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Mi primera universidad en
Barcelona y París (1958-1968)1
My first university in Barcelona and París (1958-1968)
Jordi Borja2
La lucha del hombre contra el poder es la memoria contra el olvido
Milan Kundera
Ingresé en la Universidad de Barcelona en 1958. Opté por Derecho, o mejor dicho, por
el conjunto de las ciencias sociales y económicas. Y busqué también la historia y la
geografía, la losofía y la literatura. Tuve que renunciar a la medicina y a la psicología,
que me habían atraído. Me interesó el derecho romano, el penal y el administrativo. Me
interesó poco el derecho político, preferí la acción política. Muy pronto me di cuenta de
que tenía que tomar en serio el Derecho, por los conocimientos que me proporcionaba
y también para ser reconocido por los estudiantes y profesores, o por lo menos por
parte de los más interesantes. El Derecho me interesó, pero no del todo. Asistí a clases
o conferencias en historia, economía y losofía. El profesorado de Derecho era de tres
tipos: algunos, pocos, de alto nivel intelectual y democráticos; otros conservadores (o
con miedo), pero conocedores del Derecho. Y otros eran lamentables.
La biblioteca de la facultad era muy desigual, había poquísimas novedades y se re-
chazaban las obras de carácter progresista. El amigo y colega Isidre Molas y algunos
más constituimos una biblioteca y un espacio que, además, era un lugar de encuentro.
También vendíamos libros que no se encontraban en las librerías y publicamos una
revista, Forja. Mi primer artículo fue de cine, sobre la amistad entre dos trabajado-
res, uno blanco y otro negro, condenados por ser supuestos delincuentes (Fugitivos,
1 Fragmento del libro Un puente, de Jordi Borja (Buenos Aires, Editorial Café de las Ciudades, 2022), cedido con
permiso de reproducción por Marcelo Corti para Revista APyS.
2 Doctor en Geografía e Historia por la Universidad de Barcelona y Geógrafo urbanista por la Université de
Paris-Sorbonne. Profesor Emérito y Presidente del Comité Académico del Máster universitario de Ciudad y
Urbanismo de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC)
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de Stanley Kramer). La venta de libros era a la vez un medio político-cultural y me
proporcionaba los escasos recursos pero sucientes que necesitaba para sobrevivir.
Conseguimos que nos llegaran libros de Argentina, de México y de Francia.
Hubo una interrupción de la universidad. A nales del tercer curso de Derecho (1961)
hubo una confrontación violenta con el Opus Dei. Nos agredieron y nuestra respues-
ta fue una movilización mayoritaria. El amigo Molas, al igual que yo mismo, fuimos
sancionados porque suponían que éramos los instigadores. La sanción no conrmó
la expulsión de la universidad como pretendían la policía y los scales, solamente su-
puso la pérdida de aquel año. Los profesores aceptaron nuestros exámenes y como
todos eran correctos se mantuvo nuestro expediente académico intacto. Sin embargo
al inicio del curso siguiente, en mi caso del cuarto año, no pude incorporarme. Los
sábados y los domingos formaba a jóvenes trabajadores de grandes empresas como
Pegaso, de colectivos excursionistas o de centros culturales con diálogos políticos,
especialmente en Badalona. La policía hizo una redada contra el Partido Comunis-
ta (Partido Socialista Unicado de Catalunya) y detuvo a 135 militantes, casi todos
sindicalistas y algunos estudiantes que los nes de semana impartíamos seminarios
políticos. Probablemente me hubieran correspondido de 6 a 12 años de cárcel. La
dirección del Partido me propuso que saliera de España. Me consideraban un joven
cuadro del partido.
