en el análisis.

Para todo autor que quiera o necesite ficcionalizar su vida, no dejará de lado aquellos acontecimientos que lo marcaron, especialmente los de su niñez o adolescencia pues, generalmente, de ahí provienen sus traumas. Para cerrar este punto clave en nuestro estudio tomamos la siguiente cita de María Cristina Dalmagro (2009):

Así como las relaciones familiares, los lugares devienen prominentes y obsesivos factores (...) Se dibuja el espacio ficcional desde lugares conocidos de su infancia y adolescencia y se recrean de distinta manera. Los procedimientos retóricos que favorecen esta operación se denominan, según Nalbantian, transposición, trasplante y transformaciones (...) calles y lugares (...) objetos que sirven de anclas y receptáculos de la subjetividad (...) Su presencia se asocia al proceso del recuerdo y a los remanentes de la memoria de la vida traídos en nuevas perspectivas (...) situando lo cotidiano en un nuevo contexto simbólico (42-43).

En las dos obras de nuestro corpus, Daniel Moyano reconstruye un pasado, lo recupera a partir de la observación de los “elementos constitutivos de la memoria”, tales como: “acontecimientos, personas, personajes y lugares” (Pollak 33) y lo hace a través de la narración. Deja salir sus recuerdos reprimidos y carga de su propia experiencia a los personajes y al contexto. Aborda la memoria con recuerdos pero también con silencios. Se vale para ello, fundamentalmente, del de un manejo particular del silencio.

Continuando con las cadenas de relaciones de conceptos, al abordar la identidad, podemos decir que se construye de acuerdo con el conocimiento que una persona tenga de sí misma y que la hará singular; rasgos físicos, psicológicos, morales, entre otros, muchos de estos son genéticos, otros se adquieren conforme al entorno que en oportunidades se adoptan por elección. La realidad interior puede quedar oculta, tras actitudes o comportamientos. Hay recuerdos que le son únicos y, por lo tanto, no pueden ser transferidos a otros; por eso, también, la identidad está relacionada con lo social, con lo cultural.

En ambos textos, la identidad individual y cultural está ligada a la autoestima, a la memoria histórica, a la memoria heredada, al grado de interrelación con los otros. Nuevamente es Pollak quien orienta la lectura: “La construcción de la identidad es un fenómeno que se produce en referencia a los otros (...) vale decir que memoria e identidad pueden ser perfectamente negociadas” (38).

El título “Voces y silencios desde adentro” se fundamenta en la reconstrucción de la propia vida del autor mediante la extracción de recuerdos que va sacando el protagonista, a partir de esas voces que, a modo de ecos, replicaban las escenas de los hechos traumáticos que le impedían vivir con tranquilidad.

Es pertinente destacar que tras la lectura pormenorizada y el análisis correspondiente, se hacen evidentes en ambas novelas, temas y problemas que coinciden con la biografía de Moyano tal como la conocemos. Por ejemplo, en ambas obras, se plantea el problema de relación padre-hijo, en una hay un padre viudo que ha criado a su hijo; en la otra, un padre asesino de su madre. Tanto en El oscuro como en Dónde estás con tus ojos celestes, es notable el resentimiento y el rechazo del hijo hacia el padre, sentimiento sobrevenido desde la muerte de la madre, el no reconocimiento a la identidad paterna por un lado y, por otro, la ausencia de identidad por falta de ancestros. En la vida de Moyano, hay, también, un padre asesino de la madre, que fue preso, como ocurre en su novela póstuma. Otro punto autorreferencial es que las novelas del corpus presentan personajes huérfanos desde muy pequeños, como el autor. Por otra parte, en la primera novela analizada, el padre de Víctor era de Chepes, La Rioja, y el padre de Moyano, de Olta, localidad de esa misma provincia; Juan, personaje de Dónde estás…, vivió en las sierras cordobesas, mientras que el autor fue a vivir a La Falda, Córdoba, con sus abuelos.

El exilio es otra coincidencia entre personajes y autor, Víctor se exilia en su habitación, tanto Juan como Moyano se exilian en España; el exilio también es una forma de silencio, hay ausencia de persona. Este exilio vivido por el autor es producto de persecuciones políticas en manos de gobiernos de facto en la Argentina en la década del setenta.

Todos estos indicios y otros que se van descubriendo a los largo de la investigación nos indica un sustrato de ficcionalización de la propia vida, cuando comparamos las narraciones analizadas con la biografía de Moyano. Es que en estos puntos de acercamiento fue posible ir encontrando la figura silenciada del autor en la autoficción.

Por lo tanto, y retomando el foco central de la propuesta que operó como punto de partida para la investigación, el recorrido analítico permitió comprobar no solo la presencia tácita del escritor en ambos textos, sino que, a través de la narración, fue posible reconstruir su propia existencia y curar finalmente sus heridas. La “ambigüedad del silencio” como declara Castilla del Pino, puede resolverse al analizar el contexto y la autoficcionalización. Es decir, permite encontrar al Moyano hombre en el Moyano escritor.

Agregamos el siguiente párrafo de Moyano citado en el libro de Juan Croce (2010) que dan cuenta de su posición ante la escritura: “La patria es mi infancia, mi ideología es el lenguaje./ Cuidar las palabras, –esos milagros– de las agresiones permanentes de las diversas formas del poder./ El idioma es la reserva natural de Libertad que tienen las personas. Acaso la verdadera patria” (83).

Este es el mensaje final, porque a través de sus obras nos permitió comprender no solo aspectos de una autoconfiguración personal, sino, también develar zonas de una Argentina en permanente conflicto e, incluso, de una Latinoamérica que encierra los mismos conflictos del hombre.