Y a inicios de 1962 me encontré en París y pude integrarme a la Sorbonne. Sin do-
cumentos legales ni recursos económicos, con dicultades para ingresar en una facul-
tad que me aceptara con los estudios a la mitad, a mis 20 años consideré convertirme
en un miembro del aparato clandestino en el exilio con algunas misiones en el «interior
de España» (hice algunas los primeros meses). Conseguí ingresar en la Sorbonne, en
la Facultad de Sociología, Economía y Geografía e incluso obtuve una pequeña beca
que complementaba económicamente como ayudante de profesores reconocidos
como Bourdieu en el Centro de Sociología de R. Aron, y como Lacoste y Coquery, del
equipo de Pierre George en Geografía Humana. Los estudios de licenciatura fueron
de tres años (1965). Obtuve una beca superior de postgrado de Geografía Urbana, un
curso más técnico de Urbanismo vinculado al Ministerio de Ordenación Territorial y el
seminario preparatorio para la tesis doctoral. Tuve profesores interesantes, unos en
las clases docentes y otros en seminarios más destinados al doctorado. Entre ellos
Aron, Touraine, Duverger, Lefebvre, Goldman, Lazarsfeld, Pierre Vilar…
En el año 1967 ingresé como técnico urbanístico (profesional) de una Agencia
del Ministère de Coopération y trabajé en el África de dominio francés. A algunos
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estudiantes de Madrid y Barcelona, todos ellos graduados, nos ofrecieron becas. La
mayoría eran exiliados o que deseaban ingresar en servicios públicos y que habían
sido marcados políticamente en España. Entre ellos José Luis Leal, Crisanto Plaza y
Rafa Bermejo (economistas), Joaquín Leguina y Anna Cabré (demógrafos), Manuel
Castells y J. Borja (sociología y urbanismo), Jordi Sales (médico, psicoanalista), Oriol
Bohigas Martí (físico), Núria Sales (historiadora), Juan Tomás de Salas (periodista),
Maria Rosa Solé (psicóloga y mi pareja en el período parisino de inicios de 1961 a
1967/68), etc. Este núcleo asesoró a la Administración de la Cooperación técnica
del Gobierno francés. Luego me ofrecieron una misión más a largo plazo. Desde la
Agencia de Cooperación internacional me proponían dos años en América Latina, con
base en la Guayana. O un año o dos en un Centro de estudios demográcos de La
Habana. En estos años hice algunos viajes a España para facilitar el contacto entre la
dirección del partido y del movimiento universitario y organizaciones del PCE/PSUC,
principalmente de Barcelona, clandestinamente, y dicté algunos cursos y seminarios
breves sin que me detuvieran.
París era una esta, como dijo Hemingway. Pero el exilio político y la emigración
forzada son casi siempre duros. Para muchos ha sido así. Para mí no lo fue. Era jo-
ven y no tenía miedo a nada. Había estudiado desde los 4 años hasta los 14 en las
Escuelas francesas de 36 Barcelona y el conocimiento de la lengua y la cultura del
país facilita mucho las cosas. Conseguí documentación de apátrida y refugiado po-
lítico, con pasaporte francés y de Naciones Unidas. Pude estudiar todo aquello que
me interesaba. Conseguía libros y revistas, tenía amistades en el mundo universitario
y en la política, mantuve la relación con España y las izquierdas. Viajé varias veces
a Italia e hice amistad duradera con el grupo de Quaderni Rossi (Fo, Rieser, Pinzi,
Salvati) y con los del PCI (Rossana Rossanda, Pietro Ingrao, Trentin, etc). Y también
en Alemania y Checoslovaquia. Mantuve la relación orgánica con el «partido» hasta
que me separaron por la proximidad con algunos dirigentes (Claudin, Semprún, Solé
Tura) que en 1965 rompieron con las formas estalinianas del aparato. Entablé amistad
con comunistas franceses de Sociología urbana y de la UEC (estudiantes comunistas
franceses muy vinculados con el PC italiano) y de la UNEF (el gran sindicato univer-
sitario de orientación izquierdista). Pero también con socialistas (Rocard, Worms) y
con miembros de la JCR, luego Liga Comunista (Alain Krivine, Daniel Bensaïd, Isaac
Joshua). También pude contactar con gente del Observateur y de Temps Modernes
(Gorz) y con revistas más marginales como el CES (PSU, socialismo izquierdista),
Arguments, Socialisme et Barbarie, etc. Participé activamente en la lucha contra la
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guerra del Vietnam con los compañeros y compañeras del «Comité Vietnam» de Geo-
grafía de la Sorbonne, con el apoyo de Yves Lacoste (profesor) y otros.
Mi relación política con España no fue solo con los comunistas, a pesar de la se-
paración de la cúpula, sino sobre todo con el movimiento universitario de Barcelona
y Madrid. Entre otras acciones organizamos en el gran centro de París asambleas y
grandes conferencias en la Mutualité, y en centros universitarios, así como de la CGT
y de la UNEF. Y el apoyo al Sindicato democrático de la Universidad de Madrid y de
Barcelona me dio la ocasión de conocer face to face a Sartre, Beauvoir, Mauriac, Ba-
taillon, André Gorz, etc.
El Mayo Francés de 1968. En este mayo parisino yo tenía un pie dentro y otro fuera.
A inicios de 1968 estuve dos semanas en Barcelona para dictar un seminario sobre
América Latina en un centro de ciencias sociales y políticas progresistas y de nuevo
en marzo en la Escuela de Arquitectura para un seminario de urbanismo. Yo trabajaba
en la Agencia del Ministerio de Cooperación francesa, pero me dejaron unos meses
con poca dedicación pues estaba pendiente de preparar el posible trabajo en la Gua-
yana. Mantenía la relación con el Institut de Géographie de París en un Centre d’Urba-
nisme dirigido por Pierre George y asistían al seminario doctorandos o doctores como
Lacoste, Kayser, Bataillon, Coquery, Rochefort, etc. Yo era el «junior». En resumen,
vivía aún en la Sorbonne. A diferencia de los amigos y amigas de América Latina, en
España o en Italia se excitaron mucho, como si fuera la Commune (1871) o el asalto al
Palacio de Invierno (1917). Esto afectó también a mi amigo Manuel Castells. A pesar
de mis amistades con miembros de las JCR, de la UEC radicalizada (Unión Estudian-
tes Comunistas) y del PSU (francés), fui un observador más que un «revolucionario»
activo. Entendí que se trataba de una revolución cultural en el centro de la ciudad y
con una gran mayoría de jóvenes de todas clases. Y en las empresas ocurrió algo
similar a las huelgas y ocupaciones de 1936 frente al gobierno del Frente Popular. El
discurso «revolucionario» era un símil de las revoluciones políticas clásicas sin armas
y sin movimientos obreros. Y el sindicalismo de la industria y también de los servicios
básicos (sanidad, enseñanza, transportes, etc.) hizo una revolución social y cultural.
En estos meses del 68 participé en dos libros, antes de mayo en uno y en otro,
después. El primero trataba del «neocapitalismo» y el segundo, de «la revolución cul-
tural» del Mayo Francés, no la de China. Este tema, la revolución cultural, aún está
presente.
Los años de París no fueron vanos. Realicé estudios de grado y postgrado en
Geografía Humana, Sociología y Economía y un máster de Urbanismo y preparé el
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doctorado que luego no llevé a cabo, pues decidí volver a Barcelona después del
Mayo Francés. Trabajé en el Ministère de Coopération en proyectos urbanos en paí-
ses ex coloniales. Participé en la vida política francesa, en la calle; conocí a dirigentes
e intelectuales, hice publicaciones, trabajé en proyectos urbanos. Conocí también a
italianos y latinoamericanos interesantes. Me casé y me separé, pero siempre fuimos
amigos. En Francia hubiera sido como máximo tecnócrata o docente; difícilmente
podría ser un político, un intelectual o un cargo público. Tuve conocimientos y traba-
jos diversos de urbanismo, administración pública, economía, sociología, geografía,
demografía, historia… Escribí algunos artículos. Aprendí política, teórica y práctica.
La acción política, militante comunista y exilio en París (1962-1968)
Tenía 20 años, no dejaré decir a nadie que fueron los mejores años de nuestra vida
Paul Nizan en Aden Arabia
Pero el pasado lo conquistaremos…
André Malraux
Aquellos tiempos en que aún teníamos futuro»
William Irish
En busca de la libertad. A los 15 o16 años tenía una enorme necesidad de combatir
contra la dictadura que satanizaba a los trabajadores y las libertades y que también
ejercía la represión sobre la lengua y la cultura catalana. Por mi familia, reprimida y si-
lenciosa. Por la miseria ocialista y grosera, por la calle y la gente en la pobreza, por la
ciudad sucia y que vive en el miedo. En el instituto me parecieron todos indiferentes al
mundo, al país, a la nada. Sentía el odio hacia el poder y hacia la religión. En la univer-
sidad había algo en el ambiente, algo vital, cultural, se percibían indicios de que algo
había que hacer. En Derecho, Letras y Economía algo se movía. Había cumplido los
17 años, estábamos en 1958/59, empezaba a conocer a estudiantes activistas de los
cursos superiores. Asistía a seminarios y conferencias dentro o fuera de la facultad;
llevaba a cabo trabajos de apoyo con colectivos de gente que se construían las casas
y las 39 escuelas, que se procuraban el agua y colocaban el pavimento; compañeros
más adelantados que me informaban y me pasaban libros o documentos. Tuve un
compañero de un año superior que tenía un hermano experto en literatura catalana y
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marxista. Era Isidre Molas, que ya he mencionado anteriormente, y que me integró en
el comité clandestino de la facultad.