Para cerrar reiteraré que desde una perspectiva comparativa contrastiva para la investigación realizada, pude identificar caracteres, problemáticas, recursos retóricos, es decir, elementos diversos que dan cuenta tanto de similitudes cuanto de diferencias entre ambas novelas. Fue así cómo, en ambas, se ha podido observar la preponderancia de una configuración autoficcional que da cuenta de la presencia del autor en las obras, a veces enmascarada, otras silenciada, otras explícita. Mediante la utilización de distintos recursos, Moyano se hace presente en sus textos y es posible reconocer su presencia en huellas que remiten a algunos aspectos conocidos de su biografía, tal como ya lo hemos mencionado a lo largo del análisis.

Como punto de partida, sostuve que Moyano ficcionalizó su vida en las novelas del corpus. Y, a través de dicho análisis, se comprobó el modo en que se configuraba esta autoficcionalización. Por ejemplo, mediante similitudes en la construcción de las figuras masculinas y sus problemáticas, en el sentimiento hacia la figura del padre y la relación entablada, en las referencias al estado de orfandad y su impronta, en el modo en que se trabaja narrativamente la construcción de la identidad, en las alusiones directas o indirectas al exilio y su significado. A través de la reiteración, con cierta frecuencia, de algunos núcleos problemáticos, se hacen presentes las obsesiones del autor, en situaciones, con efecto obsesivo, que conducen al interior de Moyano. Algunas de ellas son, entre otras: el silencio –en sus distintas modulaciones- la lucha con el padre, los latidos del corazón, la ausencia de la madre, la identidad, la alusión a los colores en los títulos de las novelas, el planteo existencial, los ruidos, el alcohol, los trenes, la liberación, la identidad, la búsqueda.

Pero, también, las diferencias evidentes entre ambas novelas, sobre todo en cuanto a la construcción de los espacios y los contextos. Por cierto que las diferencias temporales y espaciales en la gestación y publicación de ambos textos tuvieron incidencia en la resolución narrativa de dichos elementos.

Entre El oscuro y Donde estás con tus ojos celestes, se detecta este procedimiento de autoconfiguración y de estrecho vínculo entre la vida del autor empírico y la ficción. Sin embargo, el tiempo transcurrido entre una y otra publicación, permite identificar lo que Boves Naves (en Castilla del Pino, 1992, 122) denomina “un silencio de transición”. Esto motivó el interés final al reconocer elementos que se repiten con la misma intensidad y, en efecto, observar cómo se representan y de qué manera es posible afirmar que hay una madurez en el pensamiento del autor que da cuenta de la resolución personal de algunos conflictos que en la primera novela aparecen irresueltos.

Concluimos, entonces, que ambas novelas pueden leerse en clave de autoficción, tal como la he caracterizado, siguiendo a los autores teóricos que han trabajado el tema. Se trata, en Daniel Moyano, de un juego propuesto por el autor de las obras, quien se enmascara tras los personajes y sus contextos. En este punto resignificamos el concepto de “pacto ambiguo”, acuñado por Alberca (1996), para referirse a aquellos textos literarios en donde funcionan juntos autor-narrador-personaje, sin mediar la firma. En ambos textos, la reconstrucción de la memoria permite llegar al descubrimiento y al afianzamiento de la identidad, lo que ha posibilitado a los personajes y al propio autor sanar sus emociones.

Es para tener en cuenta que la riqueza de las obras de Daniel Moyano todavía guarda posibilidades de lectura e interpretación, de manera tal que se vislumbran múltiples caminos para ampliar o profundizar su estudio, en especial, en torno al motivo de nuestra investigación. Esperamos haber contribuido a extender horizontes cognitivos en torno a la narrativa moyaniana.

Bibliografía

Alberca, Manuel. El pacto ambiguo. De la novela autobiográfica a la ficción. Madrid. España: Editorial Biblioteca Nueva, 2007.

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Fecha de recepción: 15/09/2017

Fecha de aceptación: 21/11/2017



[1] Daniel Moyano, fecundo escritor especialmente de narrativa, nació en Buenos Aires en 1930 en épocas del derrocamiento de Yrigoyen. Desde muy pequeño, vivió en la provincia de Córdoba. Luego de que su padre diera fin a la vida de su esposa, los niños fueron a vivir con sus abuelos y, más tarde, en casa de diferentes tíos, esta circunstancia de vida influyó en toda su obra. Autodidacta de esfuerzo constante dominó varios idiomas, dio clases de violín en el Conservatorio Provincial de Música de La Rioja, también fue co-fundador del diario “El Independiente” en La Rioja y Liberación en Madrid. Entre sus obras se encuentran, Una luz muy lejana, El oscuro, Mi música es para esta gente, La lombriz, Estuche de cocodrilo, El trino del diablo, Tres golpes de timbal, El vuelo del tigre, De navíos y borrascas, Un silencio de corchea, Dónde estás con tus ojos celestes –obra póstuma- . Desde 1976, vivió en Madrid, ciudad a la que llega junto a su familia por cuestiones políticas durante el período de dictadura, mantuvo el exilio hasta su muerte en 1992.

[2] En este caso, se indica la fecha de primera publicación. En el caso de El oscuro o de la finalización de escritura de Dónde estás con tus ojos celestes, en la investigación se trabajó con las ediciones de 2003 y 2005 (1ra. Edición póstuma) respectivamente.

[3] Entrevista personal con Daniel Bellini, pariente de Daniel Moyano, en febrero de 2014 (inédita).

[4] Todorov, Tzvetan, - Ducrot ,Oswald. Consultar en Diccionario Enciclopédico de las Ciencias del lenguaje. (92-97). Puede contrastarse con: Lotman, Iuri (2003, 27-43); Genette, Gerard (203-222).