Ingreso en la actividad política en serio. Todos eran mayores que yo, todos menos
yo pertenecían a un partido, todos eran más cultos que yo, casi todos más ricos que
yo (excepto Molas, que era de mi barrio) y mucho más que yo. En Derecho había una
izquierda mezcla de marxistas y católicos: el FLP-Frente de Liberación Popular, que
era el más activo, pero también democristianos, catalanistas y algunos socialistas
(pero no del PSOE). En otras facultades, Letras y Humanidades, Ciencias, Ingeniería,
Economía, etc. había una presencia relativamente fuerte del PSUC (partido comunis-
ta), pero en la Facultad de Derecho no estaba presente. Mis amigos fueron los del
FLP, Molas y Maragall (el alcalde famoso 20 años después) y lógicamente me hubiera
integrado con ellos. Pero entendí que el único partido estructurado y realista era el
PSUC. Pocos meses después Molas decidió dejar la dirección del comité de Derecho
y propuso que ocupara el puesto yo.
Era el más joven y también el más activista. Estudiaba y procuraba sacar buenas
notas en las materias más interesantes. Leía mucho. Vendía libros (no legales) en las
facultades lo que me permitía disponer de unos recursos básicos y podía disponer de
los libros más interesantes. Los nes de semana hacía cultura política entre colectivos
obreros o de algunas zonas populares. Pronto me consideraron «cuadro político». Era
un activista político destacado en la universidad que hacía un trabajo en otros territo-
rios; contribuí a crear un colectivo cívico en Badalona (ciudad pegada a Barcelona de
más de 200 000 habitantes), una célula en la gran empresa de coches y camiones, un
núcleo político democrático en una Unión excursionista compuesta por gente de cla-
ses populares, etc. Tenía capacidad para dar formación y tomar iniciativas para actuar
sin miedo, en la calle o en recintos cerrados. Preparamos una huelga de transportes
a nales de septiembre de 1961. Pero detuvieron a 135 militantes, decenas de ellos
fueron condenados de 2 a 17 años de encarcelamiento; casi todos eran del PSUC, la
mayoría sindicalistas. Cuatro compañeros y yo pudimos escapar; estuve unos meses
escondido y en marzo estaba en París.
Política en París. En París, como ya mencioné anteriormente, tuve como profe-
sores, en el primero año, en clases y conferencias de contenido político, a Maurice
Duverger y Raymond Aron, entre otros. Participé en debates y publicaciones, e in-
cluso llegué a conocer personalmente a algunos intelectuales, como Sartre, André
Gorz, Michel Rocard, J.P. Worms, Violette Morin. También frecuenté a dirigentes del
PCF y de la CGT, a Joyeux (anarquista), y fui lector de las revistas del CES (Centre
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d’Études Socialistes), Arguments, y de otras radicales. Y obviamente, fui asiduo lector
de Le Monde y L’Express, que había leído por medio de Joaquín Romero Maura en el
Instituto donde cursé el preuniversitario y en la facultad. En París, en 1962, mantuve
el periódico y el semanario. En 1964 cambié L’Express por Le Nouvel Observateur,
cuya base contaba con los mejores periodistas y se situaba más a la izquierda: Jean
Daniel, Michel Bosquet (André Gorz), K. S. Karol, Olivier Todd, etc. En el Obs me in-
teresó a la vez Sartre y Mendès France. Leí regularmente la publicación mensual Les
Temps Modernes y de vez en cuando Esprit, Diplo, Lettres Françaises (Louis Aragon),
La Pensée (PCF). También la revista semanal Rinascita, que dirigía Togliatti (PCI). Leí
textos del PSU (de Rocard), de la CGT y del PCF y el ya citado JCR (Juventudes Co-
munistas Revolucionarias, que luego fue el partido Liga Comunista Revolucionaria).
Fueron amigos personas como Krivine, Bensaid, Weber y especialmente Jeannette
Habel, responsable de las relaciones con América Latina. Entre 1966 y 1969 mantuve
relación con Krivine y Habel pero no nos vinculamos a su organización. A nales de
1968 regresé a Barcelona, creamos Bandera Roja y JCR se convirtió en la Ligue y se
integraron en la IV Internacional. Optamos por la escisión «no trotskista», Révolution,
muy similar a Bandera Roja, más práctica que ideológica. Política y el PCE-PSUC en
París. Yo era un joven de 20 años que había vivido hasta entonces en la España de
postguerra, desde 1941 hasta aquel momento, 1961. España era un país aterrorizado
y mi familia, una familia silenciosa y derrotada por el fascismo. Soy activo en la facul-
tad y los dirigentes universitarios me conectan. Poco después me incorporo al PSUC,
el partido más perseguido por la policía política. En pocos meses la dirección me en-
vía a un curso de formación de cuatro semanas en París, en el verano de 1961. Pocos
meses después me encuentro de nuevo en París para una estadía indeterminada
con una orden de busca y captura en España. En París vivo dos vidas. Una, como
un estudiante de la Sorbonne que vive como un francés aunque sin familia. Y otra
como un militante del PCE-PSUC que vive en un medio casi irreal, con la esperanza
que España se derrumbe, caiga la dictadura y pueda regresar a Barcelona, a Madrid
o a cualquier región o ciudad. Tres años después me separaron de la dirección del
«Partido» por no asumir la caída inminente de la dictadura. Mi actividad como univer-
sitario fue la prioridad de mi vida de estudiante, haciendo trabajos complementarios y
leyendo libros y publicaciones francesas. Pero en mi vida simbólica era un miembro
del «partido» que luchaba por la caída del Estado franquista, que mantenía amista-
des con otros miembros de la célula del PSUC y con un grupo informal más amplio,
con amigos y amigas de Madrid y otras regiones, y que también mantenía una buena
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relación con dirigentes del PSUC y del PCE. Fue interesante conocer el «partido por
dentro» con su experiencia, su diversidad y sus diferencias, ya que estaba formado
por miembros de distintas generaciones, algunos procedentes de familias exiliadas y
otros nacidos en Francia pero en ámbitos familiares comunistas.
En mi relación con el PCE/PSUC pude ver tres caras. Era un mundo heterogéneo.
Había exiliados que al terminar la guerra civil se quedaron en Francia. En primer lugar
había en este país (y en otros países europeos pero no tanto) unos miles de militantes
que en muchos casos estaban en la CGT u otras organizaciones francesas pero que
asistían también a encuentros periódicos, como campañas contra la dictadura. Era
una minoría (españoles o franceses) que viajaba a España y que les hacían llegar las
publicaciones. También celebraban encuentros festivos y de solidaridad o daban apo-
yo a exiliados. Había una estructura en París y en regiones de Francia que no eran del
«aparato del partido» pero que se organizaban en actos locales y se relacionaban con
algunos miembros del aparato. La segunda cara fue muy discreta: dirigentes políticos
que vivían en la clandestinidad y hacían viajes y estadías largas en España y en otros
países. Y había algunos militantes cualicados que podían ser legales en Francia o
no y que eran colaboradores del aparato del Comité Central, disperso en el mundo y
que se concentraba en París. Y la tercera cara eran los que atendían a los cuadros del
«interior» (España) para debatir, formar o en algunos casos recibirles cuando huían
perseguidos por la policía política. Fue mi caso y me legalicé como exiliado político.
Mi responsabilidad política. A nales de 1962 o inicios de 1963 se creó por parte de
la dirección del PSUC una célula de 10 a 15 universitarios y al cabo de pocos meses
me propusieron que fuera el responsable político a pesar de ser el más joven, entre
21 y 22 años. La mayoría preparaba el doctorado o mantuvo un período largo de in-
vestigación, docencia o actividad profesional. Su actividad era el apoyo al movimiento
universitario y a las campañas internacionales como la de Jordi Conill (condenado a
muerte y unas horas antes de la ejecución indultado a cambio de 25 años de cárcel)
o Julián Grimau (torturado y fusilado). También era su tarea promover y apoyar los
debates sobre la situación en España con la participación de algún miembro de la
dirección. Mi primer responsable fue Federico Sánchez (Jorge Semprún, más tarde
conocido por sus libros y películas). Más adelante, Francesc Vicens, responsable de
Cultura del PSUC y también exiliado en París, fue nuestro contacto, como miembro
del Comité ejecutivo. En 1964 empezó un debate interno en la dirección del PCE-
PSUC. El núcleo directivo mayoritario mantenía la idea de que España implosionaría
mediante una insurrección general en los años 50 y 60, y las luchas sociales (fábricas,
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barrios, universidades, sectores profesionales, etc.) serían las estructuras organizati-
vas utilizadas para hacer caer la dictadura. En los años posteriores a 1962 se vio que
la sociedad española se movía pero era una ilusión de la militancia: la inmensa mayo-
ría de españoles temía la dictadura. En la dirección misma y en sectores intelectuales
emergían algunas dudas y algunos dirigentes sindicalistas y estudiantes eran más
realistas. El aparato estatal del Estado español era muy potente. Las organizaciones
sociales y políticas, progresistas o más o menos liberales, llevaban a cabo actividades
legales o alegales pero no estaban preparadas para confrontarse con la dictadura. Y
los grupos izquierdistas como máximo se dedicaban a los fuegos de articio. Las ini-
ciativas de protesta general por parte del PCE-PSUC tenían un efecto propagandista
relativo. Era imprescindible que amplios sectores de la sociedad se expresaran para
acabar con la dictadura y dar paso a un proceso democratizador. En París y en la cé-
lula del grupo universitario del PSUC preparé el informe donde exponía el cambio de
la sociedad española respecto a los años 40 y 50, y armaba que había posibilidades
de crear «espacios de libertad» pero no una explosión que derrumbara la dictadura.
El conjunto de la célula aprobó mi informe debidamente ampliado pero la dirección del
partido disolvió la célula.
Me expulsaron, contra los estatutos, y así lo expresé en mi célula con presencia
de la secretaría general. Expuse mi análisis y dije que aceptaba las decisiones de la
dirección. Los temas conictivos eran la emergencia de una nueva generación, el in-
terés de gran parte de la sociedad por integrarse en Europa, y las posibilidades que
había de conquistar derechos y demandas sociales. En mi respuesta reconrmé que
aceptaba las decisiones de la cúpula. Reconocieron que no correspondía la expulsión
pero debido a mis ideas me separaban de la organización. A mi regreso a Barcelona,
a nales de 1968, desarrollé una lucha política mediante una organización de base,
Bandera Roja, para ampliar la movilización política democrática. En 1974 la mayoría
de los militantes de BR se integraron en el PSUC y en el PCE. Como pueden ver, las
organizaciones políticas son mucho más complicadas de lo que parecen.44
El PC francés y el PC italiano. El PCF en su relación con España fue muy solidario,
no faltaron apoyos para enviar a España a personas o publicaciones o para sacar a
militantes perseguidos por la policía política franquista. Pusieron a su disponibilidad
edicios enteros o salas para reuniones, facilitaron alojamientos durante muchos años
a dirigentes o colaboradores, etc. En los años 60 y 70 hubo más proximidad ideológica
con el PCI pero manteniendo buenas relaciones entre PCF y PCE. Sin embargo, la
cultura política del PSUC fue siempre más exible que la del PCE y más aún que la
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del PCF. Marchais nunca fue sensible al PCE y en cambio Togliatti, Longo y más tarde
Berlinguer fueron muy solidarios y mantuvieron relaciones a distintos niveles. En los
años 60 leía Rinascita cada semana, viajaba especialmente a Turín y a Roma, y la
relación fue continuada durante las siguientes décadas en Venecia, Bolonia, Milán,
Nápoles, etc. tanto para los temas políticos como para los de urbanismo